Céline: vuelve el profeta del odio

POR Christian Riavale
Francia recién se sumergió en un vendaval de pasiones desencadenado por la reciente edición de Les beaux draps, uno de los libros “prohibidos” del “escritor maldito” Louis-Ferdinand Céline
París. El nombre de Céline está para siempre asociado a una pregunta de muy difícil respuesta: ¿cómo es posible que un extraordinario escritor tenga posiciones políticas o raciales odiosas? El antisemitismo del gran autor francés pone a prueba la forma de leer su obra. Recientemente, se acaba de reeditar Les beaux draps, publicado originalmente durante la Segunda Guerra Mundial, un panfleto antijudío que no se reimprimió durante casi 50 años, y que por supuesto no se incluye en la edición de las obras completas publicada en francés por la prestigiosa colección La Pléiade.

Francia es, probablemente, el último país capaz de convulsionarse por un escándalo político-literario. Esa saludable costumbre, que nació en el Siglo de las Luces (1670-1820), languideció hacia mediados del siglo XX y luego desapareció devorada por los talk shows de televisión, el imperio de los sound bits y la ausencia de grandes referentes intelectuales. Sólo sobrevive en Francia y, episódicamente, en Italia.
Pero desde hace algunas semanas, como en las épocas más brillantes de Saint-Germain-des-Prés, Francia acaba de sumergirse en un nuevo vendaval de pasiones desencadenado por la reciente edición de Les beaux draps, uno de los libros “prohibidos” del “escritor maldito” Louis-Ferdinand Céline.
Odio visceral
Considerado por numerosos críticos literarios como uno de los mayores escritores franceses del siglo XX, 50 años después de su muerte Céline es también el intelectual más discutido. Ese estigma obedece a su adhesión ideológica al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial y –sobre todo– al contenido antisemita de tres panfletos publicados entre 1937 y 1941: Bagatelas para una masacre (1937), Escuela de los cadáveres (1938) y Les beaux draps, publicado en 1941, en plena ocupación alemana, por la editorial colaboracionista Nouvelles Editions Françaises, que había sido fundada un año antes por Robert Denoël.
Incluso después de la guerra, Céline nunca disimuló su odio racial. En una entrevista que concedió en 1957, admitió su pasado.
—Digámoslo claramente: usted fue antisemita –le recriminó Albert Zbiden.
—Exactamente, en la medida en que yo pensaba que los semitas incitaban a la guerra –reconoció.
Formulado de esa manera, se podía pensar que su antisemitismo había constituido un error juvenil de apreciación política cuando en realidad esa posición sin ambigüedad era el resultado de un odio visceral:
“Los judíos, racialmente, son monstruos híbridos, lobos que deben desaparecer […] En el rebaño humano no son otra cosa que bastardos gangrenosos, destructores, putrefactores”, escribió en Escuela de cadáveres.
En un texto a su secretaria literaria, publicado en 1995 con el título de “Cartas a Maria Canavaggia”, dice abiertamente que quiere “degollarlos” y elogia el método que utilizó Adolf Hitler para “purificar” Moabit, el barrio judío de Berlín.
Cartas de delación
El escritor alemán Ernst Jünger jamás olvidó el diálogo escalofriante que mantuvo con Céline en diciembre de 1941 en París. Años después, testimonió que durante esa conversación, el autor de Viaje al fin de la noche reclamaba una “limpieza casa por casa a punta de bayoneta”. En el mismo orden de ideas, escandalizado durante la ocupación alemana por la “gran cantidad de judíos en libertad” y “aún vivos”, escribió más de 30 cartas de delación a la prensa colaboracionista para llamar la “atención de la Gestapo” sobre “ciertas personas sospechosas de ser judías”, como los poetas Robert Desnos y Jean Cocteau, los bailarines Serge Lifar y Anna Pavlova”, así como otros intelectuales, médicos y artistas.
En 1947, Jean-Paul Sartre llegó a sostener que “Céline estaba a sueldo de Hitler”. Pero, por aterradores que fueran sus panfletos raciales, nunca se pudo probar esa afirmación. Pascal Ory, historiador de la Colaboración, sospecha que el dinero nunca intervino en la relación de Céline con el Weltdienst (el “servicio mundial” de propaganda dirigido por el fanático nazi Alfred Rosenberg): “Eran relaciones de simpatía ideológica”, estima. A pesar de ese carácter desinteresado, en Escuela de cadáveres llegó a pedir “una alianza con los alemanes, inmediata y no una [alianza] pequeña. Unión franco-alemana, alianza franco-alemana, ejército franco-alemán…”
Consciente del significado que tenían sus posiciones, en junio de 1944 –después del desembarco aliado en Normandía– huyó de Francia, pasó fugazmente por Alemania y un mes antes de la caída del Reich se refugió en Dinamarca, que aún estaba ocupada por los nazis. Capturado por los aliados, purgó un año y medio de prisión en las cárceles danesas y otros cuatro años en un centro de descanso a orillas del Báltico.
Aunque en 1951 fue amnistiado gracias a la intervención del abogado de extrema derecha Jean-Louis Tixier-Vignancourt, nunca consiguió reintegrarse a los círculos literarios y vivió hasta su muerte, en 1969, en una vetusta casa de las afueras de París con su mujer, la ex bailarina y profesora de danza Lucette Almanzor.
