Donato Bilancia: fuera del estereotipo

POR José Luis Durán King
Las décadas 80 y 90 representan para Italia la época del mayor oleaje de asesinato serial. Fueron los años de El Demonio de Torino y de los monstruos de Florencia y Liguria
  Giancarlo Giudice
Quizá por ser un país cuya actividad criminal ha estado tradicionalmente vinculada con la Mafia, Italia, al menos mediáticamente, apenas figura en el mapa universal del asesinato reiterativo. Sin embargo, desde 1950 esa nación registra 40 casos completamente documentados de homicidio serial, incluyendo a Giancarlo Giudice, que a mediados de los años 80 acabó con la vida de siete mujeres de entre 45 y 64 años, a las que, por cierto, consideraba “viejas y feas”.

El Demonio de Torino, como fue bautizado por la prensa de la época, violaba, torturaba y mutilaba a sus víctimas antes de matarlas. Giudice, un verdadero demonio de lujuria homicida, también reclamó la vida de su tía, una mujer de la tercera edad con la que el criminal mantenía relaciones sexuales. Cuando la policía le preguntó por qué a su tía, Giudice respondió que el aspecto familiar en realidad nada tuvo que ver, simplemente su tía era una prostituta que le hacía descuentos.

En el periodo en el que Giudice actuó febrilmente, en Florencia las autoridades intentaban resolver un crucigrama de sacrificios que desde 1968 les planteaba un asesino de parejas de enamorados. En 1993 fue detenido el sexagenario Pietro Pacciani, al que se le adjudicaron siete de los 16 homicidios. Las declaraciones de Pacciani apuntaban a que un grupo de ancianos degenerados estaba detrás de los crímenes. Sin embargo, la muerte en prisión (por un ataque cardiaco) en 1998 del detenido impidió que las investigaciones concluyeran, por lo que los asesinatos del caso conocido como El Monstruo de Florencia quedaron resueltos a medias.
En compañía de monstruos
 Donato Bilancia
La policía italiana apenas se reponía del episodio de El Monstruo de Florencia, cuando tuvo que comenzar las investigaciones sobre otro prodigio homicida, que con el correr de las semanas se le conoció como El Monstruo de Liguria.
Aunque en un principio la muerte de Giorgio Centanaro (16 de octubre de 1997) fue considerada suicidio –no obstante que falleció asfixiado por la excesiva cantidad de cinta adhesiva colocada en su boca y nariz—, meses después se comprobó que el individuo fue la primera víctima de una cadena que alcanzaría la cifra de 17 asesinatos.
Donato Bilancia era un jugador profesional, una mosca de casino, acostumbrado a ganar en una sola noche grandes cantidades de dinero. Aunque, cuando perdía, pagaba hasta el último centavo de sus deudas. A partir de su primer asesinato, cometido porque días antes Giorgio Centanaro se había burlado de él en una mesa de juego, Bilancia no pudo detener su compulsión por matar y sólo su aprehensión, el 6 de mayo de 1998, frenó una inercia que al parecer jamás cesaría por sí sola.
Tras el arresto de Bilancia, el grupo de agentes encargado de interrogarlo quedó bastante sorprendido por la personalidad del sospechoso. Bilancia era el prototipo del mafioso siciliano, no obstante que el individuo era nativo de Génova y jamás perteneció a la Santa Fratellanza. Bien vestido, educado y con una voz profunda, Bilancia no encajaba en la taxonomía convencional del asesino serial. De hecho, uno de los agentes, Enrico Zucca, señaló: “Es uno de los individuos más complejos que jamás haya interrogado”. Más adelante, al profundizar en las investigaciones, el propio Zucca afirmó: “Posiblemente, la noción de asesino serial es demasiado estricta”.
¿A qué se refería Enrico Zucca con esta última aseveración? Quizá al hecho de que durante su carrera delictiva Donato Bilancia asesinó a diestra y siniestra lo mismo a hombres que mujeres, que nunca tuvo predilección por un cierto tipo de víctima y que no involucró el sexo en sus crímenes.
Bilancia acabó con la vida de otros jugadores para robarlos, porque se burlaron de él o porque le debían dinero. Sin embargo, también asesinó a un par de policías y a varias prostitutas. Mató lo mismo en las casas de sus víctimas, que en la calle o en trenes.
Donato Bilancia no ha podido explicar que lo movía a asesinar. En algunos casos puede existir una explicación plausible de sus motivaciones. Por ejemplo, hay indicios de que las prostitutas a las que sacrificó de alguna forma hicieron referencia al “pequeño pene” de su cliente. Por otro lado, que varias de sus víctimas hayan sido asesinadas en trenes, quizá fue una respuesta a un capítulo doloroso en la vida de Bilancia, cuando su hermano menor se arrojó a las vías de un tren, después de que su esposa huyó de casa, llevándose consigo al hijo de ambos.
Los agentes concluyeron que El Monstruo de Liguria no lo era tanto, pues detrás de esa apariencia de dureza había un hombre que en varias ocasiones contempló la idea del suicidio, además de que era incapaz de mirar los ojos de sus víctimas, por lo que prefería cubrirlos con alguna prenda de vestir de los sacrificados.
Donato Bilancia fue condenado a 14 cadenas perpetuas.