Barba Azul: los peligros del matrimonio

POR Terri Windling
 Aunque desde hace muchos años Barba Azul fue desterrado de las colecciones de cuentos infantiles, la figura de este temible hombre tiene su propia curul en la mitología moderna, transformándose en el psicópata, el asesino serial, el verdugo de mujeres

(flickrhivemind.net)
Aunque está basada en antiguos cuentos populares de amantes del demonio y novios diabólicos, la historia de Barba Azul, tal y como lo conocemos hoy, es creación del escritor francés Charles Perrault, quien la publicó por vez primera en 1697 en su colección Histoires ou contes du temps passé. Perrault formó parte de un grupo de escritores que socializaba en los salones literarios de París, creando de manera colectiva una moda inspirada en los cuentos populares de los campesinos. Estas nuevas historias fueron llamadas contes des feés, de las que se deriva el término moderno “cuentos de hadas”, aunque los contes des feés de los salones franceses estaban destinados a lectores adultos.
Barba Azul, por ejemplo, tiene poco de ser recomendado como un cuento infantil. Más bien es una espeluznante advertencia sobre los peligros del matrimonio (por un lado) y los de la codicia y la curiosidad (por el otro), más afines, en nuestra cultura moderna, a las películas de terror que a los dibujos animados de Disney. La historia, como Perrault la cuenta, es la siguiente: un hombre rico que desea casarse vuelca su atención en las dos jóvenes y hermosas hijas de su vecina, una viuda. Ninguna de las jóvenes desea contraer matrimonio con el hombre a causa de su fea barba azul, hasta que éste invita a las muchachas y a su madre a una fiesta en su casa de campo. Seducida por una vida lujosa, la hija menor está de acuerdo en aceptar la mano de Barba Azul. La pareja se casa con prontitud y la joven se convierte en dueña de la gran propiedad. Poco después, Barba Azul le dice a su esposa que hará un largo viaje porque el negocio lo llama. Él se marcha y le deja todas las llaves de la casa, de las cajas fuertes y de sus cofres de joyas, diciéndole que ella puede hacer lo que quiera con ellas. Sólo hay una llave que no puede utilizar, la de un armario pequeño en el extremo de la sala. Sólo eso le está prohibido, él le dice, “y si por casualidad lo abre, puede esperar mi ira y resentimiento”.
Por supuesto, lo primero que hace la joven esposa es correr a la puerta prohibida, “con tal precipitación que casi se cae y se rompe el cuello”. Ella ha prometido obediencia a su marido, pero una combinación de codicia y curiosidad la impulsa a la puerta fatal al minuto que él le dio la espalda. La mujer la abre y encuentra una habitación cerrada, el piso está inundado de sangre y contiene los cadáveres de las anteriores jóvenes esposas de Barba Azul. Horrorizada, la muchacha deja caer la llave en un charco de sangre. La recupera, cierra la habitación y regresa corriendo a su aposento. De inmediato trata de lavar la llave para ocultar su transgresión, pero no importa cuán larga y dura sea la friega, la mancha de sangre no desaparece.
Esa misma noche, su esposo regresa, su negocio súbitamente concluyó. Temblando, ella finge que no ha pasado nada y celebra el regreso de su cónyuge. Por la mañana, sin embargo, el hombre exige la devolución de las llaves y las examina con cuidado. “¿Por qué hay sangre en la llave más pequeña?”, pregunta astutamente. La esposa de Barba Azul responde que no sabe cómo esa mancha llegó a la llave. “¿No lo sabe?”, grita el terrateniente. “Yo sé, señora, que abrió la puerta prohibida. Muy bien. Ahora debe regresar y tomar su lugar entre mis otras esposas”.
Con lágrimas en los ojos, la joven retrasa su muerte al pedir tiempo para decir sus oraciones, aunque en realidad es porque sus hermanos prometieron visitarla ese día y ellos son su única esperanza de salvación. La muchacha grita en tres ocasiones a su hermana Anne en el cuarto de la torre en la parte superior de la casa (“hermana Anne, hermana Anne, ¿ves que alguien viene?”) Y por fin llegan, justo cuando Barba Azul blande una espada para cortarle la cabeza. El marido es asesinado, su riqueza se distribuye entre la familia y la joven esposa se casa de nuevo, Perrault nos dice, con “un señor muy digno que le hizo olvidar el mal tiempo que había pasado con Barba Azul”.
¿Fue Gilles de Rais?
