Imogen Cunningham: casi un siglo de fotografía

POR Regina Swain

Imogen Cunningham (1883-1976) fue una de las más grades fotógrafas estadounidenses. Es recordada por sus detalladas y finamente enfocadas fotografías de plantas, así como por sus reveladores retratos. Cunningham retrató a muchos artistas y figuras públicas, sobre todo durante el tiempo que trabajó para la revista Vanity Fair, en la década de los treinta
Autoretrato, 1906
Imogen Cunningham nació en Portland, Oregon, el 12 de abril de 1883. Hija de Isaac y Susan Elizabeth Cunningham, Imogen fue una de diez hermanos. La familia se mudó primero a Port Angeles, Washington, y después a Seattle, donde Isaac Cunningham trabajó como jefe de un negocio de venta de carbón y madera. Imogen fue bautizada en honor a un personaje de la obra de teatro Cimbelina de Shakespeare. Siempre consentida por su padre, Imogen fue educada en casa antes de asistir a la escuela a los ocho años. Desde entonces la niña sentía interés por la fotografía, por lo que sus padres la inscribieron en una clase de arte que apenas podían pagar.
Cunningham representó a la fotógrafa del siglo 20 por excelencia. Su extensa visión artística creó una infinidad de imágenes icónicas en la historia de la fotografía. Desde que compró su primer cámara alrededor de 1906, durante su estancia en la Universidad de Seattle, hasta su muerte en San Francisco en 1976, Imogen entregó la vida a su oficio. Fue parte del desarrollo de la fotografía durante un gran tramo del siglo 20 y participó en muchas tendencias y grupos, incluyendo al famoso f/64 (llamado así en honor a la menor apertura de lente), fundado en 1930. Esta sociedad incluía a miembros como Ansel Adams, Edward Weston y otros grandes fotógrafos de la costa oeste. Se reconocían por sus finísimos enfoques y sus fotografías sin retoques. Las fotografías que Imogen produjo durante este periodo mostraban gran detalle y tenían gran profundidad de fondo. Imogen realizó su mejor trabajo durante el periodo comprendido entre 1920 y 1940, un lapso de gran importancia para la imagen modernista en el occidente.
At point lobos, 2019
De 1910 a 1917 Imogen residió en Seattle, donde tenía un estudio fotográfico que alcanzó gran éxito. Ahí creó la mayoría de sus exquisitas imágenes de estilo pictorialista, logradas a base de utilizar filtros especiales y manipular las placas en el cuarto oscuro para dar a la fotografía la apariencia de una pintura o un dibujo hecho a mano. Algunos pictorialistas raspaban la superficie de la fotografía con una aguja. El objetivo de estas técnicas de modificación era alcanzar “una expresión personal artística” a través de la fotografía. Imogen vivió en Seattle con su esposo, el artista Roi Partridge, y con sus tres hijos, Gryffyd, Rondal y Padraic. En 1920 la familia se mudó a Oakland, California, donde Roi comenzó a dar clases en Mills College, una escuela liberal de arte para mujeres. Aunque Imogen se veía restringida geográficamente a la costa oeste le llegaba bastante información acerca de las nuevas tendencias del arte y la fotografía. Pronto se enteró de la estética avant-garde a través de la publicación Camera Work, de Alfred Stieglitz. Se interesó particularmente en el trabajo de los futuristas italianos expuesto en la Panama-Pacific International Exposition en San Francisco, en 1915. El coleccionista y corredor de arte Frederic C. Torrey era un contacto valioso para Cunnigham; Torrey compró la pieza cubo-futurista de Marcel Duchamp titulada “Nude Descending a Staircase [No. 2]” durante el Armory Show en 1913 y además coleccionaba los dibujos de Roi Partridge. Por otro lado, Imogen descubrió la fotografía cubo-futurista o “vorticista” a través de su viejo conocido Alvin Langdon Coburn, cuyo artículo Photograms of the Year (1916) promovía la fotografía modernista.
