Vigente, la controversia en torno a Céline

POR Andrew Gallix
 La inclusión del autor de Viaje al fin de la noche en la lista de personajes a conmemorar en los próximos 12 meses abrió una vez más el debate entre la intelectualidad francesa

Cada año, el gobierno francés publica una lista de eventos y personalidades culturales que se conmemorarán en los siguientes 12 meses. La compilación es un proceso largo y cuidadosamente considerado. Un Comité Nacional Superior de Celebraciones propone una lista provisional, que se presenta al Ministerio de Cultura y, una vez aprobado, se publica en forma de libro. Alrededor de 10 mil copias del Informe de Celebraciones Nacionales para 2011 se publicaron el pasado otoño antes de su lanzamiento apenas hace unas semanas.

Frédéric Mitterrand –el ministro de Cultura— había escrito incluso un prólogo, lo que demuestra sin lugar a dudas que el proyecto había recibido el visto bueno. Sin embargo, cuando se supo que Louis-Ferdinand Céline aparecía junto a figuras como Blaise Cendrars, Théophile Gautier, Franz Liszt y Georges Pompidou, se abrieron las puertas del infierno.

“El mayor antisemita”
  Blaise Cendrars
Serge Klarsfeld, el más famoso cazador de nazis y memorialista del Holocausto, expresó su indignación en nombre de la Asociación de Hijos e Hijas de los Deportados Judíos de Francia. La República, argumentó, no debe celebrar “al mayor antisemita” francés de su tiempo, una época, no lo olvidemos, cuando el antisemitismo era tan común que llevó a la persecución de judíos bajo el régimen de Vichy. La decisión de Mitterrand, dos días después, de remover al novelista de la lista fue lógica a la luz de esta reacción, pero también fue algo sorprendente, ya que él desde un principio debió estar consciente de que la inclusión del autor podía causar controversia (¿estaba protegiendo a Sarkozy, cuyo autor favorito al parecer es Céline?)
Mucho más sorprendente, sin embargo, fue la reacción de los intelectuales franceses, que casi de forma unánime, defendieron al autor de Viaje al fin de la noche. El peso pesado literario Philippe Sollers acusó al Ministerio de Cultura de “censura”. Frédéric Vitoux, miembro de la prestigiosa Academia Francesa, que escribió una biografía de Céline, comparó esta decisión a la aerografía de la historia de Stalin. El filósofo pop Alain Finkielkraut expresó su temor de que algunas personas lleguen a la conclusión de que un “lobby judío” dicta la política al gobierno francés. Bernard-Henri Lévy, otro filósofo célebre, afirmó que la conmemoración de la muerte de Céline debió ser una oportunidad para tratar de entender cómo un “autor verdaderamente grande” también puede ser un “absoluto bastardo”. Aún más sorprendente, quizá, fue el hecho de que Serge Klarsfeld sintió la necesidad de declarar que él considera a Céline “un gran escritor” antes de calificarlo como “un ser humano despreciable”.
Hogar de artistas
  James Joyce
Francia es un lugar donde a autores y artistas se les concede un estatus especial, una especie de licencia de inmunidad poética o artística. De hecho, el país se continúa viendo a sí mismo, y a veces es considerado, como el segundo hogar natural de todos los artistas. Es esta actitud liberal la que atrajo a muchos miembros de las generaciones Perdida y Beat después de la Segunda Guerra Mundial, y la que sigue atrayendo a escritores de fuera como Dennis Cooper. Algunas de las más grandes obras de ficción contemporánea en inglés –Ulises de Joyce, Lolita de Nabokov o Almuerzo desnudo de Burroughs— estaban disponibles en Francia cuando fueron prohibidas o consideradas impublicables en Gran Bretaña o Estados Unidos. Un choque cultural ocurrió en la televisión en vivo en 1990, cuando un periodista de Quebec dijo a Gabriel Matzneff que éste sólo en París era agasajado por escribir sobre sus asuntos amorosos con parejas menores de edad (de ambos sexos). En cualquier otro lugar, argumentó, probablemente terminaría en la cárcel. El periodista fue posteriormente calificado de pequeño burgués, incapaz de apreciar la sutileza de los sentimientos de Matzneff o la belleza de su estilo. Baudelaire escribió en una ocasión que “la literatura y las artes persiguen un objetivo independiente de la moral” y, para bien o para mal, esto se ha convertido claramente en credo artístico oficial de Francia.
Más allá del bien y del mal
 Charles Baudelaire
Explicar esta “excepción francesa” no es tarea fácil, pero sospecho que tiene algo que ver con la elevación del arte a la condición de sustituto de la religión en la segunda mitad del siglo XIX. Un fenómeno similar se llevaba a cabo en toda Europa, por supuesto, pero es probable que tuviera más resonancia en el contexto de la lucha que libraban el republicanismo y el catolicismo. Tanto Flaubert como Baudelaire fueron procesados por obscenidad pública, pero cuando los diputados franceses pidieron la prohibición de Los biombos de Jean Genet en 1966 (por razones políticas, esta vez), el ministro de cultura (y novelista) André Malraux inmediatamente intervino para defender la inviolabilidad de la libertad artística. Para entonces, la creación artística era considerada en gran medida como un valor en sí mismo, más allá de la moral y la política, incluso más allá del bien y del mal.
Oscar Wilde
La opinión dominante en la literatura francesa fue probablemente mejor expresada por Oscar Wilde, que acabó su vida en el exilio en París: “No existe tal cosa de un libro moral o inmoral. Los libros están bien escritos o mal escritos. Eso es todo…” No del todo, quizá, en este caso. Nadie niega el talento de Céline como uno de los más grandes escritores franceses del siglo XX, probablemente el más grande junto con Proust. ¿Es posible, sin embargo, distinguir al autor de panfletos antisemitas del genio novelista, el hombre del artista?
Tomado de: The Guardian. Enero 31, 2011.

Traducción: José Luis Durán King.

1 thought on “Vigente, la controversia en torno a Céline

  1. El caso ‘Louis-Ferdinand Céline’ es difícil de resolver…. hemos ideologizado todo, como en las épocas de mayor fanatismo de la historia, y con el concepto americano de lo ‘politicamente correcto’, arrasamos con todo y condenamos a todos…
    No se puede soslayar la importancia de Louis-Ferdinand Céline, dentro de la literatura actual, ni tan poco su antisemitismo, pero ¿debe su ideología ser motivo de condena? y quemar sus libros y su recuerdo…
    ¿sería igual de justo, si hubiera sido anti-nazi?, lo dudo…
    y como aclaración, por mis venas corre sangre judía…
    Eduardo Martínez Rosas.

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