Viudas negras: amar es lo difícil

POR Opera Mundi
 Al amparo de las pólizas de seguros, este tipo de mujeres criminales asesina lentamente a sus seres queridos, sin importar que sean esposos o hijos
Conocidas comúnmente como viudas negras, al igual que la araña que devora a sus parejas, este tipo de mujeres asesina a quienes están cerca de ellas: esposos, padres, amantes e incluso hijos. Forman un prominente grupo de damas diabólicas que mata sin remordimiento alguno. ¿Qué las orilla a asumir esta conducta? ¿Es sólo dinero o hay algo más?

Uno de los episodios más infames de viudedad negra tuvo lugar en 1954. Nannie Hazle Doss, entonces de 50 años, empleada doméstica y cuidadora de niños en Tulsa, Oklahoma, tenía una seria inclinación por el matrimonio y el veneno para ratas. Nannie –descrita por sus conocidos como una mujer cariñosa, amigable y cristiana— engañó a todos, incluyendo a su larga lista de consortes.
Originaria de un pueblo pequeño de Alabama, Nannie Hazle se casó a los 15 años con Charles Braggs en 1921. Sin embargo, pronto quedó demostrado que la fidelidad de Nannie no era precisamente su mejor argumento. La alianza matrimonial se disolvió y Charles Braggs, aún sin saber lo afortunado que era, desapareció para siempre de la vida de su ex mujer.
En los siguientes 25 años, Nannie se casó cuatro veces más, mudándose a Carolina del Norte, Kansas y Oklahoma. Su segundo marido, Robert Harrelson, murió en 1945, después de 16 años de feliz matrimonio. El tercer cónyuge, un amigo de la infancia llamado Arlie Lanning, falleció en 1952, tras cinco años de permanecer juntos. Nannie encontraría a sus cuarto y quinto esposos a través de los clubes de corazones solitarios. El cuarto, Richard Morton, terminó su existencia en 1953, después de una agonía de cuatro meses. A todo esto, la mujer hallaba sosiego a su atribulada vida mediante las pólizas de seguros que cobraba cuando aún no se habían enfriado los cadáveres de sus víctimas. En 1954, el quinto marido de Nannie, Samuel Doss, murió repentinamente. La causa del deceso no estuvo bien identificada, por lo que el médico preguntó a la viuda si no tenía objeción de que se le practicara una autopsia al cuerpo de su esposo recién fallecido. Nannie respondió afirmativamente, sellando así su destino.
Los patólogos encontraron en el cuerpo de Doss el arsénico suficiente como para acabar con la vida de varias personas. Arrestada en noviembre de 1954, Nannie admitió el asesinato de sus cuatro esposos, a quienes les dosificaba fuertes cantidades de veneno para ratas en bebidas y alimentos. Ella dijo que sus parejas tenían bien merecido su castigo, ya que no la trataban bien o les gustaba coquetear.
Para algunos especialistas de la conducta, como Vince Rabil, de la Corte Superior de Winston-Salem, quien opina que, cuando sus parejas pretendían dejarla, Nannie, una mujer “cristiana”, decidía que era preferible que murieran antes de afrontar el escándalo de un divorcio. El dinero de los seguros sólo era un incentivo adicional. Para el psiquiatra neoyorquino, Herbert J. Freudenberger, las razones son más simples y enfermizas: “Estas mujeres perciben a la gente con la que se involucran como objetos.”
Nannie Hazle Doss fue sentenciada a cadena perpetua y murió en prisión a los 60 años, habiendo servido sólo una sexta parte de su condena. ¿Cómo es que Nannie fue capaz de asesinar cuatro veces antes de ser capturada? Una razón puede ser porque los síntomas de envenenamiento por arsénico son similares a los de muchas enfermedades.
Pero hay una razón todavía más humana. “Cuando esto sucede en una buena familia, en la que existe amor entre los familiares, la inclinación de los médicos es no considerar la posibilidad de envenenamiento, aunque los síntomas se lo griten a uno en la cara”, señala el especialista John Butts, jefe de examinadores médicos del estado de Carolina del Norte.
