Asesinatos en óleo y caballete

POR José Luis Duran King
En 2002, la novelista estadounidense Patricia Cornwell presentó la tesis de que el pintor inglés Walter Robert Sickert fue Jack el Destripador; ahora, el carpintero británico John Sweeney es sospechoso de haber representado artísticamente sus homicidios
Whitechapel en la actualidad
El desvisceramiento nocturno de Mary Ann Nichols en una calle de El Abismo, como era conocida a fines del siglo XIX el área de Whitechapel, en Londres, el 31 de agosto de 1888, inauguró uno de los capítulos más oscuros, fascinantes y perdurables de la historia criminal en el mundo. Un mes después, el 8 de septiembre, otro asesinato tuvo lugar. Al igual que la víctima anterior, Annie Chapman era prostituta y su cuerpo sufrió diversas mutilaciones in situ.
El 25 de septiembre, cinco días antes de un tercer ataque, la Agencia Central de Noticias recibió una nota presuntamente del homicida, en la que se autodenominaba Jack el Destripador. El enigmático personaje fue el primer criminal en percatarse y utilizar en su favor la rudimentaria maquinaria mediática de la época. El concubinato entre la prensa impresa y el infractor derivó en una fama nunca antes vista para un delincuente.
No obstante que han transcurrido más de 120 años de que Jack el Destripador desplegó la noche más larga del crimen británico, el recuerdo de este asesino está más vigente que nunca. Películas, libros, obras de teatro, paseos turísticos por la ruta que trazó con sangre, además de diversas hipótesis acerca de su identidad y linaje, desbordan cualquier lógica.
Aleister Crowley
¿Por qué los monstruos nos despiertan una fascinación a prueba de erosiones? Quizá por la misma razón que coleccionamos insectos o reptiles. Aquellos que desafían la lógica euclideana, los que son más diferentes a las formas y comportamientos humanos, se convierten en nuestros tesoros más apreciados.
Gran parte del encanto histórico de Jack el Destripador radica en que nunca fue aprehendido, a que su identidad no fue conocida, además de la vastedad de tesis que circunda el caso. Una de ellas, propuesta el siglo pasado por la Gran Bestia 666, el satanista Aleister Crowley, y retomada por Ivor Edwards en el libro Jack the Ripper´s Black Magic Rituals, destaca no lo que el destripador fue, sino lo que no fue: la doctora Katherine Ramsland señala que el viscerófilo no era un asesino serial, ya que su conducta no fue escalando, es decir, subiendo un peldaño de crueldad cada que asesinaba. Para efectos de suspenso, la tesis señala que Jack el Destripador surgió del mundo de los satanistas para llevar a cabo un ritual de magia negra en el que las cinco mujeres oficialmente desentrañadas representan cada uno de los brazos de la estrella de cinco picos, el pentagrama, un icono que para los especialistas en asuntos de esoterismo es una especie de puente entre lo natural y sobrenatural, al mismo tiempo que, de acuerdo con en la posición que se utilice, permite o impide el tránsito de espíritus y fuerzas de un estadio a otro.
Más de cinco homicidios



La tesis del pentagrama, sin embargo, nunca gozó de las simpatías de las autoridades, menos después de que, según se desprende de la información de la página internet de la Policía Metropolitana de Londres, las víctimas de Jack el Destripador no fueron nada más Mary Ann Nichols (agosto 31), Annie Chapman (septiembre 8), Elizabeth Stride (septiembre 30), Catherine Eddowes (septiembre 30) y Mary Jane Nelly (noviembre 9). Después de décadas de investigación, las autoridades han añadido los nombres de Emma Elizabeth Smith (abril 3), Martha Tabram (agosto 7) y Rose Mylett (diciembre 20), quien cierra la lista de 1888. Alice McKemzie (julio 17) y un torso femenino hallado el 10 de septiembre en una vía en la calle Pinchin, Whitechapel, corresponden a 1889 y clausuran el, al parecer, listado definitivo.

En lo que se refiere a sospechosos, el afeminado príncipe Albert Victor Christian Edgard, el duque de Clarence, permanece como uno de los protagonistas principales en la trama. Así como M.J. Druitt, un depravado sexual cuyos familiares nunca dudaron de que él era el destripador; el polaco Kosminski, un misógino que odiaba particularmente a las prostitutas y que, por lo mismo, no hubiera tenido ningún empacho en vaciarlas de su contenido; y Michael Ostrog, un médico ruso quien, no obstante que estaba mal de sus facultades mentales, mantenía la lucidez necesaria para practicar cirugías a la sombra de la noche.
Maybrick y Sickert
la autora Patricia Cornwell
Los nuevos rostros en la trama: James Maybrick, un comerciante en algodón que falleció en 1889. En 1992, un hombre llamado Michael Barrett llegó a una editorial con un manuscrito que, dijo, era de Jack el Destripador.
Después de una larga lucha por demostrar la autenticidad del documento, finalmente en 1995 Barrett confesó ser el autor del diario, una obra en la que participó su esposa Anne, a quien correspondió escribir a mano las notas que le proporcionaba su consorte.
En 2002, la afamada novelista estadounidense Patricia Cornwell presentó su libro Portrait of a Killer: Jack the Ripper Case Closed, en el que afirma que el pintor inglés Walter Robert Sickert (1860-1942) fue Jack el Destripador. Cornwell gastó más de 6 millones de dólares en su investigación, en la que por cierto tuvo que adquirir algunos de los óleos del artista bajo sospecha. Según Cornwell, Walter Sickert dibujaba modelos reales, escenas que había visto.
En algunos de los cuadros del pintor se aprecian mujeres, aparentemente muertas, con hombres de aspecto siniestro al lado. Las poses de las damas son muy semejantes a las posiciones en que fueron halladas algunas de las víctimas del mutilador.
Pistas en obras de arte
POR Chris Summers



