Suicide Girls: de la anti Barbie a la Alternative Barbie

POR Andrea Mireille
Definida como la versión punk rock de la revista Vogue, en nueve años de existencia Suicide Girls rápidamente sobrepasó a los demás sitios por su discurso casi revolucionario y protofeminista, un éxito que transformó a la página en un jugosísimo negocio

Chuck Palahniuk describe en su novela Survivor a un tipo de chica que definió como suicide girl: “Agresiva, salvaje, que llora en cabinas telefónicas por ti, pero que jamás te llamará porque no necesita a nadie”. Esa frase y las chicas de Portland, Oregon, que “eran distintas pero no necesariamente encajaban en ninguna subcultura”, inspiraron a Selena Mooney, hoy Missy Suicide, a lanzar un sitio de Internet que hasta las feministas adorarían; redefiniría la belleza, libertad y empoderamiento de la mujer por medio de la pornografía softcore y el estilo pin-up. Así surgieron las chicas suicidas,  modelos con el cabello teñido en colores excéntricos, poseedoras de mohawks, rastas, muchos tatuajes y perforaciones, las cuales organizan sus propios sets fotográficos y llevan blogs personales para exponer sus ideas respecto a la mujer, la política y diversos temas de interés.
Con la piel rayada, perforada, sus cabelleras salpicadas de colores brillantes, poses provocativas y actitud “rebelde”, Suicide Girls se convirtió en objeto de culto del alternative porn, género también conocido como alterna porn, indie porn o simplemente alt. El término se refiere al tipo de pornografía independiente soft y hard, que agrupa modelos de minorías pertenecientes o no a distintas subculturas: punk, ravers, goth, metal, emo, entre otros. El sitio fue lanzado en 2001, definitivamente un buen año para el alt porn, que vio el surgimiento de sitios con la misma fórmula: Burning Angel, Supercult, y  FrictionUSA.

Definida como la versión punk rock de la revista Vogue, Suicide Girls rápidamente sobrepasó a los demás sitios debido a su discurso casi revolucionario y protofeminista, el cual resultó todo un éxito que transformó a la página en un jugosísimo negocio, en una flamante mercancía bien colocada en un mercado que incluye cobro mensual por membresía (de nueve hasta 20 dólares, aproximadamente) videos en DVD, cenas con las chicas, línea de ropa propia, libros y espectáculos de burlesque, todo revestido de girl power. Lo que comenzó como un sitio “alternativo y diferente” pronto se convirtió en marca registrada, en producto de consumo.
Pese a contar con las alabanzas de Palahniuk, Spin, The New Yorker, Fence, Wired y muchas publicaciones más, se descubrió que tras todo ese poder femenino las bases ideológicas y su famosa actitud woman friendly no eran más que parte de su estrategia de mercadotecnia. Esto salió a la luz en 2005, año en que Suicide Girls fue motivo de escándalo y controversia, que los medios estadounidenses llamaron Suicide Girls Revolt. Todo comenzó cuando varias chicas, entre ellas las más populares del sitio, renunciaron. Pioneras de la estética suicide, Apnea, Sicily y Dia salieron de Suicide Girls para convertirse en enemigas acérrimas del sitio, desprestigiándolo públicamente en cuanta ocasión se les presentó para después encontrar refugio en Gods Girls. De esta manera se supo que el administrador del sitio es un hombre, Sean Spooky Suhl, mientras que las funciones de Mooney se limitaba a ser la figura pública, una especie de vocera que de cuando en cuando realizaba algunas sesiones fotográficas. El rumor se esparció rápidamente y Missy tuvo que dar la cara y aceptar que Suhl era cofundador y, efectivamente, administrador del sitio, lo cual jamás quedó de manifiesto hasta que la polémica se desató.
Putas sin talento

El asunto no quedó allí, en total 40 chicas abandonaron SG debido a un conflicto de intereses y a una pésima relación con Sean, a quien acusaron de mantenerlas encerradas e insultarlas durante la primera gira del show de burlesque; de acuerdo con los testimonios, le gustaba motivarlas llamándolas constantemente “putas sin talento, gordas y feas”. Además describieron a Spooky como “verbalmente abusivo, machista y misógino: “La gente debe saber que le da dinero a un hombre que trata a las mujeres como basura”, sentenció  Sicily.
Los escándalos dejaron de ser noticia en 2006, momento en que Philiphe Warner, mejor conocido como Lithium Picnic, quien fue el primer fotógrafo masculino en Suicide Girls, famoso por su estilo fetish y por ser a quien se le atribuye la creación del estilo suicide, abandonó el proyecto sin explicación alguna, lo que puso en duda la reputación del sitio.
Niñas malcriadas

