Alice: cuando Tom Waits visitó Wonderland

POR Andrea Mireille
He aquí un disco tan hermoso como terrorífico sobre un amor sentenciado y maldito que se desarrolla en un lugar donde todo puede pasar: Wonderland, donde Waits llegó sin tocar la puerta, para absorber la demencia de la comarca y mezclarla con la suya. El resultado es un álbum exquisito e ideal para alejarse de los estrechos caminos de la razón y extraviarse en la locura

Decía Lewis Carroll que su obra no era producto de una fantasía descontrolada sino la consecuencia del pensamiento perfectamente lógico sin freno. De acuerdo con el autor, los objetos observados con una óptica carente de normatividad nos llevan a percibir significados imposibles de apreciarse a través del filtro estereotipado de la razón. Lo cierto es que algunas de las mejores creaciones provienen de situaciones y personajes torcidos. ¿Qué puede surgir de una relación prohibida entre personas separadas por la edad y unidas por un mito? La respuesta es Alice (2002), producción de Tom Waits que recoge las canciones inspiradas en el musical homónimo de Robert Wilson.
Surgido en 1992 como un proyecto teatral de carácter expresionista, son muchas las anécdotas alrededor de la puesta, como el robo –vía cristalazo— de los demos en el interior del auto de Waits, el pago de 3 mil dólares como rescate por las cintas y la aparición de dos álbumes no autorizados con las versiones empleadas en el Thalia Teather (Alice, The Original Demos y Alice), canciones demasiado locuaces y poco pulidas que jamás planearon grabarse, así como el rodaje de los documentales Vision’s d’ Alice (Francia,1993) y Alice (BBC de Londres, 1993). Tantos incidentes provocaron que se le considerara una obra maestra perdida, además de tuvieron que pasar diez años para que  la producción viera la luz. En consecuencia, Alice es un disco netamente teatral, un recorrido hermoso y terrorífico a través de la inigualable voz y visión de Tom Waits; en él se funden los mitos e interpretaciones de la polémica relación entre Alice Pleasence Liddell y Lewis Carroll, quienes vivieron siempre a la sombra del escándalo y la duda. Por medio de esta historia, Waits llega de visita a Wonderland y absorbe la locura del lugar para mezclarla con la suya; el resultado es una espiral de sentimientos y canciones por las que el escucha desciende de la misma manera en que la protagonista cae por la madriguera del conejo blanco.
Así, la obra teatral y el disco exploran los sentimientos de Charles Lutwidge Dogson (Lewis Carroll) hacia Alice Liddell, musa y obsesión del autor de Alicia en el País de las Maravillas y A través del espejo. Centrados en dichas figuras, Carroll aparece encarnado en el conejo y el caballero blanco, los encargados de guiar a la niña en su travesía por Wonderland, y al otro lado del espejo los personajes se embarcan en un viaje sin retorno, a un lugar extraño y lleno de sorpresas. En el musical, a la mitad de cada acto, se ve a Alice bebiendo vieja y sola, mientras que Carroll aparece enloquecido, insomne y también solo. En la conclusión de la obra, ambos son juzgados y declarados culpables por la relación que sostienen, pero antes de ser castigados, Carroll y los habitantes de Wonderland desaparecen y dejan abandonada a la pequeña, quien aparece envejecida, olvidada.
Deseo y obsesión

Mezcla de fantasía, surrealismo y drama, el álbum nos conduce a través de 15 cortes a lugares y situaciones extravagantes, saturadas de imágenes tiernas pero también grotescas e inquietantes. El disco, asimismo, combina estampas puras y sórdidas con personajes siempre al borde de la locura. Un recorrido por la condición humana y la historia de dos personajes enredados en una relación imposible: inducidos por el deseo y la obsesión, son arrastrados a un amor maldito, condenado al fracaso; Dogson intenta resistirse a sus impulsos y deseos más oscuros, sólo para terminar entregándose a ellos, aun con el conocimiento de que eso llevará a ambos a la perdición.
Esta producción es una de las más Conocidas y alabadas de Waits, debido a los giros que presenta la obra de Carroll, así como un regreso a los sonidos del jazz, que se mezclan con instrumentos como el violín circular, instrumento de origen japonés, y el pump organ. Alice, tema que abre el disco, anuncia lo inevitable, lo que está por venir; muestra la obsesión de Dogson (Carroll), quien patina sobre un estanque congelado, trazando el nombre de su amada una y otra vez hasta que el hielo se quiebra, cae al agua helada y agoniza pensando en ella y en la imposibilidad de estar a su lado: And so a secret kiss/ Brings madness with the bliss/ And I will think of this, when I’m dead in my grave. Lo que también puede apreciarse en Fish & Bird; Though I know that we both must part/You can live in my heart y I’m Still here You haven’t looked at me that way in years. But I’m still here.
La primera, una hermosa y melancólica balada en la que un marinero relata el amor imposible y contra toda naturaleza, entre un ave y una ballena (nótese la alegoría); la segunda es una súplica de Alice a Carroll para que no la olvide –con este tema concluye el musical— y Barcarolle relata aquella excursión en el Támesis que dio origen a Alicia en…, a la par que confirma los sentimientos de Dogson: And I belong only to Alice. Fawn, corte instrumental que no fue incluido en la puesta confirma la melancolía y añoranza de los personajes, mientras que Lost In the Harbour y Flower’s Grave revelan una profunda angustia y melancolía ante la separación y la muerte, que se plasma en el triste destino de la flores y su miedo a marchitarse y morir.
And if we are to die tonight
Another rose will bloom
For a faded rose
Will I be the one that you save?
La neurosis del conejo blanco

