Henry Lee Lucas: manos de muerte

POR Opera Mundi
 ¿Debe ser considerado uno de los perores asesinos en serie o el peor mentiroso en la enciclopedia del crimen de Estados Unidos? Lo único cierto es que los testimonios de Henry Lee Lucas, y más adelante los de Ottis Toole, sirvieron para aclarar más de 300 homicidios que permanecían sin resolver
 Uno de los casos más atemorizantes de asesinato serial en Estados Unidos se dio a conocer en junio de 1983 con el arresto del vagabundo tuerto Henry Lee Lucas, de 45 años, sospechoso de haber dado muerte a una anciana en el condado de Montagne, Texas. Sin embargo, al no existir evidencias claras, las autoridades lo retuvieron solamente por el cargo de portación de arma de fuego, un acto ilícito para los ex convictos de Texas. Lucas pasó cuatro noches tras las rejas antes de confesar los homicidios que recientemente había cometido. Además de la anciana de 80 años, Kate Rich, admitió haber asesinado y desmembrado a su propia novia, la adolescente Frieda Powell. Él mismo guió a la policía hasta donde se encontraban los restos de la víctima. Sin embargo, ahí no terminarían las cosas. De hecho, la pesadilla apenas daba comienzo.
Al prolongarse los interrogatorios, Lucas confesó haber matado a aproximadamente 360 personas, en una carnicería que empezó siete años atrás y que alcanzó gran parte de Estados Unidos y Canadá. Sus revelaciones implicaron a un cómplice, Ottis Toole, de 36 años, quien ya para entonces purgaba una condena en el estado de Florida. Al confrontar las confesiones de ambos, éstas no sólo se confirmaron sino que se añadieron nuevos crímenes a la lista que un principio proporcionó Lucas.
Cintas de porno duro

El número de víctimas ya de por sí era impresionante, pero ésta no era la peor parte de la historia. Además de las confesiones maratónicas, Lucas –más adelante confirmado por Toole– describió su participación en un culto satánico al que llamó La Mano de la Muerte. Al preguntarle cuáles eran las características de ese culto, confesó que la secta tenía seguidores en todo Estados Unidos y que practicaba los homicidios brutales como forma ritual y de entretenimiento. Asimismo, dijo que los miembros de la secta estaban involucrados en el tráfico organizado de drogas, la pornografía infantil y las películas snuff, estas últimas producidas en México.
Tema de controversia en los medios de comunicación y en la comunidad jurídica, las películas snuff combinan homicidios reales y pornografía para un público selecto. Los reportes de la producción de estas cintas han circulado en Estados Unidos desde finales de los años sesenta; en dichos documentos, los investigadores señalan que satanistas y otros magos “negros” obtienen beneficios económicos al grabar muertes espeluznantes. Por supuesto, tanto miembros como apólogos de los cultos niegan la existencia de la industria del cine snuff, pero hay evidencias consistentes de que constantemente se abastece con nuevas “producciones” a una clientela sádica para la que la pornografía ordinaria carece de motivación.
En junio de 1977, el sargento Lloyd Martin, jefe de investigadores de una unidad creada por el Departamento de Policía de Los Ángeles en torno al abuso sexual en niños, aportó datos acerca de una red de secuestradores que traficaba niños mexicanos a Estados Unidos para venderlos a pedófilos violentos. Martin subrayó que los raptores utilizaban vehículos diseñados especialmente para transportar a sus presas por la frontera. La doctora Judianne Densen-Gerber, fundadora de la Casa Odisea para niños víctimas de abusos, apunta que niños extranjeros son traficados a Estados Unidos y vendidos “principalmente para ser sacrificados. Un joven estadounidense tiene un registro escolar y una familia. Pero si un niño ha sido arrancado de las calles de Guadalajara o Acapulco es mucho más fácil. Hay miles de niños sin rostro, sin nombre, a cuyos padres se les pudo haber dicho que iban en adopción y hacia una vida mejor a la que estarían destinadas las criaturas. Pero nunca más se vuelve a saber de estos niños.”
