Crueldad contra mascotas y violencia a futuro

POR Opera Mundi
 En los hogares violentos las mascotas raramente viven más de dos años. Son asesinadas, mueren por negligencia o huyen para escapar del maltrato. Un efecto colateral de esa constante rotación es que el niño sufre ciclos repetidos de vínculo y pérdida
A los nueve años, Peter Kürten, El vampiro de Düsseldorf, se hizo amigo de un hombre que trabajaba en una perrera, un degenerado que le enseñó cómo masturbarse y torturar perros. La influencia del perrero fue definitiva en la personalidad del niño. Fue durante esa época que Kürten ahogó a un amigo de la escuela, al que arrojó a las aguas del Rin mientras jugaban. Las urgencias sexuales se desarrollaron rápidamente en Kürten y pronto practicó la zoofilia con cabras y ovejas. Descubrió que la sensación se tornaba más poderosa cuando apuñalaba a las bestias durante el acto.

Richard Trenton Chase, El Vampiro de Pasadena, era un diamante en bruto de maldad. Nacido el 23 de mayo de 1950, desde niño le gustó causar incendios y atormentar animales. A los diez años, aproximadamente, empezó a sacrificar gatos, después fueron conejos, a los que devoraba las entrañas crudas. En ocasiones licuaba intestinos de animales y los bebía.
Jeffrey Dahmer, El Caníbal de Milwaukee, sacrificaba perros, a los que desollaba antes de fotografiarlos. Peter Kürten y Dahmer compartían un acto necrofílico extravagante: el de la “lujuria de la muerte”, es decir, cuando el acto de matar produce excitación sexual. En ambos la lujuria alcanzaba niveles exasperantes pues, cuando no conseguían una víctima a modo, sacrificaban animales.
Triada de indicadores
La crueldad contra los animales, que se empieza a manifestar alrededor de los seis años, es uno de los predictores más confiables de la conducta violenta ulterior en los individuos.
Las personas que cometen esos actos provienen casi siempre de familias conflictivas. Su infancia generalmente incluye negligencia paterna, brutalidad, rechazo y hostilidad. En un estudio a pacientes psiquiátricos masculinos, los investigadores hallaron que aquellos que han maltratado animales han sufrido a su vez castigos paternales extremos, son explosivamente temperamentales, tienen una conducta destructiva y presentaron ausentismo escolar. En resumen, probablemente tuvieron un padre alcohólico de quien fueron separados, les gustaba provocar incendios y sufrieron de enuresis (orinar la cama) pasados los cinco años.
Los investigadores consideran estos factores –provocar incendios, enuresis infantil tardía y maltrato de animales– como una triada de indicadores infantiles con alto riesgo de violencia futura. Una auscultación entre adolescentes varones institucionalizados determinó que la mayoría de los internos más agresivos exhibían la mencionada triada de conducta. En adición a la conducta violenta, su historial incluía caos familiar, abuso serio de drogas y crímenes sexuales que iban desde el exhibicionismo y el acoso de niños hasta la violación con lujo de brutalidad. Otro examen en jóvenes extremadamente violentos determinó que varios de ellos fueron víctimas de abuso sexual, lo que pudo contribuir para que afloraran ataques sádicos a víctimas más jóvenes o débiles.
Investigaciones ulteriores concluyeron que la provocación de incendios, la enuresis y el sufrimiento infligido a los animales no necesariamente predice la violencia futura, a menos que la crueldad contra las mascotas incluya alguna o todas las características siguientes:
• El niño estuvo involucrado directamente en actos de crueldad contra los animales y no solamente fue testigo.
• Fue impulsivo y, al ser descubierto, no mostró remordimiento por sus acciones.
• Aplicó la crueldad con una gran variedad de actos y victimó a especies diferentes.
• Maltrataba animales socialmente estimados, como los perros (en lugar de roedores, por ejemplo).
Muerte prematura
Incluso en hogares caóticos, los animales juegan un papel muy importante en la vida de los niños. No resulta sorprendente que los infantes de hogares violentos ofrezcan más amor y lealtad a sus mascotas que a otros niños. Pese a todo, en los hogares violentos los animales raramente viven más de dos años. Son asesinados, mueren por negligencia o huyen para escapar del maltrato. Un efecto colateral de esa constante rotación, incluso en hogares donde la violencia no tiene lugar, es que el niño sufre ciclos repetidos de vínculo y pérdida.
