¿Qué pasó con H.G. Wells?

POR Robert Douglas-Fairhurst
 Además de ser un seductor, incluso en el crepúsculo de su vida, HG Wells también fue uno de los escritores más respetados de su tiempo, capaz de abarcar muchos temas, entre ellos la teoría política, la historia y la divulgación científica
(padiesha.blogspot.com)
Una fotografía tomada en 1895 muestra a HG Wells paseando en uno de los primeros modelos de bicicleta, con su mujer nerviosamente encaramada en el manubrio. Fue una elección característica de transporte: 1895 fue también el año en que Wells publicó La máquina del tiempo, una obra en la que por cierto el autor evita cuidadosamente describir a la máquina en sí misma en cualquier detalle, aunque se detiene amorosamente en su “silla”, como si el escritor pensara que se trataba de una bicicleta personalizada que, con un exceso de velocidad, llegaría al futuro. Fue una de las muchas bicicletas que manejó en el camino hacia su ficción, como los modelos pequeños de libertad y progreso que defendió toda su vida. Sin embargo, dado el número de amantes que logró recolectar a través de los años, como se revela en la atractiva biografía HG Wells: Another Kind of Life, de Michael Sherborne, habría sido mejor para él aprender a conducir un autobús.
La vida sexual de Wells tuvo un comienzo poco prometedor. Un joven bajito, corto de palabras, con una voz chillona, sus primeras experiencias se limitaron a escarceos de adolescente (“cosas calientes, incómodas, vergonzosas”), y parece haber sido escrito por experiencia propia cuando narra la desastrosa noche de bodas de un personaje ficticio para quien “virginidad” significa “el que está en el camino de la lectura”.
Sólo su segundo matrimonio lo hizo ceder plenamente a las exigencias de su seductor interior. Lo que la santificada Jane Wells Jane pensó sobre el comportamiento de su marido sólo se puede imaginar –parece que ella dedicaba mucho tiempo a la jardinería—, aunque después de conocerla, Wells claramente decidió impulsar la idea de una “licencia de matrimonio” en una dirección totalmente nueva. Como parte de esa “licencia” estuvieron Dorothy Richardson (“la peluda más interesante”), hija de un amigo íntimo (“insaciable”); una novelista australiana a la que él hizo el amor y que fue parte de una reseña hostil escrita por la señora Humphrey Ward (“cuando ya nos habíamos vestido, nuevamente encendimos un cerillo e incendiamos todo”), Rebecca West, para quien él fue “Tu señor. El Jaguar”… y la lista continúa.
De vez en cuando trataba de justificar su conducta con teorías vagas acerca de la “eficiencia” de las necesidades sexuales del individuo o sobre la “mutualidad triangular” –el hombre, la mujer y la amante—, pero la verdad parece que era más cachondo que una cabra, y después de una infancia aburrida en Bromley había decidido disfrutar de lo que fuera, sin importar cómo se le presentase.
Comezón interminable
(littlejohnslead.blogspot.com)
Lo más sorprendente de todo estos es que no tenía que ir muy lejos –pese a lo viejo que era continuaba caminando animadamente por Londres para reunirse con una amante—, a pesar de la conclusión de ella: “Querido, a tu edad, todo lo que has caminado, no sé por qué te molestas”. Aunque la verdad es que no tenía muchas otras cosas por hacer.
Sin embargo, Wells fue sin duda el escritor más prolífico y exitoso de su época. Sus libros y artículos abarcaron muchos temas: la teoría política, historia, divulgación científica y una serie de historias que destacan lo mismo por brillantez imaginativa que por su prosa, por mencionar algunos: La máquina del tiempo, La isla del doctor Moreau, El hombre invisible y La guerra de los mundos. Para él, escribir era como rascarse una comezón interminable.
Lamentablemente, como muchos escritores, acabó sobreviviendo a su talento, por lo que en un cambio de perspectiva curiosa, sus obras más recientes parecen más antiguas que las primeras. Como resultado, desde su muerte en 1946 ha sido relegado en gran medida a los márgenes de la historia literaria, y ahora es reconocido principalmente como un profeta de las armas nucleares y fuente de algunos éxitos de taquilla de Hollywood. No obstante, por muchos años estuvo en el corazón de la vida artística y política de Gran Bretaña. En ese contexto, no puede haber muchos escritores que hayan criticado a Stalin en su cara y sobrevivido, Charlie Chaplin lo contaba entre sus amigos, y convenció a George Bernard Shaw y a Gilbert Keith Chesterton a vestirse como vaqueros y rodar por una colina en un barril de cerveza para una película casera.
Michael Sherborne toma su título de la novela de Wells Tono-Bungay, que confiesa que aunque la mayoría de personas vive en una línea clara de principio a fin, “hay otro tipo de vida” que es más como “una miscelánea de gustos” y de sus posibilidades. Wells pudo limitarse a escribir sobre sí mismo. Fue un socialista que lamentablemente se aferró a su dinero hasta que fue descubierto por el recaudador de impuestos, un pensador tolerante que, no obstante, confesó tener “una cepa del teutón en mi estructura” cuando se encontró “en un barco en el que se hablaba sobre todo en yiddish” durante la guerra; un ateo que continuaba encantado por la retórica de su madre sobre el fuego del infierno y la condena. Tuvo más vidas que un gato y, lo que es más, las vivó de forma simultánea.
Tomado de: telegraph. co.uk. Mayo 8, 2010.
Traducción: José Luis Durán King.