Otra tarde

POR Mariana Molina
 Es hora de resucitar, digo en voz alta encendiendo otro cigarrillo; es hora de dejar la muerte muriendo, pienso a la vez que me decido a tomar decisiones. Quizá crecer no sea tan infantil, tengo toda una vida para soñar que no soy sólo un sueño


Estoy sentada mirando la televisión; de pronto me encuentro otra vez distraída por mis pensamientos, ese ejercicio retórico que me consume narrativamente. Me gusta pensar en sentido literario; imprimir ese estilo a los pensamientos le da un toque menos mundano, o al menos eso me gusta creer, tantas formas de torturarme que por lo menos debo hacerlo con estilo. Pero, qué soberbia soy, vuelvo a pensar mientras todo se queda inmóvil a mi alrededor, otra forma de evadir lo que viene a mi mente, una serie de conversaciones internas que se cruzan entre ellas para sabotear una a la otra, complejidad que utilizo para no generar sentimientos certeros que lleven a emociones que me acusen de tanto manosear mis olvidos.

Me encuentro totalmente desanimada, no quiero un año  más, que también es un año menos; ese sentimiento de nostalgia que aborrezco, cada fin de año se lanza hacia mi cabeza como un buzón desbordado de cartas sin leer.

Vuelvo a concentrarme en las cosas que necesito no pensar, pero sigo sintiendo. Me levanto del sillón para buscar un cigarro. ¡!!Ah!!! Ese alivio que se siente al inhalar la bocanada que se convertirá en suspiros de humo, maravilloso amigo que me condena al cáncer de los rencores en telarañas de verdad; acaricio mi cabello mientras lo enciendo; hacerlo es síntoma de que estoy nerviosa. Vuelvo a mi sillón, que espera descanse en su respaldo, que ha formado una especie de abrazo hostil para mi espalda; cruzo las piernas y, al mirar mis pies, sonrío; son tan pequeños y frágiles, cómo es posible que me mantengan de pie haciendo todas las tareas del día; mis pies deben ser más fuertes que mis pensamientos, no se quejan, rara vez me lastiman, aun torturándolos con zapatillas que revelen femeninos dolores.

Este año me encuentro en los famosos treinta y tantos de edad, uf! Vuelvo al monólogo mudo de sonrisas. 

Cuántos recuerdos que no me gustan de mis queridos veinte y tantos. Si me preguntaran qué es lo que más me gustó de ellos en este momento, diría que nada, absolutamente nada. Por añorar un maquillado pasado es que aparece la resaca del ayer fingido; supongo que empiezo a madurar, ¡supongo! Divagando en la trampa del tiempo, ése que me cansé de escuchar, dura tan poco, se va en un tronar de dedos, como se va la juventud, divino tesoro, ¡qué cosa más infame! Cuando era joven creía que la vida era una carrera contra el tiempo; quise hacer mal haciendo las cosas más aventuradas, esperando hacerlas mejor con el tiempo. ¿Pero cuál de todos? Ese temporal miserable de poner nombre a las etapas y edades, después de todas esas aventuras donde fui descubriéndome descubriendo. Tuvieron su encanto, no lo niego, pero ahora las tengo casi o empezar de cero, ahora que no devoro los libros queriendo apoderarme del conocimiento, pues sé que necesito la experiencia y la sagacidad para volver en ellos. Ahora que no necesito preocuparme, aunque me preocupe, por perder un trabajo o noviazgo, por que las verdaderas pérdidas apenas están por comenzar, la de los seres queridos, los amigos verdaderamente significativos, las oportunidades únicas, las ocasiones azarosas, los amores reales. ¡Sí!, esbozo en suspiro, apenas están por comenzar. Todo aquello que fue ensayo marcó un cuerpo que hoy se habita en cada una de sus habitaciones, un alma de terciopelo manchada de alientos sin besos, pasiones escurridizas, abriendo caminos opuestos como alas sin costillas.

Así es como veo lo que apenas está por comenzar. Los riesgos ya con caídas, las victorias y fracasos ya de rodillas, miradas en mi mirada a pesar de las que no me vieron, los brazos abiertos y rotos, ser vieja para poder hacerme joven, y entonces envejecer sin hacerme tan vieja; dolores más intensos, sonrisas auténticas, emociones espontáneas, lealtades sin esperanza, corazones robados en ofertas de subasta. No puede ser tan malo, vuelvo a mi soliloquio mientras se termina el cigarrillo. Viene lo que antes ni siquiera me daba miedo, pero aterraba; creo que necesito un café, me digo con la mirada en el punto muerto por consenso, espacio sin tiempo, me acomodo en el sillón cambiando de posición, al igual que en mi circunstancia, es la hora de cerrar ciclos de fe, comer pan de nuevo, como el pan de cada día sin calendario ni hojarasca: viene la revancha por los amores que me dejaron en el camino, los que no dejé llegar y los que no supe que estaban pero me lo recuerdan todos los días como un dolor de muelas en el alma; vienen los juegos en bancarrota, la libertad de saberme joven sin serlo, es hora de tomar la decisión de querer ser joven para no dejar de envejecer; tomo un poco de aire y sigo pensando mientras me vuelve a distraer el cigarrillo muerto delante de mí. Es hora de resucitar, digo en voz alta encendiendo otro cigarrillo; es hora de dejar la muerte muriendo, pienso a la vez que me decido a tomar decisiones. Quizá crecer no sea tan infantil, tengo toda una vida para soñar que no soy sólo un sueño.

1 thought on “Otra tarde

  1. Mejorando día a día…. El relato, muy personal, te atrapa y no te suelta hasta terminarlo… Me gusto…
    Eduardo Martínez Rosas

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