Expo sexo 2011: donde el sexo se ve, pero no se toca

POR Andrea Mireille
FOTOS: Octavio Hoyos
Un calor abrasador, ofertas de reventa y largas filas nos recibieron a la entrada de la Expo Sexo y Entretenimiento 2011, un desfile de carne de irregular calidad y lencería barata. Con algunas excepciones, aquello es más bien una procesión de anabólicos, celulitis, estrías y lonjas a ritmo de reggaetón y electro chafa, lo cual  hace pensar que si la expo fuera una película, sería soft: mera cogedera simulada, repetitiva y monótona, un evento donde el sexo se ve, está en todas partes, pero no se toca, se disfruta de manera superficial y no se consuma
Deseo
Al lado del registro de prensa desfilaban toda clase de asistentes: oficinistas, adultos, mayores, parejas y muchos veinteañeros; había pocas chicas, la mayoría de las maduritas iban con sus novios o esposos, pero no vi mujeres solas ni en grupo.

También rondaban grupos de curiosos que no tenían boleto; cuchicheaban y reían, se paraban de puntas intentando adivinar las formas de aquellos cuerpos lejanos, perdidos entre el tumulto y la música estridente. Así permanecían por varios minutos, hasta que finalmente se alejaban frustrados, tanto como nosotros, que permanecíamos en la fila observando la revisión de los visitantes. Después de una hora de espera,  por fin logramos entrar a “la fiesta más grande del sexo”.