Si los reportes de supervivientes son correctos, algunos de los niños secuestrados se destinan a sacrificios paganos. Sin embargo, por la misma procedencia de las víctimas, las investigaciones generalmente no se inician. En Bekersfield, California, por ejemplo, datos proporcionados por testigos de abusos satanistas fueron subestimados cuando se describieron loas asesinatos de “niños morenos” cuyos cuerpos jamás se hallaron
En 1980, la policía de Nueva York reportó que había rumores persistentes de que cintas snuff de 8 mm se estaban vendiendo a mil 500 dólares cada una o que se cobraban 200 dólares a todos aquellos que quisieran verlas en funciones privadas. Ninguna película fue incautada, pero casi al mismo tiempo la agencia Prensa Asociada reportó una serie de asesinatos con mutilación de varias prostitutas en Argentina; la policía local sugirió que los crímenes pudieron haber sido filmados.
En términos de cruce de fronteras, las evidencias señalan que las carreteras de las películas snuff tienen doble sentido. Henry Lee Lucas y Ottis Toole describieron, cada uno por su lado, los viajes continuos que hacían a un rancho de México transportando niños secuestrados en Estados Unidos. Un mapa dibujado por Lucas situó el rancho cerca de Matamoros, Tamaulipas, en la misma locación en la que Adolfo Constanzo y sus narcosatánicos sacrificaron 15 víctimas entre 1988 y 1989. En 1970, Charles Manson, Bobby Beausoleil y otros miembros de La Familia Manson declararon haber filmado algunas actividades del culto el sur de California. Durante los juicios a La Familia Manson, varias muestras del porno hecho por Manson fueron subastadas por un cuarto de millón de dólares en Nueva York. Una de ellas muestra a una mujer desnuda, decapitada, que yace en una playa, mientras algunas figuras encapuchadas rodean el cuerpo, “arrojando sangre hacia todos lados”.
Una década después, en 1981, David Berkowitz, El Hijo de Sam, confesó a uno de sus compañeros de prisión que por lo menos uno de sus ataques –la ejecución de Robert Violante y Stacy Moscowitz– fue grabada en videotape para la colección privada de Mr. Big, un satanista más adelante identificado como el millonario Roy Radin. En junio de 1985, tras el suicidio de Leonard Lake, la policía halló, en el hogar de Lake, videograbaciones de torturas, humillaciones, violaciones y asesinatos de varias mujeres, los elementos principales de las películas snuff.
La retractación
Entre los deberes de los elementos del culto al que pertenecía Henry Lee Lucas estaba el rapto de niños en las calles para, posteriormente, venderlos a depravados sexuales y satanistas.  Según él, su ingreso a la secta La Mano de la Muerte sucedió a finales de la década de los setenta, cuando viajaba por el estado de Maryland. Ahí se reunió con un enigmático vendedor de carros usados, quien le ofreció un trabajo bien remunerado por transportar automóviles robados a México. Lucas aceptó y más adelante se dio cuenta que su empleo incluía algo más que unidades robadas. En la ceremonia de iniciación, en un lugar llamado Everglades, presenció actos de sacrificios humanos y canibalismo. Ya como miembro del culto, no sólo abasteció de víctimas a la secta sino que comenzó a satisfacer su propio gusto de asesinar en cada oportunidad que se le presentaba.
Desde el principio hubo algunos problemas con las declaraciones de Lucas. Por ejemplo, una de las presuntas víctimas fue encontrada viva y en inmejorables condiciones de salud, mientras que otros crímenes que detalló con pelos y señales ocurrieron mientras purgaba alguna de sus innumerables condenas en la cárcel. En ocasiones parecía que jugaba con la policía, como cuando dijo que había cometido un asesinato en España (país en el que nunca estuvo) o que transportó el veneno hacia el Templo del Pueblo, en Guyana, con el que se suicidaron masivamente cientos de personas bajo el mando del desquiciado reverendo Jim Jones. Sin embargo, en otras ocasiones sus descripciones, acompañadas con mapas hechos a mano, ayudaron a la policía a aclarar crímenes hasta entonces sin resolver.
