Febrero 24, 1786. Wilhelm Grimm, el intelectual de la familia


El 24 de febrero de 1786, hace 225 años, nació Wilhelm Grimm, el más joven de los hermanos recolectores de cuentos. La mayoría de los reseñistas de la época describen a Jacob como el estudioso de la familia y a Wilhelm como el difusor de las historias, así como el responsable de “contaminar” las narraciones, de acuerdo con los valores que ambos tenían o con el público al que enfrentaban en determinadas ocasiones.

Objetivo original de los hermanos, en parte académico y en parte patriótico, fue reunir y preservar los auténticos cuentos populares alemanes. Cuando se percataron de que versiones similares de sus cuentos han existido en otras culturas desde hace mucho tiempo, y que su público lector estaba interesado principalmente en una buena historia, las adaptaron. Sobre todo bajo la supervisión de Wilhelm, el tono académico y la nota al pie de página aparecieron en las subsecuentes ediciones, y las historias se hicieron cada vez más asépticas y moralistas. (Aunque la disneyficación no fue tan lejos como más tarde muchos lo hubieran deseado: al final de la Segunda Guerra Mundial, los comandantes aliados prohibieron la publicación de los cuentos de los Grimm en la creencia de que su violencia había contribuido a la barbarie nazi.)
En The Hard Facts of the Grimms’ Fairy Tales (1987), Maria Tatar señala que los adultos de hoy que leen los cuentos originales, sin censura, deben estar listos para “descripciones gráficas de asesinato, mutilación, canibalismo, infanticidio e incesto”, hijastros decapitados por las madres y devorados como guisos de papas, chicas malas obligadas a desnudarse y rodar cuesta abajo en barriles tachonados de clavos, o sufrir el cercenamiento de manos y pechos por desobedecer al padre, etcétera. La Rapunzel de las primeras ediciones inadvertidamente deja saber a su carcelero que ella ha estado pasando sus noches con el príncipe, haciendo algo más que dormir:
“… tomó tal gusto por el joven rey que hizo un acuerdo con él: venir todos los días y pernoctar. Así vivieron con alegría y gozo por un tiempo determinado, y el hada no descubrió nada hasta que un día Rapunzel empezó a hablar con ella y le dijo: ‘Dime, madre Gothel, ¿por qué cree usted que mi ropa se ha vuelto demasiado estrecha para mí y ya no me queda?