Mundo psycho

POR José Luis Durán King

Para el perfilador de conducta criminal Robert Ressler, los asesinatos seriales no siempre se han reconocido como tales, pues en la antigüedad fueron atribuidos a hombres lobo, vampiros y otros seres sobrenaturales. Lo cierto es que para estos predadores, “los seres humanos son como botes de cerveza: después de consumirlos, los arrojan y reemplazan sin ningún remordimiento”
Ningún crimen es más atemorizante que el asesinato serial. El objetivo del infractor generalmente lo escoge al azar y los sacrificios son brutales. Sin embargo, mientras nadie pone en duda el sadismo de sus homicidios, posiblemente este tipo de delito no sea tan azaroso como parece en una primera instancia. Mujeres, ancianos y niños, personas en general con cierto grado de indefensión no son de ninguna manera un blanco al azar.
Y de los anteriores, los niños son particularmente un objetivo común. En 1999, la policía colombiana aprehendió a Luis Alfredo Garavito, quien hasta la fecha argumenta haber asesinado a 140 infantes, a los que violó antes de cercenar sus cabezas.
“Los niños son víctimas del oportunismo”, opina Harold Schechter, autor de numerosos libros acerca de asesinos seriales, entre ellos algunos dedicados a Herman Mudgett, Ed Gein y Albert Fish, este último un anciano que mató y devoró a por lo menos 15 infantes y que violó a muchos más entre los años 1917 y 1934.
Desafortunadamente, las historias de asesinos de menores abundan.
Monstruos de todas partes
Pedro Alonso López, conocido como El Monstruo de los Andes, se cree que asesinó a cientos de niños en Perú, Colombia y Ecuador. Los investigadores aducen que López y Garavito guardan semejanzas no sólo por haber asesinado una gran cantidad de menores sino porque trabajaron en la misma área.
“Sudamérica, por la gran cantidad de cadáveres que se han rescatado, es un paraíso prolífico de los asesinos de niños”, dice Michael Newton, autor de Enciclopedia de asesinos seriales. “Los niños están más o menos indefensos cuando los encuentras solos”.
López encontraba a sus víctimas en pueblos remotos de la jungla, especializándose en los hijos de las indias. Garavito robaba los hijos de vendedores ambulantes. Ambos asesinos viajaban sin obstáculos por Sudamérica, lo que dificultaba cualquier rastreo o comparación de patrones criminales.
Pero la depredación de infantes no es patrimonio exclusivo de Sudamérica. Aunque este continente ha producido asesinos sanguinarios como López y Garavito, se estima que 85 por ciento de los asesinos seriales del mundo vaga por los suburbios de Estados Unidos. Nadie puede dar una respuesta definitiva al por qué Norteamérica produce una cantidad tan alta de asesinos pluralistas. Algunos sugieren que la cultura de la Unión Americana es la más violenta del planeta. “Los medios en Estados Unidos, más que en cualquier otra parte del mundo, sólo enfocan asuntos de violencia”, señala el afamado criminólogo Robert Ressler. El ex perfilador del FBI opina que la gente inestable puede ser particularmente susceptible de ser influenciada por lo que ve en televisión o en el cine. Esta aserción, por supuesto, no convence a muchos otros especialistas en crimen. Quizá por ello, Ressler refuerza su hipótesis al señalar que la fácil disponibilidad de armas en Estados Unidos contribuye también a fabricar criminales.
Después de Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y Francia son las naciones más productivas de asesinos seriales. Aunque de unos años para acá, Rusia y Sudáfrica han ganado su lugar en el gran concierto de las masacres seriales. Ambas naciones han enfrentado recientemente cambios sociales dramáticos. Aunque todavía no está muy claro el papel que pueden desempeñar, al parecer las tensiones consecuentes a las fracturas sociales tienen que ver con la irrupción de predadores masivos, aunque no hay que olvidar una mayor apertura en lo que a reportes de delitos se refiere, especialmente en el caso de Rusia. El régimen soviético siempre rechazó la tesis de que ese tipo de crímenes pudiera ocurrir en el antiguo paraíso de los trabajadores.
El oscurantismo
Aunque existen pocos registros en la historia, el fenómeno de los asesinos seriales posiblemente ha estado presente en el pasado, pero sólo ha salido a la luz como un tipo distinto de crimen conforme la ciencia criminológica se ha refinado.
Gilles de Rais, el noble francés que luchó al lado de Juana de Arco, se cree que asesinó a cientos de niños en el siglo 15.
