Las mujeres en los viejos cuentos de hadas

POR Terri Windling
En siglos pasados los cuentos de hadas no eran tan simples y azucarados, los finales felices no estaban garantizados y las heroínas no se sentaban pasivamente a la espera de ser rescatadas por un príncipe que pasaba por ahí

(Henry Fuseli)

Muchos estudiosos en el reciente siglo han intentado definir por qué los cuentos de hadas y las historias mágicas se pueden encontrar prácticamente en todas las culturas del mundo. Otros especialistas consideran a los cuentos mágicos como los intentos pre científicos para explicar el funcionamiento del universo, mientras que unos más ven en ellos remanentes de las religiones paganas o de los ritos tribales de iniciación; algunos más los interpretan como una disección de representaciones simbólicas feministas o de la lucha de clases. Lo más fascinante de los cuentos de hadas es que hay algo de verdad en todos estos diferentes puntos de vista. Existen muchas maneras de interpretar esas antiguas narraciones, ya sea como alegoría o metáfora, como arte o simple entretenimiento. No sólo la deconstrucción de un cuento de hadas es “correcta”, ninguna versión es la única “verdadera”. Los antiguos cuentos existen en muchas formas diferentes, cambiando y adaptándose de una cultura a otra, de generación en generación. Los cuentos en sí mismos son cambiantes: elusivos, misteriosos, mutables, capaces de adoptar muchas formas diferentes. Este hecho está en el corazón de su poder y es la fuente de su longevidad. Esto es también lo que los convierte en herramientas útiles para las mujeres artistas, escritoras y narradoras.

Sin versiones definitivas
(surlalunefairytales.blogspot.com)
J.R.R. Tolkien comparó los cuentos de hadas con los huesos de los que se extrae un caldo sabroso. Cada narrador mete su cuchara en ese caldero de burbujeante sopa y luego lo utiliza como base de un plato individual con especies y sabores. La sopa se ha estado cocinando durante siglos –no hay cocineros que podamos acreditar como los primeros autores de los cuentos de hadas, no hay una sola versión de cada historia que podamos llamar definitiva. A lo sumo, podemos señalar a los cocineros que han elaborado variaciones memorables de viejos temas comunes: la versión francesa de Cenicienta, por ejemplo, es la mejor variante conocida del ciclo de la “niña ceniza; La sirenita de Hans Christian Andersen es la versión más adorable de la antigua historia Undine; la casta entrega de La Bella Durmiente es una de las más conocidas por nosotros hoy en día (en comparación con las versiones más antiguas de la historia, en la que la princesa dormida es embarazada por su príncipe y no despierta de su sueño encantado hasta que da a luz a unos gemelos). Cada uno de estos cuentos de hadas clásicos se basa en temas que son universales. Las primeras versiones conocidas de Cenicienta, por ejemplo, se remontan a la China del siglo IX, también la encontramos en Medio Oriente, India, África e incluso en Norteamérica (en cuentos como La niña de rostro áspero, contado por la tribu algonquin). Mientras que el sabor de cada cuento puede cambiar de acuerdo con la cultura, los tiempos y el narrador, el corazón de la historia sigue siendo la misma, ya que en su esencia se trata de historias que hablan de los elementos básicos de la condición humana: miedo, valor, avaricia, generosidad, crueldad, compasión, fracaso y triunfo. Como resultado, sus temas son tan relevantes ahora como lo han sido por muchos siglos atrás.
El contexto femenino
(facebook.com)
Aunque ahora consideramos los cuentos de hadas como historias para niños muy pequeños, lo cierto es que esta apreciación es relativamente moderna. En la tradición oral, las historias mágicas eran disfrutadas por igual por escuchas jóvenes y viejos, mientras que los cuentos de hadas literarios (incluidos los más conocidos actualmente) se publicaron principalmente para lectores adultos hasta el siglo XIX. En Europa, los primeros cuentos de hadas publicados provienen principalmente de dos colecciones italianas: Las noches deliciosas de Giovan Francesco Straparola (1550-1553) y El cuento de cuentos de Giambattista Basile (1634-36). Estas historias eran sensuales, subidas de tono, violentas, moralmente complejas y destinadas a un público adulto. (Straparola, de hecho, tuvo que defender su colección de acusaciones de indecencia hechas por la Inquisición veneciana. Protestó que él sólo recontaba los cuentos que aprendió de un círculo de mujeres viejas.) Las colecciones italianas casi con certeza fueron conocidas por los escritores franceses del siglo XVII que crearon una moda de los cuentos de hadas para adultos en los salones literarios de París. Los escritores franceses de cuentos de hadas eran tan populares y prolíficos que cuando sus relatos fueron recogidos en el siglo XVIII, llenaron 41 volúmenes de una publicación masiva llamada Cabinet des Fées. Charles Perrault es el escritor francés de cuentos de hadas cuyas historias han merecido más atención, pero la mayoría de los cuentos de Cabinet des Fées fue elaborada por mujeres escritoras que asistían a los salones principales: Marie-Catherine d’Aulnoy, Henriette Julie de Murat , Marie-Jeanne L’Héritier y muchas otras. Eran mujeres educadas con un grado inusual de independencia social y artística y dentro de su uso de la forma del cuento de hadas se puede encontrar claramente una subversión e incluso un contexto feminista.
