Homicidio serial y espectro geográfico

POR Opera Mundi
Una técnica en el perfilamiento de mentes criminales tiene que ver con los patrones geográficos del sospechoso: por ejemplo, dónde fue seleccionada la víctima, dónde se han cometido los delitos y la ruta de viaje utilizada por el homicida para disponer del cadáver

Uno de los casos más extraños y complicados en los anales de la criminología universal, en el que la geografía de una serie de homicidios pareció jugar su parte, fue el del Zodiaco, quien operó en y a los alrededores de San Francisco, California, a finales de los años 60.

Cuántas víctimas hay que atribuir a este criminal es aún motivo de controversia, sobre todo por las cartas que envió a la prensa y a la policía para fanfarronear y despistar. Por ejemplo, de no ser porque alguien estableció una conexión con en el asesinato en 1966 de Cheri Jo Bates, en Riverside, Zodiaco jamás habría aceptado ese delito como obra suya. Y aunque el homicidio no tuvo su rúbrica, las misivas enviadas a las autoridades y los telefonazos que recibió el padre de Cheri fueron suficientes para probar que el agresor actuaba más allá de las fronteras de San Francisco.
El incidente inmediato fue el sacrificio de una pareja, David Faraday y Betty Lou Jenson, el 20 de diciembre de 1968. Ocurrió cerca de la ciudad de Vallejo, al norte de San Francisco. En la misma área, en julio de 1969, otra pareja, Darlene Ferrin y Michael Mageau, fue asaltada con una pistola semiautmática, y sólo Michael vivió para contarlo.
Las cartas de este singular delincuente eran recibidas con cierta regularidad en los diarios San Francisco Chronicle, San Francisco Examiner y Vallejo Times-Herald, cada una de ellas con referencias específicas de los crímenes y partes de un código. Con base en las misivas, las autoridades intentaron rastrear al asesino, pero todo fue inútil. Fue precisamente a través de una carta que el sujeto se identificó como Zodiaco. Los asesinatos y la correspondencia continuaron hasta 1984. Zodiaco aceptó haber sacrificado a una gran cantidad de personas, argumento que nadie rebate, pues se cree que por lo menos tuvo que ver en 37 homicidios.
Alto coeficiente intelectual
Lo que dio al caso del Zodiaco un sesgo decididamente geográfico fue un mapa que él mismo envió de Monte Diablo, un área cercana a la bahía de San Francisco. Algo interesante debía resultar –argumentó el asesino— si la policía trazaba un radian en Monte Diablo. El radian es una unidad de medición angular utilizada por ingenieros y matemáticos que equivale a 57 grados, 17 minutos y 44 segundos. Es un ángulo sobre un arco cuya longitud es igual al radio de un círculo, en el cual el arco es una parte. Si el radian es colocado en un mapa con el vértice sobre Monte Diablo y una pierna del ángulo cruzando los lugares de los homicidios de Vallejo, entonces la otra pierna pasaba por la prisión Heighs de San Francisco. Por supuesto, las autoridades sacaron en conclusión que Zodiaco era un antiguo inquilino de Heighs, pero tampoco las investigaciones dieron resultado.
Con estas evidencias, la policía supo que se enfrentaba a un criminal con un coeficiente intelectual superior, aspecto que no concordaba con la pobreza del lenguaje utilizado por el individuo en sus misivas. Las frases desarticuladas y la miseria gramática a la luz de los análisis actuales parece ser más una estratagema que una genuina expresión de Zodiaco.
Zodiaco nunca fue arrestado por sus delitos. De hecho, nadie sabe quién fue el personaje. Sin embargo su caso sirvió para establecer una nueva tipificación criminal: el perfil geográfico. Zodiaco no fue el primero ni el último en demostrar que los asesinos pluralistas operan en muchas ocasiones obedeciendo a mapas mentales, aunque su conducta contribuyó para cartografiar nuevas islas de los oscuros mares en que navegan los predadores seriales.
Patrones criminales
En la elaboración de un perfil muchas cosas deben ser tomadas en consideración, incluyendo la forma de vida de la víctima, el tiempo y lugar del delito, el método de secuestro, el tipo de arma utilizada, entre otras. Sobre esta base, el ex perfilador de conducta criminal del FBI, John Douglas, creó una fórmula: “Cómo+por qué = quién. Si podemos contestar los cómo y por qué de un crimen, generalmente podemos arribar a una solución”.
A continuación, algunos datos que no deben obviarse en la elaboración de un perfil criminal:
-Arma utilizada.
-Lugar del crimen.
-Posición del cadáver.
-Clima del lugar del delito.
