Jane Austen: la fuerza moral de una época

POR: James Collins
Los personajes de Jane Austen son vivos. El equilibrio de sus frases es perfecto. Sus intrigas son bastante buenas, te hacen seguir leyendo. Sin embargo, escribir novelas brillantes no era el objetivo inmediato para ella: lo más importante para ella fue proporcionar una instrucción moral
En su esencia, los libros de Jane Austen son obras morales. La abadía de Northanger trata en realidad acerca de la educación moral de Catherine Morland, quien se entera de que el mundo no funciona sobre los principios de una novela gótica. Asimismo, como el título indica, Sentido y sensibilidad es un cuento moral: es la historia del autocontrol de Elinor y de la autoindulgencia de Marianne. La trama central tanto de Orgullo y prejuicio como de Emma es el descubrimiento de la debilidad moral de cada una de las heroínas. Parque Mansfield aborda cualquier cantidad de cuestiones morales, de la conveniencia de participar en obras de aficionados hasta las consecuencias de dejar al esposo por otro hombre. La premisa de Persuasión es el sacrificio de la felicidad de Anne Elliot por cumplir con su deber y obedecer las amonestaciones de su guía moral, Lady Russell. Pero las preocupaciones morales no sólo se reflejan en los grandes temas de los libros de Austen: son omnipresentes. Incluso el más pequeño acto, el más breve diálogo o la simple descripción de la manera de vestir de un personaje está cargado de un contenido moral.
Los lectores de hoy tienden a apreciar a Austen pesar de su didactismo y no debido a él. Ella puede ser positivamente pedante, y eso es una vergüenza. El lector contemporáneo que ama a Jane Austen hace caso omiso de ese tipo de premisas moralizantes y se convence a sí mismo de que realmente no cuentan. Es posible ignorar ese aspecto de su trabajo, al igual que es posible discutir una pintura religiosa sin apenas hacer una referencia a la intención religiosa del artista. Pero esto parece absurdo: pasar por alto la preocupación central de un escritor es una manera extraña de intentar apreciarlo y comprenderlo.
La pregunta, entonces, es cómo conciliar el moralismo de Austen con la sensibilidad moderna. Para solucionar este problema sería útil encontrar a alguien con esa sensibilidad moderna que realmente lee Austen por su instrucción moral (además del placer que proporciona la literatura). Qué conveniente tener a alguien a nuestra disposición que encaje en esa descripción: yo.
Hallé que la lectura de Jane Austen me ayuda a clarificar decisiones éticas, a encontrar una manera de vivir con integridad en un mundo corrupto, incluso a adoptar el tono adecuado y la forma de trato con los demás. Su moralismo y el espíritu moderno no son, de hecho, aspectos opuestos, como tantas veces se supone.
Se puede decir que los valores de la instrucción moral de Austen pueden producir escepticismo porque, después de todo, ella fue una solterona que vivió en el entorno provincial de la Inglaterra de hace 200 años. Pero nuestros mundos no son tan diferentes. Vemos los personajes de Austen –vanos, egoístas, ingenuos, compasivos– en nuestra propia vida todos los días. Su tiempo y lugar son en realidad una ventaja. En su mundo delimitado, los problemas de la vida pueden ser examinados con precisión.
La vida doméstica
Austen vivió la cúspide del augusto siglo 18 y las épocas románticas del 19. Actualmente, casi todas las canciones, la publicidad y el cine, se basan en los principios románticos. No importa cuánto podamos disfrutar “las felicidades de la vida doméstica”, como lo expresó Austen en Persuasión, aún sentimos el enorme atractivo romántico de hacer algo más heroico e intenso. En vez de digerir una buena cena mientras se conversa con los amigos, debemos estar forjando la conciencia de nuestra raza en la fragua de nuestra alma o en alguna otra maldita cosa. Yo realmente no quiero forjar la conciencia de mi carrera, pero al mismo tiempo no quiero perder la oportunidad de todo lo que ofrece el Romanticismo. Aquí es donde entra Austen, pues para ella la familiaridad de lo Augusto con el Romanticismo es lo que la hace más útil para ayudarnos a enfrentar el desafío romántico. Sólo ella puede mostrarnos tan creíblemente que es posible tener moderación y sentimientos profundos, buenas cenas y buena poesía.
¿Cuáles son entonces los valores que Austen nos enseña? Palabras y frases cargadas de valores aparecen una y otra vez en su obras, generalmente en grupos: el autoconocimiento, la generosidad, la humildad, la elegancia, la decencia, el buen entendimiento, la opinión correcta, el conocimiento del mundo, un corazón cálido y estable, atento, moderado, sincero, sensible a lo que es amable y encantador.