 
(ying-tze.blogspot.com)
Este cuento sediento de sangre es muy diferente en el tono a los otros de Perrault (las dulces confecciones cortesanas Bella Durmiente, y Cenicienta, entre otras), y su historia ha sido una fuente de debate entre los estudiosos de los cuentos de hadas. Algunos afirman que Perrault se inspiró en la figura histórica de Gilles de Rais, un mariscal de Francia del siglo XV, compañero de armas de Juana de Arco. Después de expulsar a los ingleses de Francia, este héroe militar regresó a su finca de Bretaña, donde practicó la alquimia y la magia negra al tiempo que varios niños campesinos comenzaron a desaparecer en la región. Los rumores se arremolinaban en torno a Rais y, cuando por fin el duque de Bretaña intervino e investigó, los restos de más de 50 niños fueron exhumados del castillo de Rais. Más tarde confesó la sodomización y el asesinato de 140 muchachos, aunque el número real puede estar cerca de 300. De Rais fue ahorcado y quemado vivo simultáneamente en 1440.
Hay otro viejo cuento de Bretaña, sin embargo, que se relaciona más estrechamente a la historia de Barba Azul: la de Cunmar el Maldito, que decapitó a varias de sus esposas, una tras otra, cuando quedaban embarazadas. Cunmar fue una figura histórica, gobernante de Bretaña a mediados del siglo VI, pero la leyenda vinculada a él tiene sus raíces en los cuentos populares, no en la historia. La narración trata de la hija de un noble, Triphine, la última de las esposas de Cunmar. Con un embarazo avanzado, Triphine entra a la capilla ancestral de Cunmar, donde es advertida por los fantasmas ensangrentados de las esposas anteriores del destino que le espera. La joven huye al bosque, pero su marido la persigue y le corta la cabeza. El cuerpo de Triphine es encontrado por Gildas, el abad de Rhuys, que está destinado a ser un santo. Éste milagrosamente pega la cabeza y devuelve la vida a Triphine. Los dos regresan al castillo de Cunmar, donde Gildas hace que las paredes caigan sobre el asesino. El hijo de Triphine es rescatado sano y salvo, y entregado a Gildas y a la iglesia; Triphine dedica el resto de su vida a la oración y a la realización de buenas obras. Con el tiempo, ella también es santificada (representada en estatuas y pinturas religiosas con la cabeza cortada), mientras que el fantasma de Cunmar sigue acechando al país en forma de un hombre lobo. El paralelismo con Barba Azul es más fuerte aún cuando se considera una serie de frescos que representan la historia Triphine en la iglesia de St. Nicholas des Eaux en Bretaña. Un grupo de estas pinturas medievales muestra a Cunmar entregando una llave a su joven esposa, mientras que otra muestra a Triphine entrando en la habitación donde cuelgan las esposas asesinadas.
El diablo engañado
(laopera.com)
Es posible que Charles Perrault conociera la historia de Cunmar el Maldito y que  utilizó algunos detalles para su propia narración. O puede ser simplemente que él conociera otras historias similares de la tradición campesina francesa e italiana, con su amplia gama de “noviazgos monstruosos” y los motivos de los “extraños asesinos”. De hecho, estos motivos son los que encontramos en las tradiciones populares de todo el mundo. Sin embargo, en marcado contraste con el Barba Azul de Perrault (el más conocido de esos cuentos en la actualidad), en los viejos cuentos campesinos, la heroína no se pone a llorar y esperar a que la rescaten sus hermanos, más bien, es una joven astuta, inteligente, capaz de rescatarse a sí misma.
En el cuento italiano Silvernose (compilado por Italo Calvino de tres variantes regionales y publicado en Cuentos populares italianos), el diablo, disfrazado de noble, visita a una lavandera viuda y le pide que su hija mayor vaya a trabajar a su hermosa casa. La viuda desconfía de la nariz extraña al hombre, pero su hija está de acuerdo en marcharse, aburrida como está con la vida en el hogar, por lo que busca una aventura. Ella sigue a Silvernose a su palacio, donde él le da las llaves de todas las habitaciones. El hombre permite a la joven deambular por todo el lugar, excepto por una habitación cerrada. Esa noche, Silvernose entra al cuarto de la muchacha y deja una rosa en el cabello de ella mientras duerme. Por la mañana, él sale a realizar sus actividades, dejando en casa a su joven sirviente. Ésta inmediatamente abre la puerta prohibida. En el interior encuentra el mismísimo infierno: una sala de fuego donde las almas de los condenados se retuercen en el tormento eterno. Horrorizada, la joven cierra rápidamente la puerta, pero la flor en su cabello se ha quemado. Cuando Silvernose regresa, la flor es la prueba de la transgresión de la muchacha. “¿Así es como me obedeces?”, exclama el hombre, abriendo la puerta y lanzando a la joven a su interior.