Aparentemente todo se vino abajo en abril de 1985, cuando Lucas repentinamente se retractó de todas sus confesiones, argumentando que era inocente. De la noche a la mañana negó todo crimen, excepto el de su madre, a quien asesinó y por el que fue enviado a prisión en la década de los sesenta. La policía fue sacudida de costa a costa y 90 de los crímenes hasta entonces “aclarados” fueron reabiertos. Lucas no volvería a mencionar su participación en ilícito alguno. Envió una carta a los periódicos insistiendo en que sus historias eran falsas y que lo habían drogado en prisión para que se declarara culpable de actos que no cometió.
De acuerdo con el doctor Joel Norris, autor del libro Henry Lee Lucas. Retrato de un asesino en serie, “Los asesinos en serie son manipuladores natos. Esta es una de las habilidades que han desarrollado para sobrevivir y para continuar en la cacería de víctimas. Una vez en cautiverio, los asesinos en serie multiplican su poder manipulador. Lucas no fue la excepción y es considerado, junto con Charles Manson, uno de los mejores. Ha manipulado tanto a instituciones como a personas. Las fuerzas de seguridad han fracasado rotundamente en su cruzada por descifrar el misterio”.
Un juego enfermizo
A principios de 1984 algunos detectives dieron a conocer la opinión de que La Mano de la muerte era un apodo que Lucas y Toole se aplicaban uno a otro, un juego enfermizo que a la vez rendía culto a la única “mujer” que les podía arrebatar la vida. Otros investigadores confirmaron tales hipótesis al entrevistar a Ottis Toole, aunque también se abrieron nuevas posibilidades de existencia del culto satánico. Toole no sólo describió a su abuela como una “adoradora del diablo” sino que también habló de sus visitas personales a la Iglesia de la Procesión del Juicio Final, en Nueva Orleans, vinculada a muchos asesinos, como La Familia Manson y El Hijo de Sam. Del mismo modo, los investigadores descubrieron evidencias de culto satánico y tráfico de drogas en Jacksonville, Florida, ciudad natal de Ottis Toole.
Después de muchas controversias, las declaraciones de Lucas y Toole se consideraron no totalmente veraces, no obstante que muchas de las confesiones iniciales de Lucas sirvieron para resolver casos hasta entonces envueltos en el velo del misterio. En 1978, cinco años antes del arresto de Henry Lee Lucas, autoridades de Texas y Washington publicaron reportes sobre tráfico y secuestro de niños en la frontera de México y Estados Unidos, con referencias específicas sobre pornografía infantil y películas snuff. El mismo Lucas más adelante trazaría un mapa que indicaba los sitios donde se reunían individuos para llevar a cabo misas negras. En 1989, al hacerse público un episodio de sacrificios humanos en el occidente de la República mexicana, la policía de Texas confirmó que entre los sitios marcados por Henry Lee Lucas uno correspondía al rancho Santa Elena, el terreno de los crímenes perpetrados por Adolfo de Jesús Constanzo, El Padrino.
En 1987 un investigador solicitó al FBI el archivo de La Mano de la Muerte. El expediente sólo tenía registrado un caso sucedido en la ciudad de Kentucky en 1937. La escasa información se debía a que el FBI no participó en las investigaciones de Henry Lee Lucas entre 1983 y 1985.
