El rayo de la muerte y su inventor

POR Redacción de Cabovolo
INTRO:
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Harry Grindell Matthews es para algunos uno de los inventores más prolíficos del Reino Unido, el Tesla* inglés, cuyos múltiples inventos (el más conocido y más temible de todos, El Rayo de la Muerte) podían haber acortado las dos guerras mundiales. Otros, sin embargo, creen que simplemente fue un charlatán, o un visionario loco, siempre dispuesto a anunciar grandes invenciones, pero incapaz de demostrar y explicar su funcionamiento.
Matthews nació en Winterbourne, Gloucestershire, el 17 de marzo de 1880. Su familia poseía tierras y vivía holgadamente gracias a los ingresos que obtenía de sus granjas. Su infancia quedó marcada por la trágica muerte de su padre en 1883. Harry quedó huérfano de padre con sólo tres años y creció muy próximo a su madre. En 1888 comenzó sus estudios en el colegio donde no destacó especialmente. Las clases le aburrían y su curiosidad e inventiva le llevaron a hacer sus primeros experimentos en algunos de los campos de los que más tarde se convertiría en pionero. Harry no tardó en ganarse una fama de excéntrico y solitario que pasaba su tiempo desmontado cosas para descubrir cómo funcionaban.
Una Navidad Harry recibió como regalo The Boys’ Playbook of Science. El libro, escrito por John Pepper, estaba repleto de experimentos prácticos sobre magnetismo, electricidad, química, astronomía, mecánica y óptica. Sus vistosas ilustraciones y esquemas captaron el interés del joven Harry que no tardó en intentar reproducir sus experimentos.
Harry decidido a estudiar ingeniería eléctrica dejó la escuela e ingresó en el Mechant Venturer’s College, donde adquirió los conocimientos necesarios sobre la electricidad. En 1896, cuando sólo tenía 16 años, dejó el colegio y empezó a trabajar como aprendiz en una firma de ingeniería. En sólo 18 meses aprendió todo lo que podía aprender y marchó a trabajar con J. H. Winter, uno de los pioneros de la iluminación eléctrica.
Durante la Guerra Boer en Sudáfrica, Matthews sirvió a la corona en Ciudad del Cabo y Bloemfontein. Fue herido varias veces y condecorado por su valentía. Allí empezó a interesarse por los usos militares de la telefonía sin hilos, que en esos momentos avanzaba de la mano de Marconi, Fessenden y otros.
Primeros resultados
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Tras contraer el tifus Matthews volvió a Inglaterra. Después de un tiempo para recuperarse, empezó a trabajar en la firma de consultoría de Earl De la Warr, un rico aristócrata al que Matthews había conocido durante la guerra, mientras Earl trabajaba como corresponsal. Tenían intereses comunes y la fortuna de Earl para investigar. Lo primero fue montar un laboratorio en el que Matthews pudo comenzar a investigar las ideas que había tenido estando en la guerra.
Los primeros resultados llegaron el 3 de setiembre de 1907, cuando Matthews trasmitió un discurso por medio de la radio a media milla de distancia. Con la confianza que le proporcionaban estos primeros éxitos, Matthews se puso manos a la obra a trabajar en el Aerophone, un teléfono por radio que patentó en noviembre de 1909. Una caja de caoba contenía todo lo necesario para la transmisión de la voz. Tanto el receptor como el emisor eran portátiles. De acuerdo con Matthews, la voz podía escucharse hasta una distancia de 10 kilómetros. Con el apoyo de varios inversores, Matthews fundó la Grindell Matthews Wireless Company.
Los militares no tardaron en interesarse por el aerófono y pidieron a Matthews que les hiciera una demostración. Todo estaba preparado el 29 de setiembre de 1911, sin embargo, antes de comenzar la demostración, y aunque Matthews había exigido que no asistiera ningún técnico (según sus partidarios, porque todavía no había obtenido las patentes definitivas), descubrió a cuatro de los asistentes desmontando uno de sus aparatos, tomando notas y dibujando esquemas. Matthews, enfurecido, ordenó a sus ayudantes detener la demostración y empaquetar todo. Este sería el comienzo de una relación con el gobierno y los militares británicos marcada por la sospecha y la desconfianza que duraría el resto de su carrera.
La prensa se hizo eco del incidente y se puso inmediatamente del lado de Matthews criticando la intransigencia de la Oficina de la Guerra. Los militares se vieron obligados a hacer una nota pública negando cualquier tipo intromisión y afirmando que la demostración había sido un fracaso total, no había llegado ni a comenzar cuando fue suspendida. A los pocos días, Matthews dio marcha atrás y en un intento de rebajar la tensión dijo que sólo había sido un malentendido.
Bancarrota
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En cualquier caso, sin entenderse con el gobierno, Matthews decidió seguir con su empresa de telefonía. Pidió más dinero sus inversores e instaló dos estaciones de radio. Mientras, seguía investigando y probando nuevos métodos para aumentar el alcance de sus transmisiones. En 1911 estableció contacto por radio con un avión en vuelo, el piloto pudo escuchar a Matthews hablar mientras volaba a más de 200 metros de altura y a unos 100 kilómetros por hora.
Pero pese a los éxitos, la Grindell Matthews Wireless Telephone Company acabó en bancarrota. El aerófono no consiguió llegar al mercado, en parte, debido al perfeccionismo de Matthews que no paraba de idear nuevas mejoras para el sistema. La compañía no ganó un solo penique y las estaciones de radio tuvieron que ser desmontadas.
En 1914, después del estallido de la Primera Guerra Mundial, el gobierno británico anunció un premio de 25 mil libras para el que fuera capaz de crear un arma eficaz contra zepelines y otro para el que diseñara un mecanismo que permitiera el control remoto de vehículos no tripulados. Matthews, que había empezado a colaborar con Edmund Fournier D’Albe, un experto en aplicaciones del selenio, trabajó junto a él en un sistema de control remoto para un pequeño barco. El sistema utilizaba un foco para transmitir las órdenes a la embarcación. En diciembre de 1915 Matthews y su equipo hicieron una demostración a miembros del gobierno británico. La demostración fue un éxito y el gobierno inglés les extendió un cheque de 25 mil libras.
Pese a la alta suma de dinero pagada por la Oficina de la Guerra Matthews, los militares, por alguna razón que se desconoce, no dieron ningún uso posterior al invento, ni siguieron evolucionándolo. Podría ser que la idea fuera difícil de poner en práctica o tal vez no fuera tan útil como habían creído en un principio.
Lo primero que hizo Matthews con el dinero del gobierno fue pagar a sus acreedores y con lo que le quedó se puso a trabajar en un detector de submarinos. Después de varias pruebas con éxito, Matthews y su equipo comprobaron que el detector era capaz de detectar submarinos debajo del agua a una distancia de 17 kilómetros.
Pese a los resultados, el gobierno británico no mostró interés por el proyecto y Matthews lo acabó abandonando. Matthews pasó entonces a centrar sus esfuerzos en la búsqueda de un método óptico para la grabación del sonido sobre una película. Antes de la llegada de las películas sonoras, el sonido y las imágenes se grababan de forma separada, lo que provocaba que, cuando se proyectaban, el sonido y la imagen nunca estuvieran del todo sincronizados.
Imagen y sonido
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Matthews inventó una cámara que registraba el sonido sobre la película a un lado de la imagen, la sincronía era perfecta. Para demostrar su sistema instaló un pequeño estudio de grabación en su laboratorio. Fue en él donde el 16 de septiembre de 1921 grabó unas de las primeras imágenes con sonido de la historia, una entrevista a Ernest Shackleton antes de embarcarse en su fatídica última expedición a la Antártida. Aunque otros ya habían desarrollado mecanismos para grabar imágenes “parlantes”, Matthews estaba convencido del éxito de su invención y creía que los estudios cinematográficos estarían interesados en ella, pero no fue así. La industria cinematográfica no estaba preparada para sustituir todos los equipos de las salas, ni matar a sus estrellas mudas.
Los fracasos no parecían afectar a Matthews y en otoño de 1923 se pondría manos a la obra en el más famoso de sus inventos. La noticia de que varios aviones franceses habían sido abatidos por los alemanes con un misterioso rayo fue su fuente de inspiración. De acuerdo con Matthews, todos los aviones abatidos lo habían sido en las proximidades de estaciones de radio de alta potencia y asumió que no había sido una mera coincidencia.
Matthews sabía que las ondas de radio podían transmitir energía y consideró que las magnetos del motor de un avión podían cortocircuitarse al pasar cerca de una emisora de radio de alta potencia, lo que a su vez provocaría que el motor se parara. Convencido de poder desarrollar un dispositivo capaz de transmitir energía sin cables, comenzó a investigar. Los resultados no tardarían en llegar, según sus propias afirmaciones, Matthews y su equipo consiguieron encender una bombilla, fundir un cristal, matar algunos animales y parar un pequeño motor a casi 20 metros de distancia.
En mayo de 1924 un distinguido grupo de científicos, periodistas, militares y civiles acudió a una demostración. Ante ellos, detuvo el motor de una motocicleta a 15 metros de distancia, y aseguró que con la suficiente potencia sería capaz de parar el de un avión a una distancia mayor. La demostración, sin embargo, no convenció al gobierno y menos cuando Matthews se negaba a explicar los detalles de cómo funcionaba su invento. Pero la prensa y a la opinión pública sí que estaban de su parte y el asunto acabó llegando a la Cámara de los Comunes. Se habían hecho públicos los primeros contactos de Matthews con Francia y querían saber qué acciones estaba tomando el gobierno para evitar que el invento abandonara el país.
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Toda esta presión hizo que el gobierno cediera y propusiera a Matthews repetir la demostración, aunque con condiciones. Esta vez serían ellos lo que proporcionarían la motocicleta y sería colocada por sus propios técnicos, una petición del todo razonable. Si todo salía bien, le darían mil libras a cambio de 14 días durante los que el gobierno podría examinar el invento y hacerle una propuesta económica definitiva. Sin embargo, Matthews rechazó la oferta; según él, tenía una oferta mucho mejor de una empresa francesa, y, además, no entendía por qué el gobierno no se daba por convencido con la primera demostración.
Matthews acabó marchando a Francia, donde trabajó con Eugene Royer y una empresa de allí que, efectivamente, le había ofrecido más dinero y mejores instalaciones. Pese a la incredulidad que el gobierno había mostrado, tampoco querían arriesgarse a que el invento, de funcionar, cayera en manos de una potencia extranjera, y el 27 de marzo de 1924 la Corte Suprema prohibió a Matthews vender los derechos de su invento a terceros. El episodio acabó con una persecución en coche para impedir que Matthews cogiera un vuelo hacia Francia, pero para cuando los agentes llegaron al aeropuerto, donde también llegaban seguidores de Matthews, su avión hacía sólo minutos que había despegado.
Pero el gobierno británico no era el único que luchaba por mantener el rayo de la muerte en el país. Samuel Instone y su hermano, unos magnates de la aviación y del transporte marítimo, ofrecieron a Matthews un gran pago y un sueldo de varios miles de libras a cambio de que no marchara con su invento. A cambio, sólo le pedían que el invento convenciera a sus asesores científicos. Sin embargo, fue justamente esta clausula la que no convenció a Matthews.
Su invento podía valer muchísimo o nada. Era evidente y razonable que nadie estaría dispuesto a pagar una fortuna por él sin haber podido comprobar su efectividad. Sin embargo, Matthews no lo veía así y una vez más se negó a proporcionar una prueba tangible de que su invento funcionaba. Su respuesta fue un documental en el que supuestamente de mostraba el rayo en acción. The Death Ray. The Most Startling and Breath Taking Motion Picture Ever Made! (El rayo de la muerte. La más inesperada y sorprendente película nunca hecha). El documental se proyectó en Gran Bretaña y Estados unidos, aunque, según los oficiales del gobierno, el rayo de la muerte que aparecía en él no se parecía en nada al que ellos habían visto.
La publicidad que el caso de Matthews había generado hizo que no tardaran en salir imitadores, algunos de ellos en el extranjero. Hasta diez personas afirmaban haber inventado su propio rayo de la muerte. Pero al igual que Matthews, ninguno de ellos pudo demostrar ante los miembros de la Oficina de la Guerra que su invento realmente funcionaba.
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¿Cómo funcionaba el rayo de la muerte?
Supuestamente, el aparato tenía un generador eléctrico especializado y era capaz de generar un rayo “transportador” que actuaba como conductor de la electricidad. Era esa electricidad la que fundía las magnetos. Sin embargo, Matthews no explicó jamás la naturaleza de su rayo transportador y eso provocó que la prensa se limitara a especular sobre él. Algunos comentaristas creían que era aire ionizado, pero otros hablaban de ondas de radio excepcionalmente cortas.
Aunque la prensa, en general, siempre se puso del lado Matthews, la comunidad científica nunca vio con buenos ojos su afición de anunciar inventos sin haberlos probado suficientemente. Además, muchos científicos de renombre creían que no existía ningún tipo de rayo que al concentrarse pudiera producir la fuerza de la que hablaba Matthews. Algunos se ofrecieron a ponerse delante del rayo el tiempo que hiciera falta, convencidos que no les haría ningún daño.
En cualquier caso, nunca ha quedado claro cuánto hay de realidad en el “rayo de la muerte”. Existe una solicitud de patente francesa del año 1924 sobre “proyección remota de electricidad de alta frecuencia”, la firma Eugene Royer, el socio de Matthews. Aunque sí queda claro que ante la imposibilidad de demostrar el funcionamiento de rayo de la muerte, Matthews abandonó su intento de vender su invención a algún gobierno europeo.
Frustrado con el gobierno y militares británicos, Matthews marchó en julio de 1924 a Estados Unidos. En Nueva York, a donde también había llegado la fama de su rayo de la muerte, recibió una oferta económica importante a cambio de demostrar su invención en una feria. Matthews renunció a este dinero fácil, según él porque no estaba autorizado a demostrar su invento fuera del Reino Unido. Aunque unos meses más tarde informó que “América” le había comprado su rayo. Nunca ofreció más detalles sobre esta operación, ni concretó el término “América”, ni cuánto dinero recibió a cambio, en caso de ser cierto.
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En Estados Unidos se apartó del mundo de la guerra y comenzó a trabajar en invenciones más pacíficas. Inventó el “Luminaphone” y el “Sky Projector”. El primero, de dudosa utilidad, era un dispositivo musical extraño que se tocaba de manera similar a un piano, las teclas encendían y apagaban unas luces que pasaban a través de los agujeros de un disco rotatorio y llegaban a unas células de selenio que transformaban las luces en sonido.
El “Sky Projector”, que pudiera ser el predecesor de la “Batiseñal” de Batman, estaba diseñado para proyectar imágenes sobre las nubes. Matthews hizo varias demostraciones públicas de su invento proyectando una imagen estática o un reloj sobre nubes, pero el invento, aunque vistoso, tampoco triunfó. Pese a haber podido revolucionar el mundo de la publicidad, nadie se interesó en él.
Tras este nuevo fracaso, en 1931, Matthews declaró la bancarrota. En sus libros contables había innumerables préstamos e inversiones que nunca produjeron ningún beneficio, pero que le permitieron vivir en lujosos hoteles mientras trabajaba en sus inventos.
En 1934, después de encontrar nuevos inversores Matthews volvió a la carga. Para huir de la presión mediática que causó el “rayo de la muerte” y, también de las intromisiones del gobierno, Matthews se construyó un refugio-laboratorio en medio de las montañas galesas. El laboratorio tenía todo lo necesario para vivir y disponía de su propio suministro autónomo de agua y electricidad. Lo ideal para seguir investigando en reclusión. La finca, además, tenía una pequeña pista de aterrizaje y toda ella estaba rodeada por una verja electrificada, coronada con alambre de espino.
Muerte misteriosa
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Los vecinos del pueblo veían luces extrañas saliendo de su laboratorio y especulaban sobre lo que allí debía ocurrir. Algunos acudieron a la policía para denunciar rayos que estaban provocando enfermedades, muertes de animales y coches que se paraban al pasar por las proximidades del laboratorio. Después de todo, el rayo de la muerte quizás sí que funcionara.
En la tranquilidad de su retiro voluntario, Matthews volvió a centrarse en una de sus primeras invenciones, el detector de submarinos. Más tarde, inventaría el “Torpedo Aéreo” para defender las ciudades de los ataques aéreos. Se trataba de un pequeño cohete que explotaba en el cielo liberando otros cohetes más pequeños en todas las direcciones, dentro de cada uno de estos cohetes había una pequeña bomba sujeta por un cable metálico a un pequeño paracaídas. Los cohetes dejaban ir la bomba que quedaba colgando del paracaídas creando una especie de campo minado volante en el que los aviones se enredaban con los cables de las bombas y las hacían explotar. Según Matthews, muchos de estos torpedos, cargados con muchas bombas paracaídas, podrían crear un anillo protector volante alrededor de las ciudades.
En enero de 1938 se casó con Ganna Walska, una cantante de ópera americana cuya fortuna personal ascendía a 125 millones de dólares proveniente de sus anteriores matrimonios. Unos años más tarde, el 11 de septiembre de 1941, su casero le encontró en el suelo de su salita. Ese mismo día moriría de un ataque de corazón. Se rumora que oficiales del gobierno se llevaron la mayoría de sus equipos y notas; sólo hacía unos días que “Death Ray Matthews”, como era conocido en la prensa, había visitado el 10 de Downing Street para discutir los detalles de su torpedo aéreo.
*Nikola Tesla (Никола Тесла, Smiljan, Croacia, 10 de julio de 1856–Nueva York, 7 de enero de 1943) fue un ingeniero mecánico y eléctrico, y uno de los promotores más importantes del nacimiento de la electricidad comercial. Se le conoce, sobre todo, por sus numerosas y revolucionarias invenciones en el campo del electromagnetismo desarrolladas a finales del siglo 19 y principios del siglo 20. (Wikipedia, la enciclopedia libre).
Tomado de: Cabovolo. Historia, inventos, vidas y sitios diferentes. Noviembre 16, 2009.

Tres, en ocasiones, es una multitud

POR Jean Ketterling
Cada vez más en boga, el trío ha provocado el insomnio de varias generaciones a lo largo de la historia, y cómo no si su documentación literaria arranca prácticamente desde el Kama Sutra, la biblia de los Magallanes del sexo
Si hay un acto sexual cuya creciente popularidad lo ha elevado al estatus de culto entre los jóvenes, es el trío. Una manera segura de probar esta afirmación es ver si Britney Spears canta sobre el tema (confírmelo). El de ella podría ser incluso un trío MMF (hombre-hombre-mujer), aunque probablemente no abordaría demasiado en eso, ya que la psique de los escritores de La Princesa del Pop no destaca por ser profundidades insondables.
Pese a que el trío recientemente ha hecho las delicias de la infamia en la cultura pop, el concepto no es nuevo. La representación de las orgías en el arte es sorprendentemente frecuente, sobre todo en el Kama Sutra, el cual ha dado vueltas durante siglos bajo las camas de los adolescentes.
Aunque la promiscuidad es generalmente mal vista y el sexo público suele ser un tabú –si no ilegal—, el deseo de involucrarse en tales actos sexuales se ha fetichizado como representaciones idealizadas en los recientes años, por lo que ha aumentado su número. Libros enteros podrían escribirse centrados en la cultura sexual de los tríos, y enfrentar  los pros y contras derivaría en un apasionado debate en el que las partes en conflicto tendrían argumentos poderosos.
Un punto a destacar es el hecho de que la fetichización del sexo en grupo no significa necesariamente que ha habido un movimiento hacia una aceptación de la fluidez sexual; y, de hecho si el trío es hombre-hombre-mujer, mujer-mujer-hombre o cualquiera otra combinación o número, el aspecto “maricón” a menudo inhibe el deseo de los heterosexuales.
En otras palabras, la creciente popularidad de los tríos y del sexo en grupo no significa necesariamente que estamos aceptando la fluidez sexual, sino más bien la fluidez sexual ha sido manipulada como una forma de actividad heterosexual.
Acto de rebelión
El sexo en grupo puede ser un medio de rebelión contra los ideales patriarcales de las relaciones monógamas heterosexuales. Puede ser una experiencia poderosa en la búsqueda de placer. Esto sólo es cierto, sin embargo, si todas las partes implicadas participan porque quieren participar y no porque un compañero los está presionando.
La dinámica y el simbolismo del sexo grupal son muy poderosos y pueden arruinar las relaciones. Lo tríos han provisto mucho material para el debate. Después de todo, como en cualquier relación sexual, las dinámicas de poder desempeñan un papel, y éstas se ven agravadas por la representación dominante de los tríos y el sexo grupal en la pornografía. Mientras podamos creer que no somos afectados por los mensajes contradictorios que nos rodean, no podemos tener actos sexuales fuera de su contexto cultural.
Conscientemente o no, la pornografía y los medios han jugado un papel en el por qué han detonado los tríos. Eso no significa que todas las relaciones sexuales no convencionales sean intrínsecamente malas, pero estar informado se vuelve muy importante.
Elige tu gente

La sabiduría convencional afirma que la única posición buena en un trío es el “extraño” invitado por la pareja, debido a que la compleja dinámica de la relación puede romperse por tal acontecimiento. No existe un algoritmo para la mezcla perfecta de personas en un trío y la comunicación siempre es clave.
Cuando entrevisté a una amiga sobre su experiencia, me dijo: “Las dos personas con las que lo he hecho (el trío) estaban en una relación y se sentían muy cómodas con la idea”.
El confort con la idea está centrado en la comunicación: para que las cosas vayan bien cada participante debe tener voz y voto entre los otros participantes potenciales.
Como en cualquier relación sexual, algún nivel de atracción entre los participantes es necesario para una experiencia agradable e incorporar personas que no están interesadas en esta experiencia conducirá a una sola cosa: sexo malo.
Esté seguro
Al igual que en todas las formas de sexo, la protección tanto contra las enfermedades de trasmisión sexual y los embarazos no deseados es fundamental. En los tríos, donde la historia sexual de un participante puede ser relativamente desconocida, esto se convierte en un problema todavía más acuciante. Discuta de antemano qué medidas de precaución son necesarias.
Discuta los límites
Si usted no se siente cómodo discutiendo el quién, qué, dónde y cómo, entonces no está precisamente en una posición en la que debe tener relaciones sexuales con varias personas a la vez. Es importante conversar de antemano lo que es y no confortable. Por ejemplo, tu pareja puede estar consciente del hecho de que no se siente cómoda con el sexo anal, pero si el amigo de al lado no ha sido informado de ese detalle, prepárese para sorpresas desagradables.
Seguimiento
La espontaneidad se ha presentado como la cúspide del atractivo sexual y en algunos casos eso es cierto. El sexo en grupo no es uno de esos momentos, especialmente cuando se trata de una pareja romántica. La comunicación es clave en todas las actividades sexuales, sobre todo en las que las connotaciones simbólicas o presiones culturales pueden tener efectos sobre alguien. Como un amigo dijo de su pareja: “Me hizo sentir como si no fuera la gran cosa después”.
En las comunidades sadomasoquistas es responsabilidad del participante dominante asegurarse de tratar que el elemento sumiso no salga afectado “tanto psicológica como físicamente”.
El sexo en grupo no es fácil, es una responsabilidad, y si usted no está dispuesto a tratar con el aspecto administrativo, entonces ese tipo de experiencia no es para usted. Dicho esto, lo que sigue no tiene por qué ser un momento profundo y serio, y una conversación o una broma a menudo es suficiente.


El top ten de los ménages à trios literarios
POR Ewan Morrison
Ewan Morrison es autor de tres novelas que exploran las relaciones modernas y la sexualidad: Ménage, Distance y Swung. Ménage, su obra más reciente, es la historia de tres bohemios en un ménage à trois en el Londres de los años 90.
“El ménage à trois es una rica y rara veta de ficción que surgió en el siglo 19, proveniente de memorias o narraciones noveladas de los acontecimientos de la vida real. El número de ménages à trois (hasta ahora apenas documentado) que se produjo en las vidas de artistas, escritores y líderes del siglo 19 hasta nuestros días –a partir de DH Lawrence y George Bernard Shaw hasta Pablo Picasso y Jack Kerouac— es intrigante y plantea la pregunta: ¿fue el ménage à trois el estilo de vida ideal (públicamente inaceptable) de los modernos ‘radicales’”?
1. El jardín del Edén, por Ernest Hemingway
La novela erótica que Hemingway suprimió durante su propia vida y que dejó inconclusa a su muerte se ubica en la Cote d’Azur de los años 20 y cuenta la historia de un escritor, su mujer aventurera y los juegos psicosexuales que practican mientras comparten a una joven mujer. Es en gran medida considerada autobiográfica.
2. Jules et Jim, por Henri Pierre Roche
Adaptada para la película de Francois Truffaut en 1961, protagonizada por Jeanne Moreau, la novela original se basó en las propias experiencias de Roche con una pareja alemana, los Hessels, en el periodo de entreguerras. El diario de siete volúmenes de Roche sobre sus muchos amores y triángulos pasionales –incluyendo aquellos con acotaciones de dadaístas y surrealistas— permanece inédito hasta la fecha.
3. Políticos, por Adam Thirlwell
Un ménage à trois excéntrico, contemporáneo y urbano entre un hombre mitad judío, una niña de papá y una actriz india bisexual. Meditaciones sobre la vida sexual de Adolf Hitler y el presidente Mao se entrelazan con descripciones de Londres y de actos sexuales extremos en este revoltijo multicultural.
4. Un hogar en el fin del mundo, por Michael Cunningham
Una representación conmovedora y honesta de un triángulo amoroso duradero entre un hombre gay, una autoproclamada mariliendra (mujer heterosexual que se asocia exclusivamente con hombres homosexuales y bisexuales) y el amante bisexual de esta última, ambientada en Nueva York durante la epidemia del sida. Un libro lleno de amor, dolor y humor compasivo del autor de Las horas, el cual también fue llevado al cine en una película protagonizada por Colin Farrell y Robin Wright Penn.
5. Triángulos amorosos. El ménages à trois de la antigüedad hasta nuestros días, por Barbara Foster, Michael Foster y Letha Hadady
La única historia autorizada del ménage a partir de la Edad Media hasta los años 90, escrita en tres estilos diferentes de tres autores que al parecer viven juntos en un ménage à trois. Con algo de paja en ocasiones y muy americano en su positividad, es sin embargo una fuente muy valiosa para los curiosos. La lista de los ménagers históricos es impresionante.
6. Off the Road: Twenty Years with Cassady, Kerouac and Ginsberg, por Carolyn Cassady
La esposa de Neal y amante de Jack cuenta su versión de los hechos detrás de On the Road y de la vida con su marido –el modelo que Kerouac utilizó para crear a su héroe beat Dean Moriarty. Un libro atormentado de memorias de una mujer atrapada entre su amor por el ego más grande y volátil de la generación beat, y su lucha por la autoconciencia. Mientras que su acuerdo con Jack y Neal se revela, el amor físico entre los dos hombres es sólo insinuado y aún tiene que ser totalmente descubierto.
7. El amante del volcán, por Susan Sontag
Una obra de ficción histórica que intenta de reimaginar el infame ménage à trois entre el napoleónico Sir William Hamilton, su célebre esposa Emma y el vicealmirante Horatio Nelson. Una trama de política y corpiños, y la meditación sobre la revolución dentro y fuera del gabinete que aporta una nueva ambigüedad a las famosa últimas palabras de “Bésame, bésame, Hardy”.
8. Henry y June del diario sin censura de Anaïs Nin
Adaptado de diversos diarios confesionales de Nin, el libro condensa su romance con el escritor iconoclasta Henry Miller, su obsesión por la bella aunque dañada esposa del autor de Trópico de Cáncer, June. De esta obra se hizo también una película protagonizada por Uma Thurman y Fred Ward.
9. Diseño para la vida, por Noel Coward
Gilda, una esteta decadente, prefiere tener dos amantes que sufrir la monogamia. La obra utiliza hábilmente el ménage à trois como una forma de abordar la sexualidad gay y la promiscuidad a la vez (1933), cuando dichos temas estaban prohibidos en el escenario. Contiene una de las mejores líneas que se han escrito sobre el tema: “Te amo. Tú me amas. Amas Otto. Amo a Otto. Otto te ama. Otto me ama. ¡Ya está!”
10. El libro del Génesis
En el Edén no hubo dos sino tres. La tentación de la manzana fue el adulterio, y Adam lo saboreó también. Así comenzó la monogamia y una larga historia en la que las parejas se acusan mutuamente de algo que implica una tercera parte que se mantiene fuera de foto. La erradicación de la tercera parte, ése fue el pecado original.
Tomado de: The Xaverian Weekly. Enero 28, 2010, y de The Guardian. Junio 24, 2009.
Traducción y edición: José Luis Durán King.