Hoteles de paso

POR Óscar Garduño Nájera
El hotel de paso, la verdadera casa chica de los defeños, es el lugar mágico, donde todo lo que sucede al interior de sus habitaciones tiene que ver con la más gozosa de las experiencias de la vida
Hay quienes gustan frecuentar hoteles de paso e incluso quienes los prefieren a la comodidad de cualquier casa o recámara. Hay desde los que tienen espejos de gran tamaño en los techos (una experiencia del todo recomendable) hasta los que tienen camas rojizas en forma de corazón, tubos teiboleros ubicados en zonas estratégicas, columpios sexuales, albercas, jacuzzi, o regaderas con paredes transparentes. Entre más detalladas sean las habitaciones algunas con acabados en terciopelo o con una salita y los servicios que ofrezcan televisión de cable, servicio a la habitación, etcétera, mayor será su costo.
No hay de otra: los hoteles de paso son templos diseñados expresamente para el sexo entre parejas formales, nuevas u ocasionales, y la emoción será siempre la misma por más experiencia que uno crea tener (aun cuando ellas en ocasiones la disimulen).
Al llegar habrán de encontrarse con un kafkiano recepcionista oculto tras de una caseta donde lo mismo se venden preservativos, sobrecitos de shampoo y jabón, que lubricantes, brillantinas para el cabello, bolsas con botana (cacahuates y pistaches, entre otras) y botellitas de ron, de tequila, de vodka…
Una vez dentro, tras recibir las llaves y responder si se tiene pensado salir de ahí ese mismo día, recomiendo que los dos se pierdan por los pasillos y pisos conteniendo las ganas para que éstas aumenten, hasta que el sólo hecho de caminar juntos en un hotel de paso los emocione: empápense musicalmente de los sonidos que escapan por debajo de las puertas suspiros como notas y gemidos como conciertos hasta que no puedan más y exploten, acaso estimulados por ese “tour hotelero”.
Cada mujer tiene su propia forma de entrar a un hotel de paso. Pongamos, por ejemplo, que si son tímidas se harán las desentendidas, como si ignoraran el lugar incluso cuando entre los dos ya hubo un acuerdo, un ligero cachondeo: ese instante en que se propone y se insiste para obtener la bendita respuesta mientras las fantasías sexuales nos superan para llegar antes que nosotros a la habitación. Quizás ellas inclinen un poco la mirada y se mantengan en silencio hasta que la puerta quede a sus espaldas. Algunas encenderán la televisión e intentarán ver algún programa (entre los miles y miles que ofrece una televisión de cable), y en cuanto den con un canal pornográfico acaso se sonrojarán un poco e inmediatamente apretarán el botón del control remoto; otras se acostarán en esas camas maltrechas y dirán que tienen que descansar unos minutos, harán ejercicios de estiramiento, de respiración, y su rostro se iluminará con una sonrisa ligera, tal vez burlándose de ese hombre que pasó por ingenuo cuando creyó que ella nunca había entrado a lugares así, de ese mismo hombre que se siente todo un triunfador.
En cuanto a ellos, los más desagradables, quizás, son los chistosos o los platicadores, ya que cuando uno se cruza en las escaleras con tipos así reconoce que están todavía más nerviosos que ella e intentan disimularlo haciendo chistes a expensas del lugar (¡cuando fueron ellos mismos los que lo escogieron), o recitando tontería y media: hablando del clima o de los resultados del partido de futbol y dándose una ridícula importancia de triunfadores. Entran lanzando saludos al por mayor y a quien se encuentren… no son discretos y en su rostro se congela una sonrisa de plástico que se derrite en cuanto se quedan dormidos, como bebés, al mismo tiempo que la mujer los ve como ingenuos.
En lo particular, prefiero a las mujeres desinhibidas que se atreven a entrar con desparpajo a los hoteles de paso. También a las que se dejan consentir en una cantina para susurrarles palabras de amor, hasta que, junto con su pareja, ya estimulados por el alcohol, se encaminan al hotel de paso luego de comprar algo de beber en la tienda de la esquina. También prefiero a las que son capaces de pedirle a un hombre que se calle la boca, o las que toman la iniciativa adelantándose al pensamiento de ellos, sorprendiéndolos, es decir, callándoles la boca.
Durante mucho tiempo hurté ceniceros, toallas y bolígrafos de los hoteles de paso con la finalidad de hacer una exposición casera. El sólo hecho de tener en la mano cualquiera de tales objetos aseguraba ya un viaje al pasado, a otras mujeres, a esos momentos en que se buscó las direcciones y la vías más rápidas, se abrieron puertas para entrar aún con luz del día y mágicamente salir de noche, comprobando así las distintas ópticas que ofrece una Ciudad de México con tantos hijos malditos, como bien pueden ser los hoteles de paso.
Para quien guste del aspecto literario, sugiero ampliamente un poemario de Arturo Trejo Villafuerte titulado Mester de Hotelería, donde el autor se da a la tarea de mostrarnos un amplio abanico a manera de poemas que llevan por título el nombre y la dirección del hotel.
Recomiendo ampliamente a damas y caballeros conocer el mayor número de hoteles de paso, una generosa experiencia sin duda, y un atreverse a llevar más lejos los encuentros ocasionales, las amistades lejanas o, por qué no, las prometedoras parejas, hasta conseguir que el sexo llegue hasta cada una de las habitaciones donde ya otros incautos hallarán los restos.

2 thoughts on “Hoteles de paso

  1. Guero, simplemente me encanto, coincido con vos en muchas cosas, sobre todo en lo de las mujeres desinhibidas, por que es algo que incluso las mujeres criticamos, pero creo que somos las que vivimos la sexualidad a plenitud, sin deberle nada a nadie y sin tener que tar explicaciones de nuestros actos.

    Un beso grande para vos mi amigo mexicano, de una amiga nicaraguense que disfruta leer tus escritos.

  2. Querido Oscar… como siempre… me dejas sorprendida, ya deberia estar acostumbrada a tu trabajo… pero me encanta leerte y sentirme cautivada como si fuera la primeta vez, he de confesarme culpable de algunas de las sensaciones que describes, aunque aun me falta toda una ciudad y un mundo de hoteles de paso que conocer..
    excelente trabajo.

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