Posteriormente, el hombre vuelve con la lavandera y le pide a su segunda hija. La joven de en medio sufre el mismo destino de su hermana mayor. Sin embargo, la hija menor, Lucía, es astuta. Ella también sigue a Silvernose a su palacio, a ella también él le da la llave prohibida, a ella también le coloca una flor en el cabello mientras duerme. Pero Lucía se da cuenta de la flor y la pone a buen recaudo en una jarra de agua. Luego abre la puerta, rescata a sus hermanas de las llamas y las tres elaboran un plan de fuga. Cuando Silvernose llega a casa, la flor continúa en el cabello de la joven, tan lozana como siempre. El diablo está contento. Ahí tiene al fin una sirvienta, por lo que él hará lo que ella le pida. Aprovechándose de su nueva situación, Lucía le pide al diablo llevar algo de ropa nueva a su madre. Su hermana mayor se esconde dentro de la bolsa, haciéndola muy pesada. “Debes caminar en línea recta hasta mi madre”, dice ella, “porque tengo una capacidad especial para ver a grandes distancias y, si te detienes a descansar y colocas esa bolsa en el suelo, seguramente lo sabré”. El diablo inicia su viaje, se cansa y coloca la bolsa en el suelo. “Te veo, te veo!”, grita la hermana mayor desde el interior de la bolsa de lavandería; pensando que es la voz de Lucía, Silvernose se apresura. Lucía repite esta artimaña para la hermana de en medio. Luego ella misma se esconde en la tercera bolsa, junto con un costal de oro robado de las arcas del diablo. Al reunirse con su madre (y ahora además de ricas), las hermanas colocan una cruz en el patio y el diablo mantiene su distancia.
Celos y psicopatía
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Charles Perrault extrajo diversos elementos de los cuentos populares y baladas como los anteriores cuando se creó la historia urbana del asesino Barba Azul y su cámara sangrienta. Como el demonio en la historia italiana Silvernose, Barba Azul se caracteriza por una desfiguración física: la barba, que “lo hace tan espantosamente feo que las mujeres y las jóvenes huyen de él”. Su riqueza y encanto le sirven para superar las sospechas naturales que despiertan su misterioso pasado y los rumores de las esposas desaparecidas. Pertenece a ese tipo de falsos pretendientes que seducen a sus víctimas con modales cortesanos, regalos y halagos, al tiempo preparan la tumba que pronto va a recibirlas. Perrault, sin embargo, parte de esos cuentos antiguos, resaltando en Barba Azul la culpa de la muchacha. La describe sin compasión como una mujer que se casa impulsada por la codicia, lo que despierta la ira de Barba Azul con su acto de desobediencia. Esto no sucede los cuentos antiguos, donde la curiosidad y la desobediencia, en combinación con la astucia y la valentía, son precisamente los que salvan a la heroína lo mismo de su matrimonio con un monstruo, que de la muerte a manos de un ladrón o de la servidumbre del diablo. Perrault presenta a su Barba Azul como un hombre bien educado, generoso, que a fin de cuentas sólo quiere una esposa, casándose una y otra vez conforme las mujeres traicionan su confianza.
Sólo al final de la historia, cuando el novio se revela como un monstruo, Perrault siente compasión por la novia, y Barba Azul es derrotado. Perrault termina la historia con una moraleja que hace hincapié en las transgresiones de la heroína y no de su marido: alerta a las doncellas de que “la curiosidad, a pesar de su atractivo, a menudo lleva a un profundo pesar”. En una segunda moraleja, Perrault aclara que la historia ocurrió hace mucho tiempo y que los maridos modernos no son “celosos descontentos”. Celosos descontentos? “Psicópata” sería una mejor descripción. Una vez más las palabras de Perrault implican que las acciones despreciables de Barba Azul son una respuesta a la provocación de la conducta de su esposa.
