Chanel No 5: aroma puritano

POR Nicholas Blincoe

Para Marcel Proust el perfume era la última y mejor reserva del pasado, la única que cuando todas nuestras lágrimas han corrido hasta secarse puede hacernos llorar nuevamente. Para Oscar Wilde ciertos aromas le despertaban los recuerdos de romances muertos
Los ingleses utilizan perfume, pero sólo ocasionalmente y con moderación. Cuando mi abuela murió descubrí una botella de un litro de Chanel No 5 que compró en París en los años treinta y que dejó sin abrir en el sótano. Ella nunca utilizó el contenido y durante 60 años el perfume se evaporó a través de la tapa. La flema británica cala profundo. Tenemos grandes aspiraciones, y el mejor arte, diseño y arquitectura británicos figuran en las principales corrientes modernistas, ya que las virtudes puritanas modernas como el valor, la claridad y la simplicidad las poseemos. Nos es más difícil apreciar el erotismo, la sensualidad y la lujuria, es decir, las cualidades extravagantes que los perfumeros convierten en arte.
Quizá debido a estos prejuicios contra la extravagancia carecemos de un lenguaje verdadero para apreciar el perfume como perfume. Nos es muy difícil verlo como una comodidad, aunque venga apoyado por el consumismo. Hay una especie de guiño de ojo detrás de los reportes recientes de que los laboratorios intentan crear atomizadores con aromas sintéticos de carne de res para que McDonald’s perfume los hogares norteamericanos. Y a menudo se ha subrayado que el papel de los modistos en la pasarela no es vender ropa sino perfumes, como si la simbiosis entre moda y perfume fuera ilegal y vender perfume fuera algo vergonzoso.
De hecho, las casas de moda comenzaron a desarrollar sus propias esencias relativamente hace poco. El primero de ellos en portar el nombre de una modista fue Chanel No 5, en 1921. Chanel No 5 tiene también la distinción de ser la primera fragancia en utilizar aromas sintéticos en altas concentraciones, de una especie conocida como aldehídos, los cuales amplifican otras esencias, otorgándoles diferencia y destello. Si hay algo esencialmente premoderno acerca de los perfumes, Chanel No 5 podría considerársele un elemento revolucionario, al introducir conceptos modernos de manufactura y mercadeo. Pero incluso esto sería una exageración. Chanel No 5 pudo haber utilizado aromas sintéticos más libremente que perfumes anteriores, aunque Jacques Guerlain había utilizado un aldehído dos años antes en su esencia Mitsouko; y su tío Aime Guerlain había abrazado entusiastamente otros sintéticos un generación antes, en Jicky, por ejemplo, creado en 1889.
Tradición apostólica

Más bien, si Chanel No 5 ejemplifica algo es la continuidad. Aunque el perfume fue seleccionado por Coco Chanel (y etiquetado posteriormente con su afortunado nombre), la esencia fue creada por Ernest Beaux, un perfumero ruso, quien aprendió su arte trabajando para la House de Rallet antes de mudarse a Coty en Grasse durante la revolución. Jacques Polges, apenas el segundo director de perfume en Chanel desde la muerte de Beaux, dijo: “Aunque su mundo y el nuestro son totalmente diferentes, hay cosas que son las mismas, sobre todo en lo artístico. Debemos ayudar a la gente a sentir y apreciar esa dimensión”.
El arte conservador y los críticos literarios a menudo postulan la idea de una tradición apostólica, ejemplificada por un canon. La tradición actualmente existe entre los perfumeros. La Casa de Guerlain, por ejemplo, fue fundada a principios del siglo XIX por Pierre-Francois-Pascal Guerlain, y un descendiente, Patricia de Nicolai; ahora posee su propia casa exitosa en Londres. La Casa de Creed es incluso más estable. Fundada en Londres en 1760, fue reubicada en París en los años cincuenta del siglo XIX, y la familia continúa siendo completamente la dueña. También sobresalen Fleurs de Bulgarie, inaugurada por Henry Creed en 1845, y Neroli Sauvage, ideada por Olivier Creed en 1994.
Es de destacar que muchos de los perfumes clásicos aún existen. Todas las esencias mencionadas en párrafos anteriores están fácilmente disponibles: Queen Victoria (Fleurs de Bulgarie), Colette (Jicky), Diaghilev (Mitsouko), Marilyn Monroe (Chanel No 5) o (Neroli Sauvage).
Raíces profundas

