Rutas 666: el diablo viaja por carretera

POR José Luis Durán King
En los últimos 30 años, las arterias interestales de Estados Unidos se han convertido en coto de caza y exterminio de mujeres, por lo que una investigadora del FBI propuso una iniciativa de ley para frenar la violencia ellas
Dicen que cuando un estadunidense nace, lo primero que asoma del vientre de su madre es una mano que tantea el terreno en busca del volante del automóvil. La sociedad del norte está plenamente vinculada a los autos y, por ende, a las carreteras. Gran parte de la vida de un ciudadano medio de ese país transcurrirá a bordo de una máquina, la cual le permitirá ir, si así lo desea, hacia el punto cardinal que le señale el viento, porque para cumplir este propósito aquella nación posee una red de carretera que, como venas varicosas, la atraviesa de costa a costa y de frontera a frontera.
Las carreteras han inspirado en los estadunidenses lo mismo temas de novelas (On the Road), que de películas (Easy Rider, Lost Highway), por no hablar de caricaturas (El Correcaminos) o de piezas de rock (Born to Be Wild); han permitido reducir el tiempo entre los puntos y destinos geográficos; han logrado acercar a la gente y también, paradójicamente, la han alejado de sus comunidades, al invitar a que los hijos dejen muy jóvenes a sus padres, a que abandonen sus lugares de nacimiento y viajen en busca de horizontes laborales o que simplemente huyan de sí mismos o de los otros. En la enorme extensión territorial de Estados Unidos, el diablo viaja por carretera.
Infierno de asfalto
En 2004, el Buró Federal de Investigaciones estadunidense (FBI) se percató de una conducta criminal que, no obstante tenía muchos años ocurriendo, no había sido plenamente identificada como para convertirse en tema de análisis y menos en iniciativa de ley.
Un asesino serial había convertido el acotamiento de la carretera Interestatal 40 (I-40) –que corre por Oklahoma, Texas, Arkansas y Mississippi— en un tiradero de cadáveres femeninos. Las víctimas, repito, eran mujeres, algunas de ellas prostitutas. Eran levantadas cuando pedían aventón o raptadas en bares y gasolineras. Cuando la policía las hallaba, quedaba muy poco de los que ellas habían sido en vida: la mayoría no sólo fue violada, también fue brutalmente mutilada, asesinada y tirada como bolsa de vomitar a la orilla del camino.
Con base en información diversa, por ejemplo, el reconocimiento de las víctimas y de los lugares dónde y de las personas con las que se les vio por última vez, las autoridades comenzaron una base de datos que paulatinamente se convirtió en abril de 2009 en la iniciativa “Highway Serial Killings” (Asesinatos Seriales en Carreteras), la cual contribuye a la conducción de investigaciones entre dos o más jurisdicciones, una herramienta vital, sobre todo cuando el sospechoso viaja cientos de kilómetros por día.
Hasta ahora la base de datos contiene más de 500 víctimas y 200 sospechosos. El mapa elaborado con datos recabados durante 30 años por la policía es un abismo en cuyo fondo se calcina medio millar de almas, las cuales fueron arrojadas a esa oscura morada por hombres y mujeres que se tomaron atribuciones celestiales, sin percatarse que detrás de sus alas traían el infierno. Son 500 puntos rojos sobre un mapa blanco, 500 manchas que semejan gotas de sangre. Tal concurrencia de puntos carmesí, que significan el lugar en el que fue rescatado por lo menos un cadáver, impone respeto y deja mudo al que lo ve.
Mundo de traileros
La responsabilidad de la iniciativa “Highway Serial Killings” es de Terry Turner, una analista de la sede del FBI en Oklahoma. La profesional estaba impactada por la brutalidad expresada en cada uno de los homicidios de la I-40, por lo que se centró en las prostitutas asesinadas y en los conductores de tráiler, un binomio que se ha repetido en múltiples ocasiones.
La mañana del 20 de julio de 1986, por ejemplo, el cuerpo de la prostituta Shirley Dean Taylor fue encontrado a la orilla de la Interestatal 71, cerca de Ohio. Ese cadáver bronceado, con las pantimedias amarradas cuidadosamente alrededor de un brazo, era la segunda víctima de un delincuente pluralista que se ganó el apodo del asesino de la I-71, el cual asesinó a más de 20 prostitutas y nunca fue detenido. Todas las víctimas se movían en el submundo de los traileros.
En el caso del los homicidios de la I-40, la base de datos creada por Terry Turner, además de la información proporcionada por el FBI a través del Programa de Aprehensión de Criminales Violentos, condujeron a la detención de John Robert Williams, de 28 años, chofer de tráiler. Williams y su novia habían raptado a una mujer a la que conocieron en un casino de Mississippi. Cuando la policía comenzó a cerrar el cerco, la novia de Williams entró en pánico y acudió a la policía a declarar que ella y su novio habían encontrado casualmente el cuerpo de la mujer. Bastó un poco de presión para que la mujer soltara todo lo que sabía y confesara que Robert Williams era el verdugo.