La guerra de los mundos: testamento del engaño

Con base en las encuestas que surgieron después de la “invasión marciana” de 1938 se estima que, de casi 1.7 millones de personas que escucharon la transmisión de Welles, cerca de 1.2 millones sufrieron sobresaltos en nivelas variables. Algunos quedaron paralizados en sus propios sillones y otros salieron huyendo con rumbo desconocido

POR Opera Mundi

Con base en las encuestas que surgieron después de la “invasión marciana” de 1938 se estima que, de casi 1.7 millones de personas que escucharon la transmisión de Welles, cerca de 1.2 millones sufrieron sobresaltos en nivelas variables. Algunos quedaron paralizados en sus propios sillones y otros salieron huyendo con rumbo desconocido

Welles_1I blast like H.G. Wells: War of the Worlds/ Koto Chotan by RZA (genius.com)

El 30 de octubre de 1938 muchos estadounidenses entraron en pánico tras escuchar un programa de radio que hablaba de un aterrizaje de naves marcianas en la granja Wilmuth, de Grovers Mill, en Nueva Jersey. Aquellos que vivían cerca del lugar de la invasión parecían ser los más asustados, aunque la transmisión radiofónica causó histeria en la mayoría de los estados de la Unión Americana. El programa incluía referencias de lugares, carreteras y calles verdaderos. Asimismo contaba con locutores prestigiosos, efectos especiales convincentes y boletines especiales de apariencia real.

Nada era cierto…

El drama fue producido por un actor prodigioso que en ese entonces tenía 23 años: George Orson Welles, quien estuvo acompañado en su aventura por un grupo pequeño de actores y músicos, en un estudio de la ciudad de Nueva York del Columbia Broadcasting System`s (cbs) Mercury Theater. El guión había sido escrito por Howard Koch, quien se basó libremente en el libro La guerra de los mundos (1898) del autor de ciencia ficción Herbert George (HG) Wells. En la novela original de Wells, los marcianos aterrizaban en Woking, Inglaterra, no en Estados Unidos. Pocos radioescuchas de aquella época conocían la obra del escritor inglés, por ello el programa de la invasión marciana los desvirgó ante el terror sideral. Setenta y dos años después de la ocurrencia de Orson Welles, la transmisión de La guerra de los mundos mantiene su vigencia como el engaño más grande que haya tenido lugar en Estados Unidos –y quizá en la historia del mundo— y continúa programándose año tras año en las vísperas del Halloween norteamericano.

 

“Testimonios” extremos

Mucha gente parece olvidar que la “invasión” marciana fue algo más que un sobresalto pasajero. Es un testamento de la notable capacidad de los medios de comunicación para crear expectación y percepción prácticamente de la nada. Un marco de referencia personal posee una influencia fuerte de estímulos externos que son interpretados e interiorizados en forma de realidad. La percepción es altamente inaprehensible y sujeta a error. Tal efecto enfrenta enormes variaciones bajo situaciones de presión, ambigüedad e incertidumbre. Un mensaje de esa naturaleza no puede ser sobreenfatizado, pues de lo contrario es capaz de producir distorsiones visuales, comunes en muchos reportes de fenómenos religiosos, avistamiento de objetos voladores no identificados y encuentros con el Yeti.

En su connotado estudio (The Invasion From Mars) acerca del pánico marciano, el psicólogo de la Universidad de Princeton, Hadley Cantril, discute la variabilidad extrema de los testimonios de quienes vivieron la “invasión” del 30 de octubre de 1938. Por ejemplo, una persona estaba convencida de haber olido el gas y sentido los rayos térmicos descritos en la narración radiofónica de Welles, mientras que otra sufrió desmayos a causa del mismo “gas”. Durante la transmisión varios escuchas reportaron a la policía las maniobras “de los marcianos, aterrizando sobre las empalizadas de Jersey”. Después de corroborar varias descripciones de pánico, la policía reportó que una mujer de Boston vio el fuego descrito en el radio; otras personas dijeron haber escuchado los disparos de las armas marcianas. Un hombre incluso subió a la azotea de un edificio de Manhattan y con sus binoculares vio “las llamas de la batalla”.