El cómplice
La niñez de Ottis Elwood Toole es un instructivo para fabricar una perfecta máquina de matar. Nativo de Jacksonville, Florida, nació el 5 de marzo de 1947. Su padre alcohólico dejó el hogar no bien se enteró que había traído al mundo una responsabilidad de la que estaba muy distante de asumir. Por lo tanto, el niño quedó a cargo de su madre, una mujer fanática de La Biblia, quien, para terminar de complicar las cosas, siempre deseó una hija, por lo que no tuvo empacho en vestir a Ottis con ropa de niña. La confusión de Ottis Toole se exacerbaría aún más a causa de su abuela, una satanista autoconfesa que llamó a su nieto El Hijo del Diablo. Quizá para estar más acorde con las palabras de su abuela, Toole desde niño cultivó una extraña afición: incendiar casas vacías en su vecindario de Jacksonville. Con el paso de los años dejó varias veces el lugar donde se había criado la mayor parte de su infancia, aunque siempre regresaba.
De acuerdo con su propia confesión, Toole asesinó por vez primera a los 14 años. ¿La víctima? Un agente vendedor, quien fue despojado de su auto, llevado al bosque, violado y finalmente asesinado. Sin embargo, Toole “se puso nervioso” y terminó por hundir al vendedor y a su auto en un pantano. Clasificado como retrasado mental, con un IQ menor a 70, fue expulsado definitivamente de la escuela cuando cursaba el octavo grado. Su primer arresto, por robo a mano armada, ocurrió en agosto de 1964, al cual siguió una amplia cadena que incluyó de todo: asalto, violación, agresión, exhibicionismo y, finalmente, homicidio. Fue precisamente en un periodo de libertad que decidió casarse, aunque su matrimonio duró sólo tres días: la novia, horrorizada por las extrañas tendencias homosexuales de Toole, decidió devolver el anillo de compromiso.
Para 1974, Ottis Toole viajaba en su vieja camioneta de un lugar a otro por los estados del oeste de la Unión Americana. Los familiares que visitó no recuerdan haber visto nada raro en el muchacho, pero las evidencias recabadas tiempo después revelaron que pudo estar involucrado en por lo menos cuatro homicidios ocurridos en la zona en los seis meses en que vagó por la región. Por ejemplo, la policía sospechó de él en el asesinato de Patricia Webb, de 24 años, acribillada en Lincoln, Nebraska, el 18 de abril de 1974. Diez semanas después, el 1 de julio, Shelley Robertson, también de 24 años, desapareció de Golden, Colorado; su cuerpo desnudo fue recobrado en Berthed, Vail, el 21 de agosto. Ted Bundy, el camaleónico asesino de mujeres, considerado el predador sexual más despiadado en la historia de Estados Unidos, a menudo es culpado de la muerte de Robertson, pero la última persona que vio con vida a la mujer –un policía– declaró que vio cuando Robertson aceptó un aventón de “un hombre de aspecto salvaje que manejaba una vieja pickup”.
El 19 de septiembre de 1974, un hombre armado irrumpió en un negocio de masajes de Colorado Springs. Una de las empleadas, Yon Lee, fue acuchillada en la garganta antes de que el asaltante procediera a violarla; después; Sun Ok, otra trabajadora, fue acribillada. El hombre roció alcohol a sus dos víctimas y les prendió fuego. Pese a todo, Yon Lee sobrevivió para describir a su atacante. Por razones no clarificadas del todo, la policía arrestó –y finalmente encarceló– a un soldado cuyas características físicas no tenían nada que ver con las descritas por la masajista. Mientras tanto, el 10 de octubre de ese mismo año, Ellen Holman fue raptada de Pueblo, Colorado, quien murió como consecuencia de tres disparos en la cabeza y su cuerpo arrojado en una carretera cercana a Oklahoma. Los investigadores creen que fue Ottis Toole quien apretó el gatillo.  
Dos años después, Toole conoció a Henry Lee Lucas en una cocina económica de Jacksonville, a quien invitó a su casa, donde bebieron, conversaron y tuvieron relaciones sexuales. Toole por fin había encontrado a su media naranja. Aquella noche compartieron recuerdos de asesinatos y al día siguiente salieron juntos de cacería. Para 1983, de acuerdo con los reportes de la policía, la pareja había atravesado varias veces la Unión Americana dejando tras de sí una gran cantidad de cadáveres.
