Nagasaki conmemora aniversario de ataque nuclear de EEUU
POR Shino Yuasa
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La ciudad japonesa de Nagasaki conmemoró el pasado 9 de agosto el 65 aniversario del ataque nuclear de Estados Unidos con una cifra récord de 32 países asistentes, aunque sin representación norteamericana.
Los presentes guardaron un minuto de silencio a las 11:02 de la mañana, hora en que el ejército de Estados Unidos arrojó una bomba atómica sobre la ciudad el 9 de agosto de 1945, tres días después de lanzar en Hiroshima el primer ataque nuclear en el mundo.
Casi 80 mil personas murieron en Nagasaki, mientras que otras 140 mil fallecieron en Hiroshima al instante o en los meses siguientes al ataque. Japón se rindió el 15 de agosto, lo que dio fin a la Segunda Guerra Mundial.
La ceremonia de Nagasaki comenzó con un coro de ancianos sobrevivientes de la explosión y también con la exhortación del alcalde Tomihisa para tener un mundo libre de la amenaza nuclear.
“Nagasaki, junto con Hiroshima, continuarán haciendo el máximo esfuerzo para que el mundo se libere de todas las armas nucleares”, dijo.
Aunque Estados Unidos envió el viernes al embajador John Roos como delegado por primera vez a la conmemoración en Hiroshima, no estuvo presente en Nagasaki.
La embajada de Estados Unidos en Tokio afirmó que el embajador no pudo asistir a la ceremonia de Nagasaki debido a conflictos de agenda.
Un funcionario de Nagasaki afirmó que las delegaciones de 32 países, incluyendo potencias nucleares como Gran Bretaña y Francia, asistieron a la ceremonia del lunes 9 de agosto.
El ex presidente Jimmy Carter visitó el Museo de la Paz en Hiroshima en 1984, años después de haber dejado su cargo. El funcionario estadounidense de más alto rango que ha visitado la ciudad mientras está en funciones es la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, quien asistió en el 2008.
Roos había visitado Hiroshima poco después de asumir el cargo el año pasado.
“Volvería a tirar la bomba atómica”
FOTO: Nagasaki
Tres días antes, al cumplirse hoy 65 años del lanzamiento del artefacto nuclear sobre Hiroshima, el último tripulante del Enola Gay, Theodore Van Kirk, en una conversación con el diario británico The Guardian, afirmó: “Volvería a tirar la bomba atómica”.
La ciudad japonesa de Hiroshima conmemoró el 6 de agosto pasado, con un llamamiento al desarme nuclear, el 65 aniversario del lanzamiento de la bomba atómica contra esa ciudad, en una ceremonia a la que por primera vez asistió un representante oficial de Estados Unidos y el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon.
Miles de personas se congregaron en el Parque Memorial de la Paz a las 8.15 hora local, la hora en la que hace 65 años el avión norteamericano Enola Gay dejó caer la bomba Little Boy sobre Hiroshima.
Tres días después, Estados Unidos lanzó su segunda bomba atómica, bautizada como Fat Boy, sobre la ciudad de Nagasaki, lo que llevó a la rendición de Japón el 15 de agosto de 1945 y al fin de la Segunda Guerra Mundial.
A finales de 1945 habían muerto 140 mil personas en Hiroshima y 74 mil en Nagasaki, aunque el número de muertos en los años siguientes por las secuelas de las radiaciones fue mucho mayor.
En el acto del 6 de agosto estuvo el embajador norteamericano en Japón, John Ross, el primer representante de un gobierno de Estados Unidos en asistir a un aniversario del ataque, además de delegados de Francia y el Reino Unido, también por primera vez, y otros 70 países.
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En tanto, en entrevista con el diario británico The Guardian, Theodore Van Kirk, el último tripulante del Enola Gay confesó, ante la pregunta de si volvería  a lanzar la bomba atómica que “sí lo haría en las mismas circunstancias”.
Y fundamentó el ataque diciendo que si no se hubieran lanzado los artefactos nucleares, la guerra habría proseguido por un tiempo indefinido.
“Yo estaba orgulloso de estar en el Enola Gay. La guerra terminó el 14 de agosto. No sé cuándo se hubiera terminado si no hubiéramos tirado las bombas atómicas”, opinó.
Van Kirk tiene 89 años y es el último sobreviviente del grupo de 11 personas que pilotearon la nave aquel día. Actualmente, su mayor preocupación pasa –según admitió— por saber justamente que es el último tripulante con vida.
“Cada vez que uno de mis compañeros miembros de la tripulación murió, fue un shock, y más con el último”, dijo y añadió: “No es sólo que yo soy ahora el último superviviente. Es el choque de envejecer. El hecho es que todos estamos envejeciendo y el morir” es lo que le inquieta, afirmó.
Tomado de: The Associated Press e infobae.com. Agosto 9 y 6, 2010.

Agosto 6, 1816. Jane Austen: nunca se dejó persuadir


Agosto 6 de 1816, hace 194 años, Jane Austen concluye Persuasión. Es una fecha triste para todos los janeites, ya que la escritora falleció menos de un año más tarde, y su novela, publicada póstumamente, marca el final de su carrera. La trama alcanza su gran momento en la personalidad de Anne Elliot quien, contra los consejos de la familia, debe aprender a confiar en su propio camino y su corazón por completo.
Familiares y amigos siempre intentaron persuadir a Austen para que renunciara a su pincel fino y a su afilado bisturí para el gran romance. Sus cartas parecen haber dado respuesta, “Las imágenes de la perfección, como ustedes saben, me ponen enferma y perversa”; pero, por si acaso, dejó listo un “Plan de novela de acuerdo con diversas sugerencias”. Este comienza con la introducción de los dos personajes principales, un padre que es “perfecto en su carácter, temperamento y costumbres”, y una hija que es “perfectamente buena, con mucha ternura, sentimiento, y no menor en ingenio”. Las notas de Austen prometían obediencia completa a los dictados del género, y algo más:
“A menudo llevada por el antihéroe, pero rescatada ya sea por su padre o por el héroe —a menudo reducida a apoyarse a sí misma y a su padre por sus talentos y trabajar por su pan; continuamente engañada y defraudada por su alquiler, desgastada hasta el esqueleto, y de vez en cuando muriendo de hambre. —Por fin, cazados por la sociedad civilizada, negando el refugio pobre de la más humilde cabaña, se ven obligados a retirarse a Kamchatka, donde el pobre padre, muy acabado, encuentra su fin, que se aproxima arrastrándose por el suelo, y después de cuatro o cinco horas de asesoramiento y admoniciones paternales a su miserable hijo, expira en una explosión de entusiasmo literario, mezclado con invectivas contra los titulares de los diezmos”.