Excitación
Una vez dentro comenzó el desfile de cuerpos, un gran número de hombres tomaba fotografías con sus celulares y miraba atentamente al escenario: el primer par de tetas falsas de la tarde estaba frente a mí; jamás había visto un par de cerca, eran enormes y parecían de cera. Los hombres se atiborraban frente al escenario, mientras el animador decía chistes y los animaba a subirse. Pese que se dice que hay una mayor apertura y que los mexicanos ya no son tan mojigatos, pocos eran los hombres realmente dispuestos a subirse, muchos reían, gritaban y alzaban la mano pero no se atrevían a algo más. Los que se decidían posaban junto a las modelos con sonrisas tímidas y nerviosismo palpable; no las tocaban, incluso cuando ellas les ponían la mano en alguna parte del cuerpo, además, prácticamente los jalaban para animarlos a darles un beso en la mejilla. Lo cierto es que algo anda mal cuando los hombres prefieren tomarse fotos embarrados en un vehículo de lujo de Playboy que junto a una mujer semidesnuda.
Nos alejamos del primer escenario para continuar con el recorrido; en el camino aparecían cuerpos de todo tipo: producto de los anabólicos, enclenques, entrepiernas discretas, abultadas y descaradas; eso sí, el lugar estaba lleno de profesionales de las más distintas áreas: enfermeras, policías, militares y hasta monjas bailaban, paseaban; contoneándose ofrecían volantes con información sobre disfraces, lubricantes y vibradores “cien por ciento reales”.
Tal vez por tratarse del primer día muchas bailarinas mostraban una profunda apatía, se movían mecánicamente, con rostros totalmente inexpresivos. Pocas eran las que bailaban con desenfado y algo de placer. En los retratos la situación era la misma, sólo una chica destacaba por tener una larga y ansiosa fila para tomarse una foto junto a ella; el entusiasmo de la joven ataviada con medias de red, orejas y cola de gato era insuperable, al grado de que un chico le dijo “pero no te me pegues tanto”. La gatita se montaba alegremente sobre los hombres y era de las pocas que permitía que le pusieran las manos donde fuera, lo que dejó más que satisfecho a un abuelo que se retrató con ella.
Meseta
Con el camino repleto de nalgas, pechos, sonrisas y caras de placer posadas, nos abrimos paso entre los distintos pabellones, donde escenas similares a las anteriormente descritas  se repetían una y otra vez. Entonces llegamos al Mega Table Dance “el más grande de México”. A esas alturas mi acompañante y yo ya íbamos escépticos; sin embargo, los cientos de ojos femeninos puestos en el escenario y sus gritos histéricos despertaron mi curiosidad; en el escenario, un tipo completamente vestido bailaba. Con la esperanza de que se quitara la ropa y me hiciera la tarde más llevadera decidí esperar, valió la pena: bastó con que empezara a desnudarse para que mis pupilas se dilataran y se concentraran en ese momento, el único en el que de verdad algo se removió en mi interior. Aunque no más que a la chica del público que estaba sobre el escenario, quien sufría antes de que el teibolero siquiera apareciera. Para cuando lo tuvo enfrente totalmente desnudo, el pudor cedió un poco; sin embargo, la  expresión de sorpresa y enorme susto cuando el bailarín le tocó la vagina provocó carcajadas y resultó absolutamente inolvidable.
El ucraniano hizo verdaderas proezas en el tubo, ¡en el tubo! (que siempre creí exclusivo de las mujeres); el mejor momento fue cuando con Sadeness Part 1 de Enigma a todo volumen (con todo y cantos gregorianos) ese cuerpo perfectamente proporcionado se colocó con los pies cruzados y extendió los brazos cual Cristo crucificado; esa pose profana le brindó aplausos y un alboroto femenino que no se repitió en toda la tarde.
Posteriormente, un mexicano hizo lo propio en un numerito bastante bueno –pese a que abrió con La incondicional del nefasto Luismi— que dejó muda a más de una. Al final todos los cinco reyes del teibol se restregaron –algunos con menos entusiasmo que otros— frente a cinco damas del público, todas con ojos desorbitados y expresión suplicante.
Orgasmo
A las cinco de la tarde la afluencia había crecido notablemente, un penetrante olor a sudor enrarecía el ambiente; los flashes de las cámaras y los celulares se erguían cada vez más para retratar torsos femeninos desnudos, culos, piernas y demás, incluso, algunos teléfonos móviles dejaron de ser cámaras amateurs para convertirse en auténticos instrumentos de exploración ginecológica.
Las pornstars internacionales mostraban con excepcional alegría vaginas, anos y sí, más tetas enormes e inamovibles. Los hombres parecían más desparpajados y prestos a gozar el exhibicionismo –un probable efecto del consumo de cerveza y gelatinas con tequila. Los flashes, los gritos, los vibradores, el Reposex (mueble diseñado específicamente para facilitar y hacer más cómodo el sexo) y las golosinas con forma de órganos sexuales enmarcaban el ambiente, en el que las expresiones de lujuria, excitación y morbo permanecieron absortas y ansiosas como muchos de los hombres que hacían fila para tomarse la foto para el Facebook con la pornstar de las tetas al aire: mención especial para el chico que cargó con pasión a una de las modelos (apretón de nalga incluido), pero, sobretodo, para la mujer que le dijo a su pareja “le dices que se baje la blusa”; el hombre apenas sonrío para la foto e ignoró la petición de su compañera, quien decepcionada exclamó: “¡Ay, pinche puto!”
Resolución
Para quien esto escribe y para el fotógrafo que ilustra el texto, la inauguración de la Expo Sexo se resume a una tarde llena de carne de irregular calidad, lencería barata y una gran oferta de vibradores y productos sexuales. El físico de los “expositores” que desfilaban en atuendos minúsculos por el lugar eran bastante lejanos a los de las bellísimas modelos y hombres perfectos que decoran los anuncios del Metro. Con algunas excepciones, aquello fue más bien un desfile de anabólicos, celulitis, estrías y lonjas. No es que tener imperfecciones sea malo, pero pagar por lo que uno ve cotidianamente no deja de parecerme defraudador, además el reggaetón y el electro chafa a todo volumen no  contribuyen a crear una atmósfera sugerente, excitante. Habrá que ver que nos depara la exposición en los siguientes días (planeamos repetir), pero en lo personal, un bar swinger desierto, sexy masajes detrás de una cortina que no eran solicitados, la timidez, el simplismo y la apatía que presencié en la apertura me hacen pensar que si la Expo Sexo y Entretenimiento 2011 fuera una película, sería soft, pues a pesar de ver cuerpos desnudos y contacto sexual, al final es mera cogedera simulada, repetitiva y monótona sin más. Esperemos que al menos la banda de la expo se prenda e interactúe un poco más con los casting para encontrar a la estrella porno latina. Después de todo, en la exposición el sexo se ve, está en todas partes, pero no se toca, se disfruta de manera superficial y no se consuma.

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