Actividades secretas
El 14 de enero de 1977, Toole sorprendió a propios y extraños al casarse con una mujer 24 años mayor que él. La relación fue bastante bizarra desde el primer día. Novella –como se llamaba la flamante esposa– pronto se dio cuenta que tenía que acostarse no sólo con su cónyuge sino también con Lucas y los amigos que caían por la casa. “Pocas noches después de que nos casamos –relataría la mujer años después de haberse separado de Toole–, Ottis me dijo que se ponía bastante nervioso, especialmente cuando tenía que hacerla de hombre. Estaba furioso por su incapacidad de excitarse con una mujer”. El matrimonio se disolvió en 1978, por lo que Lucas y Toole decidieron mudarse a la casa de la madre del segundo, quien compartía gastos con su hermana Drusilla Powell y los hijos de ésta: Frank y Frieda.
La pareja de homicidas se empleó en una compañía contratista especializada en construir techumbres de Jacksonville. Eileen Knight, la entonces gerente de la empresa, recuerda que los dos hombres desaparecían frecuentemente, algunas veces durante semanas. “Ottis iba y venía, hasta que finalmente se marchó. Lo hubiésemos contratado, ya que era muy bueno en su trabajo”, dijo la mujer. Otra patrona temporal del dúo, Betty Goodyear, declaró: “Salían del pueblo, desaparecían. Se iban en el carro viejo de Toole. Creo que lo utilizaban para robar, ya que siempre cargaban una buena cantidad de dinero”. Por ese entonces, Tool introdujo a Lucas en el culto satánico denominado La Mano de la Muerte.
La madre de Toole falleció en mayo de 1981 después de una cirugía. Como sea, Ottis sintió mucho esta pérdida, tanto que todas las noches acudía al cementerio a remover la tierra de la tumba de su progenitora para recargarse en su cuerpo. Poco tiempo después, la hermana de Ottis, Drusilla, murió a causa de una sobredosis de droga –en lo que se considera un probable suicidio– y los hijos de ésta fueron llevados a distintos hogares juveniles.
Solo por primera vez en muchos años, con Henry Lee Lucas purgando una condena por robo en Maryland, Toole se perdió en la bebida y en el consumo de píldoras, una época de rabia que desembocó en la desaparición, el 27 de julio de 1981, del niño Adam Walsh, de seis años, mientras salía de una tienda departamental en Hollywood, Florida; la cabeza cercenada del niño se recuperó en el canal de Vero Beach el siguiente 10 de agosto.
Lucas salió de la cárcel en octubre y la pareja ayudó a escapar del hogar juvenil Polk County a Frieda Powell, quien se unió al equipo. En enero de 1982 las autoridades ubicaron a Frieda en Jacksonville, sin embargo, cuando llegaron, la joven había huido en compañía de Lucas. Toole se sintió decepcionado y vagó para olvidar; en el ínterin se presume que reclamó nueve víctimas en seis estados entre enero de 1982 y febrero de 1983.
El 23 y 31 de mayo de 1983 dos casas fueron incendiadas por Toole en Jacksonville. Dos adolescentes lo señalaron como el responsable y, al ser aprehendido, confesó que calculaba haber incendiado 40 casas en el transcurso de dos décadas. Convicto por esos delitos, fue condenado el 5 de agosto de 1983 a 20 años de prisión. Coincidentemente, Lucas había sido arrestado en Texas y tanto él como su socio Ottis Toole empezaron a vaciar el saco de las confesiones, cada quien por su lado. Las declaraciones de Toole ayudaron a “aclarar” 25 asesinatos en 11 estados, además de que admitió su participación con Lucas en otros 108 homicidios. El tema del canibalismo también quedó al descubierto, así como sus intereses en el satanismo, aunque nunca denunció a sus presuntos correligionarios del culto.