El sueño de la Navidad

POR Óscar Garduño Nájera
 Semanas antes de la Navidad, frente al árbol apareció un muñeco de plástico que simulaba a un hombre gracioso de nieve. Los Serrano se acostumbraron a tan extraña presencia, ignorando que ésta sólo vendría a dar comienzo con el fin de las Navidades alegres
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Si las cuentas no fallan, hasta hace algunos años los Serrano solían disfrutar en grande de los preparativos para la Navidad. Días antes colocaban un gran árbol natural a la entrada de la casa y durante toda una tarde se dedicaban a colgar las esferas, previamente adquiridas en los almacenes García por la señora Serrano, así como las series de luces, las cuales enrollaban por entre las ramas con cuidado de no causar ningún daño.
Había entonces risas, muchas risas.
Cierto día, semanas antes de la Navidad, frente al árbol apareció un muñeco de plástico que simulaba a un hombre gracioso de nieve. Por supuesto, los Serrano se alarmaron (aun cuando entre ellos sorpresas así eran comunes); luego se acostumbraron a tan extraña presencia, ignorando que ésta sólo vendría a dar comienzo con el fin de las Navidades alegres.
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Días más tarde despidieron del trabajo a la señora Serrano y hubo que hacer recortes en el presupuesto destinado a la cena y los regalos. Repentinamente, las luces de colores en el árbol dejaron de tener alguna gracia y más bien comenzaron a resultar molestas, tanto por su fastidioso parpadeo, como por el desperdicio de energía eléctrica que representaban.
Incluso cuando no lo decía (sabía bien que su esposa lo tomaría por loco), el señor Serrano se levantaba de madrugada y hablaba con ese extraño muñeco de nieve proveniente de quién sabe dónde, empujado acaso por la decepción.
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La señora Serrano no encontró trabajo y pronto vio mermado el dinero de su liquidación; por lo mismo, el señor Serrano le brindó más su apoyo, aun cuando lo que él ganaba tampoco alcanzaba para mucho.
Antes de dormir, luego de apagar la televisión, los dos hacían esfuerzos por renovar sus esperanzas en un futuro mejor, y lo hacían porque lo único que les quedaba (además de ese gracioso hombre de nieve) era su amor.
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Quizás porque no hay peor desesperación que la padecida en silencio, en cuanto tuvo la oportunidad, una vez que bebió de más, el señor Serrano reprochó la falta de talento de su esposa para encontrar trabajo y lo mucho que él padecía al tener que sobrevivir día con día con lo poco que conseguía salvar de su quincena.
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La distancia entre los dos poco a poco fue en aumento y de aquellas risas frente al árbol de Navidad poco iba quedando.
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Hasta que cierta noche, los dos despertaron sobresaltados al escuchar que alguien tocaba a la puerta.
En cuanto el señor Serrano abrió vio a un escuálido hombre vestido con harapos, temblando de frío, quien luego de darles las buenas noches y pedir disculpas por la hora, dijo que ahí, en esa casa, tenían algo que le pertenecía, señalando con la opaca mirada al gracioso hombre de nieve.
La señora Serrano apareció detrás y pidió explicaciones: ¿cómo era posible que el muñeco fuera de él si a leguas se veía que era un muerto de hambre? El señor inclinó su triste mirada y justo estaba por dar la media vuelta y retirarse, cuando el señor Serrano lo tomó del hombro, cogió al gracioso hombre de nieve y lo puso en sus manos, luego de desconectar las series de luces del árbol. Por un momento, los tres permanecieron hundidos en una densa oscuridad, donde sus esperanzas se encontraron.
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Al llegar a su miserable casa, ubicada debajo de un puente vehicular, el señor abrió una puerta de cartón, despertó a su hijo de apenas ocho años, quien dormía en el suelo sobre hojas amarillentas de periódicos, y dijo que su regalo de Navidad se había adelantado, y que si bien no cenarían en varios días, al menos ahora podría contarle sus secretos al gracioso hombre de nieve.
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A la mañana siguiente, la señora Serrano enrolló las series de luces y las guardó junto con las esferas. Y si bien llegada la Navidad celebraron, de manera amarga, sin duda, nunca volvieron a reír en fechas así ni a encontrarse con otro hombre gracioso de nieve.