Mujeres (aproximaciones)

POR Óscar Garduño Nájera
 Para ellas
 De cada una llevo una mecha en la memoria y en oscuros instantes tiránicos prendo el fuego para aliviar con su calorcito las heridas de muerte que siempre produce el amor
• Se engañan quienes buscan en teorías, decretos, esquemas algo acerca de ellas, ya que en realidad son las alquimistas de nuestras más perezosas ensoñaciones, procreadoras de nuestras más sólidas pesadillas.
• Lejos de cualquier moda estúpida y pasajera de colorido montaje con apeste de revista para caballeros, de crueles dietas y cintas métricas en busto y cintura, con sus líneas, trazo justo de bella simetría, conforman la arquitectura de nuestra perdición con tan sólo existir, con tan sólo pasar delante de nosotros dejando la estela de un mundo desconocido.

• Cuando hablan son aves las que escapan por entre sus labios y en el silencio incendian sus alas para quemar al hombre que deseen.
• No hay espejo donde no se miren, donde no busquen, inquietas, a esa otra que salta desde allá. Conocen entonces el secreto de los mundos infinitos, de las bellezas imperecederas, mientras nosotros rezamos a escondidas por una eterna juventud.
• Admirarlas es un ejercicio que conduce a cientos de milagros, porque cada una es distinta y tiene el poder de hacernos sentir los hombres más imbéciles o los más afortunados, aun cuando los primeros se engañan cuando creen pertenecer al segundo grupo.
• Estar ahí, frente a su mirada, es una interminable fiesta que finaliza cuando al parpadear nos deja sin el fulgor de su luz.
• También hay muchas que sufren en silencio y, contrario a nosotros, que chupamos el orgullo con nuestros lamentos, lo hacen de pie, como sólo los estoicos consiguen hacerlo (aun cuando ningún filósofo griego lo hubiese aceptado).
  Kostya Tsykalo
• Otras hacen de los hombres lo que quieren y consiguen someterlos a su voluntad. Está bien que así sea: al menos su poder deja una cicatriz en el alma porque es incorruptible.
• De cada una llevo una mecha en la memoria y en oscuros instantes tiránicos prendo el fuego para aliviar con su calorcito las heridas de muerte que siempre produce el amor.
• La espuma de la melancolía me abraza durante su ausencia y en el fondo doy gracias por la suerte que trajo a una mujer hasta mi lado… y maldigo el instante en que comprobó que cualquier hombre era mejor que yo.
• Coincidir con José María Álvarez es una obligación: con ellas sólo existe una postura: no preguntar, no averiguar, no intentar retenerlas, amarlas, amarlas, amarlas. Repito: amarlas, por sobre todas las cosas. Y llevarlas en el espíritu como una bandera.
• Siempre terminan por irse, aun cuando deciden quedarse a nuestro lado: tanta dicha nos está prohibida.
• Condenadas a la soledad las que son hermosas e inteligentes, pues difícilmente encontrarán a un hombre que no se sienta una pulga frente a ellas; en cambio, ellos encontrarán mujeres para crecer como gigantes de circo.
• Hay instantes en que me traspasan sus relámpagos y quedo, al final, casi en medio del océano, ahogado en las mismas lágrimas que frente a ellas compartí.
• También nosotros estamos condenados a prescindir de ellas. Peores hombres de barro se merecen la fortuna de su consuelo, el alivio de sus caricias; lo anterior, por cierto, es mera resignación frente a la mujer del otro.
• Ahora voy a solas contigo allá en la distancia y cada que te recuerdo, junto a los besos que se clausuran y las caricias que se quiebran, se enciende una estrella distinta que conduce no a mi suerte sino a mi infortunio.