Aunque el disco parece por momentos demasiado nostálgico y sombrío, también está lleno de locura y desenfreno. Prueba de ello es el frenesí del conejo blanco en Kommienezuspadt, tema en el que se combinan alemán –“SEI PUNKTLICH” (Se puntual)— e inglés and we can’t be late, con sonidos incoherentes que, de acuerdo con el cantante, la gente ha confundido con rumano o finlandés, para continuar con Table Top Joe, pieza en la que aparece el Waits amante del vaudeville. Cantada por la oruga en la puesta de Wilson, es una historia de superación personal: And the man without a body/ Proved everyone wrong/ I was rich and I was famous/ I was were I belong. La canción está inspirada en uno de los personajes favoritos del artista, Johnny Eck (también mencionado en The Black Rider), el pianista sin piernas y actor de la película Freaks (1932).
El disco se torna oscuro con piezas como Poor Edward, acerca de la historia de Edward Mordrake, personaje de la realeza que nació con un rostro en la parte posterior de la cabeza. Vivió 22 años unido a lo que él llamaba su “gemela diabólica”, hasta que decidió suicidarse: It was his devil twin/And at night she spoke to him/ Things heard only in hell. Si bien estos personajes no son creación de Carroll, Wilson y Waits decidieron poner sus historias en la obra dada su excentricidad y carácter trágico y bizarro.
We’re all mad here es una versión siniestra de la fiesta de té con el Sombrerero Loco y la Liebre de Marzo cantando sobre decadencia física, moral y de cómo nada está destinado a durar: And you’ll die with the rose still on your lips/And in time the heart-shaped bone that was your hips.
Watch her dissapear es deseo puro, evocación basada en una de las tantas noches de insomnio de Lewis Carroll (solía escribirle a Liddell en esas noches), en la que Alice es descrita no como una niña sino como un ser sexual: And from a window across the lawn/I watched you undressed, que se complementa con Reeperbahn, corte que hace referencia al famoso centro de la vida nocturna y zona roja de Hamburgo; la canción regala personajes decadentes, víctimas de sí mismos: Hustling and Easterner/Bringing out the beast in her.
Sin pasar por alto los poderosos gritos en Everything You Can Think, que anuncia la partida a Wonderland con el silbido de un tren mientras revela personajes y situaciones inusuales: flamingos rojos, vino caro y de buscar en el corazón el brillo (la inocencia y la vida) que se apaga poco a poco en nosotros: Dig deep in your heart for that little red glow/We’re decomposing as we go, sin duda la canción más surrealista y demente del disco, complementada por los lamentos en No One Knows I’m Gone, que refleja la tristeza de Alicia al caer por la cueva y sentirse ignorada.
Lo que ha muerto en nosotros

Lleno de risas y lágrimas, cubierto de inocencia y perversión, el disco revela lo ingenua y lúgubre que puede ser la condición humana. Ofrece personajes enfrentados a la obsesión, la locura, y sobre todo, a la pérdida de la inocencia, a la degradación que implica pasar de la infancia a la madurez; perder la candidez y la alegría para que rostro y espíritu aparezcan corrompidos, con la sonrisa perdida y el rostro envejecido. Esa dura e inevitable transición queda reflejada en Alice, un álbum monumental y de los más consistentes en la carrera de Waits.
De ternura desbordada, locura absoluta y sonidos con reminiscencias de Disney, el álbum crea un ambiente lleno de añoranza; de anhelo por lo que jamás podrá ser; es un réquiem por lo que ha muerto en nosotros y jamás volverá, lo que alguna vez fuimos. De atmósferas delicadas y podridas, Alice fusiona los mejores y más abominables aspectos presentes en cada uno de nosotros y en los niños, esos pequeños seres que en algún momento serán arrojados a un mundo donde no sólo se verán despojados de su inocencia, sino que descubrirán que la belleza, el amor, la intensa pasión, la locura y la desgracia pueden ser exactamente lo mismo. Justo en lo hermoso y lo terrible radican el poder y belleza del disco. Imposible enlistar aquí todos sus atributos, lo mejor es simplemente escucharlo, y aunque sea por una instante, perderse en mundo de amor, dolor, insensatez y locura, el cual visto de cerca, tal como lo expresó Carroll, no es más que la lógica llevada al extremo, pues el absurdo sin freno visto de cerca no es otra cosa que lo que llamamos normalidad.