El papel de las hadas
(facebook.com)
Hoy, el salón de cuentos de hadas puede parecer curiosamente anticuado, pero para las audiencias del siglo XVII el rico lenguaje rococó de esas narraciones parecía deliciosamente rebelde, en un deliberado contraste con la manida restricción de obras aprobadas por la Academia Francesa (donde la inclusión de las mujeres estaba prohibida). El lenguaje barroco de los cuentos de hadas también cumplió otra importante función: disfrazar el trasfondo de las historias con el fin de que eludieran a los censores de la corte. Las críticas a la vida de la corte, e incluso del rey, fueron incorporadas en floridas utopías y en la oscuridad. No resulta sorprendente que los cuentos de las mujeres a menudo incluyeran jóvenes aristócratas, brillantes e inteligentes, pero cuyas vidas eran controladas por los caprichos arbitrarios de los padres, los reyes y viejas hadas perversas; aunque también en estas narraciones aparecen grupos de hadas sabias que intervienen y ponen las cosas en orden. Las hadas eran fundamentales en estas historias, y es a partir de ellas que el nombre de Contes des fées (Cuentos de hadas) fue acuñado, un término que ahora se utiliza para describir un cuerpo grande, internacional, de cuentos mágicos. Sin embargo, las hadas que pueblan los cuentos de salón no eran exactamente las mismas criaturas terrenales que se encuentran en la tradición popular oral. Comparten algunas de sus características (ejercían la magia y concedían deseos; pueden ser buenas o malas, útiles o caprichosas), aunque las de los cuentos son hadas claramente aristócratas, inteligentes, eruditas e independientes, gobernando por arriba de los reinos y presidiendo el funcionamiento de la justicia y el destino; tan inteligentes e independientes que gobernaron el mundo de los salones. En resumen, estas hadas pueden ser vistas como la representación de las escritoras que las crearon.
(Liliana Sanches/ princess-of-shadows/deviantart)
Los cuentos de hadas para lectores adultos fueron populares en toda Europa hasta bien entrado el siglo XIX, particularmente en Alemania, donde los hermanos Grimm publicaron su gran colección de cuentos alemanes de hadas (revisados y corregidos para reflejar los ideales patrióticos y patriarcales de los hermanos), proporcionando inspiración a novelistas, poetas y dramaturgos. Recientemente, los estudiosos de los cuentos de hadas han redescubierto la enorme cantidad de trabajo producido por las escritoras asociadas con los románticos alemanes: Grisela von Arnim, Sophie Tieck Bernhardi, Karoline von Günderrode, Julie Berger y Sophie Albrecht, por nombrar sólo algunas. En 1843 un grupo de mujeres intelectuales se reunió en Berlín para crear un salón de conversación de mujeres, modelado a partir de los salones de cuentos de hadas de París, reuniéndose semanalmente entre 1843 y 1848 (cuando la Revolución obligó a la desbandada). Las mujeres de la Kaffeterkreis, como eran llamadas, presentaban historias, obras de arte, composiciones musicales, y actuaban sus propias obras de cuentos de hadas para un público que incluía al monarca prusiano. Como Jeannine Blackwell y Shawn C. Jarvis han documentado en su libro El espejo de la reina: cuentos de hadas de mujeres alemanas, las escritoras publicaron más de 200 colecciones de este tipo de narraciones entre 1845 y 1900, muy lejos de la producción de sus colegas masculinos. Una historia completa de cuentos de mujeres alemanas de la época, sin embargo, aún no se ha publicado.
