Sybil Dorsett: una estrella en el firmamento de la enfermedad mental

POR Andrea Mireille
Esta historia parece sacada de una película: su enfermedad significó un parteaguas en el campo de la psiquiatría, sentó precedente para la creación de un nuevo diagnóstico aún debatido—, un libro, y sí, dos filmes sobre su atormentada existencia
Decía Samuel Beckett que todos nacemos locos, pero que algunos permanecen así toda la vida. Basta con echar un vistazo a nuestro día a día para notar que la locura es lo habitual: estamos llenos de manías, peculiaridades y contradicciones. Usamos términos como histérica, bipolar, paranoico o neurótico; vemos en la calle gente que habla sola, grita a la nada o actúa de forma incoherente: todo apunta a que vivimos en un manicomio ambulante.

En la lista de males mentales destaca un trastorno sumamente famoso y ampliamente explotado por el cine y la literatura; pese a su popularidad y a la fascinación que produce,  dicha condición resulta poco conocida. El Trastorno de Identidad Disociada (TID), también conocido como trastorno de personalidad múltiple, encuentra a su máxima representante en Sybil Dorsett, uno de los casos más célebres y extremos de este controvertido padecimiento mental.
Es 1954, Shirley Ardell Mason estudiaba arte en la Universidad de Columbia. La joven experimentaba a menudo una profunda ansiedad; tenía pesadillas, así como recuerdos confusos y aterradores. El doctor Herbert Spiegel, psiquiatra que popularizó la hipnosis como tratamiento contra la ansiedad y las adicciones, diagnosticó en principio histeria femenina –forma de encuadrar en las mujeres padecimientos como ansiedad y depresión en esa época— y revisó las actitudes de la mujer, a quien calificó como alguien frágil y sumamente influenciable.
Los síntomas de Ardell empeoraron, perdía la conciencia por largos lapsos, al despertar era incapaz de recordar cómo llegó al lugar donde se encontraba y lo que había hecho; además de que se descubría a sí misma con ropa distinta a la que usaba habitualmente, y la gente la llamaba por nombres que no reconocía como suyos.
Convencido de la histeria de su paciente, Spiegel envió a Mason con su colega, la doctora Cornelia Wilbur, quien notó cambios súbitos, extremos, en la personalidad de su paciente, por lo que la sometió a sesiones de psicoterapia, hipnosis y medicación. De esta manera, y a lo largo de 11 años de proceso terapéutico, Wilbur descubrió los recuerdos sepultados de una infancia traumática, en la que el abuso físico y sexual de manera sistemática por parte de la madre (quien de acuerdo con el libro era una esquizofrénica no atendida) hizo que Mason desarrollara 16 personalidades distintas, cada una con características físicas, edad e incluso sexo distintos. Estas incluían una vamp de origen francés sumamente atractiva, una suicida, otra siempre enojada y violenta, una religiosa, dos figuras masculinas y una temerosa niña de seis años; todas fueron creadas con el fin de lidiar con las terribles experiencias de Dorsett, que incluían humillaciones, violaciones, golpes e inserción de hielos en el ano (enemas) para salvarla de “la ira de Dios” cuando se portaba mal.
Los locos no saben que están locos
Con un nivel de incidencia de 1.1 por ciento de la población mundial, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM4), conocido como la “biblia” de los padecimientos psicológicos, señala que el Trastorno de Identidad Disociada (TID) incluye la existencia de una o más personalidades en un mismo individuo; cada una percibe e interactúa de manera distinta con el ambiente. El TID está asociado a la pérdida de memoria, se acompaña de lapsos amnésicos y disociación: mecanismo psicológico de defensa en el que memoria, identidad, sentimientos, ideas y percepciones propias se encuentran separadas del conocimiento consciente; por lo tanto, no pueden ser recuperadas o experimentadas voluntariamente. De acuerdo con el manual, la disociación es normal hasta cierto punto y todos la hemos experimentado en algún momento, al no recordar acciones o conversaciones realizadas, por “tener la mente en otro lado”, por ejemplo, ocupada en asuntos personales o enfocada en algún objeto o ruido. Sin embargo, cuando se da en alto grado provoca una ruptura de la personalidad y el individuo pierde la sensación de sí mismo y la percepción de hechos cotidianos.
