Apartamentos con aroma de suicidio

POR Roland Buerk
 Pocos optarían por alquilar un apartamento donde su ocupante anterior se quitó la vida. Así que la muerte suele estar seguida por una demanda de dinero
Tokio. Japón tiene una de las mayores tasas de suicidio en el mundo; en promedio, unas 100 personas se quitan la vida cada día. Y cuando esas muertes ocurren, provocan un gran impacto en las familias que quedaron atrás.

En un apartamento mal ventilado de Sendai, entre el aire turbio del humo del tabaco, un padre se arrodilla en oración. Incienso encendido y una campana delante del altar de la familia, un armario de madera ornamentada. La fotografía de su hija no está al lado de la de los antepasados, todavía se encuentra en la estantería. Colocarla junto a las demás significaría aceptar que se fue, aceptar que hace dos años encontró su cuerpo en su apartamento de alquiler de Tokio.
Ella tenía sólo 22 años y su padre no puede hacer frente a eso todavía. “Cuando me di cuenta de que estaba muerta, no pude moverme ni pensar en nada”, señala. “No podía entender lo que estaba pasando. Pensé que realmente Dios no existe en absoluto. Eso es lo que recuerdo de ese día”.
Sólo el padre, y su ex esposa, la madre de la joven, saben que su hija tomó una sobredosis de drogas. A sus parientes y amigos nunca les dijeron que fue un suicidio.
No transcurrió mucho tiempo después de la muerte de su hija para llevarse otro shock; esta vez una carta del casero de su hija. “Celebramos su funeral a finales de marzo”, recuerda. “La factura de renovación del alquiler llegó en abril y luego una demanda de indemnización por el alquiler perdido en mayo. Así que fue una tras otra. En lo único que pude pensar fue en mi hija perdida. Por eso, cuando recibí aquellas facturas, no tuve la voluntad ni la fuerza para negociar o resistir”.
En total pagó más de 30 mil dólares.
Rituales de purificación
Japón tiene una tradición histórica del rito del suicidio como salida honorable. Pero a medida que el número de personas que se suicidan va en aumento, el malestar público crece.
Pocos optarían por alquilar un apartamento donde su ocupante anterior se quitó la vida. Así que la muerte suele estar seguida por una demanda de dinero. “Hay un montón de ellos”, explica Sachiko Tanaka, quien creó un grupo de apoyo para las familias de los suicidas.
“La mayoría pide una compensación por la pérdida del alquiler. La más grande fue de 1 millón 450 mil dólares. La demanda fue porque el edificio entero perdió su valor, ya que una persona se suicidó en él. Por lo que tuvieron que pagar su reconstrucción”. Muchas familias están obligadas a pagar los costos de los rituales de purificación.
El grupo de apoyo se ocupa de alrededor de 200 denuncias de demandas desmedidas de los propietarios y, a su vez, pide un cambio de la ley.
En casa, no es honroso
Algunos agentes inmobiliarios están ya dispuestos a ayudar a los dolientes. Yoshihiro Kanuma tiene, lo que él llama, una casa difícil en su catálogo. Estuvo dispuesto a ponerla en sus listas de alquiler dado que es un ferviente budista.
Está un lugar corriente, construido hace pocos años, lo que el comercio de Japón llama un 3LDK: tres dormitorios, una sala de estar, comedor y cocina, en una ciudad dormitorio a las afueras de Tokio.
La visita comienza en el dormitorio principal, con vistas a un campo de arroz, pero luego le tiene que informar a los compradores potenciales que el último propietario se ahorcó en la escalera. “Nueve de cada diez personas dicen que no quieren tener nada que ver con la casa”, señala.
“Los japoneses pueden pensar que la casa está manchada. Supongo que algunos pueden decir que es heroico suicidarse, pero dentro de una casa no es visto de esa manera. Creemos que la casa no es pura y traerá infelicidad. Personalmente, considero que la casa en sí no tiene ninguna responsabilidad, pero muchos japoneses lo sienten de esa manera”.
Kanuma logró convencer a una familia de que hiciera una oferta que fue aceptada (a la mitad del precio de otras casas en la zona).
De vuelta en Sendai, el desconsolado padre se sienta silenciosamente en su silla, y enciende otro cigarrillo. Admite que se ha convertido en un recluso, y dice que le gustaría morirse.
En comparación con la pérdida de su hija, el dinero no es nada, pero al igual que muchos japoneses no sufre sólo la ausencia de un ser querido, sino también problemas financieros.
Tomado de: BBC Mundo. Febrero 26, 2011.