La instrucción de Austen apunta hacia una forma de vida más moral –donde lo “moral” se refiere no sólo a los principios correctos sino a principios de conducta en general. El sistema de valores de Austen puede ser pensado como una esfera con capas. El núcleo más íntimo podría llamarse “las morales”, la siguiente capa podríamos llamarla “sentimientos”, y finalmente la superficie podríamos denominarla “maneras”. Las morales son los principios fundamentales: conocimiento de sí mismo, la generosidad, la humildad, la compasión tierna y la integridad.
Un mundo gentil
El énfasis de Austen sobre el buen orden y decoro puede parecer seco y rígido. Pero cualquiera que lea Parque Mansfield sentirá el mismo alivio que Fanny en el cambio del ruidoso desorden de la casa familiar en Portsmouth al orden del parque. Similarmente, la atención de Austen por el autocontrol, especialmente como se expresa en Sentido y sensibilidad, puede resultar difícil, pero hay que recordar cómo la autora claramente comprende la emotividad de Marianne con la más grande de las compasiones. Austen no aboga por una supresión de los propios sentimientos; a pesar de su impecable comportamiento, Elinor se somete a un gran sufrimiento y siente cada una de las mordidas de su pesar. Lo que Austen dice, como un psicólogo moderno podría aducir, es que uno debe tratar de evitar la desintegración de la propia personalidad. Los sentimientos se construyen sobre la base de nuestra moral: un corazón amable, la sensibilidad a todo lo que es hermoso. Las maneras, a su vez, tienen que ver con el comportamiento, con la forma en que trabajamos en el mundo: la buena crianza, la dirección gentil. Sin duda aún es necesario disponer de modelos de buenos sentimientos y modales gentiles hacia nosotros.
¿Cómo puede la moral, los sentimientos y las costumbres ayudar a uno a vivir en el mundo? ¿Cómo deben ser nuestras relaciones con el mundo? ¿Debe uno rechazar completamente al mundo por su corrupción, mercenarismo, su hipocresía y superficialidad? ¿O hay alguna otra manera en que se puede conservar la integridad y la sensibilidad, pero vivir en el mundo también? WH Auden dilucidó bien el problema cuando escribió:
“¿La vida sólo ofrece dos alternativas: usted será feliz, atractivo, saludable, un buen amante y buen padre, pero a condición de que no sea muy curioso sobre la vida. Por otra parte, usted será sensible, consciente de lo que ocurre a su alrededor, pero en ese caso no espere ser feliz o afortunado en el amor o en el hogar o en cualquier empresa. Hay dos mundos y no puedes pertenecer a los dos”.
En efecto, Auden se pregunta si la vida sólo ofrece las dos alternativas de sensatez y sentimiento, y uno puede simpatizar con su grito de desesperación, porque cuando el dilema es el que ella plantea, los dos parecen irremediablemente irreconciliables.
Austen viene a nuestro rescate, sin embargo, y se las arregla para mediar entre la sensatez y el sentimiento, rechazando los excesos de ambos. Su actitud es de apelación ya que la combinación de moral, sentimientos y costumbres proporciona una forma de vida que le permite a uno estar en el mundo y también disfrutar las dulzuras de la sensibilidad. Austen no escribe sobre los bohemios y los rebeldes, ella no quiere cambiar su mundo –“no alteraría ni un cabello de la cabeza de alguien ni movería un ladrillo”, escribió Virginia Woolf. Sus personajes compasivos participan plenamente en su sociedad y aceptan sus convencionalismos, aunque tienen exquisitamente bien afinados sus mentes y corazones. El buen sentido no tiene por qué estar en guerra con la sensibilidad.
Personajes irónicos
La ironía no es sólo el estilo característico de Austen para expresarse: es su modo característico de pensamiento. La ironía de Austen refleja una comprensión perfecta de que, por donde quiera que se vea, el mundo es miserable y de la creencia de que, aunque realmente no se puede luchar contra eso, al menos te puede hacer a un lado. En sus frases irónicas hay un movimiento con estabilidad. Ella se mueve hacia el objeto de la crítica, después se aleja, para finalmente proporcionar un gentil chasquido de clausura. Este movimiento rítmico sirve como un ideal para aceptar y a la vez rechazar las formas de este mundo miserable que lo mantienen en equilibrio.