Textos en el olvido
Todo lo que rodea a Céline tiene un olor sulfuroso, como esta reedición de Les beaux draps que hace tres años apareció en Francia.
Los admiradores de Céline se habían limitado hasta ahora a reeditar su obra literaria y respetaron siempre la voluntad del autor de mantener sus textos antisemitas enterrados en el olvido. Céline todavía vivía cuando la prestigiosa colección La Pléiade comenzó a preparar la edición de sus obras completas en cuatro tomos, y una vez más rehusó dar el imprimatur de esos tres volúmenes.
Posteriormente, su voluntad fue escrupulosamente respetada por su viuda, única heredera de sus derechos, y su abogado François Gibault. A más de 90 años, Lucette Almanzor todavía no se pronunció sobre la reaparición de Les beaux draps.
No es la primera vez que Céline aparece en el catálogo de las Editions de la Reconquête. Esa editorial ya publicó anteriormente Mea culpa, A l’agité du bocal, Conversaciones con el profesor Y y, por último, Escritos de guerra, una selección de 26 cartas enviadas entre 1939 y 1945 a periódicos colaboracionistas franceses.
Pero la reedición de Les beaux draps está rodeada de ciertos aspectos curiosos por más de una razón. Las Editions de la Reconquête, que imprimió apenas 5 mil 10 ejemplares de esta reedición, tiene su sede en Paraguay. Esa deslocalización le crea algunos problemas de comercialización, porque el libro no se vende en el circuito tradicional de librerías y obliga a los lectores a comprarlo únicamente por Internet. Pero, aparentemente, ésa no es la razón principal: la instalación en Paraguay obedece a la necesidad de “evitar la censura omnipresente en Francia”, explicó el responsable de la editorial, Philippe Régniez.
La única “censura” que existe en Francia procede del corpus penal que reprime los actos y escritos que incitan a la discriminación, el odio o la violencia por razones de raza o religión, o formulan la apología de crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad o colaboración con el enemigo. Por esa u otras razones, la empresa se considera como una “editorial de combate en el exilio”.
Régniez, por lo demás, conoce perfectamente la posición de la viuda y, al parecer, no descarta eventuales reacciones. En uno de los comunicados enviados a la prensa, el editor formula una serie de preguntas sobre los derechos de autor. Incluso el prefacio del libro admite que “Céline no deseaba la reedición” de sus textos antisemitas. “Que quede claro que las Editions de la Reconquête no drenan ninguna ideología racista o antisemita”, aclara.
Para analizar el carácter antisemita de los textos de Céline, Les beaux draps incluye curiosamente un comentario de Robert Brasillach sobre “Céline profeta”. Brasillach fue el escritor y periodista nazifascista más conocido durante la Segunda Guerra Mundial: partidario de la victoria de Alemania, fue fusilado en 1945 por “inteligencia con el enemigo”.
Esa firma no desentona en el catálogo de Editions de la Reconquête, que tiene en su fondo editorial algunos “textos políticos o religiosos de referencia” elocuentes, como La campaña de Rusia de Léon Degrelle, escritor belga que combatió en el frente del Este en la 28ª División SS Valonia y terminó la guerra como SS-Obersturmbannführer y Volksführer de la región valona. Junto a autores irreprochables como Tácito, Flaubert, Chateaubriand o San Agustín, el catálogo incluye dos volúmenes de Charles Maurras, político y escritor que fue condenado a perpetuidad por “inteligencia con el enemigo” por haber sostenido el régimen del general Philippe Pétain durante la guerra. También publicó un libro de Maurice Barres, antisemita convencido de la culpabilidad de Dreyfus, pero que al final de su vida se retractó de sus posiciones sobre los judíos. Accesoriamente, la editorial también vende por correspondencia estatuas religiosas, crucifijos, apliques del Espíritu Santo, posa biblias y hasta manteles de hilo de artesanía paraguaya.
Interés por su obra
La reaparición de Les beaux draps coincide con un renovado interés por Céline y, sobre todo, por los aspectos más controvertibles de su vida. El belga Frank-Rutger Hausmann, profesor de Literatura en la Universidad de Friburgo-en-Brisgau, publicó un documento sobre las relaciones del escritor con Karl Epting, que fue uno de los representantes más influyentes de la cultura alemana en Francia a partir de los años 30.
Editions du Rocher publicó recientemente Céline en Dinamarca (1945-1951) de David Alliot y François Marchetti, que resume la batalla que libró el escritor durante sus seis años de exilio para evitar ser extraditado a su país y juzgado por inteligencia con un gobierno extranjero.
Henri Godard, a su vez, publicó en Editions Textuel un doble álbum, Otro Céline, del furor a la magia: dos cuadernos de prisión, que contiene 150 documentos y 90 páginas de facsímiles de manuscritos escritos durante su breve permanencia en prisión, en 1946.
El documento más interesante es probablemente un doble DVD que reúne las entrevistas de Céline por televisión y otros documentos poco conocidos. Cada mes que transcurre aparece un nuevo estudio sobre el escritor más controvertido del siglo XX, pero ninguno de ellos termina de resolver el debate que sigue atormentando al país: ¿se puede leer a Céline como un simple escritor o su posición política lo excluye para siempre del panteón de la literatura francesa?
Tomado de: Diario Perfil. Buenos Aires, Argentina