 

Psicosis colectiva

Welles_2The War of the Worlds on Podcast: How H.G. Wells and Orson Welles (www.openculture.com)

La transmisión de Orson Welles también nos recuerda que la mente humana no funciona como las cámaras de video, que captan cada dato en un campo de visión. La gente interpreta la información de acuerdo a como ésta se procesa. Entre los reportes que produjo La guerra de los mundos destaca el caso de Jane Dean, una joven devotamente religiosa, quien aseguraba “que las flamas que circundaban a la nación eran las flamas del fin del mundo”. En realidad, la transmisión de Welles jamás mencionó que hubiera flamas en algún lugar.

Con base en las encuestas que surgieron después de la “invasión marciana” de 1938 se estima que, de casi 1.7 millones de personas que escucharon la transmisión de Welles, cerca de 1.2 millones sufrieron sobresaltos en nivelas variables. Algunos quedaron paralizados en sus propios sillones, otros empacaron sus pertenencias, unos más cargaron sus armas y hubo quienes salieron huyendo en sus vehículos con rumbo desconocido. Hay estudios que demuestran que la noche del programa la gente condujo sus automóviles a exceso de velocidad.

Lo cierto es que al día siguiente de la guerra de los mundos, aunque los periódicos informaban de suicidios y ataques al corazón de personas aterrorizadas, el evento ya pertenecía al folklore norteamericano. La radio, que durante la Segunda Guerra Mundial probaría ser un medio de comunicación poderoso en lo que a enajenación ideológica se refiere, había hecho de las suyas en Estados Unidos, elevando 40 por ciento las llamadas telefónicas entre familiares en la hora que duró la transmisión.

Pero también las estaciones de policía recibieron llamadas telefónicas al por mayor; al igual que los servicios médicos, los cuales eran inquiridos acerca de si requerían donantes de sangre; cientos de personas se comunicaron a la Columbia para felicitarla por su excitante programa de Halloween, además de que centenares de escuchas se llamaron para comentar el asombroso despliegue de aptitudes de Orson Welles y su equipo.

En lo que están de acuerdo los teóricos de la comunicación es que el radiodrama de 1938, que tuvo como tema la invasión marciana, debe considerarse como la inauguración de la penetración de los medios en la conducta humana. Independientemente de que hayan sido decenas, centenas, millares o millones de personas aterrorizadas por la llegada de lo desconocido, una cosa era innegable: que los medios tenían la capacidad de distorsionar la percepción del público.

 

Unificación nacional

Welles_3WTCT Players to do The War of the Words (cjonline.com)

A más de 60 años de que Marte invadió la Tierra, sólo las personas ignorantes asumirían que un evento de la naturaleza propuesta por Orson Welles no puede volver a ocurrir. El pánico masivo y la creación artificial de delirios son el pan nuestro de cada día en los medios de comunicación actuales. Por ejemplo, ¿ya nadie recuerda la angustia que causó el chupacabras hace apenas unos cuantos años? ¿O la campaña de linchamiento político encabezada por una televisora privada a raíz del asesinato del animador Paco Stanley? No nos hagamos, todos somos víctimas propicias y potenciales de quienes dirigen, con o sin escrúpulos, los medios de comunicación masiva.

De hecho, el impacto en el público de La guerra de los mundos no concluyó con la emisión del radiodrama de 1938. El 12 de noviembre de 1944, es decir, seis años después del programa de Orson Welles, la población de Santiago, en Chile, cayó en el mismo garlito, donde la gente incluso levantó barricadas en las calles con el propósito de salvaguardar sus hogares de la invasión marciana. En 1949, en Quito, Ecuador, la población corría despavorida por las calles, huyendo de los mortales ataques gaseosos de los marcianos.

Sin embargo, el miedo puede tener varios disfraces, no necesariamente el de los marcianos. En la primera década del siglo XXI, la población del mundo es cada vez más dependiente de la información que los medios de comunicación presentan. La aceptación o no de un producto radica en el envase en que se ofrezca al público. La guerra de los mundos presentada por Orson Welles en 1938 también tuvo como objetivo crear un sentimiento de unificación nacional frente a la incertidumbre que significaba lo “otro”, lo desconocido, lo que provenía de fronteras ajenas a Estados Unidos. A partir de ese momento, los medios de comunicación han servido, asimismo, para crear fracturas sociales. Todo depende de los designios e intereses de quienes detentan el poder de los cada vez más cuestionables medios de comunicación.

 

Noviembre 4, 2010.