Los Alter ego de Audrey Marie Hilley
Educada en un pueblo pequeño de Anniston, Alabama, Audrey Marie Hilley, conocida simplemente como Marie, era una mujer atractiva y encantadora. El 8 de mayo de 1951, Marie, entonces de 17 años, se casó con Frank Hilley, con el que tuvo dos hijos: Michael y Carol. A primera vista, Marie parecía ser la esposa y madre perfecta. Y lo fue… durante 23 años. Entonces, en la primavera de 1974, otra viuda negra decidió tejer su telaraña.
Frank no se sintió bien durante casi un año. Tras experimentar vómitos y diarreas severos, decidió auscultarse en un hospital. Los doctores fueron incapaces de explicar su deterioro paulatino y Frank murió el 25 de mayo de 1975 –tres semanas después de haber cumplido 24 años de casado—, con su atenta esposa al lado. La causa de su muerte registrada en el acta de defunción fue hepatitis infecciosa. La sufrida viuda recibió 31 mil dólares por el seguro de vida de su cónyuge.
Casi cuatro años después de la muerte de Frank, Carol (entonces de 19 años), la hija de Marie, empezó a experimentar los mismos síntomas sufridos por su padre. Inicialmente los doctores pensaron que los problemas de Carol eran psicosomáticos, pues parecía no haber razones orgánicas para los malestares.
Aquella primavera y todo el verano, Marie llevó a su hija a diferentes hospitales, buscando aparentemente un remedio. Para el momento en que el doctor Michael Thompson, del Hospital de la Universidad de Birmingham, vio a Carol, ella había perdido casi 15 kilos de peso; asimismo, carecía de sensibilidad en brazos y piernas. No podía caminar o comer por sí misma.
Por sugerencia de un colega, quien opinaba que Carol podía estar sufriendo un envenenamiento severo, el doctor Thompson examinó nuevamente a la joven. Así, se percató de las “huellas” del arsénico: unas líneas delgadas blancas en las uñas indicaban una larga exposición al arsénico.
Las sospechas del doctor Thompson se confirmaron cuando los resultados de los exámenes estuvieron en sus manos: Carol tenía 50 veces más alto los niveles de arsénico corporales. La única persona lo suficientemente cercana a Carol capaz de administrarle el veneno durante un largo periodo de tiempo –para proveerle sus “vitaminas especiales” e inyecciones “para que se sintiera mejor—era su madre.
Audrey Marie Hilley, que mantenía una póliza de vida de su hija por más de 25 mil dólares, fue aprehendida. Más adelante el cuerpo de Frank Hilley fue exhumado y la causa oficial de su deceso fue muerte por envenenamiento.
Para el agente especial del FBI John Douglas, “los 25 mil dólares fueron más importantes que su esposo e hija”. Richard Walker, psicólogo de la prisión de Michigan, opina que no todo se reduce al dinero: “En el mundo en que vivimos, el poder se ha convertido un dios supremo. Con la prolongación del dolor y el sufrimiento de la víctima, estos criminales disfrutan el poder que tienen sobre otros cuando éstos mueren.”
Marie hizo maletas antes de que se supieran los resultados de la autopsia de su esposo. Se mudó a Florida, cambió su nombre por el de Robbi Hannon, se casó con John Homan en 1981 y se asentó finalmente en Marlow, New Hampshire. Después de adaptarse exitosamente a su nueva vida, Marie puso otros planes en marcha. Fingió la muerte de su alter ego, Robbi Hannon, durante un viaje que hizo sin la compañía de su esposo a Texas, para retornar posteriormente a New Hampshire aduciendo que era la hermana gemela de Robbi, Teri Martin.
