Peter Sutcliffe: viscerofilia y esquizofrenia

POR José Luis Durán King
 Desde hace años, un hombre encerrado en un hospital psiquiátrico de alta seguridad pide ser liberado; sin embargo, autoridades y ciudadanos se oponen a que vuelva a caminar por las calles de Yorkshire

Desde 1984, el hospital psiquiátrico de alta seguridad Broadmoor, en Inglaterra, alberga a un paciente que sufre de esquizofrenia paranoide. Peter William Coonan llegó de la prisión de Parkhurst, a donde había ingresado el 22 de mayo de 1981, después de recibir 20 condenas de por vida por una serie de delitos ocurridos del 30 de octubre de 1975 al 17 de noviembre de 1980 en Yorkshire y Greater Manchester. En Parkhurst, el individuo, por ser un criminal sexual, no gozaba de popularidad. Después de sufrir varios intentos de agresión, finalmente otro reo, James Costello, de 35 años, logró acercarse lo suficiente para estrellar una cafetera de cristal con su contenido en el rostro de Coonan, provocándole un tajo que lo dejó parcialmente ciego del ojo derecho y que ameritó 30 puntadas. Del atractivo ex conductor de tráileres, de barba cuidada y modales suaves, prácticamente no quedó nada. Coonan, ahora de 64 años, enfermo mental casi ciego y diabético a causa de su obesidad, lleva más de una década solicitando su libertad bajo palabra. El médico Kevin Murray, el psiquiatra que ha estado a cargo del cuidado del paciente desde 2001, escribió un reporte en 2006, asegurando que las posibilidades de que el hombre vuelva a delinquir “son de bajo riesgo”. Sin embargo, al parecer nadie lo quiere ver nuevamente caminar por las calles, pues, como lo dijo un juez de apellido Mitting: “Aparte de un ataque terrorista, es difícil concebir las circunstancias en las que un hombre puede alcanzar tantas víctimas”.
Con su nombre actual es muy difícil reconocer a Peter William Coonan, este último el apellido de soltera de su madre. Sin embargo, Peter William Sutcliffe (su nombre real) impuso un estado de terror de seis años en Yorkshire y Greater Manchester al asesinar a 13 mujeres.
Adicción a matar
El número de víctimas de Sutcliffe es para cortar el aliento, pero las circunstancias que rodearon cada homicidio provocaron náuseas incluso entre los agentes más curtidos de la policía británica. Al ser detenido, Sutcliffe explicó que mientras trabajaba en un cementerio una voz proveniente de las tumbas le ordenó acabar con la vida de las prostitutas. El hombre obedeció la orden, aunque hay que apuntar que no todas las mujeres que atacó eran sexoservidoras. El criminal generalmente utilizaba un martillo para golpear la cabeza de su víctima. Una vez inconsciente, Sutcliffe comenzaba a maniobrar el cuerpo, desentrañándolo, masturbándose en los intestinos tibios de su presa.
La adicción por matar subió de nivel a la par de la especialización del predador. Pese que llegó un momento en que Yokshire estaba prácticamente sitiado por policías uniformados y encubiertos, Peter Sutcliffe atacó con mayor rapidez y furia. Para no rasparse las rodillas mientras trabajaba los cuerpos se colocaba rodilleras y vestía ropa negra para facilitar sus labores en la oscuridad.
Homicida territorial
Sutcliffe fue un criminal territorial que no se alejó demasiado del hogar que compartía con su esposa e hijos para cometer sus delitos. De hecho, el primero de ellos lo perpetró a unas cuantas cuadras de su casa. Asimismo, su aprehensión definitiva (lo habían detenido en cuatro ocasiones previas) fue en una calle de su localidad, mientras negociaba con una prostituta. La policía checó los datos de un auto estacionado en un lugar en penumbras. Las placas eran falsas, por lo que fue detenido para un interrogatorio de rutina. Sus antecedentes como sospechoso contribuyeron a que la policía en esta ocasión presionara un poco más que en el pasado. Después de tres días de interrogatorios, Sutcliffe confesó que él era El destripador de Yorkshire, como lo había bautizado la prensa de la época.