Está en la mente: un acercamiento al asesinato serial

POR Susan Romero
Aunque ha estado presente en gran parte de la historia de la humanidad, el asesino serial se mantiene como una entidad en penumbras en lo que corresponde a los sentimientos o daños que lo impulsan a matar
La confesión de Wayne Adam Ford en 1998 orilló a los especialistas en asesinatos de peso completo a añadir una nueva categoría en el fenómeno de los homicidas pluralistas: el asesino consciente. La esposa de Ford lo dejó y se llevó con ella a su hijo. Alejado de su familia, montó en una rabia que le incitó a violar, asesinar y desmembrar a por lo menos cinco mujeres, Ford explicó a las autoridades. Temiendo que finalmente mataría a su esposa y que dejaría huérfano a su hijo prefirió entregarse a la policía.
“Yo no creo eso”, dice el profesor en criminología de San Francisco, Mike Rustigan. “Creo que había hostilidad hacia las mujeres desde hace muchos años… Era un asesino en serie en construcción, porque uno no desmiembra, mutila mujeres (y congela sus partes corporales) durante un periodo de tiempo. Eso no es algo que se ha creado de repente, hay años de preparación psicológica para eso”, afirma. Aunque Rustigan admite estar intrigado por la confesión de Ford y su intento por no matar de nuevo, un comportamiento atípico para un asesino en serie.
El patrón de desarrollo del asesino en serie más o menos es así, dice Rustigan: primero, fantasías sexuales; seguido de fantasías sobre el asesinato y, finalmente, una fascinación por la violencia y las películas que muestran mutilaciones, por ejemplo, Nightmare On Elm Street y Friday The 13th, añade Rustigan. Y después comienza la matanza, que por lo general no termina hasta que el asesino es capturado o muere.
“Ellos se preparan mentalmente. Llegan a estar muy interesados en la violencia mucho antes de cometer su primer asesinato”, abunda el especialista. “Es incorrecto utilizar la palabra ‘complemento’. Han pensado en ello durante mucho tiempo.”
Naturaleza contra sociedad
Hay otras teorías en torno al fenómeno.
En 1988, el psicólogo y escritor Joel Norris planteó la teoría de que los asesinos en serie son personas enfermas.
“Los asesinos seriales comparten una gran cantidad de patrones comunes médico-psicólogicos que incluyen evidencia de posibles defectos genéticos… un daño cerebral resultado de lesiones… graves desequilibrios químicos provocados por la desnutrición crónica y el abuso de sustancias”, escribe Norris en Serial Killers. Agregando las dolencias médicas, Norris plantea una lista de anomalías físicas, orejas malformadas, por ejemplo, o que uno de los dedos terceros es igual de largo, o más, que el dedo gordo del pie.
Una búsqueda de “asesino serial” en la Web revela una abundante cantidad de teorías similares. Y en cuanto a que los asesinos comparten ciertas deformidades físicas, eso es absurdo, expresa Rustigan.
“Los asesinos en serie son médica y físicamente tan saludables como cualquier ciudadano medio”, afirma. “Un asesino en serie es un psicópata. Es una persona sin conciencia, que no experimenta sentimientos de culpa, que disfruta asesinar, que se siente poderoso al tomar una vida”.
Aun así, los genetistas están trabajando arduamente, tratando de establecer una causa biológica para ese tipo de violencia. “La profesión médica recibe grandes subvenciones de dinero para estudiar las bases biológicas de la violencia”, manifiesta Rustigan.
Pero la investigación está viciada y debe rendir cuentas. El hecho de que Estados Unidos albergue aproximadamente cinco por ciento de la población mundial y que produzca casi 75 por ciento de los asesinos en serie del mundo es un enorme boquete en tal hipótesis, señala Rustigan.
“Si tuviera bases biológicas, entonces uno esperaría encontrar una distribución uniforme de asesinatos en serie en todo el mundo”, expresa. En cambio debemos buscar una explicación en nuestra cultura. La fractura de la estructura familiar estadounidense puede desempeñar un papel en la producción de asesinos en serie, afirma, subrayando el gran número de niños maltratados y abandonados en Norteamérica.
Igualdad de oportunidades
De acuerdo con los especialistas, un asesino serial se sitúa en una de seis categorías: el asesino que disfruta matando y jugando con la policía; el asesino pedófilo, que secuestra, viola y mata niños; el asesino que mata por un beneficio personal; la viuda negra (principalmente mujeres), que normalmente utiliza veneno para matar a su pareja e hijos; el asesino misionero, que trata de librar al mundo de un cierto tipo de persona y, por último, el tipo más común de asesino en serie, el sádico, que mutila a sus víctimas y experimenta euforia sexual mientras realiza el acto.
De los seis tipos, la mayoría comparten un denominador común. El asesino está emocionalmente dañado, a menudo como resultado de un abuso infantil extremadamente violento, incluidos el sexual, verbal y físico. No hay denominador común, aunque el perfil más probable del sospechoso es el de un hombre de raza blanca, de mediana edad.
“Noventa por ciento de los asesinos seriales son hombres”, dice Rustigan. “Es un error decir un hombre blanco. Hemos visto todas las razas y grupos étnicos representados. El asesinato serial es un crimen con igualdad de oportunidades”.
El número de asesinos seriales no ha crecido mucho en los últimos años. En 1988 las estadísticas del FBI calculaban que había unos 35 asesinos en serie. La estimación ha aumentado a aproximadamente 40.
La disminución de los crímenes violentos en los últimos años no refleja ningún cambio en los asesinatos en serie, porque los tipos de asesinato donde se muestra la disminución son muy diferentes de los cometidos por los asesinos seriales. De 60 a 70 por ciento de esos asesinatos es conducido por impulsos, abunda Rustigan.
“Cada estado se ha ocupado de sus asesinos seriales”, explica. “No creo que el asesinato en serie se dispare, no es una epidemia, de ninguna manera… (Los asesinatos en serie) son relativamente pocos y distantes entre sí.”
Tomado de: Flux. Diciembre 12, 1998.
Traducción: José Luis Durán King.