Es el agente especial del FBI John Douglas quien opina: “La única razón por la que creo que Hilley regresó como una hermana gemela es que volvió para asesinar a su nuevo esposo.” Pero Marie nunca tuvo esa oportunidad. Aunque Homan la aceptó e incluso inició una relación amorosa con su “cuñada”, el resto de la comunidad no se tragó el anzuelo y la denunciaron a las autoridades.
En 1983, Marie fue convicta del asesinato de Frank Hilley y del intento de homicidio de su hija, Carol. Sentenciada a cadena perpetua, Marie Hilley sólo cumplió cuatro años de su condena. En el invierno de 1987, cuando se le autorizó visitar a su segundo marido, Audrey Marie Hilley, quien había jurado no regresar nunca más a la prisión, murió de frío en el porche de una casa a 10 kilómetros del hogar de Homan.
Judy Buenoano, personificación del mal
Si una mujer asesina es capaz de engañar a todos los que la rodean, puede matar varias veces antes de ser detenida. Y, en el caso de Judy Buenoano, ésta fue capturada merced a su desmedida ambición. Buenoano fue condenada a la pena capital por el asesinato de su primer esposo, James Goodyear. Lo envenenó con arsénico. Pero Goodyear no fue la única víctima. Previo a que fuera capturada, también asesinó a uno de sus novios, a su propio hijo e intentó matar a un prometido. Toda esa gente confió en ella, creyó en ella y ella los retribuyó con la muerte.
“Judy personificaba la maldad”, señala el agente especial Robert Cousson del Buró de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego, quien, con ayuda del detective Ted Chamberlain del Departamento de Policía de Pensacola, hizo público el lado oscuro de Judy Buenoano.
Nacida en un pueblo pequeño de Texas en 1943, la saga violenta de Buenoano se reveló desde que era una adolescente. A los 18 años dio a luz a un hijo ilegítimo, Michael. Un año después de este alumbramiento se casó con un oficial de la fuerza aérea estadounidense llamado James Goodyear, quien adoptó formalmente a Michael y con el que ella tuvo dos niños más: James Jr. y Kimberly. La familia se asentó en Orlando, Florida.
Sin embargo, Judy aspiraba a un estilo mejor de vida y a más dinero del que Goodyear podía proveerle. Mientras éste estuvo de servicio en Vietnam, la mujer comenzó a salir con el empresario Bobby Joe Morris, de Brewton, Alabama.
Cuando Goodyear regresó de Vietnam, Buenoano había fraguado su plan. El detective Ted Chamberlain explica: “Judy había probado lo que era tener dinero y poder. Si envenenaba a Goodyear ella obtendría los beneficios militares y de su póliza de seguros, valuada en 70 mil dólares.”
James Goodyear falleció el 15 de septiembre de 1971 de una falla renal tras una larga enfermedad. Bobby Joe Morris murió siete años después; tras de un padecimiento de varios años se desplomó sobre la mesa en que cenaba. Judy recolectó 120 mil dólares del seguro de vida del magnate.
Dama del arsénico
Después de cada muerte, Judy “invertía” a su manera el producto de los seguros de vida “en carros lujosos, cruceros y en vestidos caros”, señala Sharon McGee, coautora, con Chris Anderson, de un libro sobre Buenoano titulado Bodies of Evidence.
En noviembre de 1979, Michael, hijo de Judy, sufría una enfermedad que lo debilitaba. Era incapaz de retener el alimento en su sistema y progresivamente se paralizaba. Doctores del ejército pronto descubrieron que la “enfermedad” de Michael era causada por envenenamiento por arsénico. Judy dijo a las autoridades que su hijo debió ser afectado cuando trabajó para el ejército en una planta purificadora de agua. Cuadrapléjico a los 19 años, Michael requería de pesadas varillas ortopédicas en brazos y piernas y fue confinado a una silla de ruedas por el resto de su vida, la cual, como pronto quedaría demostrado, no sería muy larga.
