Morrison, Gloria y la Venus de Botticelli

POR Alfredo C. Villeda
 La rola legendaria que marcó el no menos mítico festival de Woodstock en 1969, para empezar, fue un cóver de Joe Cocker a una rola medianamente célebre de los sí populares en exceso Beatles. “With A Little Help From My Friends”
El nacimiento de Venus (1482-1484), del gran pintor florentino)
Los conceptos cóver y remake suelen invocar de forma mecánica, bajo su monstruosa y fallida capucha, lugares comunes como “nunca las segundas partes fueron buenas”, “siempre es mejor el libro que la película” o “nada como la versión original”. Discurso pregrabado que se repite a la menor provocación sin dejar espacio para una salvedad, una excepción o una oportunidad de equilibrio. No pocos son los ejemplos que echan abajo esas falacias.

La rola legendaria que marcó el no menos mítico festival de Woodstock en 1969, para empezar, fue un cóver de Joe Cocker a una rola medianamente célebre de los sí populares en exceso Beatles. “With A Little Help From My Friends” se convirtió en una pieza de época en medio de un episodio histórico, ahíto de gran música, lleno de talento por todos lados, y ahí tuvo el mayor impacto, la mayor luminosidad, el sello de una trascendencia irreprochable. Era el día de los all star, de la reunión del futuro Salón de la Fama, del Pro Bowl del rock, del mito fundacional. Y ahí se impuso esa rola… en su versión cóver.
Para quienes consideren que asomarse a esa versión es también un lugar común en cuanto a cóvers, entremos en materia.
Algunas canciones toman fuerza, sea por una poderosa guitarra como la de Eddie Van Halen en “Pretty Woman”, sacudida así la pieza original de Roy Orbison, sea por la introducción de un ritmo ajeno, como el experimento de Joan Jet & the Blackhearts con su guisado punk a la clásica “Crimson and Clover”, de Tommy James y los Shondells. O ya en el terreno punketo, ¿conoce usted, escasa pero selecta concurrencia, “My Way” con la germana Nina Hagen? Simplemente vertiginosa, trompetilla postrera incluida. Sobre todo frente a las propuestas de Elvis Presley y, más atrás, del gran Frank Sinatra.
Fuerza y vértigo son una combinación que hallaron los Doors con su versión a “Gloria”, de Van Morrison. En manos de las Puertas de la Percepción, esos acordes poperos, gentiles, de muchachón jugueteando con una escolapia se convierten en un torbellino de furia sexual, ciclón de cuerdas y teclado, batería mínima, que convierte al Rey Lagarto por voluntad en una mamba negra enredándose vigorosa en una sorprendida estudiante que en medio del frenesí vocal de Jim Morrison ya se ha tornado en una chica Botticelli, ya es la Venus del famoso cuadro cuyos naranjas cabellos se enredan al ritmo de un 69 que jamás imaginó el autor original de la pieza.
Remake, cóver, homenaje… Dalí tampoco escapó a esa tentación y propuso en fragmentos volátiles alrededor de un ojo de huracán la obra de un viejo ancestro con su cuadro La Madonna de Rafael llevada a su máxima velocidad, mayúscula oferta también de fuerza y vértigo, color y furia, todo desatado en una catarata que gira en su propio eje pero parece escapar a los atentos ojos de su boquiabierto auditorio.
Son muchas las piezas en la escasa cultura musical del fusilero que aplastan las profecías prefabricadas, adoptadas bajo la capucha lugarcomunesca arriba citada, como “Rock and Roll”, de Led Zeppelin, en voz de Ann Wilson y las cuerdas de su hermana Nancy; “All By Myself”, de Eric Carmen, a partir de una pieza clásica de Rachmaninov; “Knockin’ On Heaven’s Door”, la gran canción de Bob Dylan en las versiones bluesera de Eric Clapton y metalera de Guns N’ Roses, y “Rockin In the Free World”, el rolón de Neil Young que cerró la década de los 80 en la versión noventera de Bon Jovi.
El remake en el cine es otra historia, pero el fusilero se atreve a citar por ahora un caso en el que la segunda parte no sólo le hace justicia a la original, sino que le da otra dimensión, como Cape of Fear, original de Thompson con Gregory Peck y Robert Mitchum en 1962, y la lectura propia de Martin Scorsese de 1991 con Robert de Niro y Nick Nolte. O el libro de Mario Puzzo y la trilogía de El Padrino, de Francis Ford Coppola. Pero eso, las versiones cinematográficas de un mismo título, será tema para otra ocasión. Baste por ahora considerar, pues, que no hay respuesta automática cuando se trata de evaluar cóvers, segundas partes y remakes.