A la hoguera con la tricolor bien puesta

POR Alfredo C. Villeda

Los mexicanos van directo al cadalso. Caminan orgullosos, sin titubeos, a la hoguera. Con paso firme avanzan, el viento pegando con fuerza en sus frentes, hacia la guillotina. La historia les augura el desastre, pero parece no importarles la hoja curricular de su anfitrión en turno, y hasta se envalentonan para ir a su encuentro, la tricolor bien puesta. No, improbables lectores. No se trata de futbol ni del juego de mañana, que tiene en un hilo a la familia pambolera y no pambolera. Se trata de política y de un México que, presuroso, se lanza a los brazos del PRI. No este domingo, sino el que viene.
Una hipótesis evolutiva, relativa a los felinos, sostiene que de forma cíclica, a juzgar por los cráneos fosilizados, se extinguen y regresan con mayor talla los grandes gatos. Sus detractores no creen que en un futuro haya un tigre dientes de sable de envergadura superior a los hasta ahora catalogados. Alegan, con no poca razón, que la variedad de esa familia en la actualidad es la cúspide de su evolución: el tamaño del tigre siberiano, la ferocidad del león africano, la velocidad del guepardo, la agilidad del leopardo, la belleza del jaguar negro, la simpatía del gato doméstico…
Con mayor tamaño o con mejores instrumentos para maniobrar y maquinar, una y otra hipótesis igual de aterradoras, todo parece indicar que el PRI, que resistió el embate de 2000 para extinguirlo, ha vuelto y el desmemoriado pueblo mexicano camina, cual sonámbulo sin voluntad, a sus brazos. Esa amnesia recurrente que le permitió al partido mantenerse pese a la matanza de Tlatelolco; pese a la crisis y el dispendio y corrupción balconeados durante el lopezportillismo; pese a la ineptitud y la parálisis con De la Madrid; pese al fraude electoral de 1988; pese a los asesinatos de Posadas, Ruiz Massieu y Colosio; pese al error de diciembre…
A escala estatal, el dinosaurio se pasea como si del Jurásico o el Cretácico se tratara. Hay que ver cómo la han librado todos los gobernadores de Sinaloa, pese al auge del narcotráfico desde los años 80; qué tal Mario Marín, incólume aun con la exhibida grabada de las “bellísimas botellas de coñac”, de “la vieja cabrona” y “el héroe de la película, papá”; y Ulises Ruiz, con el centro histórico de Uajaca (para escribirlo con Italo Calvino) tomado, barricadas e incendios de por medio, un reportero-activista muerto en un tiroteo, y tan campante haciendo campaña para su muchacho Eviel Pérez. Alguien tiene que cubrir los rastros, sin duda. Impunidad pura. Ah, la desmemoria mexicana que no escucha a Dostoievski clamar: “El hombre es vil; a todo se acostumbra”.
Cierto es que no hay hacia dónde volverse. Escuchar el discurso panista, so pena de sus magros resultados como gobierno (no es opinión, todo está documentado), remite al lugar común. Toda persona inteligente que recurre al dicho, al refrán, es una gran lectora del Quijote o de la Biblia. El resto acude a ese recurso, precisamente, por falta de lecturas e ideas. No hay que desperdiciar el espacio para reproducir los “argumentos” de César Nava para convalidar el espionaje, hablando de agua tibia y pollos, y Fernando Gómez Mont, abogado de derecha, escupiendo ayer lanzas marxistas a un ombudsman que ni las manos metió, quizá porque no entendió eso de “tonto útil”.
El domingo, el de elecciones, no el futbolero de mañana, los mexicanos de 14 estados van gustosos al precipicio, a uno que ya conocen. Está consciente esa mayoría, se deduce, de que en casi todas las entidades el triunfo de otra opción equivale a darle el poder a un ex priista: Rosas Aispuro, Malova, Yunes… México, pues, camina por la tablita del barco pirata. No el Tri mañana, ante Argentina, sino en una semana, hacia las fauces de un tigre dientes de sable que está de regreso.