-Tipo de heridas infligidas.
-Factores de riesgo del victimario.
-Método para controlar a la víctima.
-Evidencias de una firma o impronta.
Datos mudos
Los datos mudos arrojados por los cuerpos de las víctimas pueden ubicarse en patrones que, a su vez, es posible que ofrezcan la descripción general de un “sospechoso desconocido” en términos de hábitos personales, posible empleo, estatus marital y rasgos de personalidad. Un buen perfil psicológico es un intento educado por proveer parámetros acerca del tipo de persona que ha cometido cierto crimen, basado en la idea de que las personas tienden a ser esclavas de su psicología y que, por lo tanto, inevitablemente dejarán huellas. Para lo anterior, el tipo de información que debe buscarse es la siguiente:
-Género del ofensor.
-Cualquier evidencia que indique una personalidad organizada o desorganizada.
-Estabilidad geográfica.
-Evidencia de ser compulsivo o impulsivo.
-El tipo de impronta dejada en el escenario del crimen.
-Evidencias de ritual.
-Si algún “trofeo” fue tomado del cuerpo de la víctima.
Evidencias psicopatológicas
Un perfil es más fácil de elaborar si el ofensor despliega algunas evidencias de psicopatología como torturas sádicas, mutilación posmórtem o pedofilia. Algunos homicidas dejan un tipo de “firma o impronta”, que no es otra cosa que una manifestación de una personalidad peculiar, como abandonar los cuerpos en posiciones humillantes o amarrar a las víctimas con un nudo complicado. Estas evidencias contribuyen a vincular las escenas de los crímenes y a alertar a las fuerzas del orden de la presencia de un asesino o un violador serial. Asimismo, si un patrón es detectado, éste puede ayudar a prevenir ataques futuros o a vigilar los lugares con mayores posibilidades de que ocurra un ataque homicida.
Los perfiladores más respetables, como Robert Ressler y John Douglas, no han construido sus carreras detrás del escritorio; han obtenido sus conocimientos mediante encuentros con criminales de la primera división, de ahí el desarrollo de su gran sentido de intuición frente a ciertos tipos de crímenes cometidos al azar. Generalmente, los perfiladores emplean teorías psicológicas que los proveen de herramientas para analizar deficiencias mentales o patrones de pensamiento criminal.
Un desarrollo relativamente reciente en el concepto de perfilamiento es el énfasis puesto en los patrones geográficos del sospechoso: dónde fue seleccionada la víctima, dónde se han cometido los crímenes, la ruta de viaje utilizada por el asesino para disponer del cadáver, dónde y cómo son arrojados los cuerpos y el relativo aislamiento del sitio en el que fueron abandonados los restos mortales de las víctimas.
Toda esta información siempre dice algo respecto a la movilidad del sospechoso, su método y forma de transporte, el área potencial de residencia y la habilidad del criminal para sortear obstáculos. Algunos profesionales consideran que el perfil geográfico es una sub-especialidad del programa general del FBI, mientras que otros lo aprueban como una aproximación totalmente diferente. De cualquier forma, el tipo de perfil que arroja el método seleccionado ofrece generalmente información similar: edad aproximada del sospechoso, empleo y evidencia de psicosis, por ejemplo.
Un cadáver, una historia
La geoforensia puede aplicarse incluso en términos de aprender detalles acerca de un predador, ya que toda disposición de un cadáver cuenta una historia. En el famoso caso de La Dalia Negra, ocurrido en el ocaso de los años 40, el cuerpo desnudo de esta joven, mutilada en dos y a quien se sustrajo hasta la última gota de sangre, fue abandonado en el lote baldío de un área residencial de Los Ángeles, a unos cuantos pasos de una banqueta, dispuesto ahí en las primeras horas del día.
Los datos indican que el asesino fue una persona con nervios de acero, ya que pudo haber sido visto y posteriormente identificado. Cuando los objetos personales de la víctima fueron hallados estos contribuyeron a determinar la ruta de escape del asesino. Alguien hizo notar en el momento que el cuerpo de La Dalia Negra fue abandonado en un lugar de Los Ángeles que aparecía en un mapa que fue trazado con un objeto punzocortante cerca del área genital de la mujer.
Este homicidio nunca fue resuelto y mantiene su aura de misterio después de más de medio siglo de haber sido perpetrado. El caso del Zodiaco también posee todos los ingredientes para convertirse en parte de la gran enciclopedia de la mitología criminal.