La tradición perfumera es grande. Las nuevas técnicas, como el gas cromatográfico, que se utilizaba para analizar la “cabeza espacial” (el aire alrededor de una flor viva), se usan junto con un proceso de destilación que no ha cambiado desde que los árabes lo descubrieron. Algunos ingredientes también son tan viejos como la civilización. El frankincense es un bálsamo (o resina en goma), la mirra un extracto de raíz, y aunque el joven Cristo pudo haberlos apreciado, nadie sabía entonces que estaban próximos al más valioso ingrediente de los perfumes. El Bálsamo de la Meca, por ejemplo, vale dos veces su peso en oro debido a que crece solamente en Siria en dos plantaciones, una de cuatro acres, la otra considerablemente más pequeña.
La escritora más excelsa sobre perfumes, Susan Irvine, recomienda que con el perfume, “menos es más sexy”. Está equivocada. Toma mucho más perfume crear un vapor fijador efectivo, o sillage, de lo que uno puede imaginar. Y es necesario renovarlo frecuentemente. La regla, en el perfume como en otras cosas, lo suficiente es una par de atomizadas. Los despliegues ostentosos de lujuria y sensualidad estuvieron más allá de la generación de mi abuela, pero nosotros no nos desalentamos tan fácilmente.
Combustible para la imaginación

Es sabido que el perfume es tratado con sospecha incluso por aquellos que se consideran como estetas o conocedores del tema. Puede ser que el lenguaje de la modernidad preludie un lenguaje que pueda apreciar las fragancias. El problema principal de la modernidad fue la representación. La solución fue producir obras que no dependieran de su relación con otras cosas, pero que crearan un sentido de su propia integridad y necesidad. Los perfumeros nunca han enfrentado este problema, ya que el perfume no remite a nada; es sólo una esencia y nada más. Una frase que los filósofos existencialistas utilizaron resume esta postura: el perfume es la cosa en sí misma.
Un perfume es siempre un coup de foudre, una sorpresa. Es sensual inmediatamente, un elemento sintético y creado que actúa directamente sobre los sentidos de una manera material. Uno puede argumentar que el arte aspira a la condición del perfume. Todos los grandes perfumes poseen historias vinculadas a ellos. Esto no es coincidencia; el perfume es el combustible que enciende nuestra imaginación. Nuestros cuerpos libidinosos reaccionan al perfume produciendo ideas, fantasías e historias.
La última reserva del pasado

Los escritores más interesados en los perfumes siempre se presentaron como esclavos de su sensualidad. Todos fueron escritores con vínculos al movimiento decadentista, por ejemplo, Oscar Wilde, el autor de El retrato de Dorian Gray, a quien el musgo “despertaba recuerdos de romances muertos”; o J K Huysmans, quien describe una orgía de aromaterapia en Against Nature, utilizando máquinas rociadoras de perfume que explotan los sentidos. Proust se presentaba como un ser completamente esclavizado a recuerdos involuntarios y escribió que el perfume es “la última y mejor reserva del pasado, la única que cuando todas nuestras lágrimas han corrido hasta secarse puede hacernos llorar nuevamente”. Así, más allá de la esclavitud a lo material y sensual, cada uno de estos escritores hablan de una nueva forma de libertad. El perfume actúa sobre la imaginación, pero las ideas creadas trascienden su encanto, y las novelas que ellos producen son la prueba de ello.
En el perfume podemos encontrar a los filósofos del Santo Grial, un vínculo sinuoso entre materialismo y libre albedrío. Crea romance, pero los contornos de ese romance quedan en la imaginación. Para Coco, Chanel No 5 fue el aroma de la mujer. Para Julie Burchill es el aroma de las madres ricas; para Susan Irvine es el aroma de la furia. Pero para Ernest Beaux, su creador, Chanel No 5 fue el paisaje nevado de su nacimiento que él recordaba. Para mí, las palabras de Mikhail Bakunin: “Incluso en Rusia, el vasto reino cubierto de nieve, una tormenta se está preparando”.
Tomado de: New Statesman.
Traducción de: José Luis Durán King.

