Del Japón de Mishima y Kawabata

POR Alfredo C. Villeda
 Hoy, en la hora trágica de Japón, frente a la emergencia la comunidad internacional lanza múltiples alertas, quizá exageraciones, pero una gran parte de los afectados piensa ya en levantarse pronto antes que en lanzar culpas
El alma japonesa en vilo. El alma japonesa sacudida. El alma japonesa maltrecha. Una sentencia de Yasunari Kawabata, de súbito, es zarandeada a 9 grados Richter y vuelta contra el propio colectivo aludido. “Alma: ¿de qué sirve esta palabra, sino para calificar la energía que circula en toda la creación?” Momentos después, esa energía acumulada en las entrañas tectónicas desde el Cretácico deja de ser una revelación poética para convertirse en el paso furioso de la naturaleza devenido tsunami, y el factor evocado por el Nobel aterriza en una frase de su descubierto, Yukio Mishima: “El alma, ¿no es un concepto que incluye la totalidad de las existencias y las no existencias? (…) El alma, esta forma que tiene por actividad englobar a todas las cosas, se metamorfosea, se traslada sin cesar, y no conoce nunca la fijeza”.

Imágenes de ambos autores, evocativas, premonitorias, contradictorias, asoman entre los escombros del sismo y del maremoto que tienen a esa gran nación en la lucha por levantarse, como ya lo hicieron dos veces en el siglo XX, tras sus derrotas en las guerras mundiales, sobre todo después de octubre de 1945, cuando dos bombas nucleares devastaron Hiroshima y Nagasaki.
Escribe Mishima desde su estancia en Oshima, el 9 de mayo de 1950: “La tarde de mi llegada escuché, a intervalos de alrededor de 30 segundos, breves detonaciones que continuaron durante toda la jornada y hacían temblar los vidrios. Por encima del cráter, el cielo está tan encendido como en el crepúsculo, y cada vez que la tierra truena, se ven brotar bloques de lava candente, que forman verdaderas olas: su cresta de fuego se rompe en fragmentos de roca, que se alzan hacia el cielo en copos de espuma. Parece que el mes pasado un hombre temerario se arrojó, ante la mirada atónita de su acompañante, en la corriente de lava que, lentamente pero sin detenerse, bajaba con la velocidad de una escalera mecánica por la pendiente desértica del volcán. Su compañero, impotente para salvarlo, sólo atinó a contar el tiempo que el hombre tardaba en desaparecer: me dijeron que sólo fue necesario un cuarto de hora para que su cuerpo se hundiera completamente”.
Sin embargo, el mar de Mishima no es el mar encolerizado después de la sacudida sísmica. El torrente de violencia está en los personajes y su compleja psicología. Son ellos, contemplando o navegando sobre la carpeta acuática, los que despliegan una serie de erizados movimientos, peligrosas reacciones. Para los chicos de su novela El marino que perdió la gracia del mar “sólo existen unas cuantas cosas realmente permisibles: el mar, por ejemplo”. Un mar al que el novelista, ha dicho la ensayista Clara Sánchez, se fue aproximando con sus escritos y al que finalmente se entregó.
En Kawabata el mar se mueve por otras insondables razones, ajenas a un terremoto. Palabra esta, terremoto, tan fuerte en español como sonora en inglés, earthquake; ligera dentro de su potencial poder destructor en francés, séisme, y enigmática en el mejor alemán: erdbeben. En La casa de las bellas durmientes escribe: “Las cejas estaban libres de cosméticos, las pestañas bajadas eran regulares. Olió la fragancia del cabello femenino. Al cabo de unos momentos el sonido de las olas se incrementó, porque el corazón de Eguchi había sido cautivado”.
En Una cuestión personal, un personaje de Kenzaburo Oè ve con repugnancia el rostro de su hijo. Sabe que no puede dejarlo, olvidarlo, abandonarlo. Es su responsabilidad. Hoy, en la hora trágica de Japón, frente a la emergencia la comunidad internacional lanza múltiples alertas, quizá exageraciones, pero una gran parte de los afectados piensa ya en levantarse pronto antes que en lanzar culpas. Como en la novela, asisten abatidos a la devastación de varias ciudades, pero saben que esta vez juega primero el factor natural, y pese al calamitoso escenario, ya ponen manos a la obra para rehacerse, numerito cuyo camino conocen de otros tsunamis, fenómeno bautizado por ellos de tan familiar que les resulta.

1 thought on “Del Japón de Mishima y Kawabata

  1. Interesante aticulo… De alguna forma refleja el espíritu y la mentalidad japonesa…..
    Eduardo Martínez Rosas

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