Una oda a los vencidos: Franks Wild Years

POR Andrea Mireille
 La historia de Frank Leroux es la que todos hemos escuchado alguna vez y que podría ocurrirle a cualquiera, o que tal vez ya nos haya sucedido: un soñador se va de su pueblo para encontrar su lugar en la vida; sale con la intención de comerse al mundo y termina devorado por él


Las vicisitudes de Frank comenzaron en 1983, al interior del Swordfishtrombones; protagonista de un ácido spokenword. Leroux está harto de todo, en especial de su esposa y la mascota de ésta: el insoportable chihuahua Carlos. Por ello, en medio de estrepitosa risa, quema su casa con ellos dentro, para después alejarse rumbo a San Fernando Valley. El monólogo concluye y no sabemos nada más de él:
Un antihéroe instantáneo.
Lo cierto es que Tom Waits se obsesionó con ese hombre, a quien veía como un alter ego. Lo que comenzó como un corte más terminó por alcanzar su puesta en escena con el propio Waits en la piel de Frank, que también llenó con su presencia dos álbumes: Franks Wild Years (1987) y Big Time (1988).
Después de capotear a la crítica satisfactoriamente y lanzar Raindogs, el cantante estaba listo para continuar explorando su nuevo sonido; sin embargo, no conseguía sacarse de la cabeza a tan torcido personaje, así que, impresionado por el trabajo de la Stephenwolf Company de John Malcovich y Gary Sinise, el matrimonio Waits-Brennan decidió montar su propia obra, en la que, de acuerdo con Patrick Humpries, biógrafo del músico, “Tom y Kathleen confeccionaron no sólo un espectáculo sino toda una vida.”
Así comenzó un proyecto ambicioso y arriesgado –partía de una pista de menos de dos minutos de duración—. El resultado es una obra que combina los elementos más característicos de la obra de Waits: ambición, fracaso y redención, teñidos de elementos absurdos y fantásticos.
Rumbo a peor

Frank –renombrado O’Brien— comienza una serie de descalabros al salir del pequeño pueblo de Rainville, y la obra arranca con el personaje congelándose en una banca, sin dinero, ni energía y desesperanzado; la nieve cae sobre su cara. Sabe que no le queda más que soñar con el instante en que pueda volver a estar sobre un escenario, porque, después de que Waits y su esposa pensaran en todo tipo de situaciones y oficios para O’Brien, decidieron que sería acordeonista: “Frank va a Las Vegas y se convierte en anunciante de una tienda de ropa que abre las 24 horas. Gana un concurso de talento, pero se enreda con una cigarrera y… encuentra un acordeón en un bote de basura; una cosa lleva la otra y, cuando menos te das cuenta, ya está en el escenario”.
La obra se estrenó en 1986 en Chicago, tuvo gran promoción y considerable audiencia. En cuanto al género de la obra fue Kathleen Brennan quien la subtituló como un operachi romantico, por considerar el musical como “una colisión bastarda entre la ópera y el mariachi”, un cóctel entre Sinatra, el country, el mariachi y la balada irlandesa. Influido por Harry Partch el soundtrack de la vida de Frank abarca los sonidos del Chamberlin, el melotrón , el pump organ, pero sobre todo, el acordeón. De hecho, cada canción del disco abre la puerta a sonidos tan diversos como el cabaret, el vaudeville, swing, rumba y música norteña, todos como fondo para la montaña rusa psicológica de Frank, que alcanza momentos de euforia con canciones como la descarada “Ill Be Gone”, o  Temptation, rolas excelsamente gritadas en las que parece regodearse en la decadencia y el conformismo, al igual que en “I’ll Take New York” y “Straight to the Top”, que parecen interpretadas por alguien que anhela reconocimiento pero se sabe incapaz de alcanzarlo. Después de todo hay cierta dicha, confort en ser un fracasado, en saberse perdedor: llega un momento en que ni tú mismo, ni los demás esperan algo de ti.
El resto de las canciones revela poco a poco el destino del personaje; caracterizadas por dosis nostalgia, evocación e incapacidad para despertar del sueño y pasar a la realidad, lo que queda de manifiesto en “Blow, Wind Blow”, “Please Wake Me Up”, en ese homenaje a Edith Piaf que es “More Than Rain”, así como “Cold, Cold Ground” y “Train Song”, en la que Frank acepta que ha llegado al final del camino que siempre lo llevó rumbo a lo peor.
Mención especial para los traces “Way Down In the Hole”, que revela los peligros y la sordidez de las calles y de la vida, mientras que “Yesterday Is Here”, canción cuyo título fue proporcionado por Fred Gwyne, el actor que interpretaba Herman Munster, a quien Waits conoció durante la filmación de The Cotton Club, quien le dijo “ya te di el título, ahora debes encontrar qué hacer con él”. Sin olvidar la canción que definiría el disco y por la cual años más tarde Waits se querelló con Audi: en 2000, la compañía le propuso usar la canción en uno de sus anuncios para España; el músico rechazó la propuesta y el comercial salió con música muy parecida a la canción. Un tribunal español reconoció la violación de los derechos morales de Waits y de los derechos de autor y fue indemnizado. La bellísima “Innocent When You Dream” tiene dos versiones, la segunda posee un sonido fantasmagórico, debido a que cierra la obra en la que Frank, tras encontrase con sus amigos en la banca donde se congelaba, recuerda sus desventuras, alegrías y acepta que “un tren lo alejó de casa, pero jamás lo hará volver a ella”, y cae muerto en la nieve.
La vida sigue y el show debe continuar
Para promover su operachi romantico, Tom Waits se embarcó en una intenso tour de promoción que derivó en la filmación de Big Time, que más que una segunda parte es un complemento de Franks Wild Years; la presencia de Frank puede sentirse, pero como bien sabemos, la vida sigue y el show debe continuar.
En Big Time, filmación considerada por los críticos “a años luz de distancia de lo que cualquier músico ha hecho”, tenemos la oportunidad de apreciar una riqueza visual y musical entrañables. Sin un hilo conductor definido y mezclando tracks de varias producciones, Waits funde con su alter ego, que aparece igual como un extraño acomodador que como un cantante de piano bar, o un conserje; alguien que enciende sus cigarros con naipes e incendia sombrillas sobre su cabeza.
Considerado como una “probada” de lo que los afortunados vieron en teatro, el disco no es tan contundente como cuando la música se acompaña de las imágenes, pero alcanza momentos e interpretaciones inolvidables, como la de “Rain Dogs”, “Strange Weather” y Telephone Call From Istanbul”, a la par que da la oportunidad de ver a la banda que acompañó a Waits en sus álbumes más destacados; Marc Ribot, Ralph Carney, Greg Cohen, y Larry Taylor.
La historia de Frank es entrañable porque es la de cualquiera de nosotros, la tuya, la mía, la de aquellos que descubren su vida desperdiciada en un trabajo que odian, enganchados a relaciones y personas que no llevan a ningún lado. Es una oda a los vencidos, un disco ideal para los desencantados, frustrados y destrozados por el peso de sus sueños rotos. Franks Wild Years brinda una valiosa lección: muchas veces sin importar cuánto te esfuerces y cuánto lo desees no podrás conseguir lo que anhelas, ni podrás salir de donde te encuentras.
Mostrar esa inclemente realidad a través de un poderoso y ecléctico recorrido musical es el triunfo de Frank O’Brien, un hombre lleno de sueños que muere en el intento por cumplirlos.