Chanel No 5: aroma puritano

POR Nicholas Blincoe
Para Marcel Proust el perfume era la última y mejor reserva del pasado, la única que cuando todas nuestras lágrimas han corrido hasta secarse puede hacernos llorar nuevamente. Para Oscar Wilde ciertos aromas le despertaban los recuerdos de romances muertos
Los ingleses utilizan perfume, pero sólo ocasionalmente y con moderación. Cuando mi abuela murió descubrí una botella de un litro de Chanel No 5 que compró en París en los años treinta y que dejó sin abrir en el sótano. Ella nunca utilizó el contenido y durante 60 años el perfume se evaporó a través de la tapa. La flema británica cala profundo. Tenemos grandes aspiraciones, y el mejor arte, diseño y arquitectura británicos figuran en las principales corrientes modernistas, ya que las virtudes puritanas modernas como el valor, la claridad y la simplicidad las poseemos. Nos es más difícil apreciar el erotismo, la sensualidad y la lujuria, es decir, las cualidades extravagantes que los perfumeros convierten en arte.
Quizá debido a estos prejuicios contra la extravagancia carecemos de un lenguaje verdadero para apreciar el perfume como perfume. Nos es muy difícil verlo como una comodidad, aunque venga apoyado por el consumismo. Hay una especie de guiño de ojo detrás de los reportes recientes de que los laboratorios intentan crear atomizadores con aromas sintéticos de carne de res para que McDonald’s perfume los hogares norteamericanos. Y a menudo se ha subrayado que el papel de los modistos en la pasarela no es vender ropa sino perfumes, como si la simbiosis entre moda y perfume fuera ilegal y vender perfume fuera algo vergonzoso.
De hecho, las casas de moda comenzaron a desarrollar sus propias esencias relativamente hace poco. El primero de ellos en portar el nombre de una modista fue Chanel No 5, en 1921. Chanel No 5 tiene también la distinción de ser la primera fragancia en utilizar aromas sintéticos en altas concentraciones, de una especie conocida como aldehídos, los cuales amplifican otras esencias, otorgándoles diferencia y destello. Si hay algo esencialmente premoderno acerca de los perfumes, Chanel No 5 podría considerársele un elemento revolucionario, al introducir conceptos modernos de manufactura y mercadeo. Pero incluso esto sería una exageración. Chanel No 5 pudo haber utilizado aromas sintéticos más libremente que perfumes anteriores, aunque Jacques Guerlain había utilizado un aldehído dos años antes en su esencia Mitsouko; y su tío Aime Guerlain había abrazado entusiastamente otros sintéticos un generación antes, en Jicky, por ejemplo, creado en 1889.
Tradición apostólica