Auf Wiedersenhen,1912
Énfasis en la claridad y forma
1921 fue un año decisivo para la fotógrafa. Refinó su visión de la naturaleza, cambiando su enfoque de lo lejano a lo cercano. Su interés por los patrones detallados y las formas se hizo evidente en sus estudios sobre la textura de la corteza y los troncos torcidos de árboles encontrados a lo largo de la costa de Carmel, California: una serpiente enroscada sobre un tronco torcido de un ciprés y la forma de trompeta de una flor de la enredadera de su patio trasero. Una visita familiar al zoológico ese mismo año produjo una serie de estudios fotográficos sobre cebras, una fotografía en particular define precisamente lo abstracto del blanco y negro del patrón encontrado en el abdomen de la cebra. En los retratos realizados en este periodo, por ejemplo la serie tomada a Edward Weston y Margrethe Mather en 1922, forma relaciones estrechas entre los sujetos del retrato y los objetos que les rodean. El énfasis que hace en la claridad, la forma, la definición y la persona desplaza todo rastro de pictorialismo.
Zebra, 1921
En 1923 Imogen consiguió alcanzar algo nunca antes logrado: retrató los patrones de luz solar en forma de lunetas a través de las hojas de un árbol durante un eclipse. Sus fotografías eran insólitas para la época y la colocaron para siempre como una pionera en el campo de la fotografía experimental. Más adelante, como respuesta a una sugerencia de realizar múltiples revelados en una sola placa, Cunningham compuso una fotografía con doble revelado de su madre, en la que se ven dos imágenes sobreimpuestas: la primera de un jarrón de pewter lleno de cucharas que parecen formar una corona de luz y la segunda de su madre. Esta doble imagen, sin retoque, fascinó a Imogen y la impulsó a crear metáforas visuales: imágenes de espejos, reflejos en el agua y en vidrio, imágenes múltiples sobre una sola placa, relaciones entre negativo y positivo y fotografía directa de formas similares o gemelas encontradas en la naturaleza. Pronto estas imágenes se convirtieron en un leitmotif de su trabajo.
Susan Elizabeth Cunningham, 1923
Para la fotógrafa, la pureza, la claridad y el detalle se convirtieron en elementos cada vez más importantes durante la década de los veinte. Se interesó particularmente por la flora, recogiendo especímenes botánicos de su jardín y de donde podía, para retratarlos. En 1923 Imogen tomó una extensa serie de fotografías sobre magnolias, que se fue simplificando a medida que trataba de encontrar la esencia de la forma dentro del objeto. Pero Cunningham no siempre retrataba plantas en su hábitat, sus arreglos muchas veces eran creados espontáneamente y tenían algo de lúdico, aunque también un gran sentido del diseño. Imogen utilizaba los más variados objetos en sus fotografías: un cajón lleno de botones, un fregadero lleno de platos o un cartón de huevos.
Buttons, 1925