(thisiscolossal.com)
Como se mencionó líneas arriba, una diferencia de la heroína de Barba Azul con las de los viejos cuentos populares es que la de Perrault (como en general en sus Histoires ou contes du temps passé) es que es una criatura impotente. No logra burlar a Barba Azul, más bien llora, tiembla y espera la llegada de sus hermanos, a diferencia de las heroínas del folclore que, incluso cuando piden la ayuda de los hermanos, primero demuestran ser valientes y con iniciativa. Como Maria Tatar ha señalado (en su libro Los cuentos clásicos de hadas), “El cuento de Perrault, al subrayar el parentesco de la heroína con ciertas figuras literarias, bíblicas y míticas (especialmente Psique, Eva y Pandora), nos ofrece una historia que deliberadamente socava una sólida tradición folclórica en la que la heroína es una fuente de recursos para su propia salvación.”
Esta diferencia es particularmente evidente cuando comparamos la heroína pasiva de Perrault con aquellas creadas por otros escritores de cuentos de hadas en los salones franceses, la mayoría mujeres escritoras, cuyas obras fueron muy populares en su época. La sobrina de Perrault, Marie-Jeanne L’Héritier, fue también autora de cuentos de hadas; su narración La princesa Sutil, publicada tres años antes de las Histoires ou contes du temps passé de Perrault, se basó en algunos de los motivos del mismo folclore que nutrió a Barba Azul. En L’Héritier no hay flores marchitas, ella toma un hacha y amenaza el príncipe malvado con cortarlo en trozos. La historia continúa, con más atentados contra la vida y el honor de la princesa, pero ella cambia las circunstancias y mata al príncipe en una trampa que él había colocado para ella, y la muchacha finalmente se casa con un hombre bueno. La princesa Sutil no tiene hermanos que acudan en su ayuda, ni tampoco los necesita. Ella maneja sus propios asuntos, y los maneja muy bien.
La curiosidad mata a las princesas
(postmodernjoan.com)
En el siglo siguiente, cuando las mujeres perdieron las conquistas sociales que habían logrado en los días embriagadores de los salones, los cuentos de L’Héritier y otras mujeres (D’Aulnoy, Murat y Bernardo, entre otras) pasaron de moda, mientras que los de Perrault –con su prosa sencilla, sus epílogos morales, sus dóciles y delicadas princesas— siguieron siendo reimpresos y recontados año tras año. Cuando los siglos XVIII y XIX avanzaron, los recuentos de Barba Azul hicieron cada vez más hincapié en el “pecado” de la desobediencia como el elemento central de la historia; de hecho, una versión posterior se tituló Barba Azul o los efectos de la curiosidad femenina. Cuando los cuentos de hadas se convirtieron en un área de la investigación académica en los siglos XIX y XX, los folcloristas se abalanzaron sobre ellos como tema de sus análisis, llevándolos un paso más allá, sugiriendo que la desobediencia de la esposa de Barba Azul era de naturaleza sexual, ya que la llave manchada de sangre simboliza el acto de infidelidad. (No importa que no haya más hombres en el conjunto del cuento de Perrault que los hermanos llegan para salvarla.) El psicólogo Bruno Bettlheim fue uno de los críticos que leyeron Barba Azul como una historia de infidelidad. En su libro imperfecto pero influyente de la década de los 70, The Uses of Enchantment, dice que Barba Azul “es una historia con moraleja que advierte: mujer, no cedas a la curiosidad sexual; hombres, no permitan llevarse por la rabia de haber sido traicionados sexualmente”. Pero como la novelista Lydia Millet ha señalado en su ensayo “The Wife Killer” (La esposa asesina, publicado en Espejito, espejito: escritoras exploran los cuentos favoritos):
“Barba Azul quería que su nueva esposa encontrara los cadáveres de sus ex esposas. Quería que la nueva novia descubriera sus cadáveres mutilados, quería su desobediencia. De lo contrario no le habría dado la llave del armario prohibido, no habría dejado la ciudad en su viaje de negocios, y no habría colocado a la señora Barba Azul a la entrada del armario. Obviamente, se trataba de una puesta en escena.”
Marina Warner, en su excelente estudio de los cuentos de hadas From the Beast to the Blonde (De la bestia a la rubia), sugiere otra manera de leer la historia: como una expresión de los temores de las jóvenes acerca del matrimonio. Perrault escribió en una época, y desde una clase social, en los matrimonios arreglados eran comunes, y el divorcio estaba fuera de cualquier discusión. Una mujer joven podía encontrarse fácilmente casándose con un anciano sin su consentimiento, o un monstruo: un borracho, un libertino o un consorte abusivo. Además, la tasa de mortalidad de las mujeres en el parto era terriblemente alta. Un nuevo matrimonio era un lugar común para los hombres que habían perdido a su esposa (o esposas), y los fantasmas de los matrimonios anteriores se cernía sobre la boda de la nueva esposa. (Perrault y otros escritores de los salones franceses estaban firmemente contra los matrimonios arreglados, y esta preocupación se puede observar en el trasfondo de muchos cuentos de hadas de aquel tiempo.)
