October 26, 1822. Andersen, El Patito Feo

El 26 de octubre de 1822, a los 17 años, Hans Christian Andersen se matriculó en la escuela, tomando su lugar en un salón donde la mayoría de sus compañeros tenía once años. Como lo recordaba Andersen y ha sido analizados por sus biógrafos, la agonía de este evento y otros más que lo circundaron iban a resurgir más tarde en los cuentos populares que describen al héroe inadaptado, al sueño de la transformación repentina, la ansiedad del castigo/recompensa que acechaba a cada paso del camino sinuoso e incluso el temor del emperador a ser desnudado en público.
Andersen nació en los barrios bajos de Odense, Dinamarca, y sus padres eran muy pobres, aunque proveyeron a sus hijos de una buena educación. Hans Christian solía dedicar un rato a la escuela, pero era un tanto extraño y solitario, y le interesaba, sobre todo, la lectura de cuentos y coser ropa para los personajes de su teatro de juguete.
Cuando su padre murió en 1816, Andersen abandonó la escuela por completo con la idea de ganar dinero o aprender un oficio. Todos sus esfuerzos en este sentido terminaron en fracasos o humillaciones –un grupo de hombres de una fábrica en la que Andersen trabajó no sólo se burlaba de él por su afeminamiento sino que le bajó los pantalones para comprobar su sexo—, por lo que decidió marcharse a Copenhague.
A los 14 años, sin dinero y semianalfabeto, no tenía más interés que actuar y cantar en una especie de trayectoria en los escenarios. Después de tres años encontronazos con la realidad, aceptó que había sido rechazado como cantante, bailarín, actor y dramaturgo, por lo que estaba listo para aceptar la ayuda de algún mecenas dispuesto a financiar su regreso a la escuela. Esta segunda etapa fue finalmente un éxito, aunque las autobiografías de Andersen describen cinco años de tormento, fracaso y depresión suicida, en gran parte causada por los vaivenes de su estado de ánimo.
Los diarios de Andersen muestran que su vida fue la de un hombre atormentado por “los sueños desagradables” de sus días en la escuela –del miedo a los exámenes, a las risas burlonas y al director Meisling, “delante del cual me sentía triste y torpe”.