Caperucita y el hombre lobo del bosque

POR Terri Windling
 Cuando el famoso cuento fue escrito, la gente aún creía en hombres lobo, quienes, junto con las brujas, vivían en el bosque y conocían la sabiduría y la magia de la naturaleza. Inicialmente, Caperucita Roja es una narración sobre el tránsito de la niña a la mujer
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Caperucita Roja es uno de los cuentos de hadas más queridos de todos los tiempos; sin embargo, pocos conocemos la historia original que se contaba en Francia mucho antes de que Charles Perrault escribiera su famosa narración en 1697. La versión oral, llamada La historia de la abuela, tiene sus raíces en los antiguos cuentos de Asia, pero fue enriqueciéndose y cambiando paulatinamente en gran medida por las tradiciones rurales de Francia desde la Edad Media en adelante. La heroína de La historia de la abuela no utiliza la famosa capa roja (con capucha), detalle añadido por Perrault; tampoco es rescatada por un cazador o un leñador que pasa por ahí, un elemento que fue añadido por los hermanos Grimm. Caperucita Roja, tal como lo conocemos hoy, es una advertencia a las niñas de los peligros de la desobediencia, pero la historia más antigua tiene que ver con la iniciativa y la maduración femeninas.
El cuento de la abuela ha asumido una amplia variedad de formas, aunque en general la historia es la siguiente:
Una mujer ha terminado de cocinar, por lo que le pide a su hija llevar una galleta fresca y un pote de crema a su abuela que vive en una cabaña del bosque. La muchacha obedece y en el camino se encuentra con un bzou [un hombre lobo].
El bzou detiene a la niña y le pregunta: “¿A dónde vas? ¿Qué llevas?”
“Voy a casa de mi abuela”, responde la niña, “le llevo pan y crema.”
“¿Qué camino tomarás?”, pregunta el bzou. “¿El camino de las agujas o el de los alfileres?”
“El de los alfileres”, responde la muchacha.
“Bueno, entonces yo tomaré el camino de las agujas, y vamos a ver quién llega primero”, dice la bestia.
La niña y el bzou toman su camino. La bestia llega primero a la casa de la abuela. Rápidamente mata a la anciana y devora sus brazos, carne y huesos, además de beber su sangre. Todo lo engulle, con excepción de una pieza de carne que coloca en un plato en el estante de la despensa, así como un poco de sangre, que vierte en una botella. A continuación, el bzou se coloca la gorra y la bufanda de la abuela y se mete en la cama.
Cuando la niña llega, el bzou grita desde la cama: “Gira la clavija y entra, mi hija.”
“Abuela”, dice la muchacha, “mi madre me envió con una galleta y una crema.”
“Ponlos en la despensa, hija. ¿Tienes hambre?”
“Sí, abuela”
“Entonces cocina la carne que está en el estante. ¿Tienes sed?”
“Sí, abuela”
“Entonces bebe la botella de vino que está a un lado del estante, niña”.
Cuando la joven cocinó y comió la carne, un gato pequeño saltó y gritó: “Estás comiendo la carne de tu abuela!”
“Aviéntale tu zapato a ese gato ruidoso”, dijo el bzou, y la niña así lo hizo.
Cuando la chica bebía el vino, un pájaro gritó: “Estás bebiendo la sangre de tu abuela!”
“Aviéntale tu otro zapato a ese pájaro ruidoso”, dijo el bzou, y la niña así lo hizo.
Cuando terminó su comida, el bzou dijo: “¿Estás cansada de tu viaje, hija? Entonces quítate la ropa, ven a la cama, aquí te cobijaré.”
“¿Dónde pongo mi delantal, abuela?”
“Arrójalo al fuego, mi niña, no lo necesitarás más.”
“¿Dónde debo poner mi corpiño, abuela?”
“Arrójalo al fuego, mi niña, no lo necesitarás más.”
La niña repitió la pregunta en torno a la falda, la enagua y las medias. El bzou dio la misma respuesta, y ella arroja cada prenda al fuego. Cuando caminó hacia la cama, la niña dijo: “Abuela, ¡qué peluda eres!”
“Es para abrigarte mejor, mi niña”
“Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes!”
“Para tenerte más cerca de mí, hija.”
“Abuela, ¡qué orejas tan grandes tienes!”
“Es para oírte mejor, mi niña.”