Más bien, si Chanel No 5 ejemplifica algo es la continuidad. Aunque el perfume fue seleccionado por Coco Chanel (y etiquetado posteriormente con su afortunado nombre), la esencia fue creada por Ernest Beaux, un perfumero ruso, quien aprendió su arte trabajando para la House de Rallet antes de mudarse a Coty en Grasse durante la revolución. Jacques Polges, apenas el segundo director de perfume en Chanel desde la muerte de Beaux, dijo: “Aunque su mundo y el nuestro son totalmente diferentes, hay cosas que son las mismas, sobre todo en lo artístico. Debemos ayudar a la gente a sentir y apreciar esa dimensión”.
El arte conservador y los críticos literarios a menudo postulan la idea de una tradición apostólica, ejemplificada por un canon. La tradición actualmente existe entre los perfumeros. La Casa de Guerlain, por ejemplo, fue fundada a principios del siglo XIX por Pierre-Francois-Pascal Guerlain, y un descendiente, Patricia de Nicolai; ahora posee su propia casa exitosa en Londres. La Casa de Creed es incluso más estable. Fundada en Londres en 1760, fue reubicada en París en los años cincuenta del siglo XIX, y la familia continúa siendo completamente la dueña. También sobresalen Fleurs de Bulgarie, inaugurada por Henry Creed en 1845, y Neroli Sauvage, ideada por Olivier Creed en 1994.
Es de destacar que muchos de los perfumes clásicos aún existen. Todas las esencias mencionadas en párrafos anteriores están fácilmente disponibles: Queen Victoria (Fleurs de Bulgarie), Colette (Jicky), Diaghilev (Mitsouko), Marilyn Monroe (Chanel No 5) o (Neroli Sauvage).
Raíces profundas

La tradición perfumera es grande. Las nuevas técnicas, como el gas cromatográfico, que se utilizaba para analizar la “cabeza espacial” (el aire alrededor de una flor viva), se usan junto con un proceso de destilación que no ha cambiado desde que los árabes lo descubrieron. Algunos ingredientes también son tan viejos como la civilización. El frankincense es un bálsamo (o resina en goma), la mirra un extracto de raíz, y aunque el joven Cristo pudo haberlos apreciado, nadie sabía entonces que estaban próximos al más valioso ingrediente de los perfumes. El Bálsamo de la Meca, por ejemplo, vale dos veces su peso en oro debido a que crece solamente en Siria en dos plantaciones, una de cuatro acres, la otra considerablemente más pequeña.
La escritora más excelsa sobre perfumes, Susan Irvine, recomienda que con el perfume, “menos es más sexy”. Está equivocada. Toma mucho más perfume crear un vapor fijador efectivo, o sillage, de lo que uno puede imaginar. Y es necesario renovarlo frecuentemente. La regla, en el perfume como en otras cosas, lo suficiente es una par de atomizadas. Los despliegues ostentosos de lujuria y sensualidad estuvieron más allá de la generación de mi abuela, pero nosotros no nos desalentamos tan fácilmente.
Combustible para la imaginación

Es sabido que el perfume es tratado con sospecha incluso por aquellos que se consideran como estetas o conocedores del tema. Puede ser que el lenguaje de la modernidad preludie un lenguaje que pueda apreciar las fragancias. El problema principal de la modernidad fue la representación. La solución fue producir obras que no dependieran de su relación con otras cosas, pero que crearan un sentido de su propia integridad y necesidad. Los perfumeros nunca han enfrentado este problema, ya que el perfume no remite a nada; es sólo una esencia y nada más. Una frase que los filósofos existencialistas utilizaron resume esta postura: el perfume es la cosa en sí misma.
Un perfume es siempre un coup de foudre, una sorpresa. Es sensual inmediatamente, un elemento sintético y creado que actúa directamente sobre los sentidos de una manera material. Uno puede argumentar que el arte aspira a la condición del perfume. Todos los grandes perfumes poseen historias vinculadas a ellos. Esto no es coincidencia; el perfume es el combustible que enciende nuestra imaginación. Nuestros cuerpos libidinosos reaccionan al perfume produciendo ideas, fantasías e historias.
La última reserva del pasado