Un toque modernista
Una de las fotografías más peculiares de Imogen, la única del estilo que tomó durante ese tiempo y única también en la fotografía estadounidense de la época es Snake, tomada en 1927. Esta imagen fue lograda manipulando un negativo de 1921 para producir una impresión negativa. Retomando su experiencia previa con diapositivas, Cunningham produjo Snake utilizando el negativo para elaborar una placa de vidrio positiva de la que amplió el negativo final para imprimir la imagen. Aunque el resultado de esta nueva forma de impresión es muy bello, no lo repitió.

Snake (negativo), 1927

Durante el final de la década de los veinte, Cunningham se interesó en el precisionismo, el equivalente estadounidense al nuevo objetivismo que buscaba revelar las propiedades materiales, el volumen y las formas geométricas de la industria con claridad. Tomó bastantes fotografías de Los Ángeles en 1928, agigantando la industria petrolera en una impresionante serie de imágenes de tanques y pozos en Singal Hill. Ese mismo año empezó a preparar una serie de imágenes industriales alrededor de la fábrica de Nabisco Shredded Wheat en Oakland. Su estudio de la torre, tomado desde abajo, tiene un sofisticado toque modernista europeo. Su trabajo durante la década de los veinte la coloca como la más independiente y sofisticada fotógrafa experimental de la costa oeste de Estados Unidos.
Una vez que sus intereses botánicos fueron agotados para finales de los veinte, Cunningham se interesó por la anatomía humana. De pronto las orejas de sus hijos gemelos, el ojo de su amiga Portia Hume, las piernas del bailarín exótico John Bovingdon y los pies de su dentista Paul Maimone se convirtieron en objeto de su fotografía. Imogen se sintió fascinada por las manos de los artistas y músicos. Buscó crear un tejido intrincado entre la mano y su dueño, retratándolos en movimiento, a los músicos tocando su instrumento, a los actores aplicándose el maquillaje, a los escultores tallando la piedra. Capturó a Henry Cowell, un compositor de música avant-garde, fundador de la nueva música, tocando una de sus disonantes composiciones con los puños al piano. Cunningham empezaba a compartamentalizar el mundo visual, encontrando que cada categoría era más interesante que la anterior.
Twins facing right, 1930
Toques de dadaísmo y surrealismo
En 1931, durante una cena en Santa Bárbara, Imogen conoció a Martha Graham, la fundadora del expresionismo en la danza moderna, cuya liberación artística comenzó después de ver las pinturas de Wassily Kandinsky en Nueva York en los años veinte. Graham se sintió muy cómoda creando gestos y movimientos para el lente de Cunningham y de una sola sesión se lograron 90 negativos. Dos de esas imágenes aparecieron en la revista Americana Vanity Fair en diciembre de 1931.
Vanity Fair se anunciaba como la máxima autoridad en el modernismo, un foro para el punto de vista moderno, una visión sofisticada de la vida. La revista reflejaba los intereses de la fotógrafa sobre la cultura popular. Publicada por Condé Nast, Vanity Fair era editada por Frank Crowninshield, quien creía en romper barreras. De 1932 a 1935, Cunningham retrató para Vanity Fair a personajes como Joan Blondell, James Cagney, Ernst Lubitsch, Spencer Tracy, Warner Oland, Frances Dee y Cary Grant. Su uso rebelde de la fotografía frontal penetraba la fachada de las estrellas hollywoodenses, documentándolos fuera de los sets. Esta actitud le valió la invitación al grupo f/64, del cual ya hemos hablado.
Martha Graham, 1931
Pero los intereses de Cunningham eran demasiado eclécticos y su actitud demasiado flexible para ser constreñida por las reglas de un grupo como f/64. Hay toques de dadaísmo y surrealismo en sus imágenes, y aunque la pureza de la imagen y todos los lineamientos de f/64 le eran importantes, también la doble exposición y las imágenes múltiples le interesaban.
En 1934 la revista Vanity Fair invitó a la fotógrafa a trabajar en Nueva York, pero su esposo, Roi, insistió en que Imogen permaneciera en California hasta que ambos pudieran viajar juntos. La fotógrafa no estaba dispuesta a esperar y Roi toleraba cada vez menos el carácter independiente de su mujer. Finalmente se divorciaron y Cunningham partió a Nueva York. Ahí visitó la galería de Alfred Stieglitz y lo retrató junto a su más preciada pintura de Georgia O’Keeffe, Black Iris.
Alfred Stieglitz, 1934
Fase experimental
Cunningham continuó trabajando ocasionalmente para Vanity Fair hasta que la revista cerró en 1936. También trabajó por comisión para Mills College, retratando a instructores y artistas invitados, como los pintores Amadée Ozenfant y Lyonel Feininger, los bailarines José Limón y Helena Mayer, así como a un miembro de la facultad y a un esgrimista olímpico. En 1935 Nellie Cornish, amiga de Cunnigham y fundadora de la Cornish School of Art, una escuela privada de teatro, música, danza y arte, solicitó la ayuda de la fotógrafa para producir un sofisticado catálogo con el fin de promover la escuela. Tal vez la naturaleza liberal de la escuela hizo que Imogen se permitiera ser más experimental al realizar este trabajo que se define por un sinnúmero de dobles exposiciones y fotomontajes. De estas imágenes, sobresale Three Harps un tour de force estructurado teatralmente con formas fuertes y audaces.
Three Harps, 1935
Durante la década de los treinta el puerto de Oakland se convirtió en una rica fuente de formas arquitectónicas e industriales que Cunningham retrató, realizando estudios fotográficos ambientales. Imogen viajó también hacia el oeste, retratando estructuras y edificios por placer. Documentó viejas refinerías de petróleo, aserraderos y represa; pero para finales de los treinta Cunningham había dejado su estilo modernista clásico casi completamente.
Para principios de los cuarenta el interés de Imogen giró hacia la fotografía callejera. Se mantenía con retratos comerciales pero comenzó a trabajar con cámaras de pequeño formato y durante las siguientes décadas documentó la vida en las calles en cientos de retratos excepcionales que muestran una tremenda humanidad. Siguió tomado fotografías hasta unas pocas semanas antes de su muerte en 1976 a la edad de 93 años.