Depresión y crisis creativa

POR Mariana Molina
La tristeza que antecede a un estado depresivo pasa a uno de indiferencia; no significa que ya no permanezca una profunda tristeza en alguno de nuestros interiores, pero el depresivo ya ha dejado de sentirla
La depresión es uno de los temas a los que siempre suelo dar la espalda. Soy abierta en muchos otros, casi inmunizada por mi generosa pretensión existencialista. Desconsolar temas como el amor, el sentido de la vida o la poesía se vuelven demagogia infame para mi propio consuelo; aquí no puedo hacer una sátira que académicamente resulte cursi para demostrar mi avidez retórica, giros literariamente no resueltos del absoluto con los que me permito ser insultantemente feliz, íntima, acústica mental, éxtasis profundo de los pensamientos que en cualquier momento pueden volverse rumiantemente vulgares, hasta caer en  depresiones como se cae en el aburrimiento.

La depresión siempre se cuenta como algo que vivimos de cerca con algún amigo o pareja; la recordamos también por parientes lejanos a los que solíamos huirles, jurando que nosotros jamás caeríamos en ella; “eso no me pasará a mí”, es el pensamiento ante cualquier miseria que consideramos nos despoje de nuestra dignidad; también recurrimos al argumento casi heroico de que la depresión es un estado de sensibilidad extrema y creativa; entonces, somos depresivos porque tenemos una inteligencia o talento con el que no podemos relacionarnos directamente en forma “normal” con el mundo exterior; cualquiera de las dos es posible y válida, pero mal entendida si la compartimos con aquel que está y no sólo se siente, o cree estar deprimido.
Lo más grave no es si muchos la utilizan como adorno románticamente barroco, si se ha vulgarizado el término, si somos propensos a ella por herencia, experiencias o porque realmente somos seres creativos, inteligentes y sumamente sensibles; lo más grave es cuando ya hemos dejado de preguntarnos las causas.
Perder las ganas de tener ganas, de tener motivaciones siquiera para preguntarnos si existe algo que nos motive, el rechazo por todo aquello que se mueva y parezca tener vida, empujados por la inercia deambulamos como notas sin sonidos; no queremos ver a nadie, no hablamos con nadie, levantarte a las 12 del día, abrir los ojos y pensar por qué carajos no podemos permanecer dormidos 12 horas más.
La tristeza que antecede a un estado depresivo pasa a uno de indiferencia; no significa que ya no permanezca una profunda tristeza en alguno de nuestros interiores, pero el depresivo ya ha dejado de sentirla, es una defensa casi obligada por nuestro sistema emocional; la fase de la negación se parece mucho, pero no, nosotros no lo negamos, sabemos que ahí viene, que está empezando la música para bailar otra etapa menopáusica de nuestra vida; comer demasiado o no hacerlo es un rebote en nuestro organismo, no en nuestra mente; “olvidamos” que tenemos que comer, simplemente estamos demasiado cómodos frente al televisor o arrumbados en algún rincón, el alimento es tan primitivo que nos da asco.
Realmente se trata de escondernos hasta de nuestros propios instintos primarios. Ir al baño es básico, llorar es básico, quejarse también; ahí viene, podemos sentirlo; despertar a las 10 de la mañana, abrir los ojos; esta vez me pregunto por qué estoy tan cansada, evito salir a la calle, la gente me parece tan común y me da miedo el movimiento escandaloso; desayunaré algo, pero no quiero bañarme, ni cambiar mis ropas, he decidido no salir, estoy muy cansada. La luz aturde, cierro las cortinas, siento mucha angustia, pero no quiero hablar con nadie, evito las visitas, no contesto el teléfono, hablo con las sombras mudas, camino alrededor de mis habitaciones, vuelvo a dormir, estoy muy cansada, quizá deba salir a comprar algo, pero quizá mañana o después; en este momento no lo necesito, así que no me interesa. No entiendo lo que significa interés. Ahí viene, puedo verlo. Despierto a la una de la tarde, esta vez no pienso nada, siento un frontal rechazo hasta por pensar, vuelvo a cerrar los ojos, no quiero abrirlos, no estoy viva, me duele la postura arrancada a mi lado, suelto en llanto apretando los ojos, como pidiendo a gritos que no salga ni una gota, un depresivo no saber llorar con la angustia, ni llorarle al miedo.
Sería demasiado peligroso dejarme sentir tanto vacío a la vez. Estamos en la fase ansiedad. Ahí viene, puedo verlo en retrospectiva. Despierto decidida a salir, late mi corazón con una fuerza brutal, su latido me dice, ¡no puedo! ¡No puedo! Un terror por salir a la calle se apodera de mi cuerpo, entonces empieza la necesidad de un hombro donde llorar; no es un novio, lamento decepcionarlos, son mis cigarros que me acompañan más leales que una absurda sonrisa, un trago de whisky, pero me conformaré con una cerveza para darme valor.
Atreverme no sólo a salir sino hablar con la gente en esos momentos es un salto mortal. Miro hacia ningún lado, me duele la cabeza. Llego a mi destino, alguien me pregunta cómo estoy o hace alguna referencia a mi cara inexpresiva. No soporto las miradas, comienzo a vomitar, salgo corriendo de ahí, necesito volver hacia ninguna parte, ahí donde lo veo venir, hago burlas sobre lo sucedido, cuestiono a Freud y a Lacan; recuerdo aquellas veces cuando recurrí a los medicamentos, estaba vivencialmente funcional, pero no podía sentir, ni tristeza, ni alegría, ni miedo, ansiedad o angustia, simplemente no sentía nada; ahora puedo hacer bromas sobre mi propia caricatura. Siento ganas de escribir, tomo el libro que abandone antes de hacerlo conmigo.
Qué maravillosa sensación tener un momento perdido para mí. Ahí viene, lo veo venir. Puedo hacerlo, tomo el teléfono y devuelvo las llamadas, me excuso por las cancelaciones. Voy a enviar culpas al escusado, ése es un autoabrazo para los depresivos. Tengo ganas de escuchar mi disco favorito, subo el volumen del sentimiento, me vuelve el cuerpo al alma, qué bien se siente, entono las canciones en voz alta, muevo la cabeza, las piernas, más fuerte! Más fuerte! Esta vez no cierro los ojos sino los puños; lo veo venir, estoy de vuelta. El luto depresivo da la vuelta, no tropiezo con el pasado, he ganado la reincidencia de continuar sin suspender los momentos depresivos, cada vez son menos porque deje de controlarlos, he dejado de marchitar mi osamenta con análisis exhaustivos del pánico escénico ante los miedos, he dejado de atormentarme con las reacciones de los que me rodean, he dejado que suceda la crisis gozosamente creativa de saber sentir.