Wilbur centró la terapia en conocer cada una de las personalidades y el rol que cumplían en la vida de Shirley; se relacionó con ellas y explicó la situación a su paciente, quien, tal como reza la frase de que los locos no saben que lo están, ignoraba el resto de sus personalidades; sólo así pudo superar sus traumas e integrarlas en una sola identidad. El complicado proceso culminó en 1965, pero paciente y doctora mantuvieron una estrecha amistad hasta el fin de sus días. Convertida en profesora, artista plástica y corredora de arte, Sybil Dorsett jamás se casó ni tuvo hijos, murió en 1975, cuando el cáncer de mama la venció.
Una estrella ha nacido
En 1973 la periodista Flora Rheta Schreiber se interesó en el caso y escribió el libro Sybil, que narra la historia de Shirley Ardell Mason, renombrada Sybil Dorsett para salvaguardar su identidad. La publicación se convirtió en un bestseller de inmediato; tres años después, su primera versión cinematográfica tuvo a Sally Field en el papel de Sybil, y en 2007 la cinta tuvo un remake con Tammy Blanchard como protagonista y a Jessica Lange en el papel de su terapeuta.
Desde la salida del libro, el caso de Sybil Dorsett se convirtió en emblemático, por la controversia que generó su padecimiento en el campo de la psiquiatría. Spiegel y Wilbur tuvieron fuertes discusiones al respecto, pues el hipnotista creía que su colega había manipulado la mente de la paciente para que creara a las otras personalidades. Herbert Spiegel siempre sospechó que su compañero de profesión usó el caso para adquirir fama y obtener dinero: de acuerdo con Spiegel, Wilbur le dijo que Mason no tenía múltiples personalidades, pero que el libro de Schreiber no sería publicado a menos que se afirmara lo contrario; por su parte, la terapeuta acusó al especialista de envidioso y machista, pues el ámbito de la psicología era muy cerrado en ese tiempo y daba pocas oportunidades a la mujeres de obtener reconocimiento profesional.
Pese a esta primera polémica, el trastorno obtuvo reconocimiento oficial y fue incluido en el DSM4 en 1980.
Tan sólo una histérica
En 1998, el diagnóstico fue cuestionado nuevamente por el psicólogo Robert Rieber, quien en su libro Bifurcation of the Self aseguró que Shirley Ardell era “muy sugestionable, histérica”, dándole nuevamente la razón a Spiegel. Por su parte, el especialista Mark Lawrence revisó el libro y afirmó que Rieber omitió pruebas y dejó fuera una serie de hechos sobre el caso de Mason, mientras que en 1999 la BBC hizo lo propio al lanzar el show Mistaken Identity, documental que mostraba la vida de pacientes con TID y discutía con diversos especialistas el caso Dorsett.
Una de las pruebas más contundentes que se ofrecen del caso son las obras de la propia Shirley, quien a lo largo de su vida de estudiante y artista sólo firmó las obras que identificaba como suyas. En 2005 una serie de dibujos y pinturas realizadas por Sybil Dorsett fue descubierta en su casa; las obras databan de 1944, antes de que comenzara su proceso terapéutico. En ellas pueden apreciarse estilos distintos y hasta opuestos entre sí, además de que no están firmadas. Estudiosos de la vida y obra de Dorsett afirman que la técnica y el estilo pertenecen a personas y manos distintas, lo que prueba los estados disociados de Sybil.
Con el primer caso detectado en Alemania en 1791 por Eberhardt Gmelin, el Trastorno de Identidad Disociada continúa seduciendo a la gente y causando polémica. Desde el caso de Sybil Dorsett y el lanzamiento de la primera película sobre su vida, se produjo en Estados Unidos un interesante fenómeno: tras el éxito de Sybil en las salas cinematográficas se detectaron 40 mil casos de TID, mientras que previo a la película sólo se habían diagnosticado 50. Otro factor que resulta curioso es que parece ser una enfermedad exclusivamente femenina, pues el único caso bien documentado y reconocido de TID en un hombre es el del homicida serial Albert de Salvo.
El firmamento de las enfermedades mentales se llena de nuevas estrellas (reales o ficticias) cada año; sin embargo, desde el furor causado por El extraño caso de Doctor Jekyll y Mr Hyde, Sybil Dorsett continúa la cabeza. Su caso y un sinnúmero de libros, películas y series televisivas, que van desde El Club de la Pelea, Las tres caras de Eva, Miedo primario hasta United States of Tara, continúan alimentando la fascinación por una patología tan desconcertante como fascinante, quizá porque para las mentes, ya no digamos sanas, sino menos enfermas, representa un consuelo la posibilidad de huir de uno mismo y ser alguien más.