La segunda esposa de Freud

POR Ralph Blumenthal
 Al parecer no sólo fue un pequeño lapsus del padre del psicoanálisis sino un deseo obcecado por ceder a la tentación de acostarse con su cuñada, Minna Bernays. El registro de un hotel suizo puede desenmarañar un misterio que ha ocupado la mente de académicos y chismosos durante varios años
 Tal vez fue sólo un lapsus freudiano. O un caso de ocultamiento a la vista de todos. Como haya sido, Sigmund Freud al parecer dejó en el cuaderno de registro de un hotel suizo la respuesta a una pregunta que fue motivo de confrontación entre los académicos del siglo 19 y parte del 20. ¿Tuvo un desliz con Minna Bernays, la hermana menor de su esposa?
Los rumores sobre un romance entre Freud y su cuñada, que vivía con los Freud, persisten a pesar de las negativas de los incondicionales al creador del psicoanálisis. El psicoanalista suizo Carl Gustav Jung, discípulo y luego rival de Freud, insistió en que Bernays había confesado que tenía una relación con él. (Los freudianos, por supuesto, afirman que no es más que un invento malintencionado de Jung.) Algunos investigadores incluso insinuaron que Bernays quedó embarazada de Freud y que pudo haberse sometido a un aborto.
Sólo que… faltaban las pruebas. En 2006, parece que éstas llegaron. Un sociólogo alemán afirmó que encontró evidencias de que el 13 de agosto de 1898, durante unas vacaciones en los Alpes suizos, Freud, entonces de 42 años, y Bernays, de 33, se alojaron en el Schweizerhaus, una posada de Maloja, y se registraron como un matrimonio, lo que, de resultar cierto, puede llevar a los historiadores a reconsiderar su interpretación de la psicología de Freud.
En una página amarillenta del registro se lee que ambos ocuparon la habitación 11. Freud firmó el libro con su letra inconfundible: “Dr. Sigm Freud u frau”, abreviación de “Dr. Sigmund Freud y señora”.
“Queda demostrado más allá de cualquier duda que Sigmund Freud y la hermana de su esposa, Minna Bernays, tenían una relación”, escribió Franz Maciejewski, un sociólogo y especialista que trabajaba en la Universidad de Heidelberg, que descubrió el registro en agosto de 2006.

La esposa de Freud, Martha, estaba al tanto del viaje del psicoanalista con Minna, si bien no de su naturaleza. El mismo día que Freud firmó el registro del hotel, le mandó a su esposa una postal de los glaciares, montañas y lagos que la pareja había visto.
En la postal, que se publicó en la correspondencia de Freud, éste señaló que su lugar de alojamiento era “modesto”, pese a que el Schweizerhaus era uno de los hoteles más importantes de la ciudad.
Las pruebas resultan lo suficientemente convincentes como para que Peter Gay, el biógrafo de Freud, quien siempre mostró escepticismo en torno a lo que denominaba “el affaire Minna”, aceptara que estaba dispuesto a revisar su trabajo.
“Ahora resulta muy posible que hayan dormido juntos”, declaró. “Eso no hace que él o el psicoanálisis pierdan legitimidad”, dijo.
La revelación ha alimentado el ya de por sí prolongado debate acerca de la vida personal de Freud. El padre del psicoanálisis analizó los impulsos sexuales más oscuros y los secretos de la mente. Los especialistas, sin embargo, discuten qué tan escrupulosa era su propia vida.
Peter L. Rudniytsky, un ex becario de la Sociedad Freud de Psiconálisis de Viena y editor de la publicación psicoanalítica American Imago, explica que la revelación es importante, porque “el psicoanálisis tiene una estrecha relación con la vida de Freud.”
“El psicoanálisis invirtió mucho en una imagen idealizada de Freud”, adujo Rudnytsky, quien es profesor de la Universidad de Florida. “Freud abordó un tema que se miraba con recelo –la sexualidad—, que hacía sentir incómoda a la gente, por lo que tenía que ser una figura de integridad intachable.”
En todo caso, explicó, “los asuntos de la vida íntima de la gente son importantes; es muy freudiano.”
Marido y mujer
El propio Freud era contradictorio. En 1915 le escribió al neurólogo estadounidense James J. Putman: “Soy partidario de una vida sexual mucho más libre. Sin embargo, yo usé muy poco esa libertad.”
Peter Swales, un historiador e investigador que ha dedicado varias décadas a estudiar los pormenores de la relación de Freud con su cuñada, declara que el hallazgo en el hotel suizo demuestra “el lugar importante, fundamental y profundo de Minna Bernays en la biografía intelectual de Freud.”
La forma en que el Dr. Maciejewski descubrió el registro del hotel parece extrañamente freudiana. En agosto de 2005, mientras buscaba material para un libro sobre Freud y Moisés, estudió el desliz suizo de Freud y Bernays.
Cuando estuvo en Suiza con Bernays, Freud tuvo problemas para recordar un nombre. El doctor Maciejewski especuló que el lapsus se relacionaba con alguna culpa secreta de Freud, aunque no pudo determinar de qué se trataba. Sin embargo, cuando leyó las pruebas de su libro la primavera pasada, Maciejewski, señala, “me dominó la sensación de que me estaba olvidando de algo”. En agosto siguiente el escritor volvió a Maloja y preguntó en la posada Schweizerhaus si todavía existía el libro original de huéspedes. Existía, y en una página de 1898 encontró el registro de Freud.
Maciejewski abunda que se convenció de que “no sólo compartieron la cama, sino que hasta se presentaron como marido y mujer ante los desconocidos, un recurso que con seguridad utilizaron siempre que les fue posible durante otras vacaciones en lugares alejados.” El investigador publicó un artículo sobre su hallazgo en un diario alemán, el Frankfurter Rundschau, en septiembre de 2005.
Paradójicamente, Freud contribuyó a la fundación de esa publicación trimestral –que ahora edita la Johns Hopkins University Press— en 1939, poco antes de morir en Londres, donde se estableció tras huir de los nazis. Minna Bernays, su cuñada, murió en Londres en 1941.
Jurg Wintsch, el propietario de la posada Schweizerhaus, confirmó la existencia del registro. Señaló que la habitación 11, que en el momento del affaire Freud-Bernays era la 24, era una de las más grandes del hotel. De hecho, explicó que la estructura del cuarto no ha experimentado cambios ostensibles desde la visita de Freud.

