Cary Stayner: nadie creía que era un asesino

POR José Luis Durán King
Sospechoso de ser el asesino de cuatro mujeres, un hombre tranquilo llamado Cary Stayner estaba a punto de quedar libre, cuando sorpresivamente se declaró culpable frente a miles de espectadores

El 12 de febrero de 1999, la señora Carole Sund, de 43 años; su hija Juli, de 15, y Silvana Pelosso, de 16, ésta última de visita en Estados Unidos como parte de un intercambio estudiantil, viajaron a las montañas de Sierra Nevada, en Yosemite, California. Se hospedaron en el Cedar Lodge. El día 15, las tres mujeres salieron a rentar unos videos para disfrutarlos en su habitación. No se les volvió a ver con vida.

Un mes después, el 18 de marzo, un motociclista encontró a la orilla de la carretera 108, cerca del bosque Stanislaus, un Pontiac rojo 1999, que había sido incendiado de forma premeditada. Las autoridades, entre ellas agentes del FBI, abrieron el auto y en el interior hallaron dos cuerpos calcinados. Las investigaciones arrojaron que se trataba de Carole Sund y Silvana Pelosso. En cuanto a Juli, la policía temía que hubiera enfrentado un destino similar al de sus dos acompañantes.
En los días siguientes, el FBI detuvo a 11 personas, entre ellas a cuatro mujeres. Eran los sospechosos de siempre: delincuentes sexuales, adictos y ex convictos. Pese a los exhaustivos interrogatorios, ninguno resultó culpable de los homicidios.
Sin resultados, las autoridades judiciales repasaron la lista completa de interrogados, incluyendo a los que no contaban con antecedentes penales, entre ellos un empleado del Cedar Lodge llamado Cary Stayner. Tres semanas antes de que lo volvieran a inquirir, una joven había reportado la desaparición de su amiga Joie Ruth Armstrong, de 26 años. Días después, un viandante halló el cuerpo mutilado de una mujer. El cadáver resultó ser de Joie, quien había sido arrojada, decapitada, a sólo cinco kilómetros de Cedar Lodge.
Los investigadores registraron el departamento de Stayner, descubriendo evidencias que vinculaban al hombre con el asesinato de Armstrong. Y días después, los agentes estaban seguros de que también tenía que ver con los homicidios de Carole Sund y Silvana Pelosso. De un día para otro, Stayner era un fuerte candidato a ser un asesino serial.
En cuanto se oficializó la detención de Stayner, la gente que lo conocía de inmediato hizo públicas sus dudas acerca de que el hombre fuera un asesino, pues lo consideraban un individuo tranquilo, cooperativo, agradable y que nunca había tenido un comportamiento violento. Su único encuentro con la ley se remontaba a 1997, cuando fue detenido con un cigarro de mariguana.
Confesión a cuadro
Pese a las evidencias que pesaban en su contra, Cary Stayner negaba su participación en los homicidios. Los interrogatorios no llegaron a nada y el presunto delincuente fue puesto en libertad, con la premisa de que si se avanzaba la investigación en su contra podía ser detenido nuevamente. Así sucedió: los agentes lograron recabar más pruebas y Stayner fue reaprehendido en un campo nudista el 23 de julio de ese mismo año. Pero la historia parecía repetirse y él continuaba negando su culpabilidad.
Por la noche, Stayner accedió a dar una entrevista para un canal de televisión local. El reportero de la KNTV preguntó rutinariamente si tenía algo que ver con la cadena de asesinatos y, sin que nadie lo esperara, el individuo, con toda tranquilidad dijo: “Soy culpable. Asesiné a Carole y Juli Sund, a Silvina Pelosso y a Joie Armstrong… Ninguna de ellas fue abusada sexualmente de ningún modo”.
Sin embargo, las pesquisas demostraron que Stayner violó a dos de sus víctimas, Juli Sund y Joie Armstrong, con las que incluso se tomó varios días para disfrutarlas antes de asesinarlas y mutilarlas.
El caso de Stayner se convirtió en un dolor de cabeza para el aparato judicial de California. Mientras que la parte acusadora pedía la pena de muerte, los abogados del asesino adujeron que éste actuó en sus delitos en un estado de demencia temporal. El hombre puso su parte y en la corte señaló que estaba muy preocupado por las “recientes apariciones de Pie Grande en las montañas de Sierra Nevada y por las profecías de Nostradamus”.
Así, el debate se centró en si Cary Stayner era un asesino a sangre fría o un enfermo mental que sufrió abusos durante su infancia. Las interrogantes fueron despejadas por un grupo de psiquiatras forenses, quienes por unanimidad declararon que el individuo estaba mentalmente sano.
El 26 de agosto de 2002, tras cinco horas de deliberación, el jurado encontró culpable a Stayner de tres asesinatos en primer grado, por lo que tendrá que enfrentar tarde o temprano al verdugo institucional.