De Rais fue un satanista y alquimista que, además de violar y sacrificar infantes para obtener placer, utilizaba la sangre de sus víctimas en un intento por trasmutar el plomo en oro. Confesó sus crímenes tras ser excomulgado en 1440. Fue ahorcado e incinerado por la iglesia después de ser juzgado por herejía y brujería. De Rais es considerado el modelo del cuento de hadas Barba Azul.
Robert Ressler aduce que los asesinatos seriales no siempre se han reconocido como tales. Los homicidios bizarros eran atribuidos a hombres lobo, vampiros y otros seres sobrenaturales, en vez de adjudicarse a la obra de los que actualmente conocemos como asesinos seriales.
Mentirosos masivos
Luis Alfredo Garavito asegura que asesinó a 140 niños. Quizá lo hizo, aunque probablemente también exageró en la cifra. Mientras que muchas personas necesitarían estar mal de la cabeza para confesar crímenes que no cometieron, en el caso de los asesinos es algo que comúnmente sucede.
Robert Ressler señala que los asesinos seriales son “unos completos perdedores y unos inadaptados socialmente”. Generalmente nunca han atraído la atención de la gente y por eso toman ciertas ventajas cuando por fin logran su propósito. Una vez que algunos homicidios les han sido adjudicados, se dan cuenta que ya no tienen nada que perder y optan por aparentar que son más malos de lo que realmente son.
La policía en ocasiones colabora de manera involuntaria al fabricar esa imagen maldita: tienen los cuerpos, tienen una confesión y de la forma más rápida y sencilla cierran los casos.
Henry Lee Lucas, por ejemplo, durante los primeros interrogatorios argumentó que había asesinado a cientos de personas a lo largo y ancho de la Unión Americana, provocando que las autoridades policiacas de diversos estados se volcaran en busca de cuerpos. “La gente entró en un frenesí, aunque era muy probable que el detenido sólo hubiera asesinado a un puñado de gente”, dice Robert Ressler. Lucas buscaba ganar notoriedad y lo logró. “Las autoridades lo tomaron en serio e iniciaron una campaña de rastreo de cadáveres por todo Estados Unidos”, continúa Ressler. “Lo cierto es que Lucas sólo se estaba entreteniendo”.
Algo similar sucedió con Garavito, al que la policía colombiana en un inicio vinculó con 114 asesinatos, aunque continuaba buscando más víctimas. Garavito conservaba un cuaderno de notas con líneas tachadas. Cada línea, le dijo a un juez, representaba a un niño que él había asesinado. En el cuaderno había 140 líneas.
Los crímenes de Luis Alfredo Garavito sacudieron a Colombia y al mundo entero. Después de confesar sus delitos condujo a la policía a varias tumbas masivas en las que arrojó los cuerpos de varios niños, los cuales habían sido torturados, violados y decapitados. Hasta el momento sólo se han recobrado 114 cadáveres. “Si ese hombre es lo que dice ser, entonces estamos frente a un psicópata”, añade Ressler, quien establece líneas paralelas entre la conducta de Garavito con otros asesinos seriales de Estados Unidos como John Wayne Gacy y Ted Bundy. “Para estos asesinos los seres humanos son como botes de cerveza: después de consumirlos, los arrojan y reemplazan sin ningún remordimiento”.
Abuso infantil
En prisión, Garavito confesó haber sufrido diversos abusos durante su infancia, es decir, una historia similar contada por otros asesinos seriales. Pedro Alonso López decía que mataba para robar la inocencia de los niños, al igual que a él se la habían despojado a los 8 años, cuando un anciano pervertido lo violó durante varios días. Pedro Alonso López acabó con la vida de cientos de infantes de Perú, Colombia y Ecuador a finales de los años setenta. Similarmente, predadores estadunidenses como Charles Manson y Henry Lee Lucas dijeron que habían sido “deshumanizados” de niños.
Es común que los asesinos seriales y masivos actúen con un sentido torcido de venganza por el abuso que han sufrido, o intentan emular los actos sádicos de los que fueron víctimas.
“Garavito se asemeja a los asesinos de niños de Estados Unidos o de cualquier parte del mundo que voltees”, opina el escritor e investigador Michael Newton. Además de los abusos físicos sexuales, muchos de los asesinos seriales sufrieron otras formas de maltrato; por ejemplo, Pedro López, Charles Manson y Henry Lee Lucas fueron forzados por algún miembro de su familia a vestir como niñas cuando eran pequeños.