Nicolas Claux: el hombre lobo de París

POR Opera Mundi
 Fue en los cementerios góticos donde Nicolas Claux construyó su reino de necrofilia y depravación. Amante de las escenografías y los aromas mórbidos, este viscérofilo representa un caso extraño de hombre lobo que actuaba incluso a la luz del día
El 15 de noviembre de 1994, elementos de la brigada criminal parisina arrestaron, afuera del cabaret mundialmente famoso Moulin Rouge, a Nicolas Claux, de 22 años, sospechoso de estar involucrado al menos en uno de los asesinatos de homosexuales ocurridos en París, siete de los cuales habían sucedido un mes antes. El investigador Gilbert Thiel, responsable de la detención, era un veterano de mil batallas, pero no estaba preparado para enfrentar una red de asesinato, canibalismo y sadismo. La historia siguiente incluye algunas declaraciones –ya editadas– del señor Claux, que posiblemente funcionen para asomarse a las profundidades mentales de un asesino.

“Después de mi arresto –dice Claux– fui llevado al Departamento de Crimen parisino para los interrogatorios. Sin que yo lo supiera, los detectives estaban registrando mi departamento en la calle 9 de Coustou. Encontraron una pistola calibre .22 bajo mi almohada, la cual fue enviada de inmediato a las pruebas de balística. Aunque probablemente no los sorprendió el hallazgo de la pistola, creo que no estaban preparados para las escenas que estaban por atestiguar. Por todo mi departamento había regados, como morralla, fragmentos de huesos y dientes humanos; vértebras y huesos de piernas colgaban del techo como adornos mórbidos. (…) Además, como parte de mis gustos y de la decoración, los investigadores también descubrieron varias bolsas de sangre –que yo había robado– dentro del refrigerador”.
Los oficiales estaban satisfechos con los resultados obtenidos, pero aún no comprendían el simbolismo de los huesos dispersos por el departamento, así como de las bolsas de sangre.
“Con algunos titubeos de mi parte –continúa Claux–, les informé que había profanado varias tumbas góticas y mutilado los restos momificados. Cuando preguntaron por qué conservaba bolsas de sangre en mi refrigerador, simplemente respondí que la bebía de manera regular. Por haber trabajado durante diez meses como asistente en el depósito de cadáveres utilicé mi posición para materializar mi fantasía de toda la vida y para comenzar a practicar actos de canibalismo. Después de las autopsias, cuando me quedaba solo con los cadáveres, cortaba tiras de carne, las llevaba a casa, las cocinaba y me las comía”.
El exorcista
Nicolas Claux nació el 22 de marzo de 1972 en Camerún, África. Su padre era un ciudadano francés que prestaba sus servicios en un banco y que continuamente era enviado por largos periodos, con su familia, a países extranjeros.
“Mi infancia fue básicamente normal, excepto porque tuve pocos amigos. Fui un niño solitario, no tuve hermanos ni hermanas con quienes jugar, por lo que pasaba muchas horas en mi habitación. Mis padres eran muy cariñosos y me dieron todo lo que les pedí, aunque nunca sentí una verdadera unión con ellos. Nunca me cargaron o me besaron y me dejaban solo la mayoría del tiempo. Fue en esa época cuando desarrollé un interés por la muerte y lo oculto. Dedicaba varias horas a leer libros de vampiros y hombres lobo. La foto de una estatua del demonio sumerio Pazuzu me atraía especialmente. Para mí, simbolizaba algo extremadamente antiguo y poderoso. Pocos años después vi esa misma escultura en la película El exorcista y mi interés por lo oculto se incrementó”
Cuando Claux tenía diez años su abuelo falleció a causa de una embolia cerebral. Este suceso aumentó la obsesión de Nicolas por la muerte física. Desde entonces creció su fascinación por los ritos mortuorios y por la atmósfera de las morgues. A los 16 años se mudó junto con su familia a París, ciudad que le ofreció un paisaje maravilloso en lo que a cementerios corresponde.
“No transcurrió mucho tiempo antes de que conociera cada uno de los cementerios de París como la palma de mi mano. Entre 1990 y 1993 pasé la mayor parte de mi tiempo libre en los panteones. Los más impresionantes son los de Pere-Lachaise, Montmartre y Passy. Lo que más me agradaba de ellos eran sus mausoleos”
Con las herramientas necesarias, Claux violó la paz de los mausoleos parisinos. Según ha declarado, dentro de ellos se sentía “como un emperador reinando en el infierno”. En ocasiones entraba a un mausoleo durante el día y esperaba ahí a que la noche llegara, cuando las puertas de los cementerios se cierran, para así continuar sus actividades sin temor a ser descubierto.
