No tengo masturbante que mis letras

POR Mariana Molina
Me despojo de las tareas que cotidianamente pesan sobre las fronteras de mis hombros, me recuesto sobre mi propio cuerpo dejando caer la impaciencia sobre mis manos, escribo al tacto una sensibilidad que me conmueve explorando el pasado en mi piel, desemboco ansiosamente hacia las sensaciones amorosas donde me perdí, me distraigo con el sonido de mi respiración que se suspende en espasmos temblorosos…todo lo que es palpable se presenta como un deber.
Libre de refugios me escondo entre las ganas desnudas que lamieron lenguas a mi paisaje, organizo al descuido para leerme entre versos encendidos con cursivas a mis gestos, pronuncio al desencuentro que me viste.
Mis manos me dictan el movimiento de los cuerpos sobre mi cuerpo, invención de seres que me descubren detrás de las cortinas de humo que recuerdo, entran en mí como la noche erecta que me sorprende, la oscuridad revienta las tiniebla abiertas dentro de mis ojos. En la punta de mis dedos gotea humedad que bebo como fuente del vino que me embriaga.
Mi pensamiento pretende atravesar la desmemoria que me persigue, desconocida asalta violentamente la polvadera osada de mis sentimientos clamando presencia a mi necesidad, no cabe en mi mano su ausencia, golpea como piedra el hueco frio de caricias, criaturas descarnadas que se venden por un poco de calor, marejada que pone los dedos en la llaga, abandonada de emociones me alcanza su lamento, oírlas es el tormento de verlas por primera vez, nadie las amó al amarse en ellas, gozo en suturas predestinadas al placer sin amor envejecieron. Cuánto les pesa que no las amen todavía.
Me niego a su leve pena, no quiero gastar las horas en veracidad, nada puedo hacer contra su desdicha, de la verdad no quiero sino herejía. Obedecen a mi alma que es luz transparente que soy yo cuando amo, herida que impido aflija mi mente. Le doy paz a su destino… me elevo sobre las cumbres de mi voluptuosidad tibia jugando con sus pezones, late sangre apresurada por mis sienes que ensucian los pensamientos volviendo a coger mis manos.
Todo emerge alrededor de mis labios que se saben perpetuos, buscando lo que no tienen se muerden punzantes. Cada cuenca se siente absurdamente consciente de sí misma, sacudiéndose agresiva como si fuera a romperse, involuntaria… siguiendo creativa la lluvia caliente que escurre, cae excesivamente sobre mi tacto bajo las sensaciones que me envuelven, quedando allí, asoman ruidos que evidencian pensamientos en sucesos.
Ni atenta ni distraída dispersa entre la llovizna, hacia adentro de mi placer se retuercen mis sentidos sofocantes, relámpago de calor que cruza mi cuerpo, rumor que suda instantes de vaivén a los que regreso, mi olor emana apariciones que penetran con mis dedos, delicia delirante que gime lamentos dolorosos, piedad de orgasmo.
Vencida abro los ojos a la realidad que me parece siempre extranjera, sigo en las profundidades de mis abismos, comienzo a sentir un viento frío sobre mis manos descalzas, atajo que expone mi desnudez como su imagen, tengo la sensación de que estoy resucitando, cubro el cuerpo de mis letras con elevación de insomne desvelo, me dispongo a culminar lo que queda de la pasión desbordante que me seduce en el papel donde escribo, sigo mirándome en cada letra, revelándome ante mis propios misterios, silenciosa intimidad que denuncia mi existencia.