Hamsum y Céline: la condena es para siempre

POR Jessa Crispin
 Estos escritores, uno noruego y el otro francés, no ocultaron la a fascinación que sintieron por el nazismo. Aun después de muertos, la controversia en torno al autor y su obra se mantiene
Colaboracionista rapada por la resistencia francesa
Cuando pensamos en el Louis-Ferdinand Céline, lo primero que viene a la mente es su magistral Viaje al fin de la noche. Después de eso, quizá recordemos cómo echaba espuma por la boca a causa de su antisemitismo.

Ernst Jünger, el escritor alemán, recordaba en su diario la conversación que tuvo con Céline: “Dijo cómo le sorprendía que, como soldados, no disparáramos, no colgáramos ni extermináramos a los judíos; él estaba sorprendido de que alguien en posesión de una bayoneta no hiciera un uso ilimitado de ella”.
No era sólo su encantadora conversación. Como señala Alan Riding en And the Show Went On: Cultural Life in Nazi-Occupied Paris, Céline también escribió panfletos propagandísticos, dedicando uno de sus libros a la soga que utilizaba el verdugo para colgar judíos, además de que hizo públicos sus llamados a la destrucción de un pueblo. Incluso sus contemporáneos no sabían qué hacer con él. Gide escribió en su diario: “Seguramente es una broma. Y si no los es, Céline tiene que estar completamente loco”.
Sin embargo, su reputación como novelista revolucionario permanece intacta, y Viaje al fin de la noche se mantiene en los planes de estudio de todo el país. Francia no parecía tener previsto excluir a Céline de la lista oficial de las celebraciones culturales de 2011, y las objeciones fueron leves al principio. Pero, entonces, surgió la pregunta “¿Estamos seguros de que queremos hacer esto?” Entonces la gente desenterró sus escritos de la época, y retrocedió con horror. Su política no se acoplaba ni tantito con su reputación de escritor. Tomó un tiempo, pero la presión finalmente alcanzó incluso a Frédéric Mitterrand –quien conoce personalmente a todo acerca de las contribuciones a la cultura y al cuestionable sistema de creencias personales—, anunciando que Céline había sido eliminado del programa.
Nazi, antes que escritor
Los artistas no son santos. Todos lo sabemos. Lo que no podemos decidir es cuándo castigarlos por sus acciones. ¿Es suficiente con enjuiciarlos cuando están vivos? ¿O debemos continuar persiguiendo su reputación después de su muerte?
Mencione el nombre de Knut Hamsun, por otra parte, y lo primero que llega a la cabeza es probablemente “nazi”. No Hambre. No “el brillante escritor noruego”, sino “nazi”. Y aunque nuestra reacción puede ser de disgusto, el hecho es que Hamsun estaba en su vejez, mostrando signos de deterioro mental, incluso antes de todas sus porras a Hitler (tenía 80 cuando Alemania invadió Noruega), mientras que Céline era un escritor inteligente, mentalmente competente, en la flor de la juventud, lo que hace que uno se pregunte cuán arbitrarias son estas reacciones. Cuando Noruega trató recientemente de honrar a su hijo nativo, la respuesta fue inmediata y furiosa: ¿cómo se atreven, después de lo él hizo?
Sin embargo, Hambre, la novela de un escritor muerto de hambre en el siglo XIX, es quizá un logro mayor que Viaje al fin de la noche. Con su profundidad psicológica, su estructura tensa y delgada, es casi imposible creer que el libro es una obra decimonónica. Hamsun –sin una pizca de piedad— se las arregla para retratar a un hombre al borde de la inanición. Por encima de todo, el narrador desea mantener un sentido de dignidad –y sacrifica oportunidades de alimento y vivienda con su obstinado orgullo. El escritor obliga a su personaje. Aun cuando el hambre obsesiona y desquicia sus pensamientos, persiste la imagen de un hombre que quiere ganar su sustento, aunque cada día que pasa sea más difícil, al debilitarse física y emocionalmente, por lo que es más complicado e improbable para trabajar y salir de ella.
Y eso fue algo que vimos en Hamsun después de la guerra: la negativa a admitir que se había equivocado. Incluso, después de la revelación de los campos de la muerte; incluso, después de la maldad del gobierno colaboracionista de Noruega. Tal vez fue su negativa a dar marcha atrás y retractarse lo que selló el destino de su reputación. Su cuerpo se salvó, cuando se decidió que no sería juzgado por traición a la patria debido a su avanzada edad. Su obra no tuvo la misma suerte.
Tomado de: The Smart Set. Marzo 7, 2011.
Traducción: José Luis Durán King.