Pronto, la contemplación de los cementerios y la soledad de los mausoleos no fueron suficientes para satisfacer los deseos de Claux. “Un día –Claux recuerda– me desperté con una urgencia siniestra por desenterrar un cadáver y mutilarlo. Reuní un cincel, un par de martillos, velas negras y guantes quirúrgicos y tomé el Metro que me transportó hasta la estación Trocadero. Passy es un pequeño cementerio gótico con una gran cantidad de mausoleos, la mayoría de ellos construidos en el siglo XIX. Apenas era mediodía. Las puertas del cementerio estaban abiertas de par en par. Los guardias estaban disfrutando su hora de almuerzo. Nadie podía imaginar que a esa hora alguien tuviera deseos de profanar tumbas”.
Originalmente el objetivo de Claux era el mausoleo de una familia de inmigrantes rusos que llegó a París huyendo de la revolución de 1917. Finalmente el profanador eligió un mausoleo aledaño para cristalizar sus fantasías. Encontró el cadáver descompuesto de una anciana, al que apuñaló en el vientre en 50 ocasiones.
Después de violar su primera tumba, Claux repitió el patrón hasta el momento de su arresto.
Una fantasía más
Tras servir varios años como asistente de un depósito de cadáveres, que entre otras cosas servía para abastecer su despensa personal, el 4 de octubre de 1994 Claux finalmente cruzó la delgada línea que separa a los hombres de los demonios. Pasó casi todo el día buscando una víctima, cualquier víctima, sin importar sexo, raza o religión. Estaba buscando a la muerte, nada más, nada menos. Cuando oscurecía decidió probar suerte en Minitel (una de las primeras versiones de Internet.) Respondió el mensaje un hombre llamado Thierry Bissannier. Decidieron reunirse en el departamento de Thierry; éste deseaba una noche de relaciones sexuales, pero Claux tenía otros planes.
“Llevé la pistola conmigo –explica Claux–; al llegar a la dirección acordada toqué en la puerta. Abrió la puerta, entré y, mientras el tipo cerraba, tomé el arma. Cuando volteó tenía el cañón de la pistola apuntándole en un ojo. Después de unos instantes de duda jalé el gatillo. Lo observé durante unos minutos y después fui a la cocina, donde encontré unas galletas. Regresé a la sala y me senté a comer mientras veía al hombre al que acababa de disparar. Vi que aún se movía, le volví a disparar, esta vez en la nuca. Cuando terminé, borré mis huellas dactilares y salí de la escena, llevándome un talonario de cheques, una tarjeta de crédito y sus identificaciones personales”
El cuerpo de Bissonnier permaneció en el piso de su departamento por tres días antes de que sus padres lo descubrieran. Uno de los primeros investigadores en arribar a la escena del crimen fue Gilbert Thiel. La víctima era uno más de los homosexuales asesinados cada año en París y tan sólo en aquel mes de octubre habían muerto otros siete en circunstancias similares. De acuerdo con la agencia France-Presse, los asesinatos de homosexuales representan un tercio del total de homicidios en París. Las víctimas generalmente comparten perfil y hábitos similares, incluyendo un punto de vista liberal en lo que corresponde a la sexualidad, a los que incorporan los riesgos como parte del placer. A principios de los años 90, la mayoría de los encuentros homosexuales comenzaba con un mensaje en Minitel.
Arte y muerte
La utilización de la tarjeta de crédito de Bissonnier proporcionó las primeras pistas para la aprehensión ulterior de Claux. En los dos años siguientes, una corte ordenó la creación de un equipo de psiquiatras y psicólogos para examinar al presunto asesino. Docenas de estudios revelaron un desorden de personalidad psicótica en Claux. El juicio contra Nicolas Claux comenzó el 9 de mayo de 1997. Fue hallado culpable de un asesinato premeditado, robo armado y profanación de tumbas. Lo sentenciaron a 12 años de prisión, aunque fue liberado el 22 de marzo de 2002 y actualmente divide su tiempo entre la pintura, la elaboración de tatuajes e Internet, donde despliega su arte.
“Hay un paralelo entre el arte y la muerte. Ambos son cuestión de estética y ambos proporcionan sentimientos divinos. El arte es creación y el asesinato aniquilación. La creación y la destrucción provienen de las mismas manos”, concluye este singular artista del crimen.