El forastero
(falconvoy.blogspot.com)
Otro aspecto de la historia de Barba Azul que más adelante vemos enfatizada es la xenofobia, con el novio brutal retratado como un oriental. No hay nada en el texto de Perrault (excepto esa barba extraordinaria) que indique que el hombre sea otra cosa que un noble francés rico, eso sí, excéntrico; sin embargo, las ilustraciones del cuento a partir de los grabados en madera del siglo XVIII hasta las famosas ilustraciones victorianas de Edmund Dulac, representan a Barba Azul en traje turco, amenazando a su novia con una cimitarra. Hay que recordar que los cuentos de hadas estilo Las mil y una noches fueron enormemente populares en Europa a partir del siglo XVIII; no obstante, ninguno de los otros cuentos de la colección de Perrault recibieron ese brillo oriental tan persistentemente como Barba Azul. Horrible y sensual (¡cuántas esposas!), Barba Azul es tal vez una figura más cómoda cuando él es el Otro, el forastero, el extranjero y no uno de nosotros. Sin embargo, el hecho es que él es uno de nosotros, el caballero educado de al lado, de buenos modales, hace que la historia sea tan escalofriante incluso hoy en día. Mientras que cuentos como Bella y la Bestia sirven para recordarnos que un rostro monstruoso puede ocultar el corazón de un hombre realmente bueno, Barba Azul nos muestra lo contrario: la hermosa fachada de un hombre puede esconder un monstruo.
(indulgy.com)
Cuando los cuentos de hadas fueron relegados a la guardería en el siglo XX, Barba Azul fue incluido pocas veces (por razones obvias) en las colecciones destinadas a los niños. Sin embargo, la historia no desapareció de la cultura popular, sino que se mudó de la página impresa al cine. En 1901, George Méliès dirigió una versión cinematográfica silente titulada Barbe Bleue. Otros tratamientos fílmicos incluyen Bluebeard’s Eighth Wife (La octava mujer de Barba Azul) en 1938; Barba Azul en 1944; el Barba Azul de Richard Burton en 1972, y Bluebeard’s Castle (El castillo de Barba Azul), una versión cinematográfica de la ópera de Bartok, en 1992. Maria Tatar subraya que el cuento de Barba Azul puede ser visto como un precursor del cine moderno de horror. En Barba Azul, como un horror cinematográfico escribe, “no sólo tenemos un asesino que es impulsado por la rabia psicótica, sino también a las víctimas abyectas de sus asesinatos en serie, junto con una ‘chica final’ (la esposa de Barba Azul), que, o bien se salva a sí misma o gestiona su propio rescate. El ‘lugar terrible’ de horror, un sitio oscuro y sepulcral que alberga pruebas espeluznantes de la enajenación del asesino, se manifiesta como el castillo de Barba Azul”. Marina Warner está de acuerdo. Barba Azul, señala, “ha entrado en la mitología laica junto a Cenicienta y Blancanieves, pero su historia tiene una afinidad particular para el día de hoy: la serialidad. Si la violencia en la vida de las heroínas se considera conveniente para los niños, el ogro se ha transformado en la cultura popular de los adultos, en un asesino en masa, el secuestrador, el asesino serial: un coleccionista, como en la novela de John Fowles, The Collector (El coleccionista), un obsesivo, como Hannibal Lecter en The Silence of the Lambs (El silencio de los corderos). Aunque las mujeres crueles, los humanos generosos, dominan los cuentos infantiles con sus poderes, la figura de Barba Azul, como un tipo genérico del asesino de hombres, ha entrado paulatinamente en un apartado de categoría restringida”.
Tomado de: The Journal of Mythic Arts.
Traducción y edición: José Luis Durán King.

1 thought on “Barba Azul: los peligros del matrimonio

  1. Un gran artículo. Sólo hay que cuidar un poco la edición. Quizá sea conveniente revisarlo de nuevo: “modernos no son “celosos descontentos”. Celosos descontentos? “Psicópata” sería una mejor descripción.”

    Hace falta un signo de apertura interrogativa.

    Saludos.

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