En junio de 1980, mientras hacía un viaje en lancha en compañía de su madre y su hermano James Jr., Michael se ahogó, cuando, según testimonio de Judy, la lancha se volteó. Incapaz de nadar y arrastrado por las pesadas varillas, Michael se sumergió hasta el fondo del río. Como beneficiaria de Michael, Judy cobró los 125 mil dólares a que ascendía el seguro de vida de su hijo.
“Creí que era muy sofisticada y femenina. No del tipo de las mujeres que aparecen en las portadas de las revistas sino con muy buen gusto”, dijo John Gentry, quien conoció a Judy Buenoano en 1980. El 25 de junio de 1983, a insistencia de su prometida, Gentry dejó una fiesta para ir a comprar una botella de champagne para celebrar que Judy estaba embarazada. Gentry nunca llegaría a la tienda de licores. En el momento en que puso en marcha su auto éste explotó.
El agente especial Cousson y el detective Chamberlain investigaban el caso. Cuando pocos días después de la explosión que casi lo mata Gentry fue interrogado, el afectado dijo a Chamberlain que aquella era la segunda ocasión en seis meses que tuvo que ser hospitalizado. La primera vez, “estaba muy cansado todo el tiempo. No tenía energía. Tuve que hospitalizarme”.
Durante su primera visita al hospital, Gentry mejoró. Él atribuía ese mejoramiento a que no tomaba las “vitaminas C especiales” que su prometida le daba periódicamente. Judy decía que las vitaminas eran necesarias para los fumadores. Cuando Gentry confesó que había dejado de tomar las vitaminas, Judy y él tuvieron una discusión fuerte. No obstante, el hombre se deshizo de casi todas las pastillas; guardó dos para un examen ulterior.
El detective Chamberlain guardó las “vitaminas” durante la entrevista con Genry, al tiempo que preguntó a éste sobre su seguro de vida. Los prometidos habían adquirido seguros de vida individuales por 50 mil dólares, nombrando cada uno beneficiario al otro. Pero lo que desconocía Gentry era que su póliza había ascendido a 500 mil dólares con el consentimiento de Judy.
Dos semanas después de la explosión del auto, Gentry obtuvo los resultados del examen de las vitaminas; contenían paraformaldehído, un veneno de clasificación III, el cual era menos potente que el arsénico pero muy difícil de rastrear en un cuerpo embalsamado.
Judy Buenoano recibió 12 años por intentar asesinar a John Gentry. El detective Chamberlain también la arrestó por los homicidios de su hijo Michael y de su esposo James Goodyear. Fue sentenciada en 1985 a la pena de muerte. “Al momento de su arresto, según dijo Chamberlain, “Judy ni siquiera parpadeó. Creo que se quedó fría.”
Sangre fría
El 30 de marzo de 1998, Judy Buenoano, considerada por las autoridades policiacas como una de las asesinas de más sangre fría en la historia criminal de Florida, fue ejecutada en la silla eléctrica de la prisión estatal de Starke, Florida, y se convirtió en la primera mujer en recibir la pena de muerte en ese estado desde la época de la esclavitud y la tercera en cumplir su cita con el verdugo desde que la Suprema Corte de Justicia reinstaló en 1976 la pena capital en Estados Unidos. El gobernador del estado de Florida, Lawton Chiles, estando ya Buenoano sentada en la silla eléctrica, dio luz verde a la ejecución al considerar que no existía razón alguna para retrasarla. Un tribunal de apelaciones y el Tribunal Supremo de Estados Unidos se negaron, el domingo 29 de marzo, a considerar su caso, quedando así agotados todos los recursos de apelación.
Buenoano, quien pasó 13 años en el pabellón de la muerte, fue declarada muerta a las 7:13 de la mañana. En su última entrevista televisada, Judy Buenoano, quien, al igual que Velma Barfield y Karla Faye Tucker –las otras dos mujeres ejecutadas desde 1976— decía ser cristiana evangélica, había reiterado que estaba preparada para morir y entregar su vida por Cristo. Insistió en que no era culpable de la muerte de su hijo y que quería ser recordada como una madre y una abuela buena.