Rod Stewart y la rebelión fallida del Tri

POR Alfredo C. Villeda
od Stewart, gran figura de la música, suele repartir balones de futbol durante sus conciertos. Lo hizo en Querétaro, en 1989, cuando cantó en el estadio Corregidora. Aficionado al Celtic Glasgow, que fichó este año al mexicano Efraín Juárez, no se pierde ningún partido de la liga y sigue a la selección de Escocia cuando logra su pase al Mundial. Y a veces se aproxima de más, como en 1998, cuando a unos días de que comenzara la justa de Francia, organizó una fiesta en un bar e invitó a la estrella de la escuadra inglesa, Paul Gascoigne.
Conocido el desliz del volante, goleador y soporte de su selección, el técnico Greg Hoddle no dudó en dejarlo fuera del equipo y devolverlo a su país, aunque primero alegó que su jugador estaba fuera de forma, y no que esa indisciplina es intolerable y perjudicial para el buen funcionamiento de un cuadro de la categoría del inglés. El propio cantante declaró después que, en efecto, se pueden crear piezas memorables de rock y pop a lo largo de una sesión de alcohol, en la barra de un bar, pero no meter goles. Por eso se decidió por el micrófono, la guitarra y la bohemia, y dejó el pambol para verlo por la tele los domingos.
En otras ligas y otros deportes, la NFL, por ejemplo, también se procede con dureza ante actos semejantes. El mariscal Ben Roethlisberger, ganador de dos anillos de Supertazón con Acereros de Pittsburgh, ha sido pillado cortejando meseras de bares y las sanciones han sido fulminantes, pese a estar fuera de temporada. El solo indicio de un hecho delictivo derivado del testimonio de las quejosas fue suficiente para suspender seis partidos al Big Ben. Cero tolerancia, pues.
La histórica y fugaz rebelión en el Tri, sin embargo, tiene otros ingredientes. Ni tres días pasaron antes de que cambiaran de actitud. Pasaron de la amenaza de no jugar con la selección mientras siga al frente el directivo Néstor de la Torre, a recular y decir que vienen “muy contentos”, como es el caso de Carlos Salcido, quien juega para el Fullham de la Liga Premier, jugador que se llevó la peor parte en la exhibida que les dieron por la famosa fiesta en un hotel de Monterrey, donde festejaban el rompimiento de la concentración luego de dos partidos amistosos de desastre: una derrota, un triunfo pírrico.
El problema, entonces, no es la sanción de partidos (que, por cierto, les caerá de gloria no hacer el viaje para juegos inservibles y evitar una lesión) o económica (que será el pelo a un gato con los salarios que devengan), sino la exhibición pública. ¿Merecen castigo quienes presumen de vida sana y a partir de esa posición se convierten en ídolos infantiles y populares, anunciando emparedados y lácteos? En las ligas de a deveras están seguros que así debe ser y sus buenos resultados los respaldan. ¿La exhibición? Gran error, uno más, de los federativos mexicanos.

Peor: todo comenzó en la fase previa al Mundial. Llevan a un jugador de más a una gira y le dan cuello al cuarto para las doce. Se trató de Jonathan dos Santos, cuyo hermano Giovanni, con episodios públicos de trasnochado en Europa, sin duda resintió que relegaran al primero. El papá armó un alboroto y lanzó toda suerte de improperios a Javier Aguirre. Ahora Jonathan ha desairado los llamados del Tri. Él comenzó la rebelión.
En el segundo tiempo es un directivo, Néstor de la Torre, el que está en el ojo del huracán… y resulta que su hermano menor, José Manuel de la Torre, es el candidato casi designado para ser nuevo técnico del Tri. Qué tino, pues, el de los dueños del balón y sus empleados, incluidos los entrenadores, para la toma de decisiones.
La Federación Mexicana de Futbol se empecinó y llamó a los rebeldes para el juego amistoso contra Venezuela. Rafael Márquez, líder de los disidentes, dijo que hay negociaciones entre las partes, pero el exhibido Salcido no dudó en aclarar que vendrá “contento” a la concentración de la próxima semana. Y el técnico interino, Efraín Flores, expuso que estaba seguro de que nadie desairaría la convocatoria, pese a la amenaza de tres días antes del bloque europeo. Algo habrán negociado para deponer las armas, y si es la cabeza del director de selecciones nacionales, que era su demanda original, habrá que esperar la reacción del Chepo, quien se prevé tome las riendas del Tri a partir de enero.
El fusilero recuerda cómo el gran Rod Stewart lanzaba balones al presunto respetable en su visita a Querétaro, en el lejano 1989. Entre Tonight’s the Night y Passion, más balones. Hasta llegar a la clásica Hot Legs, rola que, debe uno suponer, habría tarareado más de uno de los efímeros seleccionados insurgentes en la fiesta de Monterrey.
Por andar en el trago a Gascoigne lo dejaron fuera de Francia 98, pero a Salvador Cabañas casi lo matan, en un episodio que supera cualquier exhibición mediática. La duda ahora es si los directivos entregarán la cabeza de Néstor de la Torre a los jugadores y, de ser el caso, si Chepo suscribirá con un sí a dirigir la selección el sacrificio de su hermano.