Versiones azucaradas
(recruiterpoet.com)
En la Inglaterra del siglo XIX, los avances en los métodos de impresión, junto con el surgimiento de una clase media próspera, generó una nueva y boyante industria de libros para niños. Eligiendo el material más sencillo, los editores ingleses pusieron las manos en los cuentos sutiles y sensuales para adultos de hadas de la tradición continental, los revisaron y convirtieron en historias simples que inculcaban los valores victorianos. Aunque estas versiones simplificadas conservaron gran parte de la violencia de las historias antiguas, los elementos de la sexualidad y la complejidad moral fueron cuidadosamente omitidos, junto con las enérgicas heroínas que aparecían por todas partes en los cuentos antiguos, domesticadas ahora en los modelos de propiedad victoriana. En el siglo XX, los estudios Walt Disney suavizaron todavía más los cuentos más populares en películas de dibujos animados como La Bella Durmiente y Blanca Nieves, continuando la tendencia de convertir a heroínas activas en sumisas doncellas en apuros. Walt Disney consideró incluso las versiones victorianas de los cuentos demasiado oscuros para el público del siglo pasado. “Es sólo que ahora la gente no quiere los cuentos de hadas de la manera en que fueron escritos”, explicó Disney. “Eran muy duros”.
Conforme avanzó el siglo XX, los cuentos de hadas fueron empujados más y más hacia la guardería, al publicarse en ediciones infantiles influenciadas por las versiones victorianas y de Disney. El género llegó a ser visto como un simple compendio de historias absurdas, sexistas, en las que jóvenes pasivas, obedientes y hermosas crecían para casarse con ricos y encantadores príncipes. Quedó en el olvido que en siglos pasados los cuentos de hadas no eran tan simples y azucarados, los finales felices no estaban garantizados y las heroínas no se sentaban pasivamente a la espera de ser rescatadas por un príncipe que pasaba por ahí. Los cuentos de hadas del pasado habían atisbado resueltamente las partes más oscuras de la vida: la pobreza, el hambre, el abuso de poder, la violencia doméstica, el incesto, la violación, la venta de mujeres jóvenes al mejor postor en forma de matrimonios arreglados, los efectos de nuevo matrimonio en la dinámica familiar, la pérdida de la herencia o la identidad, la supervivencia a la traición o la calamidad.
Pacto con el diablo
(stellasmagazine.com)
A diferencia de los cuentos de hadas “disneyficados”, echemos un vistazo a una historia más antigua que se encuentra raramente en las colecciones de los niños: La niña sin manos. La trata de algo como esto: un molinero pobre se reúne con el diablo en el bosque y éste le promete un costal de oro a cambio de lo que está detrás de su molino. El molinero asienta, pensando que sólo regalará un árbol de manzanas, aunque en realidad él ha prometido a su hija, quien en ese momento se encuentra barriendo el patio detrás del molino. El diablo regresa por la niña, pero la encuentra tan pura que no puede tocarla. “Aleja toda el agua de ella”, indica el diablo al molinero, “y me la llevaré cuando vuelva”. El molinero lo hace, pero la niña llora y se lava el rostro con sus lágrimas”. “Córtale las manos”, ordena el diablo, “para que no pueda lavarse con ellas”. El molinero corta las manos de su hija, pero la chica se mantiene limpia y pura, y la tercera vez que el diablo regresa pierde todo derecho a ella.
En este punto, los padres de la niña se regocijan y se preparan para vivir el resto de sus días en el esplendor. Pero la muchacha sin manos se niega a ser su hija por más tiempo. “Usted me vendió al mismísimo diablo”, reclama. “Haré mi propio camino en el mundo”. Sin manos, con los pies descalzos, vive como un animal en el bosque y desfallece de hambre, incapaz de alimentarse por sí misma, hasta que llega al jardín de un rey, lleno de árboles de peras que han caído al suelo. El hijo del rey investiga el robo nocturno de la fruta real, descubre a la doncella sin manos y la trae al palacio a vivir. Aunque no está completa, la joven es amable y noble, y muy pronto el príncipe se enamora de ella. Le regala un hermoso par de manos de plata y luego se casa con ella.
En una película de Disney, la historia terminaría en esta parte, pero no en este antiguo cuento de hadas. La transformación de la heroína no es completa, la verdadera cura no ha ocurrido. Las manos de plata dan a la joven sólo una apariencia de totalidad, las manos son inútiles, y cuando da a luz a un niño, ella no puede cuidar de él. El príncipe se ha ido a la guerra en este momento y le es enviada una carta para darle la feliz noticia. Pero aquí la desgracia ataca de nuevo, en forma de celos de la propia madre del príncipe. Una carta falsa es sustituida, donde se informa al príncipe que su esposa ha dado a luz a un monstruo horrible. Él escribe de nuevo afirmando que, pese a todo, la esposa y el niño deben ser tratados con ternura. Una vez más se envía otra carta falsa, que contiene las instrucciones para matar a la novia sin manos si no acepta regresar al bosque.
