La Barbie pudo rebasar y salir ileso

POR Alfredo C. Villeda

Nietzsche ha escrito que en situaciones de paz el hombre belicoso se abalanza sobre sí mismo. Pero en tiempos de guerra, la historia enseña que el rijoso muerde a no pocos aliados. Hay que escuchar, para ilustrar el aforismo, el enredo declarativo a propósito de la captura de Édgar Valdez Villarreal, quien lleva La Barbie por sobrenombre, pero sobre todo la parte correspondiente a Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública.
Más allá de las notables diferencias entre lo que el funcionario expuso en radio, al día siguiente de la aprehensión, y lo que dijo en una conferencia su subalterno Facundo Rosas, y lo que este miércoles se conoció mediante un reporte elaborado por el grupo de élite que logró someter al afamado jefe de pistoleros (oficio número PF/DA/CICTA/418/2010), vale poner atención en que García Luna hizo énfasis tres veces en menos de dos minutos en un detalle: que su equipo está entrenado para no disparar si no hay agresión de por medio.
Sabido era para entonces, hace dos semanas, que el Ejército está metido en un brete, en dos, por los sucesos del Tec de Monterrey, donde cayeron abatidos dos muchachos ajenos a las guerras contra el narcotráfico y entre bandas, y por el asesinato a tiros de un menor de edad y su padre en una carretera tamaulipeca, daños colaterales en los que participaron de forma directa soldados que, debemos suponer a partir de la enfática perorata del secretario de Seguridad Pública, no están entrenados para aguantarse las balas.
Como anillo al dedo le cayó a la insidiosa aclaración de que su equipo sí la hace el nuevo episodio de daño colateral, esta vez en la carretera México-Laredo, en territorio neoleonés, cuando una camioneta en que viajaba una familia osó rebasar a un convoy militar, cuya primera reacción fue apuntar sus armas y detener a punta de plomo al vehículo de la familia De León, con la consiguiente tragedia de que ya todo mundo tiene noticia.
Pero aquí surge una medida distinta, un doble rasero. Si eres narco, si eres La Barbie, puedes rebasar un convoy de la autoridad, te piden que te “orilles a la orilla”, los desacatas, te persiguen, llegas a tu casa y, como todos están chupando tranquilos, te rindes con todo y tus guaruras, entregas tus fusiles y aquí no pasó nada. Si eres civil, puedes correr la suerte de los hermanos Almanza o de los De León: abatido en nombre de la guerra contra el narcotráfico.
Porque es indispensable recuperar una parte sustancial del reporte dado a conocer por mi compañero Ignacio Alzaga el miércoles pasado en MILENIO Diario, elaborado por la Coordinación de Investigación de Campo y Técnica Antidrogas, de la Policía Federal, con el folio antes citado: “Casi a las orillas del poblado Salazar iba un convoy y se les marcó el alto (…) se aproximaban a nosotros, rebasándonos a alta velocidad y sin precaución, por lo que los suscritos, a bordo de los vehículos oficiales, procedimos a darle seguimiento, indicándoles mediante comandos verbales por el altoparlante que detuvieran su marcha, dándoles alcance cuatro kilómetros más delante (…) identificándonos como policías federales y les indicamos que bajaran del vehículo, descendiendo del primero una persona del sexo masculino, que vestía playera polo de color verde y pantalón de mezclilla de color azul de tez blanca, de quien ahora sabemos se trata de Édgar Valdez Villarreal alias La Barbie (…)”
La divulgación de este documento enviado a la PGR, con sellos oficiales, más allá de generar sospechas o poner en un dilema a García Luna, da un recargón más a los soldados, a días de la nueva agresión a un civil que intentó rebasar un convoy del Ejército. Deducir de la descuidada redacción de un informe policiaco, elaborado o dictado por los propios captores del jefe de sicarios texano (que son agentes, no redactores), una trama contra el titular de la SSP basada en una eventual aprehensión por azar, deja en el aire este par de episodios en que la autoridad policiaca parece querer enmendarle la plana a las fuerzas armadas. Primero en voz del secretario, después en voz de su equipo de élite, el mensaje es claro: nosotros sí sabemos actuar en situaciones límite.
El propio documento deja claro, salvo para quien no quiera verlo, que el grupo de Operaciones Especiales hacía en La Marquesa “acciones de prevención encomendadas y que son inherentes al cargo que ostentamos, y debido a las labores de inteligencia se tenía conocimiento” de que ahí había “miembros de la delincuencia organizada”. El uso de frases como “nos percatamos que a la altura de tal tramo iba tal auto” o “una persona del sexo masculino” o “quien ahora sabemos se trata de”, de ninguna forma prueba un golpe de suerte, sino una manera de expresarse propia de la jerga policiaca, tan normal que no pocas veces los periodistas hacen suyas esas muletillas.
El mensaje es que aun si eres un narco, la preparadísima Policía Federal sí sabe cómo manejar la situación, aun si te atreves a rebasar su convoy, y sales ileso. Pero si la trama te pone del lado civil y osas rebasar un convoy militar, sales por lo menos balaceado, porque te van a disparar a la menor provocación. Ése es el mensaje de García Luna en la radio tras la captura de La Barbie y mediante este conveniente documento, así se haya convertido pronto en disparo al pie. Grilla pura contra el Ejército. En tanto, al general Guillermo Galván debe darle vueltas en su cabeza ese bluesesito de Eric Clapton: “Before you accuse me/take a look at yourself”.
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