Varias investigaciones han relacionado el maltrato a los animales con la violencia interpersonal. En Carolina del Norte, por ejemplo, los investigadores compararon los reportes policiacos con los reportes de crueldad con animales y encontraron que coincidían en una gran parte con el mismo domicilio. Las llamadas a la policía fueron por escándalo (32 por ciento), violencia doméstica (31 por ciento) y asalto (16 por ciento). En un estudio posterior, la mayoría de las llamadas a la policía de hogares en los que había crueldad con mascotas fueron por asalto sexual (62 por ciento) y enfermedad mental (35 por ciento).
Mascotas, las primeras víctimas
En Nueva Jersey, un estudio arrojó el sorprendente dato de que 88 por ciento de las familias que han abusado físicamente de sus hijos también tenía reportes de maltrato hacia los animales. Asimismo se determinó una “triangulación” extensiva dentro de las familias, donde las mascotas eran castigadas como una forma de herir a otro miembro familiar. Mientras que dos terceras partes de los individuos que castigan animales fueron los padres de familia, quizá el hallazgo más perturbador fue que la tercera parte restante fue la de los niños que abusan de sus mascotas.
En una investigación realizada con mujeres golpeadas en Wisconsin, cuatro de cada cinco víctimas señalaron que sus parejas habían golpeado a sus mascotas antes de golpearlas a ellas. En la mayoría de los casos, la crueldad hacia los animales fue aplicada en presencia de las mujeres golpeadas y de los hijos de éstas. Las mujeres también reportaron que sus parejas frecuentemente las amenazaban con correr a sus mascotas como una forma de mantener el control sobre las mujeres.
Hay evidencias de que el maltrato de animales dentro de una familia puede estar relacionado con la letalidad de los incidentes de violencia doméstica. Hace algunos años, Nashville, Tennessee, tuvo uno de los índices más altos en homicidios domésticos en todo Estados Unidos. Como respuesta al fenómeno, el departamento de policía instituyó un proceso de investigación a todas las llamadas relacionadas con violencia doméstica, para que, de este modo, las autoridades arrancaran un banco de información de tres piezas: ¿El golpeador la amenazó o sugirió que utilizaría un arma de fuego? ¿La amenazó con suicidarse? ¿Hubo algún maltrato a las mascotas de la familia? El agresor con cualquiera de las anteriores características era enviado a una serie de programas especiales. Al año de que el departamento de policía instituyó el proceso, el homicidio doméstico en Nashville descendió 80 por ciento.
Violencia sexual
En adición a los estudios anteriormente citados, una investigación sobre convictos por agresiones sexuales se encontró que 48 por ciento de los violadores y 30 por ciento de los pederastas admitieron haber cometido durante su infancia o adolescencia actos de crueldad en animales. Otra auscultación elaborada en homicidas sexuales encarcelados llegó a estadísticas similares: 36 por ciento había cometido durante su niñez actos de crueldad con animales y 46 por ciento los cometió durante su adolescencia.
El maltrato de mascotas es otra forma de abuso sexual con el que los agresores controlan a sus víctimas jóvenes. Por ejemplo, una adolescente testificó en una corte que su padre había amenazado con asesinar a su perro si rechazaba tener relaciones sexuales con su progenitor.
Los especialistas en conductas criminales aconsejan trabajar con los niños para evitar tendencias violentas posteriores. Los niños pueden estar más dispuestos a hablar sobre lo que les sucede a sus mascotas que de lo que les ocurre a ellos. Se aconsejan las preguntas siguientes: ¿Tienes alguna mascota? ¿Cómo se llama? ¿Quién la cuida? ¿Hay alguien que les haga daño? ¿Has perdido alguna o temes perderla? La información ofrecida por este pequeño cuestionario puede decir mucho acerca de las experiencias, el estado emocional y las condiciones hogareñas de los niños. Al mostrar interés por las mascotas, el especialista puede explorar los sentimientos y angustias de los menores.