Marzo 28, 1941: El armario oscuro de Virginia Woolf


El 28 de marzo de 1941, hace 70 años, Virginia Woolf cometió suicidio. En El viaje importa, no la llegada, el último volumen de su autobiografía, Leonard Woolf explica cómo, después de varios intentos con éxito para contenerlos, los problemas mentales de su esposa repentinamente abrumaron a la gente cercana a ella:

“Durante años me había acostumbrado a ver los signos de peligro en la mente de V, y los síntomas de advertencia habían llegado en forma lenta y sin lugar a dudas: el dolor de cabeza, el insomnio, la incapacidad para concentrarse. Habíamos aprendido que una crisis siempre se podía evitar si ella inmediatamente se retiraba a un capullo de reposo cuando los síntomas se manifestaban. Pero esa vez no hubo síntomas de alarma”.
La única otra crisis repentina había ocurrido a fines de marzo 26 años antes. Esa fecha ella la tenía muy presente, por lo que en 1941 exigió la promesa de que no iba a ser hospitalizada. Leonard lo prometió, pero fue en vano, la nota de suicidio de Virginia transmitía su abrumadora aprehensión y amor:
“Querido, estoy seguro de que me estoy volviendo loco otra vez. Creo que no podemos pasar por aquellos tiempos terribles. Y no me voy a recuperar en esta ocasión. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que yo estoy haciendo lo que creo que es lo mejor que puedo hacer. Me has dado la mayor felicidad posible. No creo que dos personas pudieran haber sido más felices hasta que llegó esta terrible enfermedad. No puedo luchar por más tiempo…”
La enfermedad mental de Woolf era del tipo maníaco-depresiva o trastorno bipolar. Hubo cinco ataques largos, la mayoría con intentos de suicidio. Fue tratada con un pastiche de teorías y curas: dietas de leche, extracciones de dientes, sedantes y reposo en cama. Por ser una escritora además de paciente, Woolf intentó mirar en “el armario oscuro” de su enfermedad mediante la actualización de su diario. El siguiente párrafo es de 1937:
“Me gustaría poder escribir mis sensaciones en este momento… Como si estuvieran tamborileando en las venas… Como si yo estuviera expuesta en una repisa a plena luz… Como si algo frío y horrible –un estruendo de risas a mis expensas— estuviera a punto de suceder…”