Los escritores más interesados en los perfumes siempre se presentaron como esclavos de su sensualidad. Todos fueron escritores con vínculos al movimiento decadentista, por ejemplo, Oscar Wilde, el autor de El retrato de Dorian Gray, a quien el musgo “despertaba recuerdos de romances muertos”; o J K Huysmans, quien describe una orgía de aromaterapia en Against Nature, utilizando máquinas rociadoras de perfume que explotan los sentidos. Proust se presentaba como un ser completamente esclavizado a recuerdos involuntarios y escribió que el perfume es “la última y mejor reserva del pasado, la única que cuando todas nuestras lágrimas han corrido hasta secarse puede hacernos llorar nuevamente”. Así, más allá de la esclavitud a lo material y sensual, cada uno de estos escritores hablan de una nueva forma de libertad. El perfume actúa sobre la imaginación, pero las ideas creadas trascienden su encanto, y las novelas que ellos producen son la prueba de ello.
En el perfume podemos encontrar a los filósofos del Santo Grial, un vínculo sinuoso entre materialismo y libre albedrío. Crea romance, pero los contornos de ese romance quedan en la imaginación. Para Coco, Chanel No 5 fue el aroma de la mujer. Para Julie Burchill es el aroma de las madres ricas; para Susan Irvine es el aroma de la furia. Pero para Ernest Beaux, su creador, Chanel No 5 fue el paisaje nevado de su nacimiento que él recordaba. Para mí, las palabras de Mikhail Bakunin: “Incluso en Rusia, el vasto reino cubierto de nieve, una tormenta se está preparando”.
Tomado de: New Statesman.
Traducción de: José Luis Durán King.

Acrobacia y circo para hacer el amor

Por Óscar Garduño Nájera
Para el espectador atento pero ajeno a un encuentro sexual, quizá le parezca excesivo y hasta jocoso las posiciones que asumen las personas durante el coito. Pero, ¿qué le vamos a hacer, está en nuestra naturaleza, en hombres y mujeres, aplicar la miscelánea morfológica al momento en el mundo exterior no importa

Bienvenidos a este majestuoso circo de contorsiones, acrobacias y demás habilidades propias de hombres y mujeres paranormales, reclutados por importantes producciones pornográficas para bien de la humanidad. Únicamente tienen que comprar su boleto y su diversión y risa estarán garantizadas.
Se cierran las puertas de la carpa. Afuera queda el silencio. Mientras tanto…
Antes de alzar los brazos y las piernas por los aires, cual extraordinario volador humano dentro del cañón de la muerte, hay que tomar en cuenta que los hombres y las mujeres de hule se extinguieron hace cientos de años (posterior a la escasez de ligas), luego de firmar contrato como estelares de cine pornográfico, y que si se trata de lucha libre y llaves grecorromanas, lo mejor es subir al ring, esquivar la tercera cuerda y apostar máscara contra cabellera en dos de tres caídas sin límite de tiempo.
En esto de las posiciones a la hora de hacer el amor somos más bien torpes y a veces nos faltan brazos, nos sobran piernas y el entusiasmo y la paciencia se nos agota ante las exigencias acrobáticas de nuestra pareja, quien desilusionada ve cómo no nos podemos montar en una silla de madera, colgar de la regadera del baño o hacer ese estiramiento hasta dar con las piernas que ya se encuentran alrededor de nuestra cintura.
Como en muchas otras cosas, aquí también cuenta la experiencia previa que se tenga. Sin embargo, estarán de acuerdo conmigo que en las posiciones para hacer el amor no es lo mismo que un hombre o una mujer las expresen.
Veamos un ejemplo:
Es el caso de un joven oficinista, quizás no muy atractivo pero con mucha experiencia en lo que a posiciones sexuales se refiere. Asegura, incluso, que son tan buenas que llevan a la mujer no al cielo sino a otros planetas, galaxias, territorios donde a hombres comunes y corrientes nos está prohibido entrar.
Tras mucho insistir, desviviéndose en flores, besos, chocolates, corazones de papel china y muñequitos de peluche, al fin consigue el tan anhelado sí, sí, para sostener un encuentro sexual con aquella señorita contadora recién contratada en el área de finanzas. Quedan para el siguiente viernes.
Llegamos a donde están dentro de la habitación de un hotel de paso (pongamos por el Centro Histórico) frente a frente, mano a mano, cuerpo a cuerpo, luego de gritar con entusiasmo ¡fuera ropa!, y admirar los detalles, como si de cuadros en exposición se tratara.
Comienzan. Luego de unos cuantos besos, él la toma románticamente entre los brazos y la lleva hasta la cama. En esos momentos, bajo los suspiros de ella, él reconoce sus extensos territorios. Arriba de la cama los dos se mueven como gusanos heridos, alborotados debajo de una sábana más bien amarillenta. Él se recarga en la cabecera y pasa del clásico “misionero”, aburrido y tedioso, a acomodar el cuerpo de la señorita como mejor le convenga, incluso cuando ella dice, sofocada, tartamudeando, que no puede abrir más las piernas de lo que ya lo hace en sus clases de yoga y zumba. De hecho, él también padece algunos inconvenientes, pues un vientre generosamente abultado le impide agacharse lo suficiente como para llegar a las piernas de ella y alzarlas (y cada que hace el intento se le va el aire).
Repentinamente, ella se pone de pie, le lanza una mirada de “estate quieto” y sugiere no una, sino dos posiciones distintas para hacer el amor ante la mirada pasmada de él. Sin más remedio, y sobando al menor descuido sus piernas y sus brazos, acepta; no obstante, cuando pasa una semana de aquel encuentro sexual nuestro caballero ya ha puesto al tanto a media oficina (incluida el área de finanzas) acerca de lo “experimentada” que resultó ser la nueva, aquella que tan ingenua se veía (“mosquita muerta”). ¿Verdad que no es lo mismo?
Funámbulos

