La niña al fondo del estanque

POR José Luis Durán King
 Una niña es asesinada en una ciudad tranquila de Estados Unidos; cuando los hombres sospechosos son liberados, la policía dirige la investigación hacia una mujer

El 27 de marzo de 2009, Sandra Cantú, de ocho años, fue captada por una cámara de vigilancia mientras caminaba por una de las calles que desembocan a un conjunto de hogares móviles de Tracy, California, un lugar a casi dos horas de San Francisco. Eran cerca de las 4 de la tarde, la niña venía de jugar en la casa de una amiga. Fue el último día que se le vio con vida, traía puesta la playera que tanto le gustaba, con la imagen al frente de Hello Kitty.
Tracy es una ciudad del condado de San Joaquín, que se caracteriza por su tranquilidad y porque ahí vive mucha gente con ingresos económicos por arriba de la media y por las casas tipo granja de sus residentes. Entre otros templos, tiene la iglesia bautista Clover Road, donde el pastor Clifford Lane Lawless, además de oficiar la liturgia, los domingos daba clases a su feligresía, apoyado por su hija Melissa Huckaby, de 28 años.
En un lugar en el que los delitos graves son prácticamente desconocidos, la llamada de una madre, María Chávez, reportando la desaparición de su hija, causó conmoción. La mayoría de los habitantes del vecindario colaboró en la búsqueda de la menor, incluyendo al pastor y a su hija, quienes además de rastrear las zonas verdes circundantes, distribuyeron volantes con la imagen de Sandra.
Las autoridades hicieron lo propio e incluso enviaron un helicóptero equipado con imagen térmica para localización de cuerpos. Asimismo, visitaron casa por casa, haciendo preguntas. En los caminos adyacentes, el interior y las cajuelas de los autos fueron examinados. Aparte, 16 agencias investigadoras unieron sus esfuerzos al FBI y se aplicó un horario de búsqueda de 24 horas, distribuido en dos turnos. Pero… nada. Pasaron los días y las esperanzas de encontrar viva a Sandra iban a la baja.
Los archivos de delincuentes sexuales de la zona se abrieron y, además de los pedófilos comunes, fueron interrogados dos hombres, uno que había besado los labios de Sandra y el padre de la menor, Daniel Cantú, quien tenía más de un año de no visitar a su hija. Sin embargo, la policía no encontró elementos que los vincularan a la desaparición. Al terminar de interrogar a los hombres sospechosos, las autoridades comenzaron una nueva línea de investigación, abriendo las posibilidades de que el secuestrador fuera mujer.
Hallazgo inusual

El 6 de abril siguiente, José Luis Franco, trabajador de una de las casas granja al norte de Tracy, encontró una maleta con ruedas al fondo de un estanque. Informó a los dueños del inmueble sobre el inusual hallazgo y éstos llamaron a la policía. Los agentes pasaron varias horas en el lugar procesando datos, hasta que por la tarde anunciaron que el cuerpo al interior de la maleta era el de Sandra Cantú, terminando así la exhaustiva búsqueda de 10 días de la niña.
Por la noche, los investigadores se dirigieron a la iglesia bautista Clover Road. Algún indicio vinculó la maleta al pastor Clifford Lane Lawless, quien, al menos en una primera instancia, tenía mucho qué contar acerca de las circunstancias que rodeaban al caso del secuestro y asesinato de Sandra Cantú. La familia del religioso vivía a cinco casas del domicilio de los Cantú e incluso la hija de Melissa Huckaby, Madison, solía jugar con Sandra.
Sin embargo, el pastor respondió cada una de las preguntas que le hicieron y no hubo algo que lo inculpara. Al día siguiente, las autoridades registraron las oficinas y el aula de clases de la iglesia, sin obviar documentos y computadoras. Por la tarde del 10 de abril, Melissa Huckaby fue conducida a las instalaciones de la policía a declarar. Cuando aún no se hallaba a Sandra Cantú, Melissa había reportado a la policía que un ladrón nocturno había robado una maleta en el interior de su domicilio. Era una coartada. Una vez detenida, los agentes sacaron a la luz los antecedentes judiciales de la mujer, entre los que destacaba el envenenamiento de dos personas, entre ellas una niña de siete años, –sin consecuencias fatales—, robo en supermercados y un par de incendios premeditados.
Una llorosa Melissa fue interrogada por varias horas, hasta que finalmente confesó el asesinato de Sandra Cantú, a quien secuestró, drogó y con la que se solazó por horas antes de estrangularla. En el banquete de Melissa, la menor fue violada con varios objetos.
El 20 de julio de 2007, la mujer fue indiciada con cinco cuentas, incluyendo secuestro, asesinato, actos lascivos con un menor y violación con objeto extraño. El 14 de junio de 2010 fue condenada a 25 años de prisión.