George Sand: prohibida la entrada al Panthéon de París

POR Opera Mundi
Por méritos propios, en 2004 los franceses esperaban que los restos de la controversial George Sand fueran trasladados al Pantheón, donde reposan las vacas sagradas de aquella nación. No fue así y en la negativa tuvieron mucho que ver personajes de la derecha gala

Más de 200 años después de su nacimiento, George Sand sigue atizando escándalos. En 2004, cuando el reloj de la historia marcó dos siglos de que Amantine Lucile Aurore Dupin (su verdadero nombre) viera la primera luz, una mayoría de intelectuales franceses esperaba que, con desgano y toda la cosa, el conservador presidente francés Jacques Chirac aprobara la ceremonia de re-entierro en el Panthéon de París –donde reposan los héroes nacionales galos– de la escritora de ala izquierda George Sand (1804-1876). No fue así y veamos por qué la negativa de Chirac.
En una vida marcada por el activismo socialista, Sand argumentaba, entre otras cosas, que el comunismo es “la verdadera cristiandad”. Pero, amén de sus consignas políticas, su vestimenta de hombre, sus puros y su conducta relajada, Sand también fue famosa por sus amoríos con el poeta Alfred de Musset y el compositor Frédéric Chopin.
Una vida así de agitada, sin embargo, no fue obstáculo para que la escritora produjera alrededor de 80 novelas, docenas de guiones para teatro y miles de cartas a amigos y enemigos. Tan prolífica fue su pluma que otra fábrica de literatura, Alexandre Dumas, la acusó de ofrecer “toneladas de escritura tipo Lord Byron” al público. Sus admiradores, que van de Marcel Proust a Henry James, reconocieron la personalidad y vocación de la artista en novelas dedicadas a los asuntos del corazón (Indiana), al progreso social (Consuelo) y a las escenas de la campiña (La pequeña Fadette).

Para Chirac y la derecha de Francia, la obra de Sand, y mucho menos el aniversario 200 de su nacimiento, no fueron razones suficientes para que Aurore Dupin compartiera la eternidad en el panteón de las superestrellas de las letras con Voltaire, Rousseau, Zola, André Malraux y Victor Hugo.
En caso de haberse unirse a ese club francés de caballeros blancos –cuya membrecía se hizo extensiva a sólo dos hombres de color (negro)–, Sand hubiera sido la segunda mujer entre las 70 personalidades enterradas ahí en ser admitida “por sus propios méritos”. ¿Qué quién fue la primera y hasta ahora única? La física Marie Curie (1867-1934), quien fue “panteonizada” en 1995 junto con su científico esposo Pierre. Y si líneas arriba enfatizamos la frase “por sus propios méritos”, fue porque hay otra mujer en el Panthéon de París, Sophie Berthellot, quien ganó su admisión en ese recinto de vacas sagradas en 1907 sólo por haber muerto de pena una hora después de su marido, el químico también “panteonizado” Marcellin Berthelot.
No, George Sand no requirió las vejigas de sus consortes para nadar. Como espíritu independiente ella representa una libertad personal cuyo candor continúa atrayendo curiosos y turistas a Nohant, un rústico château en el centro de Francia, que fue el hogar familiar y donde actualmente descansan los restos mortales de la escritora.
Para corroborar su temperamento independiente, Sand alguna vez dijo que ella no necesitaba la ayuda de nadie “para suicidarme, cortar un ramo de flores, corregir un original o para ir al teatro. Voy por donde quiero, como un hombre, por decisión propia; cuando quiero flores, camino hasta los Alpes”.