¿Cómo es que lo hacen en las películas pornográficas, donde hombres y mujeres parecen de hule? ¿Cómo es que alcanzan a estirar tanto su cuerpo? ¿Poseen poderes increíbles y han sido reclutados por productoras de cine pornográfico con la única finalidad de poner a salvo al mundo de sus maléficos poderes? No lo creo y, sin embargo, bien compramos la idea y esperamos el momento justo para poner en práctica lo visto en la televisión o en Internet con nuestra pareja, para dejarla sorprendida por nuestra experiencia acrobática y circense antes que sexual.
Si contáramos con algo así como un ojo mágico, semejante al que deben tener los dioses (al menos los más perversos), quedaríamos muertos de risa al espiar las ridículas posiciones que adoptan las parejas para hacer el amor. La risa se volvería carcajada al descubrir la resistencia que tienen tanto el hombre como la mujer, pues pueden estar adoloridos, cansados o a punto del infarto, y aun así se empeñan en hacer su mejor esfuerzo, en decir que para nada se sienten cansados, como si se encontrarán en unas carreras de resistencia, como si lo importante en esos momentos fuese satisfacer la posición que su pareja copió de alguna página chafa de la red.
Me dirán ustedes que hay personas que son más ilustradas que letradas, y que desde el famosísimo Karma Sutra (ahora que lo venden hasta en el Metro) han puesto en práctica cualquier posición para hacer el amor, por difícil que sea, para alcanzar estados espirituales incomprensibles pero de moda, como usar turbante, volverse vegetariano y escuchar música aburridísima. Cabría aclarar que el erotismo hindú va más allá de meros estiramientos, respiraciones, cachondeos y ocurrencias, como bien lo ha explicado el doctor Juan Miguel de Mora, a quien debemos, además, las mejores traducciones al español de lo más destacado de la literatura sánscrita, así como una sólida obra en prosa.
Procuremos desmontar los trapecios y cerrar, de una buena vez por todas, el circo. Nuestro cuerpo, y el de nuestra pareja, nos lo agradecerán.