La ironía de los personajes de Austen también se expresa en aquellos creen en el decoro como una forma de tratar con los hipócritas. Elinor Dashwood, de Sentido y sensibilidad, rara vez es irónica, pero es un buen ejemplo. Recordemos la conversación cuando el odioso John Dashwood, que ha renegado de la promesa hecha en el lecho de muerte a su padre de ayudar a sus hermanastras, quien sugiere a Elinor que la señora Jennings les deje una herencia. Elinor responde: “De hecho, hermano, tu ansiedad por nuestro bienestar y prosperidad te ha llevado demasiado lejos”. John Dashwood carece de generosidad e integridad. Elinor lo insulta, pero lo hace de la manera más educada posible.
Si uno quiere argumentar que la moralidad de Austen es útil para la vida de una persona de la actualidad, hay que abordar tres casos difíciles. En primer lugar, hay una objeción de Fanny a los teatros de aficionados en Parque Mansfield. Luego, en Sentido y sensibilidad hay una negativa de Elinor de seguir al hombre que ama, Edward Ferrars, cuando se entera de que está oficialmente comprometido con Lucy Steele, una mujer que “acrisolaba la falta de sinceridad con la ignorancia”. Por último, está la confesión de Anne Elliot en Persuasión de que ella hizo lo correcto al seguir los dictados de Lady Russell de rechazar al capitán Wentworth, aunque esto lleve a ambos a años de miseria sin amor. En los tres casos, Austen hace suya una moral que parece casi absurda en su rigor.
Tal vez el rigor de Austen está muy pasado de moda, pero cualquier persona puede encontrar mérito en los conceptos de honor, deber y obediencia. Estas cadenas se han debilitado tanto que no hay nada de malo en ser apretadas por una lectura comprensiva de este aspecto de Austen.
Para dispensar brevemente a Elinor y Anne, diré simplemente que sus acciones deben considerarse en el contexto de sus muy sinceras creencias. La lección es que a veces hay que sacrificar algo que queremos por el bien de nuestra conciencia.
Con Fanny Price casi parece como si Austen se hubiera propuesto crear un personaje que carece de modales y personalidad, aunque su moral es simplemente cruda. Ella es famosamente odiada por los lectores, pero sus acciones y actitudes pueden ser defendidas. A pesar de su timidez, tiene un coraje real. Se levanta antes que todos cuando quiere participar en la obra, e incluso resiste el embate terrible de la desaprobación de sir Thomas cuando ella se niega a casarse con Crawford. Rara vez se reconoce que Fanny tiene razón. El peligro de las representaciones teatrales es que en ellas hombres y mujeres jóvenes están juntos en un entorno cargado de sexualidad, y, de hecho, derivan en las consecuencias que Fanny más teme: Henry Crawford y María Rushworth huyen juntos. Así que Fanny no es simplemente un personaje añadido y arbitrario sino alguien que intenta evitar una circunstancia que no termine causando un dolor real.
La frialdad de la verdad
Los principios de Jane Austen son de un valor trascendente, no son “mojigatos”, y sus novelas ilustran y abogan por una forma de ser en el mundo ética, sensible y práctica. El mejor representante de los méritos del enfoque de Austen, sin embargo, es ella misma. La reflexión de la primera frase de Orgullo y prejuicio brilla debajo de ella: “Es una verdad universalmente reconocida que una mujer soltera de poca fortuna debe querer un marido”. No hay nada irónico en esto: en la época de Austen era en realidad una verdad universal. La condición de Austen como mujer soltera, sin dinero y ya sin juventud, de acuerdo con sus propias palabras, la describe en la señorita Bates en Emma, al mantenerse “en la peor situación del mundo por tener mucho del favor del público”. Como esa frase indica, Austen fue capaz de considerar la difícil situación con frialdad, con claridad y sin autocompasión. Las novelas trasmiten la serenidad, el equilibrio, la paciencia y el humor de su creadora. Al leerlas, uno está envuelto en su personalidad, una personalidad que podríamos desear adoptar para nosotros, ya que al parecer resuelve muchos de los problemas de la vida, de la moral y otros más.
Tomado de: The Wall Street Journal. Noviembre 14, 2009.
Traducción: José Luis Durán King.

2 thoughts on “Jane Austen: la fuerza moral de una época

  1. No sé. Creo que si se lee a Austen tomando en cuenta su alta moral podría, por lo menos en mi caso, dejarme un mal sabor de boca. Quizá tenga mucho qué ver mi personalidad, pero en definitiva no se puede dejar de lado las intenciones que el escritor tiene para con su escrito.

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