“Abuela, ¡qué dientes tan afilados tienes!”
“Son para comerte mejor, mi niña. Ahora ven y acuéstate a mi lado.”
“Pero primero tengo que orinar.”
“Hazlo en la cama, mi hija.”
“No puedo. Tengo que salir”, dice la chica inteligentemente, pues para entonces sabe que es el bzou es el que está mintiendo en la cama de la abuela.
“Entonces, sal “, el bzou agrega,”pero recuerda que debes regresar rápido. Voy a atar tu tobillo con un lazo de lana para saber exactamente dónde te encuentras”. El bzou ata el tobillo de la niña un lazo resistente, pero tan pronto como la niña ha salido, ésta corta el lazo con sus tijeras de costura y lo ata a un ciruelo. El bzou, impaciente, pregunta en voz alta: “¿Aún no has terminado, mi niña?” Al no recibir respuesta, vuelve a preguntar. “¿Estás regando el pasto o abonando los árboles?” Tampoco hay respuesta. El bzou sale de la cama, sigue el lazo y descubre que la niña se ha marchado.
El bzou la persigue, y pronto la niña lo escucha en el camino justo detrás de ella. Ella corre y corre hasta que llega a un río rápido y profundo. Algunas mujeres lavan a la orilla del río. “Por favor, ayúdenme a cruzar”, les pide. Las mujeres extienden una sábana sobre el agua, sosteniendo firmemente los extremos. La niña cruza el puente de tela y pronto está a salvo en el otro lado.
El bzou llega al río y le pide a las mujeres que lo ayuden a cruzar. Las lavanderas extienden una sábana sobre el agua, pero tan pronto la bestia va a la mitad de la tela, sueltan el manto. El bzou cae al agua y se ahoga.
¿Agujas o alfileres?
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Numerosas variantes de El cuento de la abuela fueron recogidas por los folcloristas franceses de los siglos XIX y XX en la cuenca de Loira, el Nivernais, el Forez, el Velay, el norte de los Alpes y el Tirol italiano. Italo Calvino publicó una versión de “Abruzzo” en su colección Cuentos populares de Italia (1956). Llamada La abuela falsa, en esta historia una hambrienta ogresa toma el lugar del lobo, aunque en otros aspectos la historia es muy similar a la del cuento popular francés. Al igual que en la historia francesa, a la joven se le ofrece una comida espeluznante –frijoles (en realidad son dientes) cocidos en una olla y unas orejas en una sartén, y también ella escapa al fingir que tiene que salir a hacer sus necesidades. Calvino tenía dudas de que La abuela falsa procediera de la tradición oral italiana, lo que sugiere que pudo haber derivado de las versiones publicadas por Perrault y los hermanos Grimm. Sin embargo, el cuento de “Abruzzo” contiene elementos que la vinculan claramente con la tradición popular más antigua: la comida caníbal, el ardid del tocador, la heroína que trama su propio escape… todas esas cosas que desaparecieron cuando el cuento pasó de la transmisión oral a la impresa.
En los cuentos orales, la niña debe elegir entre dos caminos, uno de agujas y otro de alfileres. En algunas versiones elige los alfileres, en otras escoge las agujas, y en unas versiones más el bzou elige el camino por ella. Los estudiosos del folclore tienen teorías diferentes sobre lo qué exactamente representa cada uno de esos caminos. El hilado y el tejido son oficios que encontramos a menudo en los cuentos de hadas, ya que la elaboración y confección de prendas eran una constante del trabajo de las mujeres antes del siglo XX. Estas actividades se realizaban comunalmente, en las salas de tejido y frente a la chimenea por la tarde, cuando los chismes eran compartidos y los cuentos eran contados para aliviar la monotonía de las labores a mano. No es de extrañar entonces que las agujas, los alfileres, las ruecas, los husos, y otros símbolos de trabajo de las mujeres aparecieran frecuentemente en los cuentos populares, en gran medida narrados las por mujeres, por lo que algunos especialistas en folclor subestiman los dos caminos propuestos en las narraciones.
Rito de virginidad
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Paul Delarue y Marc Soriano opinan que la elección entre alfileres y agujas es una pregunta sin sentido, una opción falsa (por tanto son igualmente espinosos), un absurdo deliberado. Yvonne Verdier está en desacuerdo en su fascinante ensayo Le petit chaperon rouge dans la tradition orale, publicado por vez primera después de su muerte en 1995. Verdier había registrado y estudiado ampliamente el folclore, las tradiciones y los rituales de las mujeres rurales en las zonas remotas de Francia, y plasmó su gran conocimiento de las historias tradicionales de las mujeres que han abordado los cuentos de la abuela.