Las calumnias francesas: la escandalosa literatura que liberó a un país

POR Regina Swain
La lluvia de calumnias que abrumó a María Antonieta desde 1789 hasta el día de su ejecución, el 16 de Octubre de 1793, no ha tenido comparación en la historia. María Antonieta fue uno de los blancos favoritos de los difamadores a lo largo de la historia.
Cuando hacemos un recuento de la lucha por la libertad de prensa, pocas veces pensamos en los libros escandalosos, los alarmantes, los verdaderamente atroces. Nos imaginamos que la libertad de utilizar la palabra impresa fue ganada por altruistas dedicados al progreso de la humanidad, pero una observación cuidadosa de la historia de la lucha por la libertad de expresión nos revela que mucho del vasto territorio de la literatura y la política fue ganado por seres tan sospechosos que, aunque publicaron libros, jamás se ganaron el respeto de otros autores.
Robert Darnton ha dedicado gran parte de su vida a tratar de hacernos ver esta parte de la historia. Recientemente reveló que en Francia, durante el siglo 18, existía una categoría de publicaciones llamada “Calumnias” que abarcaba una buena cantidad de libros que deleitaban a sus recién estrenados lectores socavando la autoridad de la monarquía y la Iglesia.
Las Calumnias ayudaron a crear un clima favorable para que el pueblo demandara su libertad y fueron un factor muy importante en la caída de la monarquía: Terminaron por ser el torcido cimiento sobre el cual se fundó la libertad de prensa en Francia.
En el siglo 18, la Calumnia era la mejor industria de Francia. Los libros que Darnton examina a veces dicen la verdad, pero la mayor parte del tiempo dicen mentiras sobre sus víctimas. Aun así, durante décadas fueron la única fuente de información a la mano sobre las grandes figuras públicas francesas. Los periódicos llegaron a Francia muy tarde, mucho más tarde que a Alemania y a Inglaterra, porque la monarquía no permitía su entrada. París leyó las páginas de su primer diario en 1777, mientras que Leipzig tuvo el suyo en 1660.
Una de las consecuencias de la educación francesa era la abundancia de escritores frustrados. Para publicar legalmente en Francia durante la época de la monarquía el texto debía ser analizado previamente por un equipo de 200 censores en un departamento de gobierno dedicado exclusivamente a la tarea y, siendo franceses, los censores siempre se oponían tanto a las faltas de estilo como a las ofensas contra el régimen monárquico. Así que en lugar de encarar a los censores, los escritores franceses escapaban a ellos editando sus libros en el extranjero y llevándolos a Francia de contrabando. Londres se convirtió en un centro de edición y creación para los escritores franceses, desafortunadamente, la mayoría de la producción de la época creada en Inglaterra por escritores franceses fue difamatoria.
No es de sorprender que la víctima favorita de los difamadores fuera María Antonieta, esposa de Louis XVI. María Antonieta tenía todo en su contra: era extranjera y venía de un país que los franceses veían como enemigo por tradición: Austria, así que jamás se le daría el beneficio de la duda. Los franceses siempre sospecharían que María Antonieta cometería traición a la patria. Además de eso, la joven reina era derrochadora y le gustaba apostar, así que sus gastos se habían convertido en un problema para la tesorería real. Por si eso fuera poco había cometido la indiscreción de declarar, durante la primera etapa de su matrimonio, que el rey era impotente, por lo que los difamadores la acusaban de buscar satisfacción sexual con otros hombres.
De acuerdo con Darnton, María Antonieta fue el blanco de mucho más calumnias de las que cualquier persona podría soportar. “La lluvia de calumnias que abrumó a María Antonieta desde 1789 hasta el día de su ejecución, el 16 de Octubre de 1793 no ha tenido comparación en la historia.” En sus últimos años de vida fue sujeto de casi 150 libros, algunos en los cuales hablaban de ella “en un lenguaje tan soez que es difícil de entender”.
En su más reciente libro, The Devil in the Holy Water, or the Art of Slander from Louis XIV to Napoleon, Darnton pregunta a sus lectores algo que seguramente se ha preguntado a sí mismo en algunas ocasiones. “¿Por qué dedicar tanto trabajo y tantas páginas a un tema tan sucio?”
