Robo en casa de Diego

POR Alfredo C. Villeda
Parece estar entre sus prioridades, en tanto consejero panista y figura relevante de su partido, luchar con todo por un objetivo que, paradójicamente, comparte con su adversario Andrés Manuel López Obrador: echar abajo la eventual alianza con el PRD en el Estado de México
Diego Fernández de Cevallos a un mes de su liberación Foto: Nelly Salas
En el país en el que la posibilidad de lo inverosímil rebasa toda proyección, a nadie sorprenderá el siguiente informe del equipo de inteliguentsia al servicio de Fusilerías, pero el oficio obliga a consignarlo para la escasa mas selecta concurrencia: cuando no había pasado más de un mes de la liberación de Diego Fernández de Cevallos, en la propia finca de la que él fue sustraído el 18 de mayo pasado se ha perpetrado un robo que no pasó a mayores, unos vidrios rotos y unos aparatos eléctricos desaparecidos, aunque el hecho deje un mensaje con inquietantes lecturas.

Con cifras en la mano puede decirse que el primer mensaje es el de que la impunidad, cuyos números redondos se han mantenido con 96 por ciento de efectividad a favor de los delincuentes en el último lustro, alcanza para secuestrar a un personaje relevante de la vida política, retenerlo más de siete meses cautivo, soltarlo tras una jugosa suma de rescate y, como si fuera cualquier cosa, amedrentarlo de nuevo en la propia escena inicial del crimen.
Si como saben las irreprochables fuentes antes citadas, el ex senador panista fue advertido por sus captores de la eventualidad de que alguien más aprovechara el río revuelto de su liberación para eliminarlo, el mensaje del aparente inocuo robo va más allá de un hecho aislado. Sin especulación, el hecho es resaltar cómo es que, en medio de la atención puesta en el personaje, sus propiedades y la noticia de su liberación aún en el aire, alguien se aventura a ir a cometer un delito frente a las hirsutas barbas de la víctima.
En la ola creciente de la impunidad, como ya se dijo con sólo 4 por ciento de delitos castigados, y el debate en vigor sobre la probidad de los jueces a partir de los trágicos sucesos de Chihuahua en agravio de una joven y su madre, el propio Fernández de Cevallos debe saber que el dinero que pagó a sus plagiarios servirá, en la remota eventualidad de que sean capturados, para comprar a quien sea necesario en el Poder Judicial a fin de lograr una exculpación. Ejemplos de fallos insólitos sobran, por corrupción, por negligencia o por vericuetos legaloides, como el del juzgador que se negó a considerar “capo del narcotráfico” a Joaquín Guzmán Loera.
Fernández de Cevallos reconoció el jueves pasado, en la entrevista con Ciro Gómez Leyva, que su discurso por los pobres tras la liberación forma parte de un acuerdo con los secuestradores, pero aclaró que eso no cambia sus convicciones. Hablando en plata, el tema nunca estuvo en la agenda pública del ex senador, y no porque el respetable quiera escuchar peroratas propias de los melodramas del cineasta Ismael Rodríguez. Si siempre ha estado en sus prioridades la atención a “la muchachada” y “el viejerío” depauperados, qué bien, pero se lo tenía bien guardadito.
La inevitable vuelta del panista al ruedo de la política, que ha comenzado con su aparición en los medios y la entrega del famoso comunicado que prometió el mismo día de su liberación e hizo público un mes después, coincide con el alboroto de su partido por la carrera presidencial de 2012. Él se ha desmarcado de la posibilidad de ser el abanderado, pero ya se barajan los nombres de Santiago Creel, Alonso Lujambio, Javier Lozano, Heriberto Félix y hasta Emilio González Márquez, quienes ya alzaron la mano, y los tapados en proceso de despojarse de la capucha: Ernesto Cordero y Josefina Vázquez Mota. Ninguno tiene, por cierto, la proyección de Diego ante la opinión pública.
Sí parece estar entre sus prioridades, en tanto consejero panista y figura relevante de su partido, luchar con todo por un objetivo que, paradójicamente, comparte con su adversario Andrés Manuel López Obrador: echar abajo la eventual alianza con el PRD en el Estado de México. En ese empeño ambos van brazo con brazo, se entiende que cada quien desde su trinchera, en otro episodio que, como se apuntó antes, rebasa por su inverosimilitud toda proyección de sensatez y lógica.