Marguerite Duras: una amenaza al viento

POR María Dolores Bolívar
Ahora anochece. Me dice que toda mi vida recordaré esa tarde, incluso cuando haya olvidado su rostro, su nombre…” (El Amante)
Dos veces considerada para el Premio Goncourt, máximo galardón literario en Francia, nominada en alguna ocasión para el Nobel de la literatura, Marguerite Duras produjo más de 60 obras en todos los géneros, nada mal para una mujer que caminaba y sufría y amaba como el más común de los seres humanos

A punto de concluir la primera década del siglo, comenzaremos a contar los grandes momentos del veinte. Con la segunda década, vendrán memorias menos dignas que otras.  Tiempo será, entonces, de retomar la selección de los nombres estelares. No siempre se hace justicia a los más grandes. En cambio, las políticas, las guerras, las controversias asumen el papel de distinguir, de honrar, de recordar. ¡Si el panteón de los héroes pudiera provenir del arte y la literatura!
Aquejada de un cáncer de garganta, Marguerite Duras dejó esta vida en París, a la edad de 81. Algunas de sus compañías eternas en el cementerio de Montparnasse son dignas de evocar: Baudelaire y De Beauvoir; Beckett y Brancusi; Cioran y Cortázar; Ionesco, Man Ray, Sartre, Tzara y Vallejo. Marguerite Duras murió el 3 de marzo de 1996 en su residencia de St Germain des Prés. Tras de ella quedó la estela de una obra abundante y exitosa. Aunque atípica de la corriente a la que se le atribuyó su obra narrativa, el Nouveau Roman, Duras destacó en ésa y otras formas de expresión como una mujer del siglo que incluyó, para ella, dos guerras, el cine, el Mékong, el amor, el alcohol y el reconocimiento (salvo el Nobel).
Leer un libro es como sumergirse en el mundo de otro, de otros. En este caso, Marguerite Duras nos invita a pasar a sus mundos imaginarios. Dos veces considerada para el Premio Goncourt, máximo galardón literario en Francia (aunque una de esas veces le fuese negado por cuestiones políticas); nominada en alguna ocasión para el Nobel de la literatura, murió en 1996, después de producir más de 60 obras en todos los géneros. Y nada de más ordinario que su biografía. Una mujer que caminaba y sufría y amaba como el más común de los seres humanos.
Para Duras escribir fue pasión y motivación de vida. Todo lo hizo a través de un símbolo representativo de su razón de ser: la escritura, la página. De ella dijo el académico Bertrand Poirot, al día siguiente de su muerte. “Lo mismo se involucraba con la Resistencia durante la ocupación alemana, la política, el comunismo, un bistec con papas, la vida diaria. Su pasión era una auténtica amenaza al viento.”
A Duras, penas

Marguerite Duras fue el pseudónimo que usó Marguerite Donnadieu, nacida en Gia Dingh, suburbio del norte de Saigón, el 4 de abril de 1914. Su infancia se vio marcada por la muerte de su padre, a partir de la cual su vida en Vietnam dejó de ser lo que era. Su madre, viuda con dos hijos, padeció junto con ellos las carencias derivadas de la dificultad de criarlos. Así y todo, su familiaridad con el Mékong la llevó a resistirse a volver a Francia, su país de origen. Duras adolescente lo haría, para estudiar leyes. De vuelta en el país de sus padres, en los tiempos de la ocupación alemana, se ligó a dos hombres que marcaron su vida política, Robert Antelme y Dionys Mascólo. Con ellos entró a La Resistencia y al Partido Comunista Francés.
De su infancia en Vietnam le vino la inspiración de la mayor parte de sus novelas. Un mundo distante y distinto al de la metrópolis francesa. Duras plasmó en la literatura el sentimiento y el horror de las colonias. La línea argumental recurrente de su obra es la de una viuda dominante con tres hijos, pequeña funcionaría francesa en Indochina, luchando contra el infortunio de una concesión agraria prometedora, pero cuyos malos meses convierten la vida en una derrota esperada.
Sus primeras novelas, en particular Un dique contra el Pacífico, abren el camino de una intensa carrera literaria. Hacia 1957 comienza su trabajo en teatro con Gérard Jarlot, con quien colabora en guiones para teatro y cine. Por esos años muere su madre. En 1958 publica Moderato Cantabile y lleva a la pantalla la adaptación de Un dique contra el Pacífico, por René Clément, e Hiroshima mi amor, de Alain Resnais.
El teatro se instala en su proceso creativo. La amante inglesa es llevada a la escena por Claude Régy en 1968. El Vicecónsul y Le Ravissement de Lol V. Stein marcan su obra durante los años sesenta.
Víctima del alcoholismo

En Marguerite Duras hay temas grandiosos por su tratamiento original. La madre autoritaria pero siempre amada, el hijo compañero, el amante elusivo pero eficaz, a veces amoroso, la doble personalidad de ella, que es la protagonista y su doble, la protagonista y su extra, dueña de su leyenda.
Pero además del comunismo, la resistencia, el cine, el nouveau roman, Duras hará historia como mujer y como víctima del alcoholismo. Del relato conmovedor de este episodio salió el libro MD, publicado en 1982 por Yann Andréa Steiner, recuento de su vida con Marguerite Duras.
La apasionan el cine y la escritura. Duras produce mucho y lo hace no solo con éxito sino también reconocimiento. Por eso el dato más conmovedor, el más explosivo, el más insólito de su vida es el que la lleva en 1984 a escribir su máximo trabajo literario, L’Amant.
Resulta increíble pensar que esta autora escribió su más exitoso libro El amante a los 70 años, cuando acababa de pasar por la dura prueba de una cura antialcohólica que casi la llevó a la muerte. El amante se editó y reeditó, rebasando hoy los tres millones de ejemplares. No sé si sea el libro más leído de la historia reciente, sé, sí, que es uno de los que más y más a menudo recuerdo. De Marguerite Duras, su gran amigo, amante y compañero, Yann Andréa, escribió: “Contemplo ese milagro, tú…”; y ella escribiría de él: “Es el único hombre que soporta que yo escriba…”
El amante, probablemente la más majestuosa de sus obras, repetirá esa narrativa, refinando en un insólito bestseller no solamente su línea autobiográfica, sino también la voz de una escritora cuya propuesta aporta, indudablemente, la visión del otro.
El amante es una novela autobiográfica en la que retoma un episodio de su infancia. Si el éxito de un escritor se mide en libros vendidos El amante se lo da con creces. El trasfondo de la novela la redime. Es su vida, es Vietnam, es la soledad y el sentimiento que aquejan a una adolescente y es también la esencia de su valor anticolonialista. La percepción de Duras nos llega a todos, así sea la colonia América, Asia o algún punto interior, imaginario en donde la mujer existe a través de esas múltiples tramas que la redimen y la desmitifican.
Han transcurrido 28 años de ese encuentro y 26 desde que apareciera esa obra estelar.
“Aún puedo volver a ver el rostro, y recuerdo el nombre.” (El Amante)