Ciertamente, lo suyo no es una historia con final feliz y obviamente sus investigaciones no son dignas de un experto en historia de Francia, pero hace más de 30 años Darnton decidió que la literatura underground, aquella producida más o menos en la oscuridad, era la que más podía ilustrarnos. Este tipo de libros ayudó a moldear ―para bien o para mal― el concepto del mundo para los franceses, y eventualmente demostró que los regímenes autoritarios pueden ser derrocados cuando la palabra moviliza la opinión pública.
Las autoridades francesas consideraban estas publicaciones como un grave peligro. En Francia, los impresores vivían en terror de ser castigados en la Bastilla, pero en el extranjero no existía ese temor. En muchos de los libros se podía ver la leyenda: “impreso a cien leguas de la Bastilla.” Muchas veces aun esto no era suficiente. El gobierno enviaba a sus agentes para secuestrar y, muchas veces, asesinar a los responsables de las publicaciones. Algunos, los que sobrevivieron a la persecución y, más tarde, al terror que siguió a la Revolución, cambiaron su política y comenzaron a dirigir sus escritos a un público más selecto, un público sediento de leer chismes sobre Maximilien Robespierre y otros virtuosos de la guillotina. De cualquier forma, no hay honor entre bandidos. El crimen de bandido hacia bandido floreció, todos se plagiaban los libros de todos, los reescribían si se les daba la gana y les agregaban algo de material para aumentar las ventas.
Lo que le fascina a Darnton de este tipo de literatura son los mitos y símbolos emergentes a través de la publicación clandestina. Las Calumnias se instalaron permanentemente en la corte real de Francia y en la imaginación colectiva como “una especie de reino de hadas satánico” donde la nobleza externaba su lujuria, su poder y sus preocupaciones principales. Las Calumnias fueron cruciales en lo que los antropólogos llaman “fabricación del significado”.
Mientras trabajó para la facultad de la Universidad de Princeton, y más recientemente para la de la Universidad de Harvard, Darnton también ayudó a crear el primer curso de Historia del Libro. Al mismo tiempo, el investigador ha escrito cuatro libros sobre el tema que le apasiona: The Literary Underground of the Old Regime (1982), The Forbidden Best-Sellers of Pre-revolutionary France (1995), The Corpus of Clandestine Literature in France, 1769-1789 (1995) y ahora su libro sobre los difamadores. Su trabajo ha influenciado a historiadores de la cultura en Francia y otras partes del mundo. Un académico, escéptico, calificó su trabajo como una “interpretación pornográfica de la Revolución francesa”, pero su interés en asomarse a los resquicios más oscuros de las publicaciones francesas ha enriquecido la visión que tenemos de esa gran era en la actualidad.
La mayor parte de las publicaciones ilegales publicadas durante la monarquía francesa fueron escritas por gente ajena a la corte, que solamente podía imaginarse las vidas de la gente de la corte y de quienes rodeaban a los reyes, pero uno de los más famosos y longevos difamadores pertenecía a la corte del Rey Sol, Louis XIV. El autor, Roger de Rabutin, el Conde de Bussy, era un reconocido libertino con un buen estilo para escribir, miembro de la Académie Française, que fue echado de la corte en 1659 por haber participado en una orgía durante Semana Santa. Su castigo fue dejar la corte y permanecer en su propiedad de Borgoña durante un año, donde, mientras esperaba que pasaran las horas, se entretenía escribiendo su Histoire amoureuse des Gaules, una ingeniosa “novela” llena de secretos sobre las mujeres de la corte que creó con el fin de divertir a su amante. Este texto era su tiro de gracia durante las fiestas que organizaba en Borgoña, destinada solamente a ser escuchada por sus amigos íntimos, pero un día una de sus amigas le pidió el manuscrito para poderlo disfrutar más en privado. Lo copió y lo vendió a un impresor en Bélgica, quien lo publicó con una guía que desenmascaraba a las verdaderas protagonistas tras los nombres inventados. Después de la primera publicación, por lo menos 11 imprentas lo plagiaron.
El Conde de Bussy fue encerrado en la Bastilla durante un año, tras el cual fue liberado con la condición de regresar a Borgoña y no volver a la corte. Murió en su propiedad en 1693, a los 74 años, una verdadera hazaña de longevidad para un aristócrata que tomó tantos riesgos en su vida.

1 thought on “Las calumnias francesas: la escandalosa literatura que liberó a un país

  1. Interesante discurso histórico que me ha abierto algunas perspectivas sobre las tendencias, fobias y direcciones de la literatura frances de esa época, así cómo de sus polémicos escritores.

    Saludos,

    VD

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