La doncella manca regresa al bosque, con su bebé atado a la espalda. Ella no puede comer sola ni puede alimentar al niño. Cuando la joven se arrodilla a la orilla de un río para beber, el bebé cae al agua y se sumerge. Cuando ella salta, desesperada por salvar a su hijo, sus manos son mágicamente restauradas. Un ángel la lleva a una cabaña, donde la madre y el niño viven en soledad. Mientras tanto, el príncipe regresa de la guerra y descubre el engaño conjunto. Va al bosque a buscar a su familia, pero cuando encuentra a su mujer al fin, él no la reconoce, ya que ahora ella es una mujer sanada, con dos manos blancas y agraciadas. Antes de regresar al palacio, la doncella insiste en él que reconozca el cambio en ella. La última vez, él la cortejó con su pena, ahora debe hacerle la corte correctamente. Así lo hace el príncipe, con pompa y ceremonia, y con los carruajes cargados de regalos. Entonces su verdadero matrimonio está sellado y la historia termina felizmente.
Violencia familiar
(surlalunefairytales.blogspot.com)
La historia de la niña brutalmente mutilada por un miembro de la familia (por debilidad y falta de cuidado en algunas versiones, por rabia y crueldad en otras) se puede hallar en las tradiciones folclóricas orales de todo el mundo. Uno encuentra variantes de La niña sin manos en todos los países europeos, en China, Japón, Egipto, Persia, Turquía y América del Norte y del Sur. Muchas de estas versiones son similares a una cruda variante del cuento africano titulado Un padre corta los brazos de su hija, en la que le amputan los brazos a la heroína porque ésta no accede a las demandas sexuales de su padre. En cada caso, la niña es violentamente arrojada de su entorno familiar y del mundo, donde el amor o el matrimonio por sí solos no pueden curarla. Sólo en la soledad la curación llega, cuando su propia necesidad lo exige, cuando es el momento adecuado, cuando ella está lista para aceptar su destino. Es una historia inquietante; sin embargo, es sólo uno de una serie de cuentos tradicionales con una imagen dura de violencia familiar. Donkeyskin es otra, con el tema incestuoso de un rey decidido a casarse con su propia hija a pesar de las protestas y desesperación de ella. Hansel y Gretel son abandonados en el bosque; el hijo en The Juniper Tree es decapitado; la amorosa madre de Blanca Nieves ordena que le extraigan el corazón a su hija, lo hiervan y lo sirvan de cena. En las versiones antiguas de los cuentos de hadas dichos actos no fueron impuestos por “malos padrastros o malas madrastras”, fueron actos de los propios padres: de reyes que no eran tan sabios, de molineros y reinas, amas de casa y hermanas.
Nuestra noción moderna de los cuentos de hadas como historias sencillas para niños es rápidamente desmantelada con historias como La niña sin manos, firme en su retrato de las complejidades del corazón humano. Aquí encontramos la maldad verdadera, no una caricatura del mal vestida de negro. El diablo comienza la cadena de eventos que impulsa la historia, pero el propio padre asustado de la doncella lo deja entrar; la madre del príncipe continúa la obra del maligno, y la corte no hace nada cuando madre e hijo son arrojados de nuevo al bosque. En el universo de los cuentos de hadas, lo justo a menudo encuentra una manera de prevalecer y el mal generalmente recibe su merecido. Pero una mirada cercana a las historias revela mucho más que una simple fórmula de maltrato y castigo. Los juicios de nuestros héroes que encuentran en sus misiones ilustran el proceso de transformación: de la juventud a la edad adulta, de víctima a héroe, de un estado mutilado a la totalidad, de la pasividad a la acción. Ese contexto de transformación da a los cuentos de hadas sus verdaderos poderes particulares: no como un escape pintoresco de las duras realidades de la vida moderna, sino en su representación simbólica de todo lo oscuro y brillante que la vida tiene para ofrecer.
(spectrum.sfstation.com)
Los cuentos de hadas y de fantasía son peligrosos, advierte Ursula Le Guin en su ensayo “Los sueños deben explicarse a sí mismos” (publicado en El lenguaje de la noche). La fantasía, dice, “no es antirracional, sino pararrational; no es realista, sino surrealista, una elevación de la realidad. En la terminología de Freud, emplea un proceso de pensamiento primario, no secundario Recurre a arquetipos que, como Jung nos advirtió, son peligrosos… están más cercanos a la poesía, la mística y la locura que a la ficción naturalista. Es una jungla, y los que van allí no deben sentirse demasiado seguros… Una fantasía es un viaje. Se trata de un viaje al subconsciente, como lo hace el psicoanálisis. Al igual que el psicoanálisis, puede ser peligroso y te cambiará.”
Traducción y edición: José Luis Durán King.

2 thoughts on “Las mujeres en los viejos cuentos de hadas

Comments are closed.