En las aldeas estudiadas, Verdier encontró que las niñas eran enviadas en la pubertad a pasar un invierno con las costureras locales, lo que era un rito de paso que marcaba el tránsito de una niña a joven. Al escribir sobre un pueblo en Châtillonnais, describe: “Esto tenía menos que ver con aprender a coser y utilizar agujas, que con la refinación de sí misma, con el pulido a sí misma y con aprender a adornarse y a vestir. La modista expresaba esto diciendo de sus jóvenes aprendices: ‘Han estado juntando alfileres’. Cuando llegaban a los 15 años, tanto el invierno con las costureras y el ingreso ceremonial al grupo consagrado a Santa Catalina significaba su arribo a la virginidad (la vie de jeune fille), es decir, el permiso para ir a bailar y tener que novios, en una etapa en la que el pasador parecía ser el símbolo. Era ofreciendo docenas de alfileres que los muchachos podían cortejar formalmente a las jóvenes; éstas arrojaban los alfileres a las fuentes, con lo que se aseguraban de un novio”.
Si bien los alfileres marcaban el camino de la virginidad, las agujas implicaban la madurez sexual. “Al igual que las agujas”, escribió Verdier, “pasar a través de su ojo en el folclore de las costureras se refiere a enfatizar el simbolismo sexual”. De hecho, en algunas partes de Europa, las prostitutas alguna vez llevaron agujas en sus mangas para anunciar su profesión. Las versiones de los cuentos de las abuelas, donde la muchacha decide tomar el camino de las agujas, podrían dar a entender que la heroína está tratando de crecer demasiado rápido.
De lobos y brujas
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Al final del camino, el hombre lobo espera, disfrazado de abuela de la protagonista. Asumimos que él está usando su forma humana ahora, lo que hace que el engaño sea un poco más convincente; sin embargo –como Marina Warner lo señala en su estudio de los cuentos de hadas De la bestia a la rubia—, es extraño que la nieta no pueda ver la diferencia. Tal vez –Warner sugiere— es porque hay una similitud entre el lobo y la bruja. La abuela vive apartada en el bosque –un lugar poco usual para una mujer vieja e indefensa, pero una vivienda común para las mujeres-sabias, las brujas, las herbolarias y otras femmes sauvage. Warner escribe: “En las fantasías de caza de brujas en el amanecer de la Europa moderna [el lobo y la bruja] son el tipo de seres relacionados con el conocimiento marginal, que poseen secretos paganos y a su vez son poseídos por ellos. Ambos viven en el bosque, ambos necesitan comer urgentemente (una porque está enferma, el otro porque no ha comido en tres días), y la niña no puedo distinguirlas”.
No nos sorprendemos cuando el bzou mata a la abuela, es decir, después de todo, ¿qué hacen los hombres lobo. Pero que la nieta devore a la abuela resulta inquietante, especialmente en aquellas versiones de la historia en que el método de cocción y los condimentos son descritos minuciosamente. Yvonne Verdier compara esa comida ritual con un acto de sacrificio, una incorporación física de la abuela por parte de la nieta. La escena es una reminiscencia de una amplia variedad de mitos en los que un guerrero, chamán, hechicero o brujo incorpora el conocimiento o el poder a través de la ingesta ritual de corazón, cerebro, hígado o bazo del otro. Pero Verdier mira esta parte de la historia en términos más simbólicos. “Lo que la historia nos cuenta”, conjetura la especialista, “es la necesidad de la transformación biológica femenina por la cual la joven elimina lo viejo en su propia vida. Las madres serán reemplazadas por sus hijas y el círculo se cerrará con la llegada de los hijos de sus hijos. Moraleja: las abuelas serán devoradas.”