El triángulo entre Freud, su esposa y la hermana de ésta, ha ejercido un atractivo irresistible para los estudiosos, entre ellos Peter Gay, que en un ensayo de 1989 apuntó: “Como todo biógrafo de Freud debo admitir a mi pesar que el gran descifrador de misterios dejó pendientes grandes misterios propios.”
El más fascinante de ellos, escribió, fueron los rumores de un romance con la señorita Bernays. Sin embargo, agregó, muy poca evidencia de cualquier romance se puede encontrar en la correspondencia publicada entre Freud y su cuñada, aunque algunas cartas desaparecieron “oportunamente”.
Desde el momento en que Freud se enamoró de Martha Bernays en 1882 se sintió atraído también por su “inteligente y cáustica” hermana menor, Minna, cuyo novio murió de tuberculosis en 1886, año en que se casó con Freud, escribió Peter Gay en su ensayo. En 1896, la señorita Bernays se fue a vivir con los Freud, ayudando en las tareas domésticas y en crianza de los hijos. Vivió con ellos durante 42 años.
En 1953, Ernest Jones, especialista en Freud y su primer biógrafo, intentó vigorosamente disipar los rumores callejeros sobre “la segunda esposa de Freud”. Rechazó lo que llamó “extrañas leyendas” y describió Freud como “monógamo en un grado muy inusual”.
Y Jones prosigue: “Su esposa fue, sin duda, la única mujer en la vida amorosa de Freud, y fue lo primero antes de cualquier otro mortal”.
Este retrato idílico perduró en gran medida hasta 1969, cuando John M. Billinsky, un psicólogo de la Andover Newton Theological School en Massachusetts, publicó una entrevista que realizó con Jung en Suiza en 1957. Haciendo un recuento de una visita que hizo con su esposa a Freud en Viena en 1907, dijo Jung a Billinsky que Freud había dicho: “Siento mucho que no pueda darle una hospitalidad real; no tengo nada en casa, más que una mujer de edad avanzada”.
En contraste, Jung describe a Miss Bernays como una mujer “muy bonita”, aunque más adelante unas fotografías la muestran más bien severa e impasible; asimismo, dijo que en privado Minna le confesó que “estaba muy molesta por su relación con Freud y que se sentía culpable por ello. Por ella me enteré que Freud estaba enamorado de ella y que su relación era de hecho muy íntima”, prosiguió Jung.
Cuando Jung y Freud viajaron a Estados Unidos en 1909, explica Jung, Freud le confió algunos sueños sobre la señora Freud y la señorita Bernays, pero luego abruptamente puso fin a la discusión, añadiendo: “Le podría contar más, pero no puedo arriesgar mi autoridad”.
Conducta irreprochable
El testimonio de Jung fue atacado por su escasa fiabilidad, entre otros por el Dr. Kurt R. Eissler, director general de los Archivos Sigmund Freud, que en 1993, seis años antes de su muerte a los 90, escribió en un ensayo publicado, “Con respecto a Freud, fue innegablemente superior a Jung: su historial sexual es como los lirios blancos”.
Eissler manifestó que la teoría de Freud “fue, por supuesto, obscena, con su eterna insistencia en el sexo, pero la conducta del hombre que la originó fue irreprochable”.
Lo que Eissler no dijo fue que cuatro años antes de la entrevista de Billinsky, había oído muchas cosas sobre Freud y la señorita Bernays de primera mano en una entrevista con Jung en Zurich en 1953. Pero Eissler y los Archivos Freud impusieron un embargo sobre la transcripción de la entrevista durante 50 años y luego ordenaron que los documentos fueran sellados por 10 años, hasta 2013. Una transcripción en alemán, con el sello de “Confidencial” en la Biblioteca del Congreso se puso a disposición en 2003 sólo para lectura en el recinto, aunque una copia fue obtenida por The New York Times.
En 1981, Eissler estaba en el centro de un escándalo en los Archivos Freud cuando su sucesor designado como director, Jeffrey M. Masson, fue despedido después de romper filas con los freudianos ortodoxos sobre las interpretaciones de la teoría psicoanalítica y del personaje Freud.
En la entrevista de Jung de 1953, que Eissler al parecer nunca citó en público, Jung dijo que creía que la señorita Bernays había desarrollado una relación psicológica con Freud, pero que cuando ella había abordado el tema Freud se volvía insensible.
“Cada hombre tiene sus secretos”, concluyó Jung, quien agregó que en lo que corresponde a Freud, “el inconsciente es algo que uno no debe tocar”.
Jung argumentó a Eissler que Freud había experimentado alguna decepción en el amor, sublimándola en un impulso por el poder y desarrollando de una neurosis expresada en el temor de perder el control de su vejiga.
“¿Podría ser precisamente que se metió en ese conflicto, que en los matrimonios es bastante frecuente, o no?”, Jung dijo. “La joven, la otra mujer”.
Jung dijo que recordaba vagamente algo sobre “un posible embarazo”, pero rápidamente agregó: “Todo eso puede ser una suposición estúpida”.
Tomado de: International Herald Tribune. Diciembre 24, 2006.
Traducción: José Luis Durán King.