En Suicide Girls sale a relucir un viejo problema, la falta de congruencia: su discurso liberador y feminista es justo eso, palabras. SG siempre se ha jactado de mostrar diferentes tipos de belleza; sin embargo, cuando uno navega por el sitio es notorio que se hizo a un lado el estereotipo dominante para imponer el propio: chicas intensamente pálidas, delgadas, tatuadas, teñidas y perforadas. El sitio es más excluyente que Playboy o Hustler. Es muy difícil, prácticamente imposible, encontrar entre las casi mil 800 modelos chicas de raza negra, latinas o asiáticas; igual de complicado es encontrar una silueta rellena; las formas corporales prácticamente no varían. Se cambió el bronceado artificial y las tetas falsas por la palidez y las perforaciones: la anti Barbie convertida en la alternative Barbie se convirtieron en lo que decían odiar. Para rematar, las imágenes exhibidas en el sitio no son tan amateurs como se presume, ya que las chicas constantemente alaban a los editores y photoshoppers del staff SG.
Uno de los argumentos más repetidos es que su sitio es diferente a uno de pornografía estándar porque, además de contar con foros y una comunidad que incluye a muchas mujeres (43 por ciento, de acuerdo con sus cálculos), las modelos expresan en sus blogs sus ideas sobre temas diversos; lo cierto es que cuando uno lee sus post los interesantes y profundos tópicos versan en cómo progresa la recuperación del nuevo tatuaje, cómo luce el nuevo tinte, lo mucho que les emociona su espectáculo burlesque o su disgusto por el clima.
El sitio invita a redefinir la belleza y supuestamente empodera a la mujer: la libera a través de su cuerpo; curiosamente, lo hace exhibiéndola, explotando los estereotipos que reducen su sexualidad a un mero cliché; pareciera que no existen formas más interesantes e inteligentes para lograr que la mujer tome conciencia de su cuerpo y sus ideas, como si no hubiera maneras más allá de la desnudez y el tatuaje. Además, seamos realistas; que una mujer se tome fotografías despojada de ropa e inhibiciones en posiciones sugestivas, sintiéndose llena de poder y libertad, no significa que quien está al otro lado del monitor masturbándose vaya a respetarla más. ¿Realmente se gana más libertad y respeto en un show de burlesque? ¿Acaso tatuarse y teñirse el pelo de colores chillantes es sinónimo de rebeldía? No está mal desnudarse ni mostrar el cuerpo o decidir que se quiere hacer con él –esto incluye la pornografía, desde luego—, pero la liberación femenina vía explotación sexual, estereotipos y gratificación masculina, es altamente cuestionable. En el fondo SG no engaña a nadie, es pura exhibición bajo eufemismos y discursos huecos pro sexo,  woman friendly, pero con la misma cosificación, eso sí, con un toque “rebelde y alternativo”.
La prueba es que SG no sólo esta muy cerca de los estereotipos de belleza aceptados, sino que poco a poco se ha ido insertando en el mainstream. Constantemente se rumora que algunas de sus modelos ya han aparecido en el sitio de Playboy. Al igual que en la pornografía de la vieja escuela, en SG todo es posado, artificial, ridículo –acaso sin penetración y con menos silicón. La diferencia entre las poses de una playmate y una suicide son mínimas. De hecho, Missy sólo objeta a Playboy que no aparezcan mujeres parecidas a sus amigas y revela que el motivo  principal para crear la página era el deseo de ver “chicas desnudas y ardientes”
Más allá de escándalos, rumores, enfrentamientos y desaprobación de las feministas, SG con sus proclamas light y rebeldía descafeinada, es como todos lo sitios porno, lo cual no sería desagradable si no fuera porque  tetas y culos continúan por encima de la personalidad e inteligencia que tanto dicen exaltar. Un lugar donde el establishment del porno no ha sido eliminado, sólo sustituido; una fórmula que ha comenzado a repetirse ad nauseam en infinidad de foros y sitios (Beautiful Agony, I Shot Myself, Punk Rock Girlfriend y un largo etcétera), logrando que hasta la mejor carne termine por perder su sabor.
Las autonombradas “hijas de Betty Page” (quien jamás se valió de poses feministas o discursos de género para llegar a donde está), no son más que un puñado de niñas malcriadas, showgirls cuya vacuidad y falsedad de apariencia y discurso hacen que el suicidio ya no parezca una buena opción, lo convirtieron, literalmente, en la puerta falsa. Ya lo decía Mae West al notar la carencia de talento e inteligencia en sus jóvenes rivales: “¿Qué pueden hacer esas pobres chicas después de quedarse desnudas salvo volver a vestirse?”