4 thoughts on “Depresión y crisis creativa

  1. El tema de la depresión, es un tema difícil de abordar, ya que ‘popularmente’ existen muchos lugares comunes, que distraen la atención…
    Sin pretender ni remotamente ser un experto, trataré de explicarme lo que para mí es la depresión. Me parece que es una agrupación de síntomas, enfermedad o síndrome, en que predominan conductas autodestructivas, como es la tristeza, el decaimiento, la irritabilidad, un malestar e impotencia frente a la vida, problemas para conocer o resolver situaciones simples, un pesimismo que afecta dramáticamente la voluntad, en inclusive limitaciones físicas, que afectan al ‘paciente’ en forma total. Me parece evidente que no es un simple problema de ‘tristeza’, sino un muy complejo conjunto de sintomatologías, que en gran medida impacta a aquellos que rodean a la persona deprimida o depresiva…
    Aun con la influencia romántica del siglo XIX, cuando la depresión o melancolía, se convirtió en ‘el mal del siglo’, un mal que era invocado y reclamado por artistas e intelectuales, estoy de acuerdo en que es absurdo utilizarlo como un adorno de ese romanticismo ‘barroco’, ya que estamos hablando de una patología y no de un adorno…
    Esa pérdida de motivación por vivir, de ‘perder las ganas de tener ganas…’, con toda la sintomatología que describes, muchas veces banalizada, es verdaderamente terrible, para cualquier ser humano, e incomprensible para cualquiera que no ha sufrido de depresión…
    Verdaderamente, este es un artículo que te confronta y te hace reflexionar profundamente…
    Eduardo Martínez Rosas.

  2. Muy interesante tema, el de la vinculación entre la depresión y el Proceso Creativo.
    Es lugar común, pensar que la creatividad artística y literaria, y en general la capacidad intelectual, está asociada a la depresión.
    Si bien, en muchos sentidos esta asociación es real, no siempre se produce.
    En cuanto a la descripción del fenomeno que es la Depresión, la descripción que nos haces, es perfecta.
    Felicidades.
    SANDRA LUZ HERNANDEZ

    PD: Magníficas fotografías, mejores que las de otrqas ocasiones. Tan solo un comentario al diseñador de la página, la franja azul se ve muy elegante, pero dificulta la lectura, sobre todo si está uno en un celular, podrían usar un color menos intenso o eliminarla.

  3. “La tristeza que antecede a un estado depresivo pasa a uno de indiferencia; no significa que ya no permanezca una profunda tristeza en alguno de nuestros interiores, pero el depresivo ya ha dejado de sentirla”

    Me impactó tu escrito Mariana. El conocimiento que tienes sobre estos temas, es verdaderamente magistral, como siempre es una delicia leerlo. No siempre comento, pero siempre te leo.

    Vicky Alatorre.

  4. Mariana, este artículo es extraordinario. Describes la fenomenología de la Depresión, en forma precisa…
    Zaidat Mabarak.

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