Quien ahora es también sospechoso de haber representado artísticamente al oleo sus homicidios es el carpintero británico John Sweeney, de 53 años. Varias obras de arte de carácter misógino indicarían lo anterior. El hombre ha sido condenado a cadena perpetua por el asesinato y desmembramiento de dos mujeres, aunque se especula que pudo haber quitado la vida a cinco personas más.

Los cuerpos de Paula Fields, de 31 años, y Melissa Halstead, de 33, aparecieron desmembrados en un canal de Londres y de Rotterdam, Holanda, respectivamente.
Los restos de Halstead fueron hallados en 1990, mientras que los de Fields fueron encontrados en el Regent´s Canal de Londres, 11 años más tarde.
En marzo de 2002, John Sweeney comenzó a cumplir condena por el intento de asesinato de Delia Balmer –en 1994—, con quien tenía una relación amorosa. La mujer sobrevivió al ataque, pero perdió un dedo y sufrió heridas cortantes en el pecho y la cabeza, aparte de daño psicológico.
Mientras tanto, Sweeney se dio a una fuga por Europa durante seis años.
La hebra a la vista


Sin embargo, para el Inspector de Scotland Yard, Norman McKinlay, que investigó el caso, había una hebra a la vista que puede conducir a la explicación de por lo menos siete homicidios.
En principio, la policía había encontrado unos 300 dibujos macabros, pinturas y poemas que apuntaban hacia dos asesinatos no resueltos.
Melissa Halstead, una modelo estadounidense que había decidido dedicarse a la fotografía, desapareció en Amsterdam, y a Paula Fields nunca más se le volvió a ver en las calles de Londres en las que trabajaba como prostituta.
Ambas mujeres habían tenido una relación con Sweeney, pero en 2002, como explicó el inspector McKinlay, no había pruebas suficientes para acusarlo.
La posibilidad se concretó en 2008, cuando la familia de Melissa Halstead aportó, desde Ohio, Estados Unidos, muestras de ADN.
La demora se debió, en opinión del cineasta holandés Jaap Van Hoewijk –quien realiza un documental sobre el caso—, al hecho de que “la gente está tan metida en sus propios asuntos, que nadie se dio cuenta de que Halstead había desaparecido”.
Poemas, pinturas, dibujos

 Melissa Halstead (arriba) y Paula Fields (abajo)
El examen forense de la zona repintada reveló una leyenda: “Melissa Halstead, nacida en noviembre de 1956. Muerta”.
Un esbozo titulado El cazador de cabelleras muestra mujeres atadas. Otro retrata a Sweeney levantando hojas de metal chorreantes de sangre.
Uno de sus poemas dice: “Proscrito de la justicia/ con la espalda a la pared/ Vigilando las ventanas y la puerta/ No temo resistir ni morir/ Cuando esta vida acabe me podré dormir”. En otro pasaje, Sweeney anotó: “Soy una bestia, retorcida y confusa.”
Interrogado por el fiscal, el carpintero desechó los escritos y las pinturas como “basura insensata”, ejecutada bajo el predominio de una espantosa borrachera.
Extremadamente peligroso
Bolsa donde fueron encontrados los restos de Melissa Halstead
Cuando Sweeney fue arrestado, estaba trabajando a 100 metros del famoso juzgado londinense de Old Bailey, donde ha sido procesado.
El inspector McKinlay refiere que cuando lo fueron a arrestar, Sweeney se abalanzó sobre su caja de carpintero, donde tenía un revólver. Los agentes tuvieron que contenerlo.
Más tarde, la policía encontró, en el departamento de Sweeney, en el norte Londres, dos pistolas Luger cargadas y una escopeta recortada.
McKinley asegura que Sweeney es tan peligroso “que no se hubiera dejado arrestar vivo, de haber sabido que lo estábamos buscando”.
Tras su sentencia, la policía solicitó información acerca de otras cinco personas que Sweeney podría haber ultimado: tres mujeres en el Reino Unido y dos alemanas en Amsterdam. Los cuerpos no han sido hallados.
Tomado de: BBC Mundo. Abril 5, 2011.

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