Agente del cambio
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El lento strip-tease exigido por los avances del lobo es otro tipo de apetito, es por el hecho de que el bzou no es sólo un lobo sino también un hombre. Aunque se centra en aquellos aspectos de la historia que hablan el lenguaje de la iniciación femenina, Verdier también reconoce el importante papel del lobo en el centro de la historia. Él es más algo más que un símbolo de los peligros del engaño sexual, es el agente del cambio. “En la encrucijada cuando ella elige los alfileres, él está en el origen de la elección, es cuando ella está cara a cara con él, bajo su mirada y su demanda, que ella incorpora a su abuela y se desviste. Esto es tanto como decir que él que dirige el juego…” Lo dirige, pero no gana en el cuento (a diferencia del recuento de Perrault), ella no es devorada por el lobo. Al final, ella ve a través de los trucos del bzou, le toma la medida y astutamente escapa.
El hombre lobo es finalmente destruido, no por un cazador o leñador que pasa por ahí, sino por un grupo de mujeres que participa en el trabajo tradicional de género. Verdier escribe: “Este doble papel en poder de las lavanderas –por un lado permite a la niña a pasar, lo que la salva, por el otro hunde a la bestia, causándole la muerte— es coherente con su papel en la realidad social de la vida del pueblo. De hecho, el trabajo de ayudar “en los ritos de paso” en el parto y ayudar a la gente a morir lo realiza –al menos en Châtillonnais— una misma persona, una mujer de mediana edad, que puede al mismo tiempo manejar los pañales y la mortaja, que lava a los bebés y a los muertos… Las lavanderas dan muerte al lobo, al tiempo que dan vida a la niña.”
Con piel de oveja
(ultradialectics.deviantart.com)
En lo que respecta al Cuento de la abuela en el contexto de la historia rural francesa, también debemos recordar que la narración corresponde a una época en la que los lobos aún eran un peligro real y cuando la gente de todas las clases aún creía en la existencia de los hombres lobo. Como la folclorista alemana Marianne Rumpf ha documentado, Francia fue positivamente plagada de ensayos sobre el hombre lobo entre los siglos XV y XVII, en lo que es la contraparte masculina a la histeria de las brujas de aquel entonces. En los juicios contra los hombres lobo, los sospechosos fueron acusados de cambiar de forma, asesinar y devorar niños, así como de incesto y otros actos contra natura. Se decía que estos hombres se transformaban en lobos con la ayuda de ungüentos proporcionados por el Diablo. Cualquier hombre podía ser un lobo disfrazado y cualquier lobo podía ser un hombre. En 1598, por dar sólo un ejemplo, un hombre llamado Jacques Raollet fue juzgado como un hombre lobo en Angers, Touraine, un acontecimiento que la madre de Perrault pudo haber atestiguado. Raollet finalmente fue declarado loco y encerrado en un hospital para enfermos mentales, aunque otros hombres fueron colgados y quemados por sus crímenes presuntamente cometidos como lobos. Rumpf afirma que las regiones de Francia donde los folcloristas han encontrado El cuento de la abuela fueron también lugares donde los juicios a los hombres lobo habían sido abundantes.
Un mundo sin bestias
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A finales del siglo XVII, cuando Charles Perrault publicó su Caperucita Roja, la creencia popular en los hombres lobo había menguado, al menos entre las clases altas. Las personas educadas generalmente desdeñaban el folclore del campo, pero eso estaba a punto de cambiar, debido a un grupo de escritores parisinos. Estos escritores, congregados en los influyentes salones literarios de París, crearon una moda de historias mágicas, a la que denominaron contes des fées o cuentos de hadas. Los escritores de salón se inspiraron en los cuentos campesinos de magia y encantamiento, aunque reelaboraron ese material, vistiéndolo con el lenguaje rococó y el ropaje aristocrático, abordando historias que retrataban la vida en la corte de Luis XIV. En muchos aspectos, el movimiento del cuento de hadas de salón fue el género de fantasía de aquellos días –vívido, inventivo, popular entre los lectores y provocador de suspicacia en el establishment literario (en particular, porque era un movimiento dominado por mujeres escritoras desconocidas). Los cuentos de salón demostraron ser tan populares que finalmente fueron compilados en 41 volúmenes en el Cabinet des fés, y también fueron reimpresos y traducidos en pequeñas ediciones a lo largo de Europa occidental. Versiones simplificadas de las historias alcanzaron a las clases bajas a través de las páginas de la Bilbliotheque Bleue –ejemplares baratos distribuidos por vendedores viajeros de libros— y muchos cuentos se filtraron hacia las aguas subterráneas de la tradición oral.
Tomado de: Realms of Fantasy